domingo, 5 de abril de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Ruta Cofrade

Ciriales.

Los ciriales constituyen uno de los elementos más característicos y cargados de simbolismo dentro de la Semana Santa de Sevilla. Se trata de altos candeleros portados por acólitos ceriferarios que anteceden a los pasos procesionales, iluminando el camino y representando la luz de Cristo. Su presencia no es meramente ornamental, sino que hunde sus raíces en la liturgia de la Iglesia, donde acompañan a la cruz alzada y remiten directamente a los candeleros del altar.

El pertiguero enciende uno de los ciriales de la hermandad de Montesión. (J. M. Serrano)

Tradicionalmente, los ciriales están realizados en metal plateado o plata, aunque en algunos casos pueden encontrarse ejemplos en madera. Su estructura consiste en una vara larga y trabajada que culmina en un cubillo donde se coloca un cirio encendido. El color de este cirio suele coincidir con el de los que portan los nazarenos de la cofradía, manteniendo así una coherencia estética dentro del cortejo procesional.

El uso de ciriales en las procesiones sevillanas se consolidó a finales del siglo XIX, en gran medida inspirado por el ceremonial del clero. Desde entonces, su presencia se ha convertido en habitual en todas las hermandades. Por norma general, los pasos de palio suelen ir precedidos por cuatro ciriales, mientras que los pasos de misterio acostumbran a llevar seis, aunque estas cifras pueden variar según la tradición de cada corporación. Esta disposición guarda relación con la liturgia, donde el número de luces se adapta al grado de solemnidad de la celebración.

Ciriales delate de un paso de palio

Dentro de este contexto general destaca de manera singular la Hermandad de la Sagrada Mortaja, una de las corporaciones más sobrias y tradicionales de la Semana Santa hispalense. Esta hermandad presenta una de las estampas más sobrecogedoras de la noche del Viernes Santo, no solo por su silencio y recogimiento, sino también por un elemento que la distingue de todas las demás: los dieciocho ciriales que anteceden a su único paso de misterio.

La presencia de un número tan elevado de ciriales suscita inevitablemente una pregunta que ha sido repetida generación tras generación. Por qué dieciocho. La respuesta más extendida en la tradición popular sostiene que esta cifra representa a las personas que estuvieron presentes en el entierro de Cristo. Sin embargo, esta explicación, aunque profundamente arraigada, no puede confirmarse con certeza.

Si se acude a los evangelios, no se menciona en ningún momento un número concreto de asistentes al sepelio de Jesús. A partir de los textos bíblicos, se pueden identificar con relativa seguridad siete figuras presentes: la Virgen María, San Juan, María Magdalena, María Salomé, María Cleofás, José de Arimatea y Nicodemo. A partir de ahí, cualquier intento de completar la cifra hasta dieciocho entra en el terreno de la suposición.

Se ha planteado la posibilidad de incluir a los apóstoles, pero los relatos evangélicos indican que, tras la detención de Jesús, estos permanecieron ocultos por miedo a las represalias. Solo Juan aparece claramente vinculado a los momentos de la pasión. Incluso suponiendo que algunos de ellos hubieran acudido al entierro, el número seguiría sin cuadrar exactamente, lo que deja la teoría sin una base firme.

Otra hipótesis sitúa el origen de los dieciocho ciriales en la relación histórica entre la hermandad y el antiguo gremio de escribanos de Sevilla. Según esta versión, tras la Reconquista existían en la ciudad dieciocho escribanías, y cada cirial representaría a una de ellas. Con el tiempo, este número aumentaría a veinticuatro, pero la tradición de los dieciocho ciriales habría permanecido como recuerdo de aquella vinculación. No obstante, al igual que la teoría anterior, esta explicación carece de documentación que la respalde de manera concluyente.

La propia hermandad reconoce no disponer de pruebas que permitan confirmar el origen de esta singularidad. A lo largo del tiempo, distintas voces dentro de la corporación han aludido a la existencia de versiones más históricas y otras más cercanas a la leyenda, siendo estas últimas las que han calado con mayor fuerza en el imaginario colectivo.

Sea cual sea su origen, lo cierto es que los dieciocho ciriales se han convertido en una de las señas de identidad más reconocibles de la Hermandad de la Sagrada Mortaja. Cuando avanzan en la noche del Viernes Santo, alumbrando el paso que representa el entierro de Cristo, no solo cumplen una función estética o simbólica, sino que evocan un misterio que sigue sin resolverse. En ese equilibrio entre tradición, fe e incertidumbre reside buena parte de la riqueza de la Semana Santa de Sevilla, donde cada detalle encierra una historia que, en ocasiones, permanece abierta al paso del tiempo.

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