jueves, 16 de abril de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Horno de San Buenaventura.

Horno San Buenaventura. Carlos Cañal 28

Detalle de la fachada de la planta baja

La fundación del “Horno de San Buenaventura” data del año 1385 según se puede observar en el azulejo existente en la parte superior de su fachada.

Detalle del azulejo con datación

Durante la conquista de Sevilla en 1248, llegaron junto al rey Fernando III de Castilla cerca de un centenar de almogávares catalanes, dirigidos por su almocadén, de apellido Monsalve.

Estos almogávares eran unidades de infantería ligera de élite de la Corona de Aragón (siglos XIII-XIV), formadas principalmente por montañeses aragoneses y catalanes, conocidos por su ferocidad y tácticas de guerrilla durante la Reconquista y en el Mediterráneo. Conocidos como mercenarios, destacaron por combatir a pie con armas ligeras. Su nombre deriva del árabe al-mugawir ("el que hace correrías" o "el que busca pelea"), refiriéndose a sus incursiones rápidas en territorio enemigo.

Una vez asegurada la ciudad, muchos de ellos se establecieron en localidades cercanas como Camas y Coria del Río, donde recibieron tierras de cultivo, viñedos y huertas. Con ello se pretendía reforzar la repoblación del territorio y evitar posibles intentos musulmanes de recuperar Sevilla.

A partir de entonces se intensificaron los intercambios comerciales entre Barcelona y Sevilla. Tal fue su importancia que, el 25 de agosto de 1284, el rey Sancho IV de Castilla, hijo de Alfonso X “El Sabio”, concedió a los mercaderes catalanes un barrio propio, situado entre la calle Francos y la zona de la Catedral, con privilegios destacados como el derecho a contar con su propio consulado.

Con el paso del tiempo, la comunidad catalana creció notablemente, especialmente entre comerciantes, armadores y mayoristas. Esto hizo necesario ampliar su espacio, por lo que en 1362 se le otorgó una nueva calle junto al convento de San Francisco, desde la calle Sierpes hasta la antigua Pajarería (actual Zaragoza). Esta vía pasó a conocerse como calle Catalanes.

Doce años más tarde, en 1385, el rey Juan I de Castilla les concedió nuevos privilegios, entre ellos la posibilidad de disponer de carnicería, así como de un mesón y un horno. Gracias a esta autorización se fundó el llamado Horno de los Catalanes, situado en la esquina de la calle Catalanes con la calle de la Parida, cuyo nombre probablemente procedía de una imagen de la Virgen vinculada al buen parto. Este callejón corresponde hoy a la calle Teniente Vargas Zúñiga.

Con el tiempo, desaparecido el consulado catalán, el horno pasó a ser propiedad del Hospital de San Pedro Mártir a comienzos del siglo XVI.

Posteriormente, tras la reorganización hospitalaria impulsada en 1587 por el arzobispo Rodrigo de Castro, el edificio se integró en el patrimonio del Hospital del Amor de Dios.

Ya en 1605, doña Isabel de Ciria, viuda de Andrés Corso de Casaluche, adquirió una casa en la calle Catalanes para fundar un colegio y convento franciscano bajo la advocación de San Buenaventura. Esta institución alcanzó gran relevancia académica, pues el papa Gregorio XI le otorgó rango de Casa de Estudios. Desde entonces, tanto el horno como el callejón adoptaron el nombre de San Buenaventura.

En 1800, como consecuencia de las primeras medidas desamortizadoras, el Hospital del Amor de Dios vendió el edificio a Diego Gregorio Vázquez. Años más tarde, nuevas disposiciones legales en 1843 permitieron ampliar el inmueble mediante la incorporación de casas colindantes pertenecientes al convento de Santa María la Real.

El 5 de mayo de 1854 el horno fue adquirido por José Rojas, último propietario que no ejerció directamente la actividad. En realidad, la explotación del negocio había estado tradicionalmente en manos de maestros panaderos y especialistas en bollería fina. Entre ellos destaca la familia Gordillo, activa desde el siglo XVII, y ya en el XIX Francisco Alcázar y Robles, quien obtuvo la propiedad en 1860 antes de venderla a Eduardo Nieto Chamorro cuatro años después.

Este último impulsó notablemente el negocio, llegando a controlar buena parte del sector panadero sevillano con varios hornos en funcionamiento. Sus descendientes continuaron la actividad, correspondiendo el Horno de San Buenaventura a su hija Pilar, heredándolo después sus hijos, los señores Santigosa Nieto.

Actualmente, hasta su cierre completo, el horno ha estado regido por otra familia dedicada al ramo de panadería de Alcalá de Guadaira.

Medalla del trabajo

Mientras tanto, la calle fue cambiando de nombre: en el siglo XIX dejó de llamarse Catalanes para denominarse Albareda, y más adelante adoptó el nombre actual de Carlos Cañal, y el Horno San Buenaventura tomó el número 28 que tiene actualmente.

Así, el Horno de San Buenaventura, fundado a finales del siglo XIV, acumula más de seis siglos de historia estrechamente vinculada a la de Sevilla, lo que lo convierte, con toda probabilidad, en uno de los hornos más antiguos de Europa.

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