jueves, 25 de junio de 2026

AREA CENTRO 2

Iglesia del Salvador.

HISTORIA

La Iglesia del Divino Salvador constituye uno de los espacios más significativos de la historia religiosa y urbana de Sevilla. Su importancia no radica únicamente en la riqueza de su patrimonio artístico, sino también en el hecho de que su solar ha sido un lugar de culto ininterrumpido durante casi dos mil años, reflejando la sucesión de las distintas culturas que han configurado la ciudad, pues ha sido reutilizado por las culturas romana, visigoda, árabe y cristiana.

El Salvador Romano

Los inicios de ocupación de la manzana del Salvador son desconocidos. La falta de textos que hagan mención expresa al edificio que existió inicialmente y la dificultad de su estudio arqueológico (los restos aparecen por debajo de la capa freática) ha permitido plantear sólo hipótesis.

El argumento principal que se ha utilizado para la comprensión de la evolución de este edificio ha sido el de la persistencia de los lugares de culto. Habitualmente, en los primeros momentos de la cristianización, se utilizaban como iglesias las antiguas basílicas romanas, edificios civiles y de intercambio comercial y social. Posteriormente, y a partir de la islamización, se transformaron en mezquitas, y, tras la conquista cristiana, se volvieron a transformar en iglesias. Este factor de continuidad de los lugares sagrados en los mismos solares fue siempre muy fuerte, unido al hecho de que no era necesario comprar o edificar los edificios, porque ya estaban construidos, y sus características monumentales y simbólicas los hacían imprescindibles para la visualización de la nueva religión.

Aunque las investigaciones arqueológicas no han permitido confirmar con certeza la existencia de una basílica romana en este emplazamiento, sí han documentado restos y materiales de época romana que evidencian la relevancia del lugar dentro de la antigua Hispalis. La tradición histórica sostiene que sobre este espacio existieron edificaciones públicas de carácter representativo, reutilizadas posteriormente por las distintas civilizaciones que ocuparon Sevilla. Por tanto, en época romana, el espacio urbano que hoy ocupa la Iglesia Colegial, debió ser una basílica romana que formaba parte del foro de la ciudad.

Otro testimonio arqueológico importante son los capiteles de las columnas semi-enterradas del Patio de los Naranjos que son, igualmente, de época romana y que, probablemente, pertenecieron a algún edificio romano cercano al lugar. Por último, citar que cuando empezó a construirse los cimientos del templo barroco, se encontraron monedas de la época de Tiberio y Teodosio.

El edificio que ocupaba el solar del Salvador en la Sevilla romana se localizaba al Norte del brazo de río que pasaba por las calles Sierpes y Tetuán, Plaza Nueva y Arenal, donde se integraba al cauce principal. Al ser una ribera, el terreno tendría una suave pendiente desde la plaza de la Pescadería hasta el borde del río. Blanco Freijeiro, Salvador Ordóñez y Juan Campos han localizado el Salvador en el foro de la Sevilla romana imperial, centrada alrededor de la plaza de la Alfalfa.

El Salvador Visigótico

Tras el edicto de Milán, promulgado por Constantino el Grande en el año 313, el Imperio Romano aceptó oficialmente la religión cristiana que hizo su aparición en Sevilla a partir de finales del siglo II y terminará en el año 711-712, con el paso del Estrecho de Gibraltar de los musulmanes y la conquista de la ciudad.

Los cristianos comenzaron a reutilizar antiguas basílicas romanas en desuso para sus templos. Así pues, bajo el Salvador puede encontrarse la primitiva Catedral de Sevilla que recibió el nombre de Santa Jerusalén y tuvo también el apelativo de San Vicente donde se celebraron los Concilios de 590 y 619. Fue la sede de San Isidoro, escritor y doctor de la Iglesia, que murió en Sevilla en el año 636. Presidió el Segundo Concilio de Sevilla, y en el 633 el Cuarto de Toledo, en el que se unificó la disciplina litúrgica de España.

La Mezquita

La primera construcción plenamente documentada fue la mezquita aljama de Ibn Adabbás, edificada entre los años 829 y 830 por orden del emir omeya Abd al-Rahman II. Este templo se convirtió en la principal mezquita de Sevilla durante más de tres siglos, hasta la construcción de la gran mezquita almohade, antecedente de la actual Catedral. De aquella edificación islámica aún se conservan importantes vestigios, especialmente la base del antiguo alminar, integrada hoy en la torre campanario, así como el Patio de los Naranjos, heredero directo del antiguo patio de abluciones. Exteriormente, tal y como puede apreciarse en la actualidad, la zona poseyó un marcado carácter comercial por lo que la mezquita siempre estuvo rodeada de alcaicerías y zocos.

La Mezquita Colegial Cristiana

Tras la conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248, la mezquita fue consagrada al culto cristiano bajo la advocación del Divino Salvador del Mundo. Como ocurrió en otros templos andalusíes, se realizaron las transformaciones necesarias para adaptarla a la liturgia cristiana. Se modificó la orientación del espacio (las mezquitas tenían una orientación Norte-Sur mientras que las iglesias cristianas están orientadas Este-Oeste). En el espacio que ocupaba el Mihrab, lugar sagrado de la mezquita, construyen una capilla dedicada a la Virgen. Se tiene la certeza que fue la Virgen de las Aguas, imagen fernandina, la que sirvió para cristianizar la mezquita. También adaptaron el antiguo alminar como torre-campanario. Por último, utilizan el patio de las abluciones, dotado de fuente, agua corriente y soportales periféricos, como habitaciones e instalaciones de los servidores de la iglesia. También se utilizó como cementerio, tanto en el centro como en varias capillas funerarias, como es el caso de la Capilla de la familia de los Pineda, capilla que ha llegado hasta nuestros días en muy buen estado de conservación.

Poco después de la Reconquista se construyó en el costado oriental del patio una capilla destinada a Sagrario exento a imitación de la Catedral. Asimismo, comenzaron a habilitarse viviendas para el personal no clerical tal como sacristanes o campaneros que atendían la Colegiata, también mediante el cierre de las galerías. Restos de esta actividad es la vivienda del campanero de la Colegiata que ocupa la torre, del mismo modo que varias generaciones familiares.

Con el tiempo, el templo adquirió una especial relevancia dentro de la diócesis sevillana y llegó a ostentar rango de colegiata, un escalón inmediatamente inferior al de Catedral, convirtiéndose en una de las instituciones eclesiásticas más importantes de la ciudad después de la Catedral.

El 24 de agosto de 1356 un gran terremoto derribó la parte superior del alminar transformado en campanario. A esa restauración se debe que en el segundo cuerpo de la torre aparezcan arcos apuntados.

Durante los siglos XV y XVI la antigua mezquita transformada fue enriquecida con nuevas capillas, un coro capitular, órganos y numerosas obras de arte. Además, destacó como un importante centro de música sacra, contribuyendo al desarrollo cultural y religioso de Sevilla durante la Edad Moderna.

En el año 1610 se ejecuta el último cuerpo de la torre que después adornaría Leonardo de Figueroa a finales del siglo XVII. El conjunto se cubre con bóveda circular rematada con un capulín con ménsulas y hornacinas vacías en cada uno de sus cuatro frentes.

A mediados del siglo XVII el edificio presentaba un avanzado estado de deterioro. El paso del tiempo, las sucesivas reformas y los problemas estructurales hicieron necesaria su demolición.

Así, El Salvador es una de las últimas mezquitas que se derribó en Andalucía (1671) y esto se debe a que en el año 1172 perdió su condición de mezquita mayor de la ciudad a favor de la existente en el enclave de la actual catedral: el derribo para construir la Catedral cristiana se realizó en el edificio almohade, mientras que la antigua mezquita mayor de Adabbás se reutilizó hasta finales del siglo XVII.

Primer Templo Barroco

En 1674 comenzaron las obras de un nuevo templo barroco, que contó con la colaboración de Bernardo Simón de Pineda, Pedro Roldán y la dirección de Esteban García, pero cuando la construcción estaba prácticamente concluida, el 24 de octubre en 1679, se produjo un espectacular derrumbe que causó una profunda conmoción en la ciudad.

Segundo Templo Barroco

Lejos de abandonar el proyecto, el cabildo colegial impulsó inmediatamente una nueva reconstrucción, respetando la planimetría del edificio hundido. Los arquitectos José Granados de la Barrera, Francisco Gómez Septién y, especialmente, Leonardo de Figueroa fueron los principales responsables de la obra definitiva. Figueroa dotó al edificio de su personalidad artística característica, convirtiéndolo en una de las grandes creaciones del barroco sevillano. Las obras concluyeron en 1712, aunque algunos elementos, como el remate de la torre, se finalizaron años después. Por dificultades técnicas y económicas nunca se llegaron a realizar las dos torres gemelas que flanqueaban la fachada principal.

Es un edificio clásico, con planta de cruz latina con tres naves, organizadas por medio de pilastras compuestas de orden corintio que conforman un espacio interior claro y diáfano. Las bóvedas, construidas en ladrillos para mayor ligereza, son de arista en las naves laterales y de pañuelo en el crucero, a excepción de la cúpula de media naranja. La estructura se cubre por medio de cuatro grandes cámaras de madera que las protegen. Las naves laterales se cierran con tribunas donde se sitúan en una secuencia arco-muro de cierre, que configuran unas estrechas capillas laterales que albergan retablos.

El nuevo templo fue concebido como un espacio luminoso y monumental. Su amplia nave central, la majestuosa cúpula, la riqueza de sus retablos y la extraordinaria decoración escultórica y pictórica lo situaron entre las realizaciones más sobresalientes del barroco andaluz. A ello se sumó la conservación de elementos heredados de la antigua mezquita, que confieren al conjunto una singularidad excepcional dentro del patrimonio español.

La extinción de la Colegiata

En 1852, como consecuencia de las reformas eclesiásticas derivadas del concordato entre la Santa Sede y la Corona española de Isabel II, la colegiata perdió su rango institucional y pasó a convertirse en parroquia.

Este cambio supuso una notable reducción de recursos económicos, lo que dificultó durante décadas el mantenimiento del edificio. A lo largo de los siglos XIX y XX el Salvador sufrió diversos problemas estructurales y de conservación que pusieron en peligro su integridad.

Al no ser necesario el coro, se procedió a su traslado, lo que implicaba una nueva localización para el órgano. Este, de doble fachada, estaba situado en el límite entre la nave central y la lateral norte encima de la sillería del coro. Fue trasladado a los pies del templo, sobre la puerta principal, en una tribuna combinada con el cancel de entrada. Por ello, el orégano perdió parte de su sonoridad al suprimirse el juego de trompetas de la fachada Norte, hacia el patio de los Naranjos y que hoy se encuentra en la trasera del mueble.

Restauración

Finalmente, entre 2003 y 2008 se llevó a cabo una profunda restauración dirigida por el arquitecto Fernando Mendoza Castells. La intervención permitió consolidar la estructura, recuperar numerosos elementos artísticos y devolver al templo gran parte de su esplendor original. La reapertura oficial tuvo lugar en octubre de 2008, marcando el inicio de una nueva etapa para uno de los monumentos más emblemáticos de Sevilla.

Hoy, la Iglesia del Divino Salvador es el segundo templo más importante de la ciudad tras la Catedral de Sevilla. Su historia resume la evolución de Sevilla desde la época romana hasta nuestros días, conservando las huellas de las culturas romana, islámica y cristiana en un mismo espacio sagrado que continúa siendo centro de culto, patrimonio artístico y referente fundamental de la identidad sevillana.

EXTERIOR

La Iglesia del Salvador constituye uno de los conjuntos monumentales más sobresalientes del barroco sevillano y uno de los templos más representativos del centro histórico de Sevilla. Su imponente volumen domina la plaza que le da nombre, convirtiéndose en un referente visual y espiritual de la ciudad desde hace siglos.

Levantada entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII sobre el solar ocupado anteriormente por la gran mezquita de Ibn Adabbas y otros edificios de épocas romana y visigoda, la iglesia refleja en su arquitectura exterior la compleja historia de este espacio urbano, uno de los más antiguos y significativos de la ciudad.

La fachada principal, orientada hacia la Plaza del Salvador, fue diseñada por Leonardo de Figueroa y constituye una singular interpretación del manierismo tardío, estilo que precede al exuberante barroco desarrollado en el interior del templo.

Fachada a la plaza del Salvador

El frente se organiza mediante tres grandes portadas correspondientes a las tres naves de la iglesia, destacando la central por su mayor altura y monumentalidad.

Portada central

Detalle del óculo superior

Detalle de la cruz de forja que corona la portada

Sobre ella aparece un escudo con el Agnus Dei sostenido por dos ángeles, símbolo de Cristo redentor. 

Detalle del Agnus Dei sostenido por dos ángeles

Detalle del Agnus Dei sostenido por dos ángeles

Detalle del ático de la portada principal

Cada portada se encuentra coronada por un óculo circular, siendo el central de mayores dimensiones. Las puertas aparecen separadas por robustas pilastras dobles. El conjunto culmina en una monumental espadaña rematada por frontón y cruz de hierro forjado. 

Puerta lateral izquierda

Detalles de la puerta izquierda

Detalles de la puerta izquierda
Detalles de la puerta izquierda

Puerta lateral derecha

Detalles de la puerta derecha

Detalles de la puerta derecha
Detalles de la puerta derecha
Detalles de la puerta derecha

Sobre el edificio sobresale la airosa cúpula, visible desde numerosos puntos del casco histórico, levantada sobre un tambor poligonal, cuya silueta forma parte inseparable del perfil urbano del casco histórico sevillano.

Cúpula

Detalle de la cruz de forja

Entre las verjas que delimitan el compás y los muros del templo se encuentra la pequeña Capilla del Carmen, un sencillo pero significativo elemento devocional. Sobre su entablamento puede contemplarse el escudo de la Orden Carmelita, recuerdo de la antigua vinculación de este lugar con la devoción mariana del Carmen. En la actualidad alberga una imagen de la Virgen del Carmen, atribuida a Juan Bautista Petroni, manteniendo vivo el carácter religioso de este rincón del recinto. Su discreta presencia contrasta con la monumentalidad de la iglesia, formando parte inseparable de la vida cotidiana de la plaza. Es muy difícil de fotografiar por los reflejos del cristal que la protege.

Al fondo, la Capilla del Carmen

Capilla del Carmen

Imagen de la Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

Detalle de la Virgen del Carmen

Escudo de la Orden Carmelita

En el lateral se puede contemplar la puerta de entrada al patio de los naranjos desde la plaza del Salvador generalmente cerrada.

Puerta de entrada al patio de los naranjos

Detalle de la puerta de entrada al patio de los naranjos

El recorrido exterior por la calle Villegas permite descubrir otros elementos de gran interés. Allí se encuentra el acceso a la Casa de Hermandad de la Hermandad del Amor y una ventana desde la que puede contemplarse el camarín de la Virgen de las Aguas, cuya imagen se orienta hacia la calle en determinadas celebraciones, especialmente durante la festividad del Corpus Christi. Sobre este punto sobresale el cimborrio de la cúpula que cubre el camarín, añadiendo riqueza volumétrica al perfil del edificio.

Detalle de la calle Villegas esquina con la plaza del Salvador

Detalle de la calle Villegas

Detalle de la calle Villegas
Detalle de la calle Villegas

En el chaflán formado por la Plaza del Salvador y la calle Villegas se conserva una hornacina que alberga la llamada Cruz de las Culebras (leer mas), heredera de una antigua cruz del cementerio parroquial que ocupó durante siglos gran parte de la plaza. Su nombre procede de la antigua denominación de la calle Villegas. Bajo la hornacina puede leerse una inscripción que recuerda una disposición medieval según la cual cualquier persona, incluso el propio rey, debía desmontar de su cabalgadura al encontrarse con el Santísimo Sacramento. Este singular testimonio evoca la profunda religiosidad que caracterizó a la Sevilla de otras épocas.

Cruz de las Culebras

Muy cerca se alza el impresionante retablo cerámico del Santísimo Cristo del Amor (leer mas), realizado en 1930 por la fábrica de Mensaque Rodríguez y Compañía según diseño de Enrique Mármol Rodrigo. Considerado el mayor retablo cerámico urbano de Sevilla, reproduce al Crucificado a tamaño natural. La obra se encuentra protegida por un magnífico tejaroz de madera que contribuye a realzar su presencia monumental y devocional.

Retablo cerámico del Santísimo Cristo del Amor

Frente al templo, en la plaza, se alza el monumento dedicado a Martínez Montañés, obra del escultor Agustín Sánchez Cid inaugurada en 1924. La estatua ha conocido diversos emplazamientos a lo largo del siglo XX, aunque hoy ocupa un lugar estratégico junto al templo. La tradición popular sostiene que fue situada allí porque ese era el punto desde donde el gran imaginero contemplaba cada año la salida procesional de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Su ubicación lateral, lejos del centro de la plaza, permite además compatibilizar la contemplación del monumento con el intenso tránsito peatonal y con las numerosas procesiones que recorren este emblemático espacio urbano.

Monumento dedicado a Martínez Montañés

Detalle del monumento dedicado a Martínez Montañés

Detalle del monumento dedicado a Martínez Montañés

Detalle del rostro

Detalle de la Cieguecita

La parte posterior de la colegiata, orientada hacia la Plaza de Jesús de la Pasión, permite contemplar los volúmenes de la cabecera del templo, los óculos y ventanales del presbiterio, así como la bóveda coronada por su linterna. Este espacio recuerda además que la iglesia se levantó en el corazón de la antigua Sevilla islámica, entre la mezquita mayor primitiva y los animados zocos o alcaicerías que durante siglos constituyeron uno de los principales centros comerciales de la ciudad.

Vista desde la Plaza de Jesús de la Pasión

Detalle de la cúpula

Detalle de la cruz de forja

El exterior del Salvador es, por tanto, mucho más que el envoltorio de un gran templo barroco. Sus fachadas, patios, capillas, monumentos y restos arqueológicos narran más de dos mil años de historia urbana, desde la Hispalis romana hasta la Sevilla contemporánea, convirtiéndolo en uno de los conjuntos monumentales más ricos y representativos de Andalucía.

PATIO DE LOS NARANJOS

El Patio de los Naranjos constituye uno de los espacios más evocadores de la Iglesia del Salvador, al conservar la memoria del antiguo sahn o patio de abluciones de la mezquita mayor almohade que ocupó este lugar antes de la construcción del actual templo barroco. A él se puede acceder tanto desde la calle Córdoba como a través de la portada que se abre a la Plaza del Salvador.

Entrada por la calle Córdoba

Entrada por la calle Córdoba
Entrada por la calle Córdoba

Al atravesar este último acceso, es posible contemplar la Capilla del Cristo de los Desamparados (leer mas), levantada en el siglo XVIII por Ambrosio de Figueroa. En su interior recibe culto el Crucificado titular, mientras que, a la izquierda de la entrada, una hornacina acristalada alberga la imagen de la Virgen del Prado, realizada en 1950 por Antonio Montero Sánchez.

En la pared externa de la epístola destaca un azulejo de la Virgen del Roció, la Cruz de Polaineros (leer mas) que estuvo al principio de la calle Álvarez Quintero y una placa de mármol.

Capilla del Cristo de los Desamparados

Pared externa de la epístola de la Capilla de los Desamparados
Azulejo de la Virgen del Rocío

Cruz de Polaineros

Al fondo se puede observar la entrada a la Capilla Sacramental de Jesús de la Pasión (leer mas).

Entrada a la Capilla Sacramental de Jesús de la Pasión

Flanqueando la puerta de acceso a esta zona se disponen las esculturas de los cuatro Padres Latinos de la Iglesia: san Ambrosio, arzobispo de Milán; san Agustín, obispo de Hipona; san Jerónimo, traductor de la Biblia al latín; y san Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia. Su presencia subraya el carácter doctrinal y catequético propio de la decoración barroca.

San Ambrosio

Detalle de San Ambrosio

San Jerónimo

Detalle de San Jerónimo

San Agustín

Detalle de San Agustín

San Gregorio Magno

Detalle de San Gregorio Magno

Se encuentra el acceso a la cripta situada bajo la Capilla Sacramental. Este espacio funerario, perteneciente a la Archicofradía Sacramental de Pasión, alberga diversos enterramientos de relevancia histórica, entre ellos los de don Carlos de Borbón y Borbón, varios miembros de su familia y doña Luisa de Orleans, nieta de Fernando VII y abuela del rey Juan Carlos I. La cripta forma parte de los proyectos de puesta en valor del conjunto monumental y constituye uno de los ámbitos menos conocidos del templo.

Acceso a la cripta situada bajo la Capilla Sacramental

En el extremo occidental del patio se encuentra la Capilla de los Pineda, se trata de una capilla funeraria privada fundada a finales del siglo XIV por esta influyente familia sevillana para servir de lugar de enterramiento a sus miembros. El edificio constituye un interesante ejemplo de transición artística, en el que conviven elementos góticos con soluciones constructivas heredadas de la tradición mudéjar. Originalmente albergó tres laudas sepulcrales decoradas con azulejería, aunque únicamente se conserva una de ellas. Su arquitectura y su carácter íntimo convierten este espacio en uno de los testimonios más valiosos de la Sevilla bajomedieval conservados en el entorno del Salvador.

Entrada a la Capilla de los Pineda

En el centro del patio permanece una antigua fuente que recuerda la función original de este recinto durante la etapa islámica, cuando los fieles realizaban aquí las abluciones rituales antes de acceder a la mezquita. Este elemento constituye uno de los testimonios más significativos de la continuidad histórica del lugar, donde se superponen siglos de tradición religiosa y arquitectónica.

Vista general del patio

Vista general del patio

Detalle de la fuente central

En él aún pueden apreciarse restos arqueológicos romanos, visigodos e islámicos, columnas reutilizadas. La diferencia de nivel entre el suelo actual y algunos de los arcos conservados permite comprender cómo la cota urbana fue elevándose con el paso de los siglos.

Detalle de los arcos parcialmente al descubierto a nivel de la cota actual

Detalle de los arcos parcialmente al descubierto a nivel de la cota actual
Detalle de los arcos parcialmente al descubierto a nivel de la cota actual

Jarrón

Jarrón

Campana

Campana

Detalle de capiteles

Detalle de capiteles
Detalle de capiteles
Detalle de capiteles

Junto al patio se levanta la torre campanario, cuyo cuerpo inferior corresponde al antiguo alminar de la mezquita del siglo IX. Sobre esta base islámica se añadieron posteriormente un tramo gótico-mudéjar durante el siglo XIV y un remate barroco diseñado por Leonardo de Figueroa entre los siglos XVII y XVIII. Esta superposición de estilos convierte a la torre en un excepcional resumen de la evolución histórica de Sevilla.

Torre campanario desde el patio de los naranjos

Parte superior de la torre campanario desde el patio de los naranjos

Torre campanario desde la calle Córdoba

Torre campanario desde la Plaza de Jesús de la Pasión

Detalle de la cruz de forja y la veleta

INTERIOR

El interior de la Iglesia del Salvador constituye una de las creaciones más notables del barroco sevillano y sorprende por la amplitud y monumentalidad de su espacio. Concebida como un gran salón rectangular, presenta una tipología excepcional en Andalucía, que favorece una visión unitaria del conjunto y potencia los efectos escenográficos propios de la arquitectura religiosa de la época.

La planta de cruz latina se organiza en tres naves de igual altura, distribuidas en cuatro tramos y separadas por robustos pilares cuadrangulares a los que se adosan medias columnas, con arcos de medio punto. Esta disposición confiere al templo una extraordinaria sensación de amplitud y equilibrio, alejándose del tradicional esquema basilical de nave central más elevada. Los soportes aparecen enriquecidos con una profusa decoración de motivos vegetales, mientras que sobre ellos se elevan altas bóvedas que acentúan la verticalidad del edificio y contribuyen a crear un ambiente solemne y majestuoso. Las bóvedas, construidas en ladrillos para mayor ligereza, son de arista en las naves laterales y de pañuelo en el crucero, a excepción de la cúpula de media naranja. Las naves laterales se cierran con tribunas donde se sitúan en una secuencia arco-muro de cierre, que configuran unas estrechas capillas laterales que albergan retablos.

Vista general desde los pies del templo

Vista general desde la cabecera del templo

Vista de la nave central y la de la epístola con las columnas cuadrangulares con medias columnas adosadas 

Detalle de las cubiertas

Detalle de un arco

Detalle de un arco

Detalle de las tres naves

Detalle de la tribuna

Detalle de la tribuna

En la cabecera de la nave central destacan especialmente las columnas decoradas con delicadas tracerías en las que se representan símbolos eucarísticos, junto a castillos y leones, referencias heráldicas vinculadas a la Corona española. Los capiteles, revestidos con dorados, aportan una nota de riqueza ornamental que armoniza con el conjunto decorativo del templo.

Capitel 

Capitel revestido con dorados

Capitel revestido con dorados

Detalle de león decorativo

Detalle de castillo decorativo

Detalle eucarístico decorativo

El crucero constituye uno de los espacios más espectaculares de la iglesia. Sobre él se alza una magnífica cúpula de tambor poligonal diseñada por Leonardo de Figueroa a comienzos del siglo XVIII. La estructura adopta una planta octogonal y se abre mediante amplios ventanales que permiten la entrada de abundante luz natural, iluminando el espacio central y realzando la decoración interior. En sus paramentos aparecen representados los cuatro evangelistas mediante relieves integrados en una exuberante ornamentación vegetal, característica del barroco sevillano. La cúpula se corona con una elegante linterna que incrementa la iluminación y refuerza la sensación de elevación espiritual que domina todo el recinto.

Cúpula

Detalle de la cúpula

San Marcos con el león

Detalle del león

San Juan con el águila

Detalle del águila
San Juan

San Mateo con el ángel

San Mateo
Detalle del ángel

San Lucas con el toro

Detalle del toro

La armonía de sus proporciones, la riqueza decorativa de sus elementos arquitectónicos y la cuidada utilización de la luz convierten el interior del Salvador en uno de los espacios religiosos más impresionantes de Sevilla. A ello contribuye también el extraordinario conjunto de retablos que alberga el templo. Un total de catorce retablos se distribuyen por las naves y capillas, configurando un auténtico museo del arte sacro barroco. En ellos trabajaron algunos de los principales arquitectos, ensambladores, escultores y pintores de la escuela sevillana, dando lugar a un conjunto artístico de excepcional valor histórico y patrimonial.

La Iglesia del Salvador ofrece así una perfecta síntesis entre arquitectura, escultura, pintura y luz, convirtiéndose en una de las manifestaciones más brillantes del espíritu barroco y en una de las grandes joyas monumentales del centro histórico de Sevilla.

Epístola

Iniciamos la descripción del templo a los pies de la nave de la epístola para continuar por el presbiterio y altar mayor y seguir por la nave del evangelio para terminar a los pies y posteriormente visitar la sacristía y la cripta.

Hay que tener en cuenta que en distintas visitas nos encontramos con diferentes ubicaciones de las imágenes. 

Vista del primer tramo, a los pies de la nave de la epístola

Vista del primer tramo, a los pies de la nave de la epístola

La capilla bautismal constituye uno de los espacios más interesantes del rico patrimonio artístico de la Iglesia del Salvador. Aunque originalmente estuvo vinculada a la administración del sacramento del bautismo, en la actualidad está dedicada a San Miguel Arcángel, cuya imagen preside la estancia. Se trata de una escultura anónima del siglo XVIII que representa al jefe de las milicias celestiales en actitud triunfante sobre las fuerzas del mal, siguiendo los modelos iconográficos característicos del barroco sevillano.

Capilla Bautismal

Capilla Bautismal

Retablo de San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel

Detalle de San Miguel Arcángel

Detalle de San Miguel Arcángel

La capilla alberga además diversas obras de notable interés. Entre ellas destaca la custodia parroquial, pieza de especial relevancia dentro del ajuar litúrgico de la iglesia, así como dos lienzos dedicados a destacados santos de la Compañía de Jesús: San Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuita, y San Juan Francisco Regis, célebre misionero francés del siglo XVII. Varias vitrinas completan el conjunto expositivo, conservando imágenes del Crucificado, San Agustín y San Jerónimo, magníficas esculturas realizadas por Cayetano de Acosta durante el siglo XVIII. Estas obras constituyen un valioso testimonio de la producción del escultor portugués, cuya actividad dejó una profunda huella en el panorama artístico sevillano.

Custodia parroquial

San Ignacio de Loyola

San Juan Francisco Regis

San Agustín. Cayetano de Acosta. 1771-1779

San Jerónimo. Cayetano de Acosta. 1771-1779

Crucificado. Anónimo sevillano. Finales del XVI. Marfil

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies

Crucificado. Anónimo. Hacia 1500. Madera policromada

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies

Junto a esta capilla, o dentro de ella, se encuentra una de las joyas escultóricas de la iglesia: la monumental imagen de San Cristóbal, considerada la primera obra documentada y conservada de Juan Martínez Montañés. Realizada en 1597 por encargo del gremio de los guanteros, que tenía al santo como patrón y contaba con hermandad propia en el templo, la escultura alcanza aproximadamente los 2,25 metros de altura y constituye una demostración temprana del extraordinario talento del maestro alcalaíno.

La imagen muestra al santo avanzando con firmeza mientras sostiene sobre sus hombros al Niño Jesús. La composición posee una gran fuerza expresiva: San Cristóbal dirige la mirada hacia el Niño, mientras este bendice al espectador con su mano derecha. A pesar de tratarse de una obra juvenil, ya se aprecian en ella las cualidades que convertirían a Martínez Montañés en una de las figuras más importantes de la escultura española de la Edad Moderna: equilibrio compositivo, naturalismo anatómico y una exquisita capacidad para dotar de vida a la madera policromada.

San Cristóbal

San Cristóbal

Detalle de San Cristóbal

Detalle de San Cristóbal
Detalle de San Cristóbal
Detalle del Niño
Detalle del pie
Detalle del pie

La iconografía de San Cristóbal hunde sus raíces en una de las leyendas más difundidas de la tradición cristiana medieval. Según la narración hagiográfica, era un hombre de extraordinaria fortaleza física que buscaba servir al señor más poderoso del mundo. Tras descubrir que incluso el demonio temía a Cristo, emprendió la búsqueda del Salvador y terminó ayudando a los viajeros a cruzar un peligroso río. Un día transportó sobre sus hombros a un pequeño niño cuyo peso aumentó de forma prodigiosa hasta parecerle más pesado que el universo entero. Al llegar a la otra orilla, el niño se reveló como Cristo y le explicó que había cargado con el Creador del mundo. Desde entonces recibió el nombre de Cristóbal, es decir, “portador de Cristo”.

La devoción al santo estuvo muy extendida en Europa durante siglos, especialmente entre viajeros, caminantes y numerosos gremios profesionales. Su presencia en la Iglesia del Salvador recuerda la importancia histórica de las corporaciones artesanales sevillanas y enriquece un espacio que reúne algunas de las manifestaciones más destacadas de la escultura y la religiosidad barroca de la ciudad.

Primer tramo desde los pies de la nave de la epístola

Primer tramo desde los pies de la nave de la epístola

Junto a la capilla bautismal de la Iglesia del Salvador se alza el retablo de las santas Justa y Rufina, una de las obras más representativas de la devoción sevillana a estas mártires, consideradas patronas de la ciudad. Este magnífico conjunto barroco fue realizado por Juan de Dios Moreno y concluido hacia 1730. Su presencia en el templo es relativamente reciente, ya que fue trasladado en 1902 desde el antiguo Hospital de las Cinco Llagas, edificio renacentista que actualmente alberga la sede del Parlamento de Andalucía.

Retablo de las santas Justa y Rufina

La estructura del retablo responde plenamente a los gustos del barroco sevillano del siglo XVIII, caracterizado por la riqueza ornamental y el dinamismo de sus formas.

En el cuerpo principal aparecen las imágenes de Santa Justa y Santa Rufina, atribuidas al escultor Jerónimo Hernández y fechadas a finales del siglo XVI. Las santas son representadas junto a la Giralda, atributo iconográfico inseparable de ambas desde que la tradición les atribuyó la protección milagrosa de la torre durante el terremoto que sacudió Sevilla en 1504. Su presencia recuerda el profundo arraigo que estas mártires tuvieron entre los sevillanos y, especialmente, entre los artesanos de la cerámica.

Hornacina central con las imágenes de Santa Justa y Santa Rufina

Detalle del rostro de santa Justa

Detalle del rostro de Santa Rufina

La decoración del retablo alude precisamente a este oficio. Entre las columnas que enmarcan la hornacina central pueden observarse diversos elementos cerámicos modelados en la talla, evocando la condición de alfareras de Justa y Rufina. Según la tradición, ambas jóvenes fueron perseguidas y martirizadas en el siglo III por negarse a participar en cultos paganos, convirtiéndose con el tiempo en uno de los símbolos más queridos de la religiosidad hispalense.

En el ático destaca una elegante representación de Santa María Magdalena Penitente, atribuida igualmente a Juan de Dios Moreno. La santa aparece arrodillada en actitud de recogimiento y oración, ofreciendo un contrapunto de espiritualidad contemplativa al mensaje de fortaleza y fidelidad cristiana encarnado por las mártires sevillanas. Se remata con símbolo eucarístico.

Santa María Magdalena Penitente

Detalle de Santa María Magdalena

Símbolo eucarístico

El conjunto se enriquece además con otros elementos de gran interés. En el banco del retablo se conserva una expresiva cabeza del Cirineo atribuida a Juan de Mesa, procedente de la Hermandad de Pasión, pieza que constituye un valioso ejemplo de la intensidad emocional característica de la escultura barroca sevillana y que en una de mis vista presentaba la hornacina vacía y en otra una Inmaculada. 

Hornacina vacía

Cabeza de Cirineo

Inmaculada

Detalle de la Inmaculada

Detalle de querubines a los pies de la Inmaculada

Asimismo, el muro adyacente aparece decorado con pinturas murales y con dos lienzos que representan escenas del martirio de las santas, completando el programa iconográfico dedicado a exaltar su ejemplo de fe.

Lienzo de la pared

Lienzo de la pared

Por su calidad artística, por la relevancia de los maestros que participaron en su ejecución y por la profunda vinculación de sus protagonistas con la historia de Sevilla, el retablo de Santa Justa y Rufina constituye una de las obras más destacadas del patrimonio de la Iglesia del Salvador, así como un magnífico testimonio de la devoción que la ciudad ha profesado durante siglos a sus santas patronas.

Capilla de Santiago


Capilla de Santiago, el apóstol presidiendo el retablo neoclásico de piedra, donde acuden los peregrinos de Santiago de Compostela a su paso por la ciudad.

Al visitar a la imagen de Santiago en esta iglesia el 25 de julio se ganan las mismas indulgencias que peregrinando a Santiago de Compostela.

Capilla de Santiago

Santiago

Detalle del rostro

Detalle de los pies

En una segunda visita me encuentro con San Miguel Arcángel sobre una repisa al lado  de la entrada de esta capilla y no en la bautismal como lo hemos mostrado anteriormente.

Nueva ubicación de San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel

Detalle

Detalle

La siguiente capilla presenta una singular disposición, ya que alberga dos retablos barrocos que, por su proximidad y unidad compositiva, parecen formar un único conjunto monumental. Se trata de los retablos del Cristo de la Humildad y Paciencia y de San Fernando, dos obras que combinan la riqueza ornamental del barroco sevillano con un notable programa iconográfico dedicado a la contemplación de Cristo y a la exaltación de la monarquía cristiana representada por el santo rey conquistador de Sevilla.

En una segunda visita el Cristo de la Humildad y Paciencia ha sido sustituido por San Pedro Obispo.

Doble retablo con Cristo de Humillación y Paciencia

Doble retablo con San Pedro Obispo

El retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia tiene su origen en un encargo realizado por el gremio de los guanteros, cuya devoción principal estaba vinculada a San Cristóbal, patrón de la corporación. La estructura fue ensamblada y tallada entre 1732 y 1734 por José Maestre, siendo posteriormente dorada por Francisco Lagraña en 1757. Su diseño responde plenamente a la estética barroca, caracterizada por la abundancia decorativa, el movimiento de las formas y el efecto teatral que busca conmover al fiel.

Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia

Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia con San Pedro Obispo

Preside el retablo la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia, una de las representaciones más conmovedoras de la Pasión conservadas en el templo. La escultura fue realizada por Antonio de Quirós en 1696 y muestra a Cristo sentado sobre una roca mientras espera la crucifixión, sumido en un profundo silencio meditativo tras los tormentos sufridos. La obra revela una gran intensidad emocional y parece inspirarse en el célebre Cristo de Dolores de Alberto Durero, difundido por toda Europa a través de grabados y copias. El escultor logró transmitir con extraordinaria sensibilidad la soledad, el sufrimiento contenido y la resignación serena del Redentor.

Cristo de la Humildad y Paciencia

Detalle del Cristo de la Humildad y Paciencia

San Pedro Obispo

Detalle de San Pedro Obispo

La iconografía se completa con diversas imágenes distribuidas en las calles laterales y el remate del retablo. A ambos lados aparecen San Cayetano y el arcángel San Rafael, mientras que en el ático se sitúa una representación de la Inmaculada Concepción acompañada por los apóstoles San Pedro y San Pablo. Todo el conjunto desarrolla un mensaje de esperanza y redención centrado en la figura de Cristo.

San Cayetano

Arcángel San Rafael

Inmaculada Concepción

San Pablo

San Pedro

Unido a este se encuentra el retablo de San Fernando, una de las manifestaciones más destacadas de la devoción sevillana al monarca castellano que conquistó la ciudad en 1248 y fue canonizado en 1671. La obra fue ejecutada entre 1760 y 1767 por el tallista José Díaz, quien concibió una composición inspirada en el antiguo retablo de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla. Su estructura se organiza mediante un banco, un cuerpo principal articulado por estípites y un ático coronado por el escudo de la monarquía española, todo ello envuelto en una exuberante decoración barroca.

Retablo de San Fernando

La imagen titular de San Fernando fue realizada por Antonio de Quirós en 1699 y policromada por el prestigioso pintor Francisco Meneses Osorio. El santo aparece revestido con atributos regios, evocando tanto al rey conquistador como al modelo de gobernante cristiano. 

San Fernando

Detalle de San Fernando

A ambos lados se encuentran las esculturas de San Luis Rey de Francia y San Hermenegildo, realizadas por Blas Molner durante el siglo XVIII. La elección de estos personajes no es casual, pues los tres representan distintos modelos de santidad vinculados al ejercicio del poder y a la defensa de la fe.

San Luis Rey de Francia

San Hermenegildo

En el ático destacan una custodia pintada y las imágenes de San Diego de Alcalá y San Juan Bautista, que completan el discurso espiritual del conjunto. Se remata por el escudo de la monarquía española. La combinación de elementos eucarísticos, santos monarcas y figuras penitenciales convierte este retablo en una auténtica síntesis de los ideales religiosos promovidos por la Iglesia barroca.

Custodia

San Diego de Alcalá

San Juan Bautista

Escudo de la monarquía española

Ambos retablos constituyen un magnífico ejemplo del esplendor artístico alcanzado por la escultura y la retablística sevillanas durante los siglos XVII y XVIII. Su proximidad dentro del templo permite contemplar, en un mismo espacio, dos expresiones complementarias de la espiritualidad cristiana: la meditación sobre la Pasión de Cristo y la exaltación de la santidad alcanzada a través del ejercicio de la fe y del servicio a la Iglesia.

Retablo de la Virgen de las Aguas

El retablo de la Virgen de las Aguas constituye una de las obras maestras del barroco sevillano del siglo XVIII y uno de los elementos más destacados del interior de la Iglesia del Salvador. Situado en el crucero del templo, fue realizado por el ensamblador José Maestre entre 1720 y 1730. Su ejecución fue sufragada por los hermanos José y Diego Pérez de Baños, mientras que el dorado corrió a cargo de Francisco Lagraña.

El conjunto se articula en torno a la imagen de la Virgen de las Aguas, una talla sedente de origen medieval fechada en el siglo XIII. La tradición la vincula directamente con el rey San Fernando, quien, según la leyenda, mandó realizarla en agradecimiento a la intervención de la Virgen durante una prolongada sequía que afectaba a la ciudad. Con el paso de los siglos, esta imagen adquirió una profunda significación para los sevillanos, convirtiéndose en protectora de la ciudad ante calamidades, inundaciones, epidemias y períodos de escasez de lluvias. Su nombre quedó asociado a numerosas rogativas celebradas a lo largo de la historia, reflejo de una devoción que alcanzó especial intensidad entre los siglos XVI y XVIII.

La imagen ocupa una hornacina conectada visualmente con el camarín posterior, iluminado por una ventana abierta a la calle Villegas. Aunque la talla conserva su origen medieval, del siglo XIII, experimentó transformaciones durante el siglo XVIII, aproximándose a la estética barroca imperante. Su tipología recuerda a otras imágenes fernandinas, especialmente a la Virgen de los Reyes, con la que comparte tradición histórica y simbólica.

Hornacina con la Virgen de las Aguas

Virgen de las Aguas

Detalle de la Virgen de las Aguas

El retablo desarrolla un complejo programa iconográfico centrado en la exaltación mariana. Sobre la hornacina principal se dispone un gran relieve policromado realizado en 1727 que representa la aparición de la Virgen a San Fernando durante el asedio de Sevilla, en el campamento cerca de las murallas de Sevilla. Esta escena evoca la ayuda celestial prestada al monarca en los momentos previos a la conquista de la ciudad y enlaza con las tradiciones que rodean a la imagen. En el interior del camarín y en diversos relieves laterales se representan episodios de la vida de María, como la Anunciación, la Visitación y la Presentación en el Templo.

Relieve policromado que representa la aparición de la Virgen a San Fernando durante el asedio de Sevilla

A ambos lados de la Virgen se sitúan las esculturas de los santos hispalenses Isidoro y Leandro, ejecutadas en el siglo XVIII por Felipe de Castro. 

San Isidoro

San Leandro

Más arriba aparecen las figuras de San José y San Diego de Alcalá.

San José

San Diego de Alcalá

En la hornacina del banco se conserva una delicada imagen del Niño Jesús atribuida a Juan Martínez Montañés, una de las piezas de mayor valor artístico del conjunto.

Niño Jesús

Niño Jesús

Detalle del Niño Jesús

Detalle de los querubines a los pies del Niño Jesús

La riqueza ornamental culmina en el ático, donde varios ángeles sostienen el escudo de la monarquía española y el emblema de la antigua Colegiata del Salvador, simbolizado por el orbe coronado por la cruz, representación del triunfo universal de la fe cristiana. Todo ello queda envuelto por una exuberante decoración dorada característica del barroco sevillano, concebida para dirigir la mirada hacia la imagen titular y subrayar su papel como protectora de Sevilla.

Escudo de la monarquía española

Orbe coronado por la cruz

Ante el retablo se conserva además la monumental pila bautismal labrada en mármol por Pedro López de Verástegui en 1591, mientras que el altar está enriquecido por un magnífico frontal de plata realizado por Diego Gallego y Eugenio Sánchez Reciente entre 1701 y 1756, decorado con símbolos marianos y emblemas de la monarquía. La unión de estos elementos forma uno de los conjuntos artísticos más sobresalientes del templo, donde arquitectura, escultura, orfebrería y devoción popular se integran en una de las expresiones más brillantes del barroco religioso sevillano.

Pila bautismal y frontal de plata del altar

Detalle de la pila bautismal

Símbolos en el frontal de plata. Arca de la Alianza

Símbolos en el frontal de plata. Emblema de la monarquía
Símbolos en el frontal de plata. La torre
Símbolos en el frontal de plata. Orbe y cruz

El retablo de la Borriquita, también conocido como retablo de los santos Crispín y Crispiniano, se encuentra junto al retablo del Cristo del Amor. Constituye una notable obra del barroco sevillano realizada entre 1730 y 1733. Su ejecución fue llevada a cabo por Bartolomé García, mientras que el montaje correspondió a los hermanos José Fernando y Francisco José de Medinilla, destacados artífices de la retablística hispalense del siglo XVIII.

Retablo de la Borriquita

Originalmente estuvo dedicado a los santos Crispín y Crispiniano, hermanos mártires de la época romana y patronos del gremio de los zapateros. La memoria de esta antigua advocación se conserva en el ático del retablo, donde aparecen representados ambos santos, así como en diversos relieves alusivos a sus vidas y martirio.

Santos Crispín y Crispiniano

La hornacina principal está presidida actualmente por la imagen de Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, popularmente conocida como la Borriquita. Esta escultura, atribuida a un seguidor del círculo de Pedro Roldán y fechada entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, representa a Cristo montado sobre un asno en el momento de su llegada a la ciudad santa, entre las aclamaciones del pueblo. La devoción a esta imagen tiene una especial relevancia en Sevilla, ya que protagoniza una de las procesiones más emblemáticas del Domingo de Ramos, marcando tradicionalmente el inicio de la Semana Santa sevillana y congregando a numerosas familias y niños a lo largo de su recorrido.

Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén

Detalle del rostro

Detalle del pie izquierdo
Detalle del pie derecho

Completan el conjunto las imágenes de Santiago Apóstol y San Pedro, situadas a ambos lados de la calle central, mientras que diversos relieves representan escenas y figuras vinculadas a la tradición cristiana. La riqueza ornamental del retablo, con abundante decoración vegetal, molduras y elementos dorados, refleja plenamente el gusto barroco por la teatralidad y el movimiento.

Santiago Apóstol

San Pedro

Junto a este altar se abre una pequeña puerta que comunica con la Sacristía Alta del templo, un espacio de gran interés histórico y artístico que forma parte de las dependencias internas de la colegial. 

Retablo de la Capilla de la Hermandad del Amor

La Capilla de la Hermandad del Amor ocupa un lugar destacado junto a la cabecera de la nave derecha (Epístola) de la Iglesia del Salvador. En ella se encuentra el retablo de la Primitiva, Pontificia, Real e Ilustre Hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén, Santísimo Cristo del Amor, Nuestra Señora del Socorro y Santiago Apóstol, corporación nacida de la unión, en 1608, de dos antiguas hermandades sevillanas: la de la Entrada en Jerusalén y la del Amor y Socorro. Tras diversos traslados motivados por los acontecimientos históricos y las vicisitudes del siglo XIX, la hermandad quedó establecida definitivamente en el templo del Salvador en 1922.

El retablo barroco está presidido por la extraordinaria imagen del Santísimo Cristo del Amor (leer mas), una de las obras maestras de Juan de Mesa. Tallado entre 1618 y 1620, este crucificado constituye una de las cumbres del realismo barroco sevillano. La serenidad de su rostro contrasta con la intensidad dramática del sacrificio, mientras que la perfección anatómica del cuerpo y el magistral tratamiento del paño de pureza revelan la extraordinaria capacidad técnica de su autor. Se trata del primero de los grandes crucificados documentados de Juan de Mesa, quien dejó constancia expresa de que la obra sería realizada íntegramente por su propia mano. La imagen representa a Cristo muerto en la cruz como máxima expresión del amor redentor hacia la humanidad, significado que da nombre a la advocación.

Santísimo Cristo del Amor

Detalle del rostro

Detalle del rostro

Detalle de la mano izquierda

Detalle del paño de pureza

Vista lateral de los pies 

Vista frontal de los pies

A los pies del crucificado aparece un pelícano (leer mas), símbolo eucarístico muy difundido en el arte cristiano. Según una antigua tradición, esta ave alimentaba a sus crías con su propia sangre cuando carecían de alimento, convirtiéndose así en una alegoría del sacrificio de Cristo por la salvación de los hombres.

Pelícano

Flanqueando al Señor se encuentra Nuestra Señora del Socorro, dolorosa de profunda devoción en Sevilla. Aunque tradicionalmente se ha relacionado con el círculo de Gabriel de Astorga y posteriormente fue intervenida por Francisco Buiza en el siglo XX, conserva una marcada expresión de dolor contenido y esperanza. La Virgen ostenta además el patronazgo de los profesionales de los servicios sanitarios de urgencias y emergencias de la provincia de Sevilla, circunstancia que ha reforzado notablemente su proyección devocional en las últimas décadas.

Nuestra Señora del Socorro

Detalle de Nuestra Señora del Socorro

Detalle de Nuestra Señora del Socorro
Detalle de Nuestra Señora del Socorro

En el lado opuesto se sitúa la imagen de San Juan Evangelista, vinculada a la iconografía tradicional del Calvario y acompañante habitual de la Virgen en la contemplación del sacrificio de Cristo. Completan el conjunto otras imágenes relacionadas con la hermandad, entre ellas representaciones de Santiago Apóstol y de San Pedro, así como figuras que participan en los cortejos procesionales de la corporación.

San Juan Evangelista

Coronando el retablo, en el ático, se dispone una imagen de San José con el Niño, atribuida por algunos especialistas al círculo de Pedro Roldán. Su presencia aporta un mensaje de protección y amparo familiar que armoniza con el programa iconográfico del conjunto.

Ático

San José con el Niño

En el banco dos pequeños relieves de San Pablo y la Entrada en Jerusalén.

San Pablo

Entrada en Jerusalén

La capilla constituye hoy uno de los espacios de mayor valor artístico y devocional de la Iglesia del Salvador. En ella convergen la excelencia escultórica de Juan de Mesa, la riqueza del barroco sevillano y la intensa vida religiosa de una de las hermandades más antiguas y queridas de la Semana Santa de Sevilla, cuya estación de penitencia cada Domingo de Ramos sigue congregando a miles de fieles y devotos.

Presbiterio y Altar Mayor

Detalle del Presbiterio y Altar Mayor

Altar Mayor

En el presbiterio, a ambos lados del retablo hay un par de ángeles lampadarios de finales del siglo XVIII.

Ángel lampadario

Detalle del Ángel lampadario

Los púlpitos son dos piezas excepcionales labradas en mármoles blancos y rosas. Para reforzar la voz tienen tornavoces en forma de concha de peregrino. De los dos púlpitos, el de la derecha fue labrado en 1734 por el cantero vasco Vicente bengoechea; el de la izquierda fue realizado por el estepeño Julián del Villar 44 años más tarde y es una copia exacta del original. Las escaleras de acceso desaparecieron a mitad del siglo XIX.

Pulpito

Detalle del basamento

Detalle del basamento

San Marcos con el león

San Lucas con el toro

Bola rematada con una cruz (orbe o globo crucífero). Símbolo cristiano de autoridad que representa la Tierra (o el universo) coronada por la cruz, lo que simboliza el dominio de Cristo sobre el mundo

El Altar Mayor de la Iglesia Colegial del Salvador constituye una de las realizaciones más sobresalientes del barroco tardío sevillano y uno de los conjuntos retablísticos más monumentales del siglo XVIII en Andalucía. Presidiendo la cabecera del templo, este grandioso retablo fue ejecutado entre 1770 y 1779 por el escultor y ensamblador de origen portugués Cayetano de Acosta.

La estructura del retablo se organiza en un banco, un gran cuerpo central dividido por columnas salomónicas y un amplio ático, componiendo un espectacular escenario de madera tallada y dorada que dirige la mirada del fiel hacia lo alto. Todo el programa iconográfico gira en torno a la Transfiguración de Cristo en el monte Tabor (Mt 17, 1-9 / Mc 9, 2-9 / Lc 9, 28-36), episodio evangélico que revela la naturaleza divina de Jesús y que constituye la advocación principal de los templos dedicados al Salvador. En el centro del conjunto aparece Cristo glorioso dialogando con Moisés y Elías, representantes de la Ley y los Profetas, mientras que a sus pies contemplan la escena los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, testigos privilegiados de aquella manifestación sobrenatural que anticipa la gloria de la Resurrección.

Transfiguración de Cristo

Detalle de Cristo con Moisés y Elías

Pedro

Juan

Santiago


Ángeles

Coronando la composición se encuentra la figura de Dios Padre rodeado por una multitud de ángeles, reforzando el sentido ascensional que caracteriza toda la obra. El mensaje teológico es claro: conducir la mirada y el espíritu desde la realidad terrenal hacia la contemplación de la gloria celestial. Esta verticalidad, magistralmente concebida por Cayetano de Acosta, convierte al retablo en una auténtica catequesis visual sobre la divinidad de Cristo y la promesa de salvación.

Ático

Detalle de Dios Padre rodeado de ángeles

Ángeles de la izquierda

Ángeles de la derecha

Uno de los aspectos más singulares del conjunto es la extraordinaria presencia angélica. En las calles laterales se disponen seis arcángeles —Yehudiel, Rafael, Baraquiel, Gabriel, Miguel y Seatiel— que custodian la escena central, mientras numerosos querubines y figuras celestiales pueblan cada rincón del retablo. Esta abundancia de seres angélicos, característica del gusto rococó, aporta movimiento, dinamismo y una sensación de gloria sobrenatural que envuelve todo el espacio presbiteral.

En la izquierda los arcángeles Yehudiel, Rafael y Baraquiel 

En la derecha los arcángeles Gabriel, Miguel y Seatiel 

En la parte inferior destaca el sagrario, sobre el que se alza una delicada imagen de la Inmaculada Concepción rodeada de ángeles. Junto a ella aparecen representados varios Padres de la Iglesia, entre ellos san Agustín y san Gregorio Magno, cuya presencia subraya la continuidad doctrinal de la fe cristiana. 

Inmaculada Concepción rodeada de ángeles

San Gregorio Magno

San Agustín

A los pies del altar se conservan además los relicarios de san Isidoro y san Leandro, santos arzobispos hispalenses estrechamente vinculados a la historia religiosa de Sevilla.

Relicario de san Isidoro

San Isidoro

Detalle del relicario de san Isidoro

Relicario de san Leandro

San Leandro
Detalle del relicario de san Leandro

La riqueza escultórica del retablo encuentra su complemento perfecto en las pinturas murales de la bóveda de la Capilla Mayor, realizadas por Juan de Espinal hacia 1775. Sus frescos prolongan visualmente el espacio arquitectónico y representan un cielo abierto lleno de luz y figuras celestiales, presidido por el Espíritu Santo, creando una armoniosa unión entre pintura, escultura y arquitectura. De este modo, el presbiterio del Salvador se transforma en una grandiosa escenografía barroca destinada a expresar la majestuosidad de Dios y la esperanza de la gloria eterna.

Detalle de la pintura mural de la bóveda

Por su calidad artística, sus dimensiones monumentales y la profundidad de su programa iconográfico, el Altar Mayor del Salvador es considerado una de las obras maestras del barroco sevillano tardío y uno de los conjuntos más impresionantes del patrimonio religioso de la ciudad.

Evangelio

Retablo del Cristo de los Afligidos

El retablo del Cristo de los Afligidos ocupa la cabecera de la nave del Evangelio y constituye uno de los conjuntos devocionales más interesantes del templo. Vinculado desde sus orígenes a la antigua Hermandad de las Ánimas, este altar refleja la profunda espiritualidad barroca sevillana, centrada en la contemplación de la Pasión de Cristo y en la oración por las almas del Purgatorio.

La historia del retablo se remonta al siglo XVII, aunque su configuración actual es fruto de varias etapas constructivas. Entre 1721 y 1724, el ensamblador José Maestre realizó un nuevo retablo para sustituir al anterior de 1634, manteniendo como imagen titular al Cristo de los Afligidos. Décadas más tarde, en 1786, Manuel Barrera y Carmona llevó a cabo una importante remodelación que renovó gran parte de la estructura, incorporando elementos decorativos acordes con el gusto artístico de finales del siglo XVIII.

Presidiendo la hornacina central se encuentra la imagen del Cristo de los Afligidos, representación de Jesús Nazareno camino del Calvario. La talla de vestir, realizada en madera policromada, muestra a Cristo soportando el peso de la cruz en uno de los momentos más conmovedores de la Pasión. La cruz que porta constituye una pieza singular, al estar revestida con placas de carey y enriquecida con cantoneras de plata, materiales que aportan una notable riqueza ornamental. Tradicionalmente, la imagen se ha relacionado con la producción escultórica de Gaspar Ginés en torno a 1635, aunque su autoría ha sido objeto de distintos estudios a lo largo del tiempo.

Cristo de los Afligidos

Detalle del rostro

Detalle del rostro
Detalle del rostro
Detalle del pie

A ambos lados del Señor se sitúan las imágenes de san Sebastián y san Roque, de la etapa de Maestre, santos especialmente venerados en la religiosidad popular como protectores frente a las epidemias. Su presencia refuerza el carácter intercesor del conjunto y recuerda la constante búsqueda de auxilio espiritual en tiempos de enfermedad y necesidad.

San Roque

San Sebastián

En el ático destaca un relieve de la Coronación de la Virgen María por la Santísima Trinidad, una composición de gran dinamismo que simboliza la glorificación de la Madre de Dios en el cielo. Las virtudes Fortaleza y Templanza aparecen recostadas en la cornisa del ático. 

Coronación de la Virgen María por la Santísima Trinidad

Fortaleza

Templanza

La escena aparece acompañada por las figuras de san Juan Bautista y san Lorenzo, en los laterales del segundo cuerpo.

San Lorenzo

San Juan Bautista

Sobre el conjunto se alza la imagen de san Miguel Arcángel, vencedor de las fuerzas del mal y protector de las almas.

San Miguel Arcángel

En el banco se encuentran relieves alusivos a las Ánimas del Purgatorio, realizados a finales del siglo XVIII, que evocan la misión fundacional de la antigua cofradía. 

Relieves de Ánimas del Purgatorio

Relieves de Ánimas del Purgatorio

Ángeles

Ángeles

En una hornacina central se dispone una delicada imagen de la Virgen del Rosario, atribuida a Cristóbal Ramos, uno de los escultores más destacados de la Sevilla de la segunda mitad del Setecientos. Su elegante modelado y la dulzura de sus rasgos constituyen un magnífico ejemplo de la escultura devocional de la época.

Virgen del Rosario

Detalle de la Virgen del Rosario

Las recientes restauraciones realizadas en la Iglesia del Salvador han permitido además recuperar importantes restos de pinturas murales ocultas durante siglos tras el retablo. Entre ellas destacan representaciones de la Flagelación de Cristo, la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos asistido por un ángel y diversas escenas relacionadas con las almas del Purgatorio. Estos hallazgos enriquecen notablemente el valor histórico y artístico del conjunto, permitiendo comprender mejor el programa iconográfico concebido para este espacio.

Flagelación de Cristo

Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos

Almas del Purgatorio

Almas del Purgatorio

Delante del retablo se sitúa una imagen de vestir de una virgen de la que no tengo información.

Virgen
Detalle

Por su historia, calidad artística y profundo significado espiritual, el retablo del Cristo de los Afligidos constituye una de las manifestaciones más representativas de la religiosidad barroca sevillana, donde la contemplación de la Pasión de Cristo se une a la esperanza en la redención y la vida eterna.

Situación actual del Cirineo en la puerta de acceso a la Sacristía

El Cirineo de la Hermandad de Pasión que recibe culto en la Iglesia del Salvador es obra del imaginero Sebastián Santos Rojas de 1968. Actualmente, el Señor de Pasión procesiona solo, ya que el cirineo dejó de salir tras un cabildo en 1974, pero se conserva como parte del patrimonio de la corporación.

La figura de Simón de Cirene es un elemento clave en la historia de esta hermandad sevillana, con diferentes piezas patrimoniales asociadas a lo largo de los años:

En 1844, la hermandad de Pasión adquirió la cabeza y las manos de un San Isidoro procedente de la Antigua Casa Profesa de los Jesuitas (la iglesia de la Anunciación) para emplearlo como cirineo. Por la postura de su cabeza, se le llamó popularmente “el mirabalcones”. Al ser sustituido, se vendió en 1951, tal como nos informó José Aragón Gutiérrez, a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Aguilar de la Frontera (Córdoba).

En 1950, la Hermandad adquirió un Cirineo, cuya cabeza y una de sus manos se atribuyen a la gubia de Juan de Mesa, mientras que el resto del cuerpo lo comenzó José Rodríguez Fernández Andes y lo concluyó Luis Ortega Bru, encargándose de su policromía Juan Miguel Sánchez; figuró en el paso hasta 1969, siendo sustituido al año siguiente por la espléndida escultura de talla completa debida a Sebastián Santos Rojas, que hemos comentada fue suprimida del paso procesional en 1974.

Cirineo de Sebastián Santos Rojas

Detalle del rostro

Visión frontal de los pies

Visión lateral del pie derecho

Visión lateral del pie izquierdo

La Capilla Sacramental de la Iglesia Colegial del Salvador constituye uno de los espacios más sobresalientes del barroco sevillano del siglo XVIII. Concebida como un ámbito dedicado a la adoración eucarística, su construcción respondió al deseo de dotar al templo de un lugar especialmente destinado al culto del Santísimo Sacramento, integrándolo de manera armónica en el conjunto arquitectónico de la colegiata.

Capilla Sacramental

El acceso a la capilla, desde la iglesia,  se realiza a través de una extraordinaria portada-retablo diseñada por Cayetano de Acosta entre 1756 y 1764, considerada una de las obras maestras de la escultura decorativa barroca en Sevilla. Más que una simple portada, se trata de un monumental escenario catequético que exalta el misterio de la Eucaristía mediante una compleja iconografía inspirada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. La estructura adopta la apariencia de un gran templete sostenido por robustas columnas y poblado por una multitud de ángeles que parecen animar toda la composición.

En el cuerpo principal se desarrolla una alegoría eucarística presidida por el Arca de la Alianza y el Cordero Pascual, símbolos que la tradición cristiana interpreta como prefiguraciones de Cristo sacramentado. En torno a ellos aparecen personajes bíblicos como Moisés, Aarón y Melquisedec, acompañados por representantes de la jerarquía eclesiástica y doctores de la Iglesia, todos ellos reunidos en una solemne escena de adoración y ofrenda de panes eucarísticos al Arca dela Alianza y Cordero Pascual. La composición establece un vínculo entre la Antigua Alianza y el sacrificio redentor de Cristo, centro de la fe cristiana.

Arca de la Alianza y el Cordero Pascual

Arca de la Alianza y el Cordero Pascual
Arca de la Alianza y el Cordero Pascual

Moisés y Aarón

Melquisedec y (¿¿¿)

Detalle

La exuberante decoración rococó se despliega por toda la superficie del retablo mediante una profusión de nubes, querubines, guirnaldas y motivos ornamentales que crean una sensación de movimiento continuo. En las calles laterales se encuentran las imágenes de san Felipe Neri y san Francisco de Sales, destacados promotores de la espiritualidad moderna.

San Felipe Neri

Detalle de San Felipe Neri

San Francisco de Sales

Detalle de San Francisco de Sales
Ángel
Ángel

La Virgen del Voto Concepcionista y san José, completan el programa devocional. También destacan diversos relieves dedicados a santas especialmente veneradas en Sevilla, entre ellas santa Teresa de Jesús y santa Lucía.

Virgen del Voto Concepcionista

Virgen del Voto Concepcionista
Virgen del Voto Concepcionista
Virgen del Voto Concepcionista
Virgen del Voto Concepcionista

San José

Detalle de San José
Detalle de los pies de San José

Coronando el conjunto aparece la majestuosa figura de Dios Padre, representado como soberano del universo y culminación visual del mensaje teológico del retablo. Desde lo alto preside toda la composición, reforzando el sentido ascendente que caracteriza al arte barroco y guiando la mirada del fiel desde la realidad terrenal hacia la contemplación de la gloria divina.

Ático

Ático
Dios Padre
Detalle de Dios Padre

Tras la portada se encuentra el ámbito más íntimo de la capilla (leer mas), donde se conserva uno de los mayores tesoros devocionales de Sevilla: la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Esta extraordinaria talla fue realizada por Juan Martínez Montañés en 1615 y constituye una de las obras maestras de la imaginería procesional española. Conocido como “el Dios de madera”, Montañés plasmó en esta imagen un perfecto equilibrio entre idealización y naturalismo, dotándola de una serena nobleza y una impecable perfección técnica que la convierten en una de las representaciones más admiradas de Cristo Nazareno.

Nuestro Padre Jesús de la Pasión (Sin la cruz)

Detalle del rostro de Nuestro Padre Jesús de la Pasión
Detalle del pie de Nuestro Padre Jesús de la Pasión

El camarín que alberga la venerada imagen se encuentra presidido por un magnífico retablo de plata, concebido como un gran relicario que realza la presencia del Señor de la Pasión. La riqueza de los materiales, la delicadeza de la orfebrería y la solemnidad del espacio crean un ambiente de recogimiento que invita a la oración y a la contemplación.

Camarín con Nuestro Padre Jesús de la Pasión

Por la calidad de su arquitectura, la riqueza de su programa iconográfico y la presencia de la célebre imagen de Jesús de la Pasión, la Capilla Sacramental del Salvador constituye uno de los conjuntos artísticos y espirituales más relevantes de Sevilla, una síntesis excepcional de la devoción eucarística y del esplendor alcanzado por el barroco hispalense en el siglo XVIII.

Tramo del evangelio con el doble retablo de santa Ana y la Virgen del Rocío

Tramo del evangelio con el doble retablo de santa Ana y la Virgen del Rocío sobre su paso procesional

El retablo de la Virgen del Rocío constituye una de las muestras más representativas de la renovación decorativa que experimentó la antigua Colegial durante el siglo XVIII. Su ejecución se atribuye a José Maestre, quien lo labró entre 1718 y 1731, en una etapa en la que este maestro recibió numerosos encargos destinados a dotar de retablos a un templo que, tras su inauguración en 1712, presentaba aún una notable carencia.  

Retablo de la Virgen del Rocío

Originalmente, el retablo estuvo dedicado a los arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel, reflejando la profunda devoción angélica existente en la Sevilla barroca. Sin embargo, a mediados del siglo XX su advocación cambió para acoger la imagen de la Virgen del Rocío, convirtiéndose desde entonces en uno de los focos de devoción más populares del templo.

La talla actual, realizada por el imaginero Sebastián Santos Rojas, reproduce la venerada imagen de la Blanca Paloma de Almonte y es la que preside la vida espiritual de la Hermandad del Rocío de Sevilla, una de las corporaciones rocieras más antiguas y numerosas de Andalucía.

Detalle de la Virgen del Rocío

Detalle de la Virgen del Rocío

La imagen recibe una especial veneración por parte de los fieles y protagoniza una singular procesión cada mes de diciembre. Esta salida tiene lugar en torno al día del tradicional sorteo extraordinario de Navidad, circunstancia que ha dado origen al popular sobrenombre de “la Lotera”, con el que muchos sevillanos conocen cariñosamente a la imagen. Igualmente, preside la peregrinación anual en la romería hacia las marismas.

En los laterales y en el ático se muestran unas imágenes de las que no he conseguido información.

Ático

Imagen del ático

Imagen de calle lateral

Imagen de calle lateral

El entorno del retablo guarda además un interesante testimonio artístico. Durante trabajos realizados en la zona apareció una pintura mural del siglo XVIII que representa a la Inmaculada Concepción. En la composición destaca la presencia del Espíritu Santo en forma de paloma sobre la cabeza de la Virgen, acompañado de cabezas de serafines, iconografía característica del arte barroco dedicado a exaltar los privilegios marianos.

En la actualidad, el retablo de la Virgen del Rocío constituye uno de los espacios de mayor devoción dentro del templo, uniendo la herencia artística del barroco sevillano con la intensa religiosidad popular vinculada a la romería del Rocío, una de las manifestaciones más importantes de la espiritualidad andaluza.

Tramo del evangelio con el doble retablo de santa Ana y la Virgen del Rocío

El retablo de Santa Ana es una de las manifestaciones más delicadas y emotivas de la imaginería barroca sevillana. Aunque la arquitectura del retablo, fechada en torno a 1714 y atribuida a un autor anónimo, responde a los modelos decorativos característicos del primer barroco del siglo XVIII, su principal valor artístico reside en el extraordinario grupo escultórico de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen Niña, considerado una de las obras maestras del imaginero sevillano José Montes de Oca.

Retablo de Santa Ana

Detalle del retablo de Santa Ana

Tallado en madera policromada y con una altura aproximada de 150 centímetros, este conjunto representa a Santa Ana en su papel de educadora y transmisora de la fe a su hija María. La escena, profundamente humana y cercana, alcanzó una gran difusión en el arte barroco por su capacidad para expresar tanto la ternura familiar como el significado espiritual de la educación cristiana. La relación entre madre e hija se manifiesta en el delicado juego de miradas y gestos, que transmite afecto, protección y enseñanza, convirtiendo la composición en una de las representaciones más conmovedoras de la escuela sevillana.

Santa Ana con la Virgen Niña

Detalle de Santa Ana

Detalle de la Virgen Niña

La iconografía de Santa Ana instruyendo a la Virgen fue un tema recurrente en la producción de José Montes de Oca y gozó de gran popularidad desde el siglo XVII. Más allá de la escena doméstica, encierra un profundo contenido teológico. La pequeña María aparece aprendiendo las Sagradas Escrituras, anticipando así su futura misión en la historia de la salvación. El libro que sostiene Santa Ana simboliza la transmisión de la palabra divina y de las virtudes que preparan a la Virgen para convertirse en Madre de Cristo. De este modo, la representación subraya la importancia de la educación religiosa dentro del ámbito familiar.

El retablo se completa con las imágenes de san Joaquín, esposo de Santa Ana, y san Antonio, situadas en el cuerpo principal. Bajo ellas se conservan pinturas sobre tabla de diversas santas, entre las que destaca una representación de santa Teresa de Jesús identificable por su hábito carmelita. 

San Joaquín

San Antonio

Tabla del banco

Tabla del banco

En el ático figura una imagen de la Virgen de la Merced, que corona el conjunto y refuerza el carácter mariano de la composición. Acompañada por sal Isidoro y San Leandro.

Ático

Virgen de la Merced

Detalle de la Virgen de la Merced
Detalle de cabeza de querubines a los pies de la Virgen de la Merced

San Isidoro

San Leandro

La calidad técnica de las tallas, la delicadeza de los rostros y la naturalidad de las actitudes convierten este retablo en una de las obras más destacadas del patrimonio artístico de la Iglesia del Salvador. En él se funden la sensibilidad barroca, la devoción mariana y el ideal educativo cristiano, ofreciendo al visitante una escena cargada de belleza, simbolismo y profunda emoción humana.

Retablo de la Virgen de la Antigua

El retablo de la Virgen de la Antigua, situado junto a la puerta que comunica la Iglesia del Salvador con el Patio de los Naranjos, constituye uno de los espacios devocionales más interesantes del templo por la riqueza de su simbolismo y por la relevancia histórica de la advocación que alberga. Realizado entre mediados y finales del siglo XVIII, el conjunto responde plenamente a la estética barroca sevillana, con una profusa decoración y el empleo de columnas salomónicas cuyos fustes helicoidales generan una sensación de movimiento y dinamismo característica de este estilo artístico.

El elemento principal del retablo es una pintura fechada en 1715 y atribuida a Juan Ruiz Soriano, que reproduce la célebre imagen de la Virgen de la Antigua conservada en la capilla homónima de la Catedral de Sevilla. La advocación original tiene un origen medieval y se encuentra representada en un mural realizado a finales del siglo XIV sobre uno de los pilares de la antigua mezquita almohade transformada en catedral cristiana. Desde entonces, la imagen alcanzó una enorme popularidad en Sevilla y llegó a convertirse en una de las devociones marianas más influyentes de la ciudad.

Virgen de la Antigua

La representación muestra a la Virgen siguiendo modelos de inspiración bizantina. María sostiene en una de sus manos una rosa, símbolo de su pureza y de su condición de nueva Eva, mientras que el Niño Jesús porta un jilguero, ave asociada tradicionalmente a la Pasión de Cristo por la leyenda que relaciona sus colores con la sangre derramada durante el sacrificio redentor. Sobre la cabeza de la Virgen, dos ángeles sostienen una rica corona que recuerda la coronación canónica de la imagen catedralicia, celebrada en 1929.

Detalle de la Virgen de la Antigua

Detalle de la rosa
Detalle del jilguero

La importancia histórica de esta advocación trascendió ampliamente los límites de Sevilla. Cristóbal Colón profesó una profunda devoción a la Virgen de la Antigua, al igual que muchos de los navegantes y conquistadores que participaron en la expansión ultramarina de la Monarquía Hispánica. Gracias a ello, numerosas reproducciones de la imagen fueron llevadas al Nuevo Mundo y difundidas por ciudades como Santo Domingo, Panamá, Ciudad de México, Bogotá, Lima o Cuzco. La primera población estable fundada por los españoles en tierra firme americana recibió el nombre de Santa María la Antigua del Darién, mientras que la influencia de esta devoción también quedó reflejada en diversos territorios del Caribe. En la actualidad, la Virgen de la Antigua continúa siendo considerada patrona de Panamá, lo que evidencia la extraordinaria proyección internacional alcanzada por esta advocación sevillana.

El retablo se enriquece con otras imágenes de notable interés. En el ático figuran san Blas, acompañado por las mártires santa Águeda y santa Lucía, esculturas del siglo XVII que forman un elegante conjunto hagiográfico. En la parte inferior se encuentra una imagen de san Antonio de Padua, titular de la hermandad vinculada a este altar y uno de los santos más venerados por la religiosidad popular.

Ático

San Blas

Santa Lucía

Santa Águeda

San Antonio de Padua

Por su calidad artística, su significado histórico y su estrecha relación con la expansión de la devoción mariana sevillana por América, el retablo de la Virgen de la Antigua constituye una de las joyas menos conocidas, pero más evocadoras de la Iglesia del Salvador. Su contemplación permite comprender cómo una imagen nacida en la Sevilla medieval llegó a convertirse en un símbolo de fe compartido a ambos lados del Atlántico.

Retablo del Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla

El Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla, establecida canónicamente en la Iglesia del Salvador, recibe culto en un retablo de reciente ejecución que constituye uno de los espacios devocionales más representativos del templo. Este conjunto fue diseñado por el escultor Fernando Aguado, con talla de Francisco Verdugo y dorado de David de Paz, siguiendo un lenguaje artístico que armoniza con la riqueza ornamental barroca de la iglesia sin renunciar a una concepción contemporánea.

Retablo del Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla


Preside el retablo el Simpecado de la corporación rociera, pieza de extraordinario valor simbólico para la hermandad. El estandarte fue bordado en los prestigiosos talleres de Esperanza Elena Caro, una de las más destacadas bordadoras sevillanas del siglo XX, cuya obra se caracteriza por la elegancia del diseño y la maestría en la ejecución de los bordados en oro. En torno a esta insignia gira la vida espiritual de la hermandad, que cada año emprende su tradicional peregrinación hasta la aldea de El Rocío para rendir culto a la Blanca Paloma.

Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla

Detalle del Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla

El banco del retablo alberga una singular hornacina con un pequeño grupo escultórico de plata que representa a las santas Justa y Rufina sosteniendo y protegiendo la Giralda, iconografía profundamente vinculada a la tradición sevillana desde la Edad Moderna. Esta obra posee además un especial significado para la hermandad, ya que suele coronar la carreta que acompaña al Simpecado durante el camino hacia el santuario rociero, convirtiéndose así en un símbolo de la unión entre la devoción mariana del Rocío y la identidad histórica de Sevilla.

Santas Justa y Rufina

El conjunto constituye un testimonio de la vitalidad actual de la religiosidad popular sevillana, integrando arte contemporáneo, tradición bordadora y fervor rociero en un espacio que recuerda la estrecha vinculación de la Hermandad de Sevilla con la Iglesia del Salvador, uno de los principales centros de la vida espiritual y cofrade de la ciudad.

Pie

Pie del templo con el órgano en una tribuna sobre la puerta principal

El órgano de la Iglesia del Salvador constituye una de las joyas más destacadas del patrimonio musical sevillano. Situado sobre la puerta principal del templo, en una amplia tribuna elevada, este majestuoso instrumento se presenta dentro de una elegante caja de estilo neoclásico, adornada con elementos decorativos y figuras de ángeles que realzan su presencia monumental en el interior de la iglesia. Su ubicación dominante permite que su sonido se proyecte con extraordinaria riqueza por las tres naves del templo, contribuyendo de manera decisiva a la solemnidad de las celebraciones litúrgicas.

Tribuna y área inferior del órgano

Área superior del órgano

Ángel con trompeta

La tradición musical del Salvador hunde sus raíces en siglos de historia. Durante los más de seiscientos años en que el templo ostentó la dignidad de Colegiata, estuvo obligado a mantener coro y órgano para el desarrollo del culto, lo que favoreció una intensa actividad musical. Entre los músicos más ilustres vinculados a esta institución destaca Francisco Correa de Arauxo, considerado una de las grandes figuras de la música española del siglo XVII. Desempeñó aquí el cargo de organista entre 1599 y 1636, periodo en el que compuso buena parte de su obra más célebre, la Facultad Orgánica, tratado y colección musical que constituye una referencia fundamental para el estudio del órgano ibérico.

El instrumento actual fue construido por Juan de Bono, destacado maestro organero que había colaborado con Jorge Bosch en importantes proyectos, entre ellos los órganos del Palacio Real de Madrid y de la Catedral de Sevilla. Considerado por especialistas como uno de los órganos barrocos más notables de la península ibérica, destaca por la calidad de su sonoridad, la riqueza de sus registros y la fidelidad con la que conserva las características propias de la tradición organística española.

A comienzos del siglo XXI fue sometido a una profunda restauración destinada a recuperar tanto sus cualidades musicales como su integridad histórica. Los trabajos se realizaron respetando cuidadosamente la factura original y los materiales tradicionales del instrumento, permitiendo devolverle gran parte de su esplendor sonoro. Gracias a esta intervención, el órgano ha recuperado plenamente su función litúrgica y concertística, contribuyendo a revitalizar la vida musical del Salvador y a restituir el destacado papel que este templo desempeñó durante siglos en la historia cultural de Sevilla.

Sacristía

La antigua Sacristía de la Iglesia del Salvador, hoy convertida en espacio expositivo y museo colegial, constituye uno de los recorridos más interesantes del templo. Situada tras la cabecera de las naves y articulada en torno al gran retablo mayor, reúne una valiosa colección de pinturas, esculturas, relieves, piezas de orfebrería y objetos litúrgicos que permiten conocer la riqueza artística y devocional acumulada por la antigua Colegiata a lo largo de los siglos.

El recorrido comienza en una primera sala donde destacan diversas obras de gran interés histórico y artístico. Entre ellas sobresale una imagen de San Pedro Papa realizada por José Montes de Oca en 1715, ejemplo de la expresividad característica de la escultura barroca sevillana. Junto a ella se conserva un lienzo de la Piedad del siglo XVII y diversos testimonios de antiguas corporaciones desaparecidas, como las hermandades de San Cristóbal y de la Virgen del Carmen, representadas mediante documentos, reglas y otros recuerdos de gran valor patrimonial. También merece especial atención una vitrina dedicada a la Virgen de las Aguas, en la que se exponen piezas de su ajuar y destacadas obras de orfebrería.

A través de un pasillo decorado con fotografías de las últimas restauraciones del templo se llega a una segunda estancia. En ella se exhiben magníficos relieves de temática evangélica, entre los que destacan una Anunciación de Pedro Duque Cornejo y una Adoración de los Pastores atribuida a Juan de Oviedo, junto a una representación del Resucitado. El conjunto se completa con diversas pinturas dedicadas a San Pedro, la Inmaculada, Santa Isabel y San Joaquín con la Virgen Niña. Entre las antiguas cajoneras de la sacristía se dispone una delicada imagen de la Dolorosa de pequeño formato, así como un retablo realizado por José Maestre que alberga un lienzo del Sacrificio de Isaac pintado por Sebastián de Llanos Valdés en el siglo XVII. Diversas vitrinas muestran además imágenes de la Inmaculada, San José y el Niño Jesús, junto a una interesante tabla del Ecce Homo fechada hacia 1600.

Anunciación. Seguidor de Pedro Duque Cornejo. Primera mitad del siglo XVIII. Talla policromada. 

Adoración de los pastores. Juan de Oviedo. 1609-1612. Talla policromada

Resurrección de Cristo. Juan de Oviedo. 1609-1612. Talla policromada

Detalle de los pies. Resurrección de Cristo.

San Joaquín y Santa Ana con la Virgen Niña. Anónimo. Óleo sobre lienzo

Retablo-Marco del sacrificio de Isaac. Retablo de José Maestre (1727) y óleo sobre lienzo de Sebastián de Llanos y Valdés (1727)

Detalle. Retablo-Marco del sacrificio de Isaac.

Detalle. Retablo-Marco del sacrificio de Isaac.

Inmaculada Concepción. Anónimo sevillano. 1666-1699. Talla policromada

Ecce Homo. Anónimo flamenco. Hacia 1600. Óleo sobre madera

Inmaculada Concepción. Escuela sevillana. Segunda mitad del siglo XVII. Óleo sobre lienzo

La antigua Sacristía Baja adopta la apariencia de una pequeña capilla museística presidida por el retablo de la Transfiguración. La arquitectura del retablo fue tallada por Juan de Dios Moreno en 1712, mientras que la pintura central es obra de Pedro Legot y está fechada en 1631. A ambos lados se conservan numerosos sitiales procedentes de la antigua sillería coral, realizados a finales del siglo XVIII por los hermanos José y Felipe González. El conjunto se completa con un facistol y diversas pinturas barrocas que enriquecen el espacio.

Retablo de la Transfiguración. Marco de Juan de Dios Moreno (1712) y pintura de Pablo Legot (1631-1632). Madera dorada y óleo sobre lienzo

Detalle. Retablo de la Transfiguración

Detalle. Retablo de la Transfiguración
Detalle. Retablo de la Transfiguración

Facistol y sitiales de las sillería del coro. José y Felipe González. 1970. Madera dorada 

Facistol y sitiales de las sillería del coro. José y Felipe González. 1970. Madera dorada 

Frente al retablo se encuentra el Crucificado del Buen Viaje, una interesante talla anónima de finales del siglo XVI. Junto a él se exponen dos singulares lienzos de Sebastián de Llanos Valdés que representan las cabezas de San Pablo y San Juan Bautista. Sobre estas obras destaca un gran cuadro de San Millán en la batalla de Clavijo, ejemplo de la iconografía triunfal propia de la espiritualidad contrarreformista. En las paredes también pueden contemplarse una Magdalena de Pedro de Camprobín, una Coronación de la Virgen de autor anónimo, diversas representaciones de San Pedro y San Pablo, así como escenas de Cristo muerto y la Adoración de los Pastores.

Crucificado del Buen Viaje. Anónimo sevillano. Finales siglo XVI. Madera policromada

Detalle del rostro. Crucificado del Buen Viaje
Detalle de los pies. Crucificado del Buen Viaje

Cabeza de san Pablo. Sebastián de Llanos Valdés. 1670. Óleo sobre lienzo

San Millán en la batalla de Simancas. Anónimo sevillano. Primera mitad siglo XVII. Óleo sobre lienzo

Santa María Magdalena. Pedro de Camprobín. 1632-1634. Óleo sobre lienzo

Coronación de la Virgen. Anónimo sevillano. Primera mitad siglo XVII. Óleo sobre lienzo

Cristo muerto y pila para el agua bendita

Detalle de Cristo muerto 

San Pedro. Anónimo sevillano. Finales siglo XVIII. Óleo sobre lienzo

Crucificado Marfil. Anónimo sevillano. Hacia 1700

Crucificado Marfil
Detalle del rostro. Crucificado Marfil
Detalle del paño de pureza. Crucificado Marfil
Detalle de los pies. Crucificado Marfil

Relicario de Santa Bárbara. Anónimo sevillano. 1704. Plata dorada y cristal de roca

Inmaculada Concepción. Escuela barroca sevillana. Siglo XVIII. Óleo sobre lienzo

Arca eucarística. Antonio Pineda. 1815. Plata

Piedad. Anónimo Sevillano. Primer tercio del siglo XVII. Óleo sobre lienzo

La visita continúa por las dependencias de la Sacristía Alta, dividida en sectores norte y sur comunicados por un largo corredor. A lo largo de este recorrido se distribuyen pinturas, esculturas, retablos, relicarios y objetos de culto que conforman el denominado Museo Colegial, reflejo de la importancia histórica que alcanzó la Colegiata del Salvador como uno de los principales centros religiosos de Sevilla.

Uno de los detalles más evocadores del itinerario aparece al abandonar las salas expositivas. Sobre el dintel de una de las puertas se han dejado visibles restos de la fábrica de ladrillo perteneciente a la antigua mezquita que ocupó este lugar antes de la construcción del templo cristiano. Este vestigio arqueológico recuerda la larga historia del enclave y establece un sugerente diálogo entre las distintas etapas culturales y religiosas que han marcado la evolución de la Iglesia del Salvador a lo largo de los siglos.

Cripta

La cripta de la Iglesia del Salvador constituye uno de los espacios más singulares del templo, ya que permite realizar un recorrido por la historia de Sevilla a través de los vestigios que diferentes culturas y civilizaciones han dejado en este lugar durante más de tres mil años. Concebida como un ámbito arqueológico y expositivo, alberga la muestra conocida como “La Huella de lo Sagrado”, un itinerario que pone de manifiesto la continuidad del carácter religioso de este enclave desde la Antigüedad hasta nuestros días.

El recorrido comienza con los testimonios de la cultura tartésica, que ocupó este sector de la ciudad desde el siglo VIII a. C., y continúa con la etapa romana, cuando Hispalis alcanzó una gran relevancia tras recibir de Julio César el título de colonia bajo la denominación de Colonia Romula Julia. A través de los restos conservados se comprende la importancia que este espacio tuvo en la evolución urbana de Sevilla.

La exposición también recuerda los primeros tiempos del cristianismo hispalense, vinculados al martirio de las santas Justa y Rufina y a la labor pastoral de figuras tan destacadas como san Leandro y san Isidoro, cuyos nombres permanecen unidos al desarrollo religioso y cultural de la ciudad.

Posteriormente, la etapa islámica queda representada por la construcción de la mezquita aljama durante el periodo omeya, núcleo religioso sobre el que siglos más tarde se levantaría la actual iglesia. Asimismo, se evocan personajes fundamentales de la historia sevillana, como Al-Mutamid, último gran rey abadí de Sevilla, y Fernando III, cuya conquista de la ciudad en 1248 abrió una nueva etapa cristiana.

El recorrido histórico prosigue con la construcción de la colegiata y las transformaciones llevadas a cabo entre los siglos XVII y XVIII, así como con la presencia de las hermandades que han contribuido a mantener vivo el vínculo espiritual del Salvador durante la época contemporánea.

Uno de los elementos más llamativos de la cripta es la presencia constante del agua. Debido a la proximidad del cauce histórico del río Guadalquivir y a las características geológicas del subsuelo sevillano, el agua aflora de forma natural en este espacio, recordando la estrecha relación que la ciudad ha mantenido siempre con su entorno fluvial. Este fenómeno ha condicionado tanto la conservación de los restos arqueológicos como la propia configuración del recinto.

La cripta también conserva la memoria de los antiguos usos funerarios del templo. A partir del siglo XVII se construyeron en este subsuelo numerosas sepulturas organizadas en galerías y cámaras abovedadas. Aunque algunas sufrieron daños y hundimientos como consecuencia del deterioro y posterior derrumbe de la antigua colegiata, los enterramientos continuaron realizándose durante largo tiempo, especialmente en capillas y panteones pertenecientes a familias nobles. Las recientes labores de restauración han permitido recuperar y consolidar estos espacios, que hoy ofrecen un valioso testimonio de las prácticas funerarias y de la historia social de Sevilla.

Más que un simple espacio subterráneo, la cripta del Salvador es una síntesis de la memoria de la ciudad: un lugar donde arqueología, historia, espiritualidad y patrimonio se unen para mostrar la extraordinaria continuidad de un enclave sagrado que ha acompañado la vida de Sevilla desde sus orígenes hasta la actualidad.

Escalera de acceso a la cripta

Vista general

Vista general


BAJO LAS HUELLAS DE LO SAGRADO

En este sector del subsuelo se localizaron en 2020 diversos restos que permiten identificar parte del muro occidental de la mezquita de Ibn Adabbas y sus contrafuertes. También se localizó un ángulo de la antigua capilla del obispo de Tiberia, en la colegial mudéjar. Aquí se ha podido estudiar tanto la secuencia y las características constructivas del edificio original califal, con sus correspondientes y sucesivas reformas a lo largo del tiempo, así como la compartimentación de la sala de oración musulmana para la creación de las diversas capillas y los usos funerarios de la primera colegial cristiana.

CRIPTA DE LOS NIÑOS

En la cripta de la hermandad de San Cristóbal, del gremio de guanteros, se fueron depositando los cuerpos de numerosos niños, debido a la alta tasa de mortalidad infantil de la época, muchos de ellos procedentes de la Casa Cuna de niños huérfanos, cercana al Salvador. Según la tradición, Cristóbal fue un hombre muy alto y corpulento que ayudó al niño Jesús a cruzar un torrente, lo que generó la devoción de que también ayudaría a llegar al cielo a las almas de los más pequeños.

LAS COLUMNAS DE IBN ADABBÁS

Sumergido en el nivel freático, se conserva aún en su lugar original un fragmento de una de las columnas de mármol que articulaban la sala de oración islámica de la primitiva mezquita de Ibn Adabbas. Puede apreciarse la enorme diferencia de nivel con respecto a la cota del suelo actual de la ciudad, así como la calidad y nobleza de los materiales y técnicas constructivas empleadas en la edificación de la mezquita califal, luego consagrada al culto cristiano como iglesia colegial del Divino Salvador.

Las capillas de la primera colegial.

Tras la consagración al culto cristiano de la mezquita, parte de la sala de oración fue compartimentada mediante muros y rejas en las diferentes capillas particulares, que fueron adquiridas y adornadas por sus propietarios según el uso de cada momento. Estos restos permiten conocer la disposición de las solerías que tuvo la primera colegial del Salvador en el momento de su derribo a finales del siglo XVI: Suelos de ladrillos con olamfibras , así como losas de mármol con las huellas de anclaje de las rejas de forja que cerraban las capillas.

La nave del evangelio de la antigua colegial

Los restos aquí conservados pertenecen a varias de las capillas construidas en la antigua mezquita. Conocemos su advocación gracias a un manuscrito titulado “planta, forma y apeo” de Esteban García (1671). Fueron construidas en la nave del evangelio que ocupaba la fachada de la mezquita contigua al patio de abluciones: de izquierda a derecha, se sitúa la Capilla de la Concepción, la Puerta Colorada (puerta que comunicaba la mezquita con el patio), la de San Jacinto y de las Santas Justa y Rufina, la de San Miguel y la puerta de la Sacristía.

El agua en el Salvador

La cercanía del rio Guadalquivir, cuyo origen estaba a unos 100 metros de este edificio en el momento de la edificación de la mezquita califal, así como las características geológicas del subsuelo, son las responsables que aun hoy aflore abundante agua en el subsuelo del Salvador. Este manantial es buena muestra de los torrentes de aguas subterráneas que existen bajo el centro de la ciudad y que son un elemento fundamental en su historia, ya que nos recuerda su origen lacustre.

Candeleros, Escuela sevillana. 1650. Plata. Atriles. Escuela sevillana. 1746-1755. Plata.  Custodia. Escuela sevillana. 1821. Oro y plata