AREA DE LA MAGDALENA
Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua.
Cofradía
de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y
Compasión
La
Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete
Dolores y Compasión hunde sus raíces en la Sevilla del siglo XVI y constituye
un claro ejemplo de la evolución de las corporaciones penitenciales surgidas al
calor de la religiosidad popular. Su configuración definitiva se produjo en
1597, cuando se fusionaron dos hermandades preexistentes con la aprobación del
monarca Felipe II. Por un lado, la
cofradía de Nuestra Señora de la Antigua, cuyas reglas se remontan a 1546,
nacida del profundo fervor hacia esta advocación mariana, cuya célebre pintura
mural se conserva en una de las capillas más destacadas de la catedral
sevillana. Por otro, una corporación penitencial dedicada a los Dolores de la
Virgen, fundada en el convento dominico de Santo Domingo de Silos y trasladada
posteriormente a la capilla que regentaba la hermandad de la Antigua.
La devoción a los Siete Dolores se
expresaba simbólicamente mediante un gran corazón de plata colocado sobre el
pecho de la imagen mariana, atravesado por siete cuchillos que evocaban los
padecimientos de María en la Pasión de Cristo. Esta iconografía, de gran fuerza
catequética, contribuía a reforzar la espiritualidad dolorosa característica de
la época.
El arraigo de
la cofradía entre los sevillanos fue notable, hasta el punto de presidir
rogativas públicas en momentos de calamidad. Se tienen noticias de su
intervención en súplicas por la sequía en 1680 y 1736, así como en plegarias
celebradas en 1706 con motivo de la Guerra de Sucesión.
Durante el
siglo XVII vivió una etapa de esplendor, con capilla propia en el compás del
convento de San Pablo —espacio que corresponde a la actual capilla de
Montserrat— y un patrimonio devocional de gran relevancia. Entre sus titulares
figuraban Jesús Nazareno, hoy vinculado a la Hermandad de la Candelaria, y
Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores.
La hermandad
alcanzó gran prestigio social, integrando a miembros destacados de la nobleza y
de la vida pública. Incluso los reyes Felipe II
y Felipe III figuraron entre sus hermanos,
lo que motivó que fuera conocida como cofradía real. Realizaba estación de
penitencia a la catedral el Jueves Santo, con paradas en el Monumento Eucarístico
y en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. La imagen mariana procesionaba
bajo palio, cuyas bambalinas se conservan hoy en el paso de la Virgen del
Valle, testimonio material de la continuidad del patrimonio cofrade sevillano.
Entre sus
privilegios más singulares destacaba el derecho a descubrir la imagen de la
Virgen de la Antigua a su paso por la catedral cada Jueves Santo, deteniéndose
los pasos en la capilla para elevar oraciones ante la titular. Este gesto
reforzaba el vínculo entre la cofradía y uno de los cultos marianos más
antiguos y venerados de la ciudad.
La última estación
de penitencia documentada data de 1766. A partir de entonces, la corporación
inició un prolongado declive, agravado a comienzos del siglo XIX con la venta
de sus pasos. En 1826 las imágenes fueron trasladadas al convento de San Pablo,
hoy iglesia de la Magdalena, y en 1880 se produjo su separación definitiva: la
Virgen permaneció en dicho templo, mientras el Señor fue llevado a la parroquia
de San Nicolás.
Las imágenes
titulares poseen un notable valor artístico. Nuestro Padre Jesús Nazareno
—actualmente venerado como Señor de la Salud— se atribuye al escultor Francisco de Ocampo. Por su parte, la Virgen de
la Antigua y Siete Dolores se ha relacionado tradicionalmente con Pedro Roldán, datándola a mediados del siglo
XVII; sin embargo, estudios más recientes adelantan su cronología a inicios de
esa centuria y la vinculan con Andrés de Ocampo,
lo que abre nuevas perspectivas sobre su autoría y contexto artístico.
La
trayectoria de esta cofradía refleja la intensidad de la religiosidad
sevillana, la importancia de las devociones marianas y la capacidad de estas
corporaciones para adaptarse —no sin dificultades— a los cambios históricos,
sociales y espirituales de la ciudad.
Nuestra Señora de la Antigua
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