sábado, 28 de febrero de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

La Santa Inquisición en el convento de San Pablo la Real.

En la cúpula que da acceso al templo por la calle San Pablo puede contemplarse un emblema singular: una cruz flanqueada por una espada, símbolo de la justicia, y un ramo de olivo, representación de la misericordia. Este escudo, asociado al Santo Oficio, recuerda el destacado protagonismo que tuvo la Orden de Predicadores en la defensa de la ortodoxia religiosa durante la Edad Media y la Edad Moderna.

Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos, se distinguió por su intensa actividad predicadora y su firme oposición a las herejías que amenazaban la unidad doctrinal de la Iglesia. Entre ellas destacó el catarismo o herejía albigense, extendida por el sur de Francia, cuya influencia motivó la creación de mecanismos eclesiásticos destinados a preservar la fe cristiana.

En este contexto surgió la primera forma de Inquisición en Francia en 1184, con el propósito de combatir la disidencia religiosa. Décadas más tarde, entre 1231 y 1233, el papa Gregorio IX instituyó la Inquisición pontificia mediante la bula Excommunicamus, estableciendo tribunales en distintos reinos cristianos europeos. Estas instituciones pretendían corregir desviaciones doctrinales y reafirmar la autoridad de la Iglesia.

Durante la estancia en Sevilla de Isabel I de Castilla entre 1477 y 1478, el dominico sevillano Alonso de Ojeda, prior del convento de San Pablo, alertó a la soberana sobre la posible pervivencia de prácticas judaizantes entre los conversos andaluces. Un informe solicitado por los Reyes y elaborado por el cardenal Pedro González de Mendoza, arzobispo de Sevilla, junto con el dominico Tomás de Torquemada, confirmó dichas sospechas.

En enero de 1481 se estableció el tribunal de la Inquisición en el convento de San Pablo de Sevilla, siendo prior fray Alonso de Ojeda. La Inquisición española perseguía, entre otros objetivos, mantener la unidad religiosa y evitar la propagación de doctrinas consideradas heréticas. Sus actuaciones se dirigían contra prácticas y creencias que revelaban judaísmo encubierto, islam residual, luteranismo, alumbradismo u otras desviaciones respecto a la doctrina católica. La vinculación de la Orden de Santo Domingo con la defensa de la fe explica que muchos de sus miembros aceptaran cargos inquisitoriales.

El Tribunal del Santo Oficio inició su actividad en el propio convento de San Pablo, que sirvió también como primera cárcel inquisitorial. Según el abad Gordillo, la primera condena se dictó en 1481, y en aquel auto de fe predicó fray Alonso de Ojeda, a quien las crónicas describen como uno de los principales impulsores de la institución en Sevilla.

Tras dificultades iniciales en la organización del tribunal, el papa Sixto IV nombró inquisidor general a Tomás de Torquemada en 1483, a petición de la reina Isabel. A lo largo del tiempo, cinco inquisidores generales pertenecieron a la Orden de Predicadores, lo que evidencia la estrecha relación entre los dominicos y el Santo Oficio.

El templo conserva aún vestigios de aquel periodo histórico. Entre ellos destacan los candeleros situados junto a la imagen de Santa María Magdalena, decorados con el escudo inquisitorial, así como la representación de un auto de fe pintada por Lucas Valdés en el crucero. Tradicionalmente se ha identificado esta escena con el proceso contra Diego López Duro, mercader de Osuna, ejecutado en 1703 acusado de judaizante, aunque dicha identificación forma parte de la tradición interpretativa más que de una certeza documental.

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