AREA DE LA MAGDALENA
Calle Madrid.
De la confluencia de Plaza Nueva y
Badajoz a la de Zaragoza y Bilbao.
Calle
Madrid
La calle se configuró en la década de
1850, en el contexto de las reformas urbanísticas que dieron lugar a la
creación de la Plaza Nueva. En ese momento recibió el nombre de Vitoria, como
homenaje a la ciudad del País Vasco. Años más tarde, en 1884, su denominación
fue sustituida por la de Marqués de Pickman, en honor a Carlos Pickman y Jones,
destacado industrial de la segunda mitad del siglo XIX. Pickman fue el fundador
de la célebre fábrica de loza de la Cartuja y uno de los impulsores de diversas
iniciativas de modernización en la Sevilla de su tiempo. Residió y falleció en
una vivienda situada en la actual calle Pedro Parias.
La nomenclatura volvió a modificarse en
1897, cuando el nombre de Marqués de Pickman se trasladó a la citada calle
Pedro Parias, que hasta entonces se llamaba Madrid. Como consecuencia de este
cambio, el nombre de la capital española pasó a designar la antigua calle
Vitoria, estableciéndose así la denominación que ha llegado hasta nuestros
días.
Se trata de una vía corta y rectilínea,
de trazado sencillo, con una única edificación en cada acera. Ambas
construcciones son relativamente recientes. En el lado izquierdo se extiende el
lateral del Hotel Inglaterra, que ocupa toda la longitud de la calle.
En la actualidad presenta un carácter
funcional, con escasa personalidad urbana: alberga algún establecimiento de
hostelería y pequeños comercios, pero su principal función es servir de paso,
soportando además un tráfico bastante intenso.
Sin embargo, esta imagen contrasta con la que ofrecía en la segunda mitad del siglo XIX, cuando era un espacio descuidado y poco higiénico, pese a su cercanía a la Plaza Nueva. La prensa de la época dejó testimonio de esta situación. En un artículo publicado el 3 de julio de 1859 en el periódico El Porvenir, se denunciaba el uso indebido de un tramo de la calle, junto a una fonda, como urinario público. El texto describía el hedor como perceptible a gran distancia y señalaba las molestias que ocasionaba tanto a los vecinos como a los transeúntes, obligados a apresurar el paso y cubrirse la nariz. Este testimonio refleja las deficientes condiciones de salubridad urbana que aún persistían en ciertos puntos de la ciudad en aquel tiempo.
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