jueves, 16 de abril de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Calle Mateo Alemán.

La calle Mateo Alemán discurre entre la calle San Pablo y la de Carlos Cañal, en una zona céntrica que conserva aún rasgos muy característicos del urbanismo tradicional sevillano. La calle está atravesada por Moratín y recibe por la izquierda la calle O’Donnell (antiguamente Otumba). Su conexión con Carlos Cañal se resuelve mediante la colocación de marmolillos de fundición que delimitan el tránsito.

Calle Mateo Alemán

Calle Mateo Alemán

A lo largo de su historia, este espacio estuvo dividido en dos tramos con denominaciones distintas: el sector comprendido entre San Pablo y Moratín se conocía como Lechera, mientras que el resto recibía el nombre de Nabo.

Así aparece reflejado en el plano de Pablo de Olavide de 1771, aunque ambas denominaciones son anteriores, pues ya están documentadas en 1665. En ese mismo año, un texto describe el tramo del Nabo como la vía que iba “de Catalanes a Rabeta”, lo que permite situarla con bastante precisión en el entramado urbano de la época. El significado de estos nombres primitivos no está claro.

En 1845, la calle del Nabo fue rebautizada como Navas, probablemente en alusión a la batalla de las Navas de Tolosa, aunque la forma incompleta del nombre ha suscitado dudas entre los estudiosos. El historiador José María González de León sugirió esta interpretación, si bien también cabe la posibilidad de que el cambio respondiera al deseo de evitar connotaciones vulgares asociadas al topónimo anterior. Hacia 1870, el nombre de Navas se extendió a todo el trazado, incluyendo el antiguo tramo de la Lechera, como se observa en el plano de La Vega Campuzano de 1891.

Rotulo 

La denominación actual se adoptó en 1915, en homenaje a Mateo Alemán, autor de la célebre novela picaresca Guzmán de Alfarache, una de las obras más influyentes de la literatura española del Siglo de Oro.

Desde el punto de vista físico, la calle presenta un trazado estrecho y ligeramente sinuoso, especialmente a partir de su cruce con Moratín. El primer tramo es más rectilíneo y en su acera derecha se abre un espacio de configuración moderna, concebido como una pequeña plaza con farolas y elementos ornamentales. En una de sus fachadas puede verse un rótulo cerámico que recuerda la antigua denominación de “calle de las Navas”, aunque su ubicación puede inducir a error, ya que ese nombre se aplicó históricamente a toda la vía y no solo a ese sector.

El segundo tramo, más angosto y quebrado, conserva un ambiente especialmente pintoresco, con balcones y cierros adornados con plantas que evocan la imagen tradicional de Sevilla.

A pesar de algunas modificaciones en su trazado durante el siglo XX, mantiene en gran medida la fisonomía que tenía a finales del siglo XIX y comienzos del XX, lo que la convierte en uno de los espacios más evocadores del casco histórico.

El caserío presenta contrastes entre ambos tramos. En el primero predominan edificaciones más recientes, mientras que en el segundo abundan viviendas de la primera mitad del siglo XX, generalmente de tres plantas y organizadas en torno a patios interiores. Algunas conservan un marcado carácter popular, como la casa número 18, que destaca por su decoración cerámica en los vanos de la fachada.

Se trata de una calle de uso principalmente residencial, tranquila y recogida, especialmente en su tramo final, donde la estrechez del espacio y la proximidad entre fachadas acentúan la sensación de intimidad. Este carácter, unido a la continuidad de elementos tradicionales, ofrece una imagen muy representativa de la Sevilla histórica. 

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