AREA DE LA MAGDALENA
Hermandad de la Quinta Angustia.
Pontificia y Real Hermandad y
Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de
Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora. “La
Quinta Angustia” Sevilla
Tiene su
origen a comienzos del siglo XVI, en el Convento Casa Grande del Carmen,
situado en la actual calle Baños de Sevilla, la Hermandad del Sagrado
Descendimiento. El 5 de febrero de 1541 obtuvo la aprobación de sus primeras
reglas, bajo el arzobispado de fray García de Loaisa, lo que consolidó su
carácter corporativo y su presencia en la vida religiosa de la ciudad.
En 1572 se erigió en la parroquia de
San Vicente Mártir la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, por iniciativa del
arzobispo Cristóbal de Rojas y Sandoval. Esta corporación atravesó diversas
etapas de asentamiento, reflejo del dinamismo de la Sevilla de la época. En
1576 se trasladó a una capilla propia en el barrio de Colón o de los Humeros;
un año más tarde fijó su sede en el Hospital de la Santa Cruz de Jerusalén,
actual convento del Santo Ángel. Finalmente, en 1587 se estableció en el Real
Convento de San Pablo el Real, donde quedó vinculada a la Orden de Predicadores
como hermandad filial y bajo la autoridad del prior hasta 1764, situación que
la eximía de la jurisdicción ordinaria del arzobispado. En este periodo
adquirió la capilla perteneciente a don Luis de Medina.
La construcción de
la iglesia del convento de San Pablo el Real en 1692 permitió ampliar la
capilla de la hermandad con la de Santo Tomás de Aquino, donada por el
caballero veinticuatro Manuel José Gómez de Espinosa, con la condición de
conservar sus bóvedas. Dos años después, en 1694, la capilla fue nuevamente
ampliada por el arquitecto Leonardo de Figueroa y Reina, junto al maestro
cantero Lorenzo Fernández de Iglesia, enriqueciendo el conjunto arquitectónico.
La invasión francesa de 1810 provocó el
cierre del convento del Carmen, obligando a la Hermandad del Sagrado
Descendimiento a trasladarse a una capilla denominada del Panteón, ubicada en
el antiguo templo parroquial.
En 1851 se produjo la unión con la
Hermandad del Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de
María Santísima, dando lugar a la corporación actual conocida como la Hermandad
de la Quinta Angustia. Estableciendo
su sede desde entonces en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús de la Real
Parroquia de Santa María Magdalena.
A lo largo de
su historia han formado parte de la hermandad destacadas personalidades del
ámbito artístico, eclesiástico y social, entre ellas escultores como Juan
Martínez Montañés y Joaquín Bilbao, así como miembros de la nobleza, arzobispos
y maestros de capilla, que contribuyeron al prestigio y continuidad de la
institución.
La hermandad
ocupa una capilla propia en el lado de la epístola del templo parroquial, cuyas
tres bóvedas constituyen el elemento más antiguo conservado del edificio. En su
interior se custodia una notable colección pictórica del siglo XVII atribuida a
Juan de Valdés Leal.
Cada Jueves
Santo realiza su estación de penitencia, portando a sus imágenes titulares en
un singular paso de maderas nobles y bronce, ejecutado en los talleres de la
fundición Masriera y Campins y estrenado en 1904.
En cuanto al
patrimonio escultórico, la imagen del Dulce Nombre de Jesús se atribuye al
escultor Jerónimo Hernández en el siglo XVI; el Cristo del Descendimiento es
obra de Pedro Roldán en el siglo XVII; y la imagen de Nuestra Señora de la
Quinta Angustia fue realizada por Vicente Rodríguez-Caso en 1934. Estas tallas
conforman un conjunto devocional de gran valor histórico y artístico,
profundamente arraigado en la tradición de la Semana Santa sevillana.
Este
paso es sin duda uno de los más impactantes y barrocos de cuantos desfilan en
la Semana Santa de Sevilla, pues a las ya artísticas formas, tanto del paso en
sí como de las figuras que lo componen, y a la acertada composición y
distribución de estas últimas, añade un elemento más, muy efectista y
excepcional, que es el movimiento de la talla protagonista y central del paso.
Cristo parece estar colgado por los brazos del sudario que sujetan los Santos
Varones. Efecto que solo es visual, pues realmente el Cristo está sujeto a la
cruz por un enganche en la altura de la cintura que permite que cimbree al
andar el paso, otorgándole, además, un sonido peculiar provocado por el roce de
la talla con la Cruz y el sudario.
El misterio es
de una excepcional calidad artística y refleja con patetismo el momento en el
que el cuerpo de Cristo es descendido de la Cruz por los Santos Varones, José
de Arimatea y Nicodemus, quienes, desde sendas escaleras apoyadas en el madero,
sostienen el sudario del que pende el Cuerpo inanimado del Salvador. Al pie de
la Cruz, la Virgen, San Juan y también las tres Marías (María Salomé, María
Cleofás y María Magdalena de rodillas), que sujetan la sábana en que han de
envolver a Jesús. Como hemos comentado, la talla del Santísimo Cristo del
Descendimiento se atribuye a Pedro Roldán que la tallaría hacia el año 1659,
siendo el resto de las Imágenes obras salidas del taller de Pedro Roldán, si
bien fueron atribuidas a Pedro Nieto, discípulo de Ocampo. La Imagen de la Virgen
es de 1934, obra del escultor y hermano Vicente Rodríguez-Caso, una de las más
notables Dolorosas guiadas en el siglo XX y que muestra a María en edad madura.
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