sábado, 28 de febrero de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua.

Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión hunde sus raíces en la Sevilla del siglo XVI y constituye un claro ejemplo de la evolución de las corporaciones penitenciales surgidas al calor de la religiosidad popular. Su configuración definitiva se produjo en 1597, cuando se fusionaron dos hermandades preexistentes con la aprobación del monarca Felipe II. Por un lado, la cofradía de Nuestra Señora de la Antigua, cuyas reglas se remontan a 1546, nacida del profundo fervor hacia esta advocación mariana, cuya célebre pintura mural se conserva en una de las capillas más destacadas de la catedral sevillana. Por otro, una corporación penitencial dedicada a los Dolores de la Virgen, fundada en el convento dominico de Santo Domingo de Silos y trasladada posteriormente a la capilla que regentaba la hermandad de la Antigua.

La devoción a los Siete Dolores se expresaba simbólicamente mediante un gran corazón de plata colocado sobre el pecho de la imagen mariana, atravesado por siete cuchillos que evocaban los padecimientos de María en la Pasión de Cristo. Esta iconografía, de gran fuerza catequética, contribuía a reforzar la espiritualidad dolorosa característica de la época.

El arraigo de la cofradía entre los sevillanos fue notable, hasta el punto de presidir rogativas públicas en momentos de calamidad. Se tienen noticias de su intervención en súplicas por la sequía en 1680 y 1736, así como en plegarias celebradas en 1706 con motivo de la Guerra de Sucesión.

Durante el siglo XVII vivió una etapa de esplendor, con capilla propia en el compás del convento de San Pablo —espacio que corresponde a la actual capilla de Montserrat— y un patrimonio devocional de gran relevancia. Entre sus titulares figuraban Jesús Nazareno, hoy vinculado a la Hermandad de la Candelaria, y Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores.

La hermandad alcanzó gran prestigio social, integrando a miembros destacados de la nobleza y de la vida pública. Incluso los reyes Felipe II y Felipe III figuraron entre sus hermanos, lo que motivó que fuera conocida como cofradía real. Realizaba estación de penitencia a la catedral el Jueves Santo, con paradas en el Monumento Eucarístico y en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. La imagen mariana procesionaba bajo palio, cuyas bambalinas se conservan hoy en el paso de la Virgen del Valle, testimonio material de la continuidad del patrimonio cofrade sevillano.

Entre sus privilegios más singulares destacaba el derecho a descubrir la imagen de la Virgen de la Antigua a su paso por la catedral cada Jueves Santo, deteniéndose los pasos en la capilla para elevar oraciones ante la titular. Este gesto reforzaba el vínculo entre la cofradía y uno de los cultos marianos más antiguos y venerados de la ciudad.

La última estación de penitencia documentada data de 1766. A partir de entonces, la corporación inició un prolongado declive, agravado a comienzos del siglo XIX con la venta de sus pasos. En 1826 las imágenes fueron trasladadas al convento de San Pablo, hoy iglesia de la Magdalena, y en 1880 se produjo su separación definitiva: la Virgen permaneció en dicho templo, mientras el Señor fue llevado a la parroquia de San Nicolás.

Las imágenes titulares poseen un notable valor artístico. Nuestro Padre Jesús Nazareno —actualmente venerado como Señor de la Salud— se atribuye al escultor Francisco de Ocampo. Por su parte, la Virgen de la Antigua y Siete Dolores se ha relacionado tradicionalmente con Pedro Roldán, datándola a mediados del siglo XVII; sin embargo, estudios más recientes adelantan su cronología a inicios de esa centuria y la vinculan con Andrés de Ocampo, lo que abre nuevas perspectivas sobre su autoría y contexto artístico.

La trayectoria de esta cofradía refleja la intensidad de la religiosidad sevillana, la importancia de las devociones marianas y la capacidad de estas corporaciones para adaptarse —no sin dificultades— a los cambios históricos, sociales y espirituales de la ciudad.

Nuestra Señora de la Antigua


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