jueves, 16 de abril de 2026

 AREA DE LA MAGDALENA

Calle Moratín.

La calle Moratín se extiende desde la confluencia de Méndez Núñez y Rosario hasta la calle Zaragoza, en pleno casco histórico sevillano. En el recorrido de la calle desembocan, por la izquierda, Fernández Espino —donde se forma una pequeña plazoleta recientemente acondicionada— y Teniente Vargas Zúñiga; y por la derecha, Ciriaco Esteban y Tirso de Molina. La calle está atravesada por Mateo Alemán y, a la altura de los números 16-18, se abre a la plaza de Godínez.

Su existencia está documentada al menos desde 1434, cuando aparece citada con el nombre de calle de la Rabela o Raveta, un topónimo de significado incierto. En 1498 ya se menciona la presencia de un mesón con esa misma denominación, lo que hace pensar que el establecimiento pudo dar nombre a la vía. El erudito Francisco Rodríguez Marín relacionó el término “rabeta” con el árabe rábida, que alude a un tipo de convento o fortificación, lo que abre la posibilidad de un origen islámico del nombre.

No está del todo claro si esta denominación histórica abarcaba todo el trazado actual o solo una parte. El plano de Pablo de Olavide de 1771 distingue dos tramos con nombres diferentes: Guiguri, desde el inicio de la calle hasta el cruce con Mateo Alemán, y Raventa —probablemente una errata por Rabeta— para el resto. Sin embargo, en el plano de Manuel Sartorius de 1848 ya aparece el nombre Rabeta aplicado a toda la vía.

La denominación actual se adoptó durante la reforma del nomenclátor de 1868-1869, cuando pasó a llamarse Moratín en honor al dramaturgo ilustrado Leandro Fernández de Moratín, autor de obras fundamentales del teatro neoclásico como El sí de las niñas, La mojigata o La comedia nueva. En 1935 se acordó rotular la calle con el nombre completo del escritor, aunque esta decisión fue revertida en 1949, recuperándose la forma abreviada que ha llegado hasta hoy.

Desde el punto de vista urbano, se trata de una calle larga, estrecha y de trazado irregular, con varios tramos bien diferenciados. En épocas pasadas debió de ser aún más angosta, como sugieren las sucesivas alineaciones documentadas desde el siglo XVII. El plano de Olavide muestra una marcada inflexión a la altura de Mateo Alemán, suavizada posteriormente mediante reformas llevadas a cabo entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Antiguamente contaba con dos pequeñas callejas o barreduelas, una de las cuales subsiste en la actual calle Tirso de Molina. Estas vías secundarias, a menudo descuidadas y poco higiénicas, fueron motivo de quejas vecinales desde el siglo XVI, solicitándose reiteradamente su cierre.

El caserío de la calle combina edificios de principios y mediados del siglo XX —algunos con patios interiores y cancela, otros organizados en torno a escaleras— con construcciones más recientes. En general, la calle mantiene un uso predominantemente residencial, aunque en sus extremos se concentran algunos comercios.

En épocas pasadas, sin embargo, abundaron en ella posadas y paradores, y existen testimonios de la presencia, al menos desde el siglo XV, del Hospital de los Cómitres, vinculado a la cercana calle Tirso de Molina.

Según el historiador José María González de León, en una de sus esquinas existió un pequeño retablo dedicado a la Virgen del Pilar, desaparecido a mediados del siglo XIX. Asimismo, algunas fuentes sitúan en esta calle un suceso violento ocurrido en 1643: el asesinato de un juez de la Casa de la Contratación de Sevilla a manos de un caballero de la Orden de Alcántara.

Moratín numero 29






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