AREA DE LA MAGDALENA
Calle Mateo Alemán.
La calle Mateo Alemán discurre
entre la calle San Pablo y la de Carlos Cañal, en una zona céntrica que
conserva aún rasgos muy característicos del urbanismo tradicional sevillano. La calle está
atravesada por Moratín y recibe por la izquierda la calle O’Donnell
(antiguamente Otumba). Su conexión con Carlos Cañal se resuelve mediante la
colocación de marmolillos de fundición que delimitan el tránsito.
Calle
Mateo Alemán
Calle Mateo Alemán
A lo largo de su historia, este espacio
estuvo dividido en dos tramos con denominaciones distintas: el sector
comprendido entre San Pablo y Moratín se conocía como Lechera, mientras que el
resto recibía el nombre de Nabo.
Así aparece reflejado en el plano de Pablo de Olavide de 1771, aunque ambas
denominaciones son anteriores, pues ya están documentadas en 1665. En ese mismo
año, un texto describe el tramo del Nabo como la vía que iba “de Catalanes a
Rabeta”, lo que permite situarla con bastante precisión en el entramado urbano
de la época. El significado de estos nombres primitivos no está claro.
En 1845, la calle del Nabo fue
rebautizada como Navas, probablemente en alusión a la batalla de las Navas de
Tolosa, aunque la forma incompleta del nombre ha suscitado dudas entre los estudiosos.
El historiador José María González de León
sugirió esta interpretación, si bien también cabe la posibilidad de que el
cambio respondiera al deseo de evitar connotaciones vulgares asociadas al
topónimo anterior. Hacia 1870, el nombre de Navas se extendió a todo el
trazado, incluyendo el antiguo tramo de la Lechera, como se observa en el plano
de La Vega Campuzano de 1891.
Rotulo
La denominación actual se adoptó en
1915, en homenaje a Mateo Alemán, autor de
la célebre novela picaresca Guzmán de Alfarache,
una de las obras más influyentes de la literatura española del Siglo de Oro.
Desde el punto de vista físico, la
calle presenta un trazado estrecho y ligeramente sinuoso, especialmente a
partir de su cruce con Moratín. El primer tramo es más rectilíneo y en su acera
derecha se abre un espacio de configuración moderna, concebido como una pequeña
plaza con farolas y elementos ornamentales. En una de sus fachadas puede verse
un rótulo cerámico que recuerda la antigua denominación de “calle de las
Navas”, aunque su ubicación puede inducir a error, ya que ese nombre se aplicó
históricamente a toda la vía y no solo a ese sector.
El segundo tramo, más angosto y
quebrado, conserva un ambiente especialmente pintoresco, con balcones y cierros
adornados con plantas que evocan la imagen tradicional de Sevilla.
A pesar de algunas modificaciones en su
trazado durante el siglo XX, mantiene en gran medida la fisonomía que tenía a
finales del siglo XIX y comienzos del XX, lo que la convierte en uno de los
espacios más evocadores del casco histórico.
El caserío presenta contrastes entre
ambos tramos. En el primero predominan edificaciones más recientes, mientras
que en el segundo abundan viviendas de la primera mitad del siglo XX,
generalmente de tres plantas y organizadas en torno a patios interiores.
Algunas conservan un marcado carácter popular, como la casa número 18, que
destaca por su decoración cerámica en los vanos de la fachada.
Se trata de una calle de uso principalmente residencial, tranquila y recogida, especialmente en su tramo final, donde la estrechez del espacio y la proximidad entre fachadas acentúan la sensación de intimidad. Este carácter, unido a la continuidad de elementos tradicionales, ofrece una imagen muy representativa de la Sevilla histórica.
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