sábado, 28 de febrero de 2026

 AREA DE LA MAGDALENA

Hermandad del Calvario.

Pontificia y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Calvario y Nuestra Señora de Presentación

El origen de la Hermandad del Calvario se remonta a la antigua Hermandad de los mulatos de Sevilla, conocida también como Hermandad de la Presentación de Nuestra Señora. En el último tercio del siglo XVI, la ciudad vivía un periodo de extraordinario protagonismo económico y político gracias a su papel como puerto y puerta de Indias, eje del comercio con América. Esta situación favoreció la presencia de una numerosa población de origen africano —mulatos, esclavos y libertos— que se concentraba principalmente en el entorno de la collación de San Ildefonso.

A pesar de su relevancia demográfica, este colectivo sufría una marcada marginación racial, social y económica. En este contexto, la fundación en 1571 de la Hermandad de la Presentación de Nuestra Señora, establecida inicialmente en el Hospital de Nuestra Señora de Belén, respondió tanto a una profunda vivencia religiosa como a la necesidad de cohesión e integración social. Poco después, la corporación se trasladó a la parroquia de San Ildefonso, donde fijó definitivamente su sede.

El carácter de la institución reflejaba la condición de sus miembros. Se trataba de una corporación cerrada, integrada exclusivamente por mulatos, que afrontó constantes dificultades económicas debido a la modestia de sus recursos. Aun así, la cofradía, penitencial desde sus orígenes, vivió un periodo de esplendor que culminó con la construcción, en 1585, de una capilla propia junto al templo parroquial.

A partir de mediados del siglo XVII, el declive económico de Sevilla —provocado en gran medida por el progresivo traslado del tráfico americano a Cádiz— y la drástica reducción demográfica causada por la epidemia de 1649 afectaron gravemente a la ciudad. La disminución de la población mulata supuso un golpe decisivo para una hermandad cerrada a otros grupos sociales, iniciándose así una lenta decadencia.

En cuanto a su patrimonio devocional, la hermandad contó inicialmente con una dolorosa de vestir, la Virgen de la Presentación, y una imagen del Ecce Homo. A finales del siglo XVII se incorporó un crucificado que, por su calidad artística y fuerza devocional, terminaría convirtiéndose en la imagen principal. La cofradía realizaba estación de penitencia en la tarde del Miércoles Santo —aunque ocasionalmente lo hizo el Jueves— con dos pasos: el Ecce Homo y la Virgen bajo palio. Con la llegada del crucificado, se añadió un tercer paso que representaba el Calvario.

Durante el siglo XVIII se acentuaron los signos de crisis: disminuyó el número de hermanos, aumentaron los conflictos internos y la deuda con la parroquia de San Ildefonso se hizo insostenible. La corporación fue perdiendo sus bienes, quedando finalmente reducida a la conservación de sus imágenes. Hacia mediados de ese siglo su actividad era ya muy limitada, y en el último tercio cesó por completo. El derribo del antiguo templo parroquial en 1794 coincidió con la desaparición definitiva de la hermandad y del grupo social que le había dado origen.

Al cerrarse la arruinada parroquia de San Ildefonso y trasladarse el Santísimo a la vecina iglesia de San Nicolás de Bari, los bienes de la extinta cofradía pasaron a la fábrica parroquial para saldar sus deudas. El desalojo del templo provocó la dispersión de altares e imágenes por distintos domicilios de la collación. El crucificado de los mulatos —la imagen que hoy se venera como Cristo del Calvario— fue vendido en 1799 a la Santa Escuela de Cristo de la Natividad, con sede en la calle de los Encisos, al no existir un lugar adecuado donde ubicarlo.

Con la reconstrucción del templo parroquial de San Ildefonso, inaugurado en 1816, se echó en falta la venerada imagen del Crucificado. El párroco, Matías Espinosa, promovió su recuperación, lograda en 1818 tras un largo litigio. Posteriormente, para completar el altar del Calvario y responder a la devoción popular, dispuso junto al crucificado la Virgen de la Presentación y la imagen de San Juan, que pronto comenzaron a recibir cultos frecuentes.

El movimiento devocional generado en torno a estas imágenes culminó en 1886 con la reorganización de la antigua hermandad, ahora sobre bases sociales muy distintas. La nueva corporación ya no respondía a un criterio étnico, sino que estaba formada por miembros de sectores intermedios de la sociedad sevillana, con aspiraciones de promoción social.

En sus inicios, la cofradía reorganizada procesionaba el Miércoles Santo con un solo paso representando el Calvario. Desde 1895 este se desdobló, apareciendo por separado el Cristo del Calvario y la Virgen de la Presentación bajo palio. Finalmente, en 1899, la hermandad se consolidó en la madrugada, tras un pleito de precedencia con la Hermandad de la Esperanza de Triana, fijando así el momento de su estación de penitencia.

A lo largo del tiempo, la corporación fue configurando el sobrio estilo que hoy la distingue. Un hito importante fue el encargo del singular paso del Cristo, realizado en caoba por Farfán, pionero en Sevilla por su estética austera.

En 1908 la hermandad se trasladó a la capilla de San Gregorio, donde se gestó la reforma del paso de la Virgen de la Presentación, diseñada por Juan Manuel Rodríguez Ojeda y estrenada en 1916. Ese mismo año, tras su salida de San Gregorio, la cofradía se dirigió a su sede actual en la parroquia de la Magdalena, iniciando una nueva etapa.

La llegada al antiguo convento dominico de San Pablo supuso la consolidación definitiva de su personalidad. Allí la hermandad desarrolló una intensa labor de enriquecimiento patrimonial y fortalecimiento institucional, convirtiéndose en una de las corporaciones penitenciales más influyentes y con mayor carácter de la ciudad. Sus pasos procesionales adquirieron la fisonomía esencial que hoy mantienen, destacando el sobrio paso de palio de cajón, también obra de Rodríguez Ojeda.

Durante el siglo XX, la hermandad continuó creciendo gracias al apoyo de familias, benefactores y hermanos. Incluso en los difíciles años veinte y treinta mostró prudencia y liderazgo, y tras la Guerra Civil inició una etapa de expansión que culminó en la década de 1970 con un notable aumento del número de hermanos y la apertura a una juventud cada vez más participativa.

La creación de iniciativas como las escuelas gratuitas, el grupo joven, la cuadrilla de hermanos costaleros, el coro Virgen de la Presentación y la inauguración de la casa de hermandad marcaron hitos en su evolución, reflejando una corporación dinámica y abierta.

Primitivo paso de misterio de la Hermandad del Calvario de Sevilla, estrenado en 1888, cuando aún residía en la iglesia de San Ildefonso. (ver) (CC BY 3.0)



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