AREA DE LA MAGDALENA
Calle Moratín.
La calle Moratín se extiende desde la
confluencia de Méndez Núñez y Rosario hasta la calle Zaragoza, en pleno casco
histórico sevillano. En el recorrido de
la calle desembocan, por la izquierda, Fernández Espino —donde se forma una
pequeña plazoleta recientemente acondicionada— y Teniente Vargas Zúñiga; y por
la derecha, Ciriaco Esteban y Tirso de Molina. La calle está atravesada por
Mateo Alemán y, a la altura de los números 16-18, se abre a la plaza de
Godínez.
Su existencia está documentada al menos
desde 1434, cuando aparece citada con el nombre de calle de la Rabela o Raveta,
un topónimo de significado incierto. En 1498 ya se menciona la presencia de un
mesón con esa misma denominación, lo que hace pensar que el establecimiento
pudo dar nombre a la vía. El erudito Francisco
Rodríguez Marín relacionó el término “rabeta” con el árabe rábida, que
alude a un tipo de convento o fortificación, lo que abre la posibilidad de un
origen islámico del nombre.
No está del todo claro si esta
denominación histórica abarcaba todo el trazado actual o solo una parte. El
plano de Pablo de Olavide de 1771
distingue dos tramos con nombres diferentes: Guiguri, desde el inicio de la
calle hasta el cruce con Mateo Alemán, y Raventa —probablemente una errata por
Rabeta— para el resto. Sin embargo, en el plano de Manuel Sartorius de 1848 ya aparece el nombre
Rabeta aplicado a toda la vía.
La denominación actual se adoptó
durante la reforma del nomenclátor de 1868-1869, cuando pasó a llamarse Moratín
en honor al dramaturgo ilustrado Leandro
Fernández de Moratín, autor de obras fundamentales del teatro neoclásico
como El sí de las niñas, La mojigata o La comedia nueva. En 1935 se acordó
rotular la calle con el nombre completo del escritor, aunque esta decisión fue
revertida en 1949, recuperándose la forma abreviada que ha llegado hasta hoy.
Desde el punto de vista urbano, se
trata de una calle larga, estrecha y de trazado irregular, con varios tramos
bien diferenciados. En épocas pasadas debió de ser aún más angosta, como
sugieren las sucesivas alineaciones documentadas desde el siglo XVII. El plano
de Olavide muestra una marcada inflexión a la altura de Mateo Alemán, suavizada
posteriormente mediante reformas llevadas a cabo entre finales del siglo XIX y
comienzos del XX.
Antiguamente contaba con dos pequeñas
callejas o barreduelas, una de las cuales subsiste en la actual calle Tirso de
Molina. Estas vías secundarias, a menudo descuidadas y poco higiénicas, fueron
motivo de quejas vecinales desde el siglo XVI, solicitándose reiteradamente su
cierre.
El caserío de la calle combina
edificios de principios y mediados del siglo XX —algunos con patios interiores
y cancela, otros organizados en torno a escaleras— con construcciones más
recientes. En general, la calle mantiene un uso predominantemente residencial,
aunque en sus extremos se concentran algunos comercios.
En épocas pasadas, sin embargo,
abundaron en ella posadas y paradores, y existen testimonios de la presencia,
al menos desde el siglo XV, del Hospital de los Cómitres, vinculado a la
cercana calle Tirso de Molina.
Según el historiador José María González de León, en una de sus
esquinas existió un pequeño retablo dedicado a la Virgen del Pilar,
desaparecido a mediados del siglo XIX. Asimismo, algunas fuentes sitúan en esta
calle un suceso violento ocurrido en 1643: el asesinato de un juez de la Casa
de la Contratación de Sevilla a manos de un caballero de la Orden de Alcántara.
Moratín numero 29
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