domingo, 28 de junio de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen de las Aguas. Iglesia del Salvador.

Virgen de las Aguas

La Virgen de las Aguas es una de las imágenes marianas más antiguas y veneradas de la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Se trata de una talla sedente de la Virgen con el Niño, realizada en la segunda mitad del siglo XIII, que forma parte del grupo de las llamadas "vírgenes fernandinas", estrechamente vinculadas a la conquista cristiana de la ciudad por el rey Fernando III en 1248. Su historia, envuelta en tradición y devoción, la convirtió durante siglos en una de las principales protectoras de Sevilla y en un símbolo de la estrecha relación entre la monarquía castellana y la antigua Colegial del Salvador.

La tradición sostiene que fue el propio San Fernando quien donó la imagen al templo levantado sobre la antigua mezquita de Ibn Adabbás tras la conquista de la ciudad. Del mismo modo que la Virgen de los Reyes quedó vinculada a la nueva Catedral, la Virgen de las Aguas pasó a ser la gran imagen mariana del Salvador, considerado entonces el segundo templo en importancia de Sevilla.

El origen de su advocación ha dado lugar a diversas leyendas. La más difundida relata que, durante el asedio de Sevilla, una prolongada sequía amenazaba tanto a los sitiadores como a la población de la ciudad. Fernando III imploró la intercesión de la Virgen y, tras una aparición milagrosa, comenzaron las lluvias que pusieron fin a la escasez de agua. En agradecimiento, el monarca mandó realizar la imagen, que desde entonces recibió el nombre de Virgen de las Aguas.

Otra tradición, igualmente popular, cuenta que el rey soñó con la Virgen y encargó a varios escultores que reprodujeran la imagen contemplada en la visión. Cuando le presentaron las esculturas, dudó entre dos de extraordinaria belleza: la futura Virgen de los Reyes y la que hoy se conoce como Virgen de las Aguas. Incapaz de decidirse de inmediato, habría pronunciado la expresión “estoy entre dos aguas”, frase que, según la leyenda, dio origen a la advocación. Aunque carece de base documental, este relato pretendía situar a la imagen del Salvador en un plano de igualdad artística y devocional con la venerada patrona de la Catedral.

Más allá de las leyendas, la Virgen de las Aguas adquirió una enorme importancia en la religiosidad sevillana. Fue considerada protectora frente a las calamidades relacionadas con el agua, tanto por exceso como por defecto. Durante siglos presidió numerosas rogativas públicas organizadas para pedir el fin de las sequías o para implorar el cese de lluvias torrenciales e inundaciones. También era invocada para proteger los galeones que cruzaban el Atlántico hacia las Indias, así como a viajeros, navegantes y personas expuestas a los peligros de ríos, pozos y corrientes de agua. Crónicas antiguas recogen numerosos testimonios de gracias y favores atribuidos a su intercesión, consolidando una devoción que alcanzó su mayor esplendor entre los siglos XVI y XVIII.

La imagen conserva la serenidad y solemnidad propias de la escultura medieval, aunque fue transformada en época barroca, especialmente mediante una nueva policromía y adaptaciones estéticas que suavizaron algunos de sus rasgos originales. Aun así, mantiene las características esenciales de las imágenes fernandinas: una Virgen sedente que sostiene al Niño Jesús sobre su regazo, evocando el modelo de trono de la Sabiduría tan característico del arte medieval.

Virgen de las Aguas

Detalle de la Virgen de las Aguas

Detalle de la Virgen de las Aguas

El magnífico retablo que la alberga constituye una de las obras maestras del barroco sevillano del siglo XVIII. Fue contratado en 1726 al escultor y ensamblador José Maestre, quien concluyó la talla en 1731, aunque el conjunto no quedó completamente terminado hasta 1757, cuando Francisco Lagraña realizó el dorado. La arquitectura del retablo enmarca la imagen con una rica decoración de columnas salomónicas, exuberante ornamentación vegetal y abundante simbología mariana, creando un escenario de gran teatralidad que exalta la antigüedad y prestigio de la advocación.

Retablo de la Virgen de las Aguas

En el ático del retablo se desarrolla un interesante relieve dedicado al origen legendario de la imagen. 

Ático con relieve policromado que representa la aparición de la Virgen a San Fernando durante el asedio de Sevilla

La escena representa al rey San Fernando bajo una tienda de campaña adornada con flores, que sitúa la escena en el campamento de los cristianos, contemplando a la Virgen durante el cerco de Sevilla, rodeado por soldados y religiosos.  

Detalle de san Fernando

Al fondo aparece una idealizada representación de la Sevilla almohade, mientras la Virgen ocupa el centro de la composición, irradiando luz y presidiendo el episodio como auténtica protectora de la futura ciudad cristiana. 

Detalle de la Virgen

A la derecha de la imagen mariana aparecen otros cuatro personajes, algunos de los cuales podrían tratarse de los escultores de la leyenda, tal y como nos sugiere el más situado al extremo, un joven aprendiz que porta un martillo.

Detalle de los escultores

Detrás del retablo se encuentra uno de los espacios más singulares del templo: el camarín barroco, proyectado en el siglo XVIII por Diego Antonio Díaz gracias al mecenazgo del cardenal Luis de Salcedo y Azcona, conocido como cardenal Solís. Se trata de un recinto de extraordinaria riqueza decorativa, concebido para resaltar el carácter sagrado de la imagen mediante una compleja escenografía de pinturas, yeserías y efectos de iluminación natural.

La Virgen se dispone sobre una peana giratoria que permite contemplarla desde distintos espacios. Habitualmente mira hacia el interior del templo, aunque puede girarse para orientarla hacia el camarín o hacia la ventana abierta a la calle Villegas, desde donde tradicionalmente recibía la veneración popular durante determinadas solemnidades, especialmente en la festividad del Corpus Christi. Este ingenioso sistema constituye una muestra del refinamiento técnico y litúrgico alcanzado por el barroco sevillano.

La antesala del camarín está decorada con pinturas que representan la aparición de la Virgen a San Fernando y una vista histórica de Sevilla, reforzando visualmente el relato fundacional de la devoción. Todo el conjunto fue concebido como una exaltación de la antigua imagen medieval y de su estrecha vinculación con la historia religiosa y política de la ciudad.

Hoy, la Virgen de las Aguas continúa siendo una de las joyas patrimoniales y devocionales de la Iglesia del Salvador. Su antigüedad, la calidad de su retablo y de su camarín, junto con el rico conjunto de tradiciones y leyendas que la rodean, la convierten en un testimonio excepcional de la religiosidad sevillana desde la Edad Media hasta nuestros días y en una de las imágenes más representativas del legado fernandino conservado en Sevilla.