sábado, 28 de febrero de 2026

AREA DE LA MAGDALENA

Iglesia de la Magdalena

HISTORIA

La actual iglesia parroquial de Santa María Magdalena ocupa el lugar del antiguo templo del convento dominico de San Pablo el Real (ver), uno de los conjuntos monásticos más extensos y relevantes de la Sevilla medieval. 

De aquel vasto cenobio únicamente han llegado hasta nuestros días la iglesia y la capilla de Montserrat, habiendo desaparecido por completo el resto de sus numerosas y destacadas dependencias conventuales.

Tras la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248, el primer obispo de la ciudad, don Remondo, llevó a cabo la organización parroquial del nuevo entramado cristiano, dividiendo la urbe en veinticuatro collaciones. Una de ellas fue la de la Magdalena, encomendada a la Orden de Predicadores, cuyos religiosos habían acompañado al ejército castellano durante la campaña de conquista. A los dominicos se le asignaron terrenos próximos al río Guadalquivir, una zona fértil y rica en huertas, donde se levantó la primera sede religiosa de la parroquia: el convento de San Pablo.

Don Remondo en la estatua a San Fernando en la plaza Nueva

Las fuentes históricas señalan que el establecimiento del cenobio se consolidó en tiempos de Alfonso X el Sabio. Según relata Ortiz de Zúñiga (ver), el 3 de mayo de 1255 se expidió una carta plomada por la que el monarca confirmaba la donación de unas tierras efectuada previamente por su padre, el rey Fernando III, a favor de la Orden de Predicadores para la fundación del convento de San Pablo. De acuerdo con esta tradición, el primer prior del nuevo establecimiento habría sido fray Pedro González Telmo.

Alfonso X en una miniatura medieval del “Libro de los Juegos” (ver) (CC BY 3.0)

Como ocurrió con otras parroquias sevillanas surgidas en la etapa inmediatamente posterior a la conquista cristiana, el primitivo templo de Santa María Magdalena debió edificarse sobre una antigua mezquita, adaptando estructuras preexistentes a las nuevas necesidades litúrgicas del culto cristiano.

Durante el reinado de Pedro I, la iglesia sufrió importantes daños a consecuencia del terremoto que asoló Sevilla en 1355. A raíz de este desastre, el templo fue reconstruido siguiendo el estilo gótico-mudéjar, característico de muchas iglesias fernandinas de la ciudad, comparable al de templos como Omnium Sanctorum, San Gil, Santa Marina o Santa Ana. La reedificación contó con el decidido apoyo del monarca, quien contribuyó con generosas limosnas y llegó a legar en su testamento quinientas doblas de oro al convento. Esta especial devoción real se ha relacionado tradicionalmente con la supuesta curación del rey de una grave enfermedad por intercesión de la Virgen de las Fiebres, advocación a la que profesaba gran veneración, posiblemente influido por su madre, doña María de Portugal.

Estatua de Pedro I Museo Arqueológico Nacional. Madrid (ver) (CC BY 3.0)

La importancia y riqueza del templo del siglo XIV se refleja en la existencia de varias capillas exentas, probablemente de carácter funerario, pertenecientes a linajes destacados como los Medina, los Rosales y los Gómez de Espinosa. Estas estructuras, integradas posteriormente, conforman hoy la capilla de la hermandad de la Quinta Angustia.

En el siglo XVI, una violenta tempestad provocó el hundimiento parcial de la techumbre, lo que motivó nuevas obras y la construcción de la capilla mayor. Sin embargo, la estabilidad del edificio continuó siendo precaria y, en 1691, se produjo el colapso casi total del templo, salvándose únicamente la mencionada capilla mayor. Los repetidos desbordamientos del Guadalquivir entre 1691 y 1692 agravaron aún más el estado de la fábrica medieval, lo que condujo finalmente a su demolición completa para emprender una reconstrucción integral.

En 1692 se iniciaron las obras del nuevo templo bajo la dirección de Leonardo de Figueroa (ver), uno de los arquitectos más prestigiosos de la Sevilla barroca. El edificio actual, fruto de este ambicioso proyecto, fue concluido y solemnemente consagrado el 22 de octubre de 1724.

Durante la invasión francesa, el convento de San Pablo fue saqueado y ocupado como cuartel por las tropas napoleónicas. En este contexto, la iglesia conventual pasó a desempeñar funciones parroquiales bajo la advocación de Santa María Magdalena, en sustitución de la antigua parroquia del mismo nombre, que fue demolida en 1811 conforme al plan de derribos promovido por el asentista Maye. Aquella primitiva iglesia parroquial se alzaba en el espacio que hoy ocupa la actual plaza de la Magdalena.

Con posterioridad, los dominicos regresaron al convento y acometieron la reparación de los daños sufridos, recuperando el templo su función como iglesia conventual. No obstante, tras la desamortización de 1835, el convento fue destinado a usos civiles y, en 1842, se abandonó definitivamente la idea de reconstruir la antigua parroquia, quedando establecida de forma permanente la sede de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena en el antiguo templo de San Pablo el Real.

EXTERIOR

Situada en la plaza que hoy lleva su nombre, la primitiva parroquia de Santa María Magdalena fue una de las numerosas iglesias erigidas en Sevilla tras la reconquista cristiana. Como ocurrió con otros templos de la ciudad, sufrió graves daños a consecuencia del terremoto de 1355, lo que motivó su reconstrucción durante el reinado de Pedro I. El edificio se alzaba exento, rodeado por tres espacios abiertos que contribuían a realzar su presencia urbana: la plazuela de la Pila en el lado de la epístola, la de las Campanas a los pies y la de los Leones o de la Leña en la cabecera.

Durante la ocupación francesa, el templo fue derribado en 1811. A partir de 1817 se inició una reconstrucción parcial que no llegó a consolidarse, ya que en 1842 la iglesia fue definitivamente demolida. Sus funciones parroquiales se trasladaron entonces al antiguo convento dominico de San Pablo el Real (ver), edificio que, con las transformaciones posteriores, es el que hoy acoge la actual iglesia de la Magdalena.

El templo presenta cuatro puertas, tres de ellas abiertas a la calle San Pablo. No obstante, la portada principal es la que se sitúa a los pies de la iglesia, en la calle Cristo del Calvario, correspondiente al extremo occidental de la planta de cruz latina. Originariamente, esta portada se abría al compás del convento.

Esquina de la calle San Pablo con Cristo del Calvario

Está realizada en piedra y se organiza con sobriedad y equilibrio. En el frontispicio destacan dos jarrones ornamentales, el escudo de la Orden de Predicadores y un busto de Santo Tomás de Aquino, atribuido a Pedro Roldán, coronado con una cruz. A ambos lados se abren sendas ventanas de reducido tamaño que proporcionan luz al coro bajo.

Portada principal a la calle Cristo del Calvario

Frontispicio

Detalle del escudo

Busto de Santo Tomás de Aquino

Cruz

Una de las ventanas laterales

Detalle del penacho de la ventana

En esta misma fachada sobresale un gran rosetón que ilumina el coro alto. Su decoración resulta singular, pues aparece rodeado por las cuentas de un rosario realizadas en cerámica azul, a su vez circundadas por una delicada corona floral. Flanqueando el rosetón se disponen dos relojes de sol. En el conjunto también puede contemplarse el retablo de la Virgen del Amparo. 

Zona alta de la fachada

Rosetón

Detalle de un reloj de sol

Retablo de la Virgen del Amparo

Virgen del Amparo

En la parte superior se abre un balcón, articulado con dos espadañas laterales fechadas en 1697 y restauradas en el siglo XX, y un cuerpo central que da acceso al propio balcón.

Imagen del balcón superior

Detalle de una de las dos espadañas desde la calle Orfila

Detalle de la otra espadaña desde la calle Cristo del Calvario

Ya en la calle San Pablo se localiza tres puertas. 

Fachada a la calle san Pablo

La portada del lado derecho, comunica directamente con el crucero. En ella se abre una hornacina que alberga una escultura de Santo Domingo de Guzmán, atribuida igualmente a Pedro Roldán y fechada en 1694. La imagen se cobija bajo un tejaroz sostenido por tornapuntas de hierro forjado. El conjunto iconográfico incorpora los símbolos tradicionales asociados al fundador de la orden dominica: los perros portadores de antorchas, las azucenas blancas, la cruz patriarcal y las estrellas.

Portada del lado derecho

Hornacina con Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo de Guzmán

Detalle de Santo Domingo de Guzmán

Detalle de la bandera con estrellas

Detalle de perros portadores de antorchas
Detalle del ramo de azucenas en la mano izquierda

En este mismo lienzo de muro llama la atención una pequeña y estrecha ventana, encuadrada por la banda exterior de un escudo heráldico y coronada por un libro abierto. Sobre sus páginas puede leerse la inscripción “Ave María Gratia Plena”, una invocación mariana que añade un sutil contenido devocional a este discreto elemento arquitectónico.

Detalle de la ventana coronada por un libro abierto

Detalle del libro abierto

La segunda puerta de la calle San Pablo, de mayores dimensiones y la más utilizada habitualmente para el acceso al templo, se articula mediante pilastras que sostienen un arco de medio punto. Este aparece ricamente decorado con motivos vegetales y cabezas de querubines, mientras que sobre el tímpano se disponen dos jarrones ornamentales.

La segunda puerta de la calle San Pablo

Detalle de uno de los dos jarrones ornamentales

Detalle de cabeza de querubín

Se trata de la primitiva portada mudéjar del edificio, remodelada en el siglo XVII para adecuarla al gusto barroco. En el frontispicio figura el escudo de la orden dominica y, en la parte superior, un conjunto escultórico presidido por San Fernando, flanqueado por San Isidoro y San Leandro, figuras estrechamente vinculadas a la historia religiosa de Sevilla.

Frontispicio

Escudo de la orden dominica

San Fernando

San Fernando

San Isidoro 

San Isidoro 

San Leandro

San Leandro

Junto a esta portada se conservan tres lápidas conmemorativas que evocan momentos destacados de la historia del templo y del antiguo convento.

La primera recuerda la fundación del convento por Fernando III en 1248, año de la conquista de Sevilla, así como la consagración del templo en 1724 por el arzobispo Luis de Salzedo y Azcona:

 

San Fernando III Rey de Castilla y de León fundó este convento  de S. Pablo año de MCCXLVIII  en que se conquistó a Sevilla,  siendo su confesor S. Pedro  González Thelmo primer  prelado de dicho convento  y erigió este magnífico templo que se agregó al de S. Juan de Letrán año de MCCXLVIII y el de MDCCXXIV a XXII de octubre  lo consagró el Excmo. Sr. D. Luis Salzedo y Azcona Arzobispo de Sevilla “.


La segunda recoge la concesión de indulgencias otorgadas por el papa Benedicto XIII con motivo de dicha consagración, destinadas a los sacerdotes de la Orden de Predicadores:

N. SSmo. P. Benedicto XIII del Sagrado Orden de Predicadores por su Bulla dada en Roma apud S. Mariam Maiorem día XXII de septiembre Año de MDCCXXIV primero de su pontificado concede para siempre a todos los sacerdotes de dicho Orden que diciendo missa en cualquiera de los altares de las Iglesias de su sagrada Religión saquen del Purgatorio al ánima del defunto por quien la aplicaren”.

La tercera conmemora la consagración episcopal de fray Bartolomé de las Casas como obispo de Chiapas, celebrada en este convento el 30 de marzo de 1544, destacando su figura como defensor de los pueblos indígenas del Nuevo Mundo.

En este antiguo convento dominico de S. Pablo el día 30 de marzo de 1544 fue consagrado Obispo de Chiapas el sevillano Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios del Nuevo Mundo. Mayo 1966, cuarto centenario de la muerte de este español en América.”


La tercera puerta, de menor relevancia artística, presenta hojas chapadas en metal claveteado y muestra los escudos de la hermandad vinculada al templo.

Tercera puerta


Y un retablo cerámico del Santísimo Cristo del Calvario.

Retablo cerámico del Santísimo Cristo del Calvario

Santísimo Cristo del Calvario

Detalle


Por último, destaca en el exterior la cúpula del crucero, considerada la primera de Sevilla construida sobre tambor octogonal. Cuenta con un lucernario que permite la entrada de luz natural y se remata con una corona de hierro forjado, elemento que subraya su perfil en el conjunto arquitectónico del edificio. Está decorada con figuras escultóricas que representan indígenas americanos, que simbolizan la importancia de la Casa Madre dominica en los territorios de ultramar de la corona española.

Exterior de la cúpula

Detalle

Detalle de la corona y la cruz

Figuras escultóricas que representan a indígenas americanos


En la calle Bailen, una puerta secundaria muestra a su lado una placa:” Por aquí se avisa para qve se administren los Santos Sacramentos  a desoras”.

Puerta accesoria y placa

Por aquí se avisa para qve se administren los Santos Sacramentos  a desoras

INTERIOR

Tras franquear la puerta principal, destaca de inmediato el cancel de madera, enriquecido con vidrieras en las que se representan los escudos de la parroquia y de la Virgen del Rosario. Este espacio de acceso se encuentra cubierto por una cúpula decorada, que actúa como transición simbólica y visual hacia el interior del templo.

Detalle de las vidrieras

Detalle de las vidrieras


En la cúpula que da acceso al templo por la calle San Pablo puede contemplarse un emblema singular: una cruz flanqueada por una espada, símbolo de la justicia, y un ramo de olivo, representación de la misericordia. Este escudo, asociado al Santo Oficio, recuerda el destacado protagonismo que tuvo la Orden de Predicadores en la defensa de la ortodoxia religiosa durante la Edad Media y la Edad Moderna.

Cúpula de entrada

Detalle

Detalle

Detalle

El edificio responde a una planta de cruz latina, articulada en tres naves longitudinales y una transversal. La nave central, de mayor altura y anchura, se organiza en cinco tramos claramente definidos. 

Vista del templo desde los pies

Vista del templo desde los pies

Vista desde la cabecera

Sobre la entrada principal se sitúa el coro, elevado y abierto al interior, mientras que al fondo del conjunto se dispone el presbiterio, eje litúrgico y visual del templo.

La nave central se cubre con una bóveda de cañón profusamente ornamentada con pinturas murales en las que aparecen ángeles y elementos decorativos de gran riqueza cromática.

Bóveda de nave central

En el cruce de la nave longitudinal con el transepto se alza una cúpula de planta octogonal, igualmente decorada, que constituye uno de los elementos más sobresalientes del conjunto. 

Todo el programa pictórico fue realizado en el siglo XVIII por Lucas Valdés (ver), autor de algunas de las más notables pinturas murales del barroco sevillano.

La cúpula octogonal, coronada por una linterna, presenta en su interior un elaborado discurso iconográfico centrado en la Gloria de la Virgen.

Cúpula octogonal

En cada uno de sus ocho paños se disponen medallones con letras que, en conjunto, forman la invocación “Ave María”, acompañados de figuras de ángeles que portan atributos alusivos a las letanías marianas. 

Detalle de media cúpula

Detalle de media cúpula

Detalle de un paño con la letra “A”

En el interior de la linterna aparece un sol simbólico, que refuerza el carácter celestial y luminoso del conjunto. Las pinturas de ángeles y arcángeles, así como este motivo solar, son obra, igualmente, de Lucas Valdés.

Detalle del Sol

Las pechinas se decoran con relieves de madera policromada que representan escenas del Antiguo Testamento. Estas composiciones se apoyan simbólicamente sobre el águila y el león alado, emblemas de los evangelistas san Juan y san Marcos, y se atribuyen al taller de Pedro Roldán. 

Detalle de pechina

Detalle de pechina
Detalle de pechina
Detalle de pechina

En los intradós de los arcos torales se desarrollan alegorías de la Iglesia católica y de diversas virtudes divinas, como la Providencia, la Misericordia, la Sabiduría y la Justicia.

En los cuatro pilares que sustentan la cúpula aparecen pintadas dieciséis figuras de santos y beatos de la Orden de Predicadores, identificados mediante inscripciones latinas, conformando un auténtico homenaje visual a la tradición espiritual e intelectual de la orden.

San Raimundo de Peñafort

San Petrus González Telmo

San Agustín Gazotto

Benedicto XI

San Pedro Mártir de Verona

San Juan Mártir de Colonia

San Antonio

San Gunsisalvo de Amarantho

San Pio V

San Alberto Magno

San Jacobo de Mavania

San Hyacinthus

Tanto las pilastras como los arcos que articulan el espacio interior, así como los paños intermedios de los muros, se encuentran cubiertos por un abundante programa de pinturas al fresco. En ellas se representan los Evangelistas, junto a santos y beatos vinculados a la Orden dominica, combinados con motivos vegetales, roleos y guirnaldas que refuerzan la unidad decorativa y el carácter plenamente barroco del conjunto.

Al pintor gaditano Clemente de Torres (1662-1730), formado artísticamente en el obrador de Valdés Leal, se atribuyen con firmeza seis de los apóstoles pintados sobre los pilares del templo, correspondiéndose con San Pedro, San Pablo, San Andrés, San Matías, Santiago el Menor y Santiago el Mayor, plasmados de cuerpo entero, en figuras solemnes y monumentales, provistas de una emotiva expresión espiritual. Otros dos apóstoles, San Felipe y Santo Tomás, reflejan la paleta de Lucas Valdés, mientras que los restantes pertenecerían a un anónimo colaborador de su taller.







San Pablo

San Pedro

San Andrés

San Juan




La nave del crucero cuenta con tribunas realizadas en madera ricamente tallada y dorada, que aportan un notable efecto escenográfico. 

Crucero del lado de la epístola

Sobre estas tribunas se conservan dos grandes pinturas al fresco de Lucas Valdés: Auto de Fe en tiempos de San Fernando o El suplicio de Diego Duro, situado en el lado de la Epístola, y La entrada de san Fernando en Sevilla, en el lado del Evangelio, ambas de gran fuerza narrativa y expresiva.

En el primero se representa un Auto de Fe en el que aparecen frailes dominicos y el mismo San Fernando que transporta leña para la hoguera. Según la leyenda este fue un acontecimiento real que se celebró en Sevilla el 28 de octubre de 1703 en el que se ejecutó entre otros a un personaje llamado Diego López Duro vecino de Osuna (Sevilla) por practicar la religión judía. También aparece un grupo de dominicos llevando en burros a los condenados.

Auto de Fe en tiempos de San Fernando

Detalle del auto de Fe en tiempos de San Fernando

Detalle de san Fernando transportando leña para la hoguera

Detalle del condenado sobre un burro, con el San Benito con la Cruz de san Andrés y con el capirote sobre la cabeza

Detalle del lado derecho del cuadro

Detalle del lado izquierdo del cuadro

Detalle de la plaza San Francisco preparada para el Auto de Fe

Detalle de lo que podría ser la Ermita de San Diego

En la parte superior y dentro de hornacinas, esculturas de san Gregorio (¿) y San Agustín (¿), obras de Pedro Roldan. 

Detalle de la parte superior

San Gregorio

San Agustín

La entrada triunfal de San Fernando en Sevilla, entre las alegorías de la fortaleza y de Sevilla, liberada representa la entrada de este rey en la ciudad acompañado por la Virgen de los Reyes y un gran séquito eclesiástico entre el que se encuentra Santo Domingo de Guzmán y San Pedro Nolasco.

Crucero del lado del evangelio

La entrada triunfal de San Fernando en Sevilla

Detalle de La entrada triunfal de San Fernando en Sevilla

Detalle de san Fernando

Detalle de la Virgen de los Reyes

Detalle de San Isidoro y San Clemente

Detalle del lado derecho del cuadro

Detalle del lado izquierdo del cuadro

En la parte superior y dentro de hornacinas, esculturas de san Isidoro (¿) y San Clemente (?), obras de Pedro Roldan. 

Detalle de la parte superior

San Isidoro

San Clemente

Nave de la Epístola

Vista general de la nave de la epístola desde los pies

Vista de la nave de la epístola desde la nave central

CAPILLA DE LA QUINTA ANGUSTIA

Se adosa a la nave del evangelio y se encuentra separada del resto del templo mediante una reja, lo que refuerza su carácter de ámbito diferenciado. Su origen se sitúa entre finales del siglo XIV y comienzos del siglo XV, fruto de un proceso constructivo prolongado que refleja la evolución histórica del edificio.

La capilla es el resultado de la unión de tres antiguas capillas independientes, las de Medina, Rosales y Gómez de Espinosa. Tras su integración en un solo espacio, se clausuró la comunicación directa con la nave principal, configurándose así un recinto autónomo de grandes proporciones. Su amplitud es tal que puede considerarse, por su entidad arquitectónica y funcional, como una iglesia dentro de otra iglesia.

Presenta una planta rectangular organizada en dos tramos y un presbiterio claramente definido. Todo el conjunto se cubre con tres bóvedas ochavadas ricamente ornamentadas con lacerías, un elemento característico del gusto tardomedieval que aporta unidad y solemnidad al espacio. Recorriendo la parte inferior de los muros se dispone un zócalo de azulejos, obra de Cayetano Sánchez y Pineda, que añade un notable valor decorativo y cromático al conjunto.

Vista desde los pies de la capilla

Vista desde los pies de la capilla

Bóvedas ochavadas

La capilla está presidida por el misterio titular de la Hermandad, el Señor del Descendimiento, escultura atribuida a Pedro Roldán en torno a 1660. El grupo escultórico se completa con las figuras de los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, representados en la acción de desclavar el cuerpo de Cristo, así como las Santas Mujeres —María Magdalena, María de Cleofás y Salomé— y san Juan Evangelista, todas ellas realizadas por Pedro Nieto Montañés en 1633. La imagen de la Santísima Virgen es una obra del siglo XX, ejecutada en 1933 por Vicente Rodríguez Caso Giménez de Aragón.

Altar con el misterio titular de la Hermandad

Detalle de Jesús en vertical

Detalle de Jesús en horizontal

Detalle del rostro

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Detalle de los pies

Detalle de Nicodemo

José de Arimatea

Santísima Virgen

Santísima Virgen

San Juan

Detalle de los ángeles a cada lado del retablo

Asimismo, se veneran, en esta capilla, un Cristo Resucitado, contratado en 1582, situado en un arcosolio con dos medallones de San José y la Virgen. Pertenecía a la antigua cofradía del Dulce Nombre de Jesús, fusionada con la penitencial de la Quinta Angustia.

Arcosolio con Cristo Resucitado

Cristo Resucitado

San José

La virgen

Y la imagen del Dulce Nombre de Jesús, fechable hacia 1580, debidas a Jerónimo Hernández, que  participa en la procesión eucarística que tiene lugar el domingo siguiente al Corpus Christi, manteniendo viva una antigua tradición devocional, en un baldaquino realizado en 1924 por Joaquín Bilbao y Antonio Infante.

Dulce Nombre de Jesús

Detalle del Dulce Nombre de Jesús

Baldaquino para salida Procesional

El patrimonio pictórico de la capilla incluye una destacada serie de óleos de Valdés Leal, procedentes del retablo mayor de la desaparecida iglesia de San Benito de Calatrava. Entre estas obras se encuentran representaciones del Calvario, la Inmaculada, san Miguel, san Antonio Abad, san Antonio de Padua, san Juan Bautista, san Andrés, santa Catalina y san Sebastián. En el presbiterio se conservan además pinturas de cronología posterior, como Jesús entre los doctores y la Circuncisión, así como, en uno de los muros, la escena de la Lactación de san Bernardo.

Jesús entre los doctores

La Circuncisión

Arcángel san Miguel

San Sebastián

Calvario

Inmaculada

Lactación de san Bernardo

San Antonio Abad

San Antonio de Padua

San Juan Bautista

Santa Catalina

Completa el conjunto la presencia de tres escudos heráldicos, dos pertenecientes al linaje de los Ayala y uno a la familia Medina, junto a varias esculturas de ángeles pasionarios atribuidas a Pedro Roldán, fechadas en el siglo XVII, que refuerzan el carácter devocional y artístico de este singular espacio.

Ángel pasionario

CAPILLA BAUSTISMAL

Vista de los pies de la nave de la epístola

A los pies del templo, en el lado de la epístola, se sitúa la capilla bautismal, un espacio de especial relevancia histórica y devocional. En ella se conserva la pila bautismal del siglo XVII, procedente de la antigua parroquia de Santa María Magdalena, donde fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo el 1 de enero de 1618. La vinculación de la familia Esteban Murillo con dicha parroquia se prolongó durante más de seis décadas, iniciándose con el matrimonio de los padres del pintor y continuando con su propia partida de bautismo y de matrimonio, así como con los bautizos de sus dos primeros hijos. 

Capilla Bautismal

Pila bautismal del siglo XVII

Placa conmemorativa de Murillo

En esta capilla se venera el Cristo del Gonfalón o Confalón, una escultura atribuida a Nicolás de León y fechada en torno a 1536, que anteriormente se encontraba en la sacristía del templo. 

La imagen forma parte de una composición de Calvario, acompañada por las figuras de la Virgen María y San Juan Evangelista, representados de pie y dispuestos a ambos lados del Crucificado. 

Esta obra perteneció a una antigua hermandad hoy desaparecida, la Cofradía de la Vida de Cristo y Confalón, cuya finalidad era el ejercicio de obras de misericordia y piedad cristiana. Dicha corporación estaba además agregada a una hermandad homónima radicada en Roma, lo que evidencia sus vínculos con la espiritualidad y las prácticas devocionales de ámbito internacional.

Calvario formado por el Cristo del Gonfalón o Confalón, la Virgen María y San Juan Evangelista

Cristo del Gonfalón o Confalón

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza o Perizoma

Detalle de los pies

Virgen

Detalle

San Juan

Detalle

Completa el conjunto artístico de la capilla un lienzo que representa el Bautismo de Cristo, datado en la segunda mitad del siglo XVII y atribuido a Juan Simón Gutiérrez. Esta pintura refuerza el carácter sacramental del espacio, aludiendo iconográficamente al rito del bautismo y enriqueciendo el valor artístico y simbólico de la capilla.

Bautismo de Cristo

Cúpula de la capilla

Detalle


SANTA RITA DE CASIA

Vista del primer tramo de la nave de la epístola


Junto a la capilla Bautismal se sitúa el retablo de Santa Rita de Casia, un retablo de estípites, tipología ampliamente difundida en las ensambladuras sevillanas a partir de la segunda década del siglo XVIII. Procede del convento agustino del Pópulo y es obra de Sebastián Jiménez, fechada en 1725.

Retablo 

La imagen titular, Santa Rita (ver), es una imagen de candelero anónima realizada hacia 1625 y procedente del extinguido convento del Pópulo

Santa Rita

Detalle

A ambos lados del nicho central aparecen dos figuras cuya identificación no es unánime: tradicionalmente se han interpretado como San Juan Nepomuceno, presbítero, y un obispo no identificado; sin embargo, otras fuentes sostienen que podrían representar a los beatos Guido de Montpellier y Bernardo Scammacca, dominico siciliano.

Santos

Santos
Santos
Santos

En el ático del retablo se representa la escena de San Pedro liberado por el Ángel.

San Pedro liberado por el Ángel

En los laterales dos frescos de la vida de Jesús.

Resurrección

Jesús entre los Doctores

A continuación, un relieve del tercer cuarto del siglo XVIII, enmarcado por yeserías doradas que representa a” La Aparición de la Virgen a San Cayetano”, anónimo sevillano. 

La aparición de la Virgen a San Cayetano ocurrió en la Navidad de 1517, en la Basílica de Santa María Mayor en Roma. Mientras oraba, María se apareció y colocó al Niño Jesús en brazos de Cayetano, confortándolo y eliminando sus dudas de fe.

La Aparición de la Virgen a San Cayetano


Batalla de lepanto

Vista del segundo tramo


Pasando ante la puerta de entrada, podremos contemplar un fresco enmarcado por yeserías doradas que representa a La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la Batalla de Lepanto, obra de Lucas Valdés de hacia 1709-1715.

Batalla de Lepanto

Sobre una nube aparece la Virgen del Rosario, cuya intercesión, según la tradición, fue decisiva el 7 de octubre de 1571 para que las tropas cristianas alcanzaran la victoria tras las oraciones promovidas por el papa Pío V. Así, se rememora la institución de la fiesta de la Virgen del Rosario, establecida por el propio papa dominico Pío V en esa misma fecha, en conmemoración de este triunfo naval de los ejércitos cristianos frente a los turcos.

Detalle de la parte superior con la Virgen del Carmen sobre una nube

Detalle de la batalla

Por encima dos frescos de la vida de Jesús y un cuadro del que no tengo información.



Presentación al templo

Adoración delos pastores

CAPILLA SACRAMENTAL

Vista del tercer tramo

Detalle del tercer tramo


En el tercer tramo, a los lados de la cancela de la Capilla Sacramental destacan dos fresco de la vida de la Virgen y un cuadro del que no tengo información.

Cancela de la Capilla Sacramental

Visitación de la Virgen a su prima Isabel

Cuadro

Anunciación


La capilla Sacramental es un amplio espacio que se extiende desde el transepto hasta la puerta lateral del templo. En origen estuvo dedicada a la Virgen del Rosario, pero con el traslado de la parroquia a este edificio pasó a asumir funciones sacramentales, adquiriendo desde entonces su actual advocación y uso litúrgico.

En el muro frontal, frente a la entrada, se dispone una vitrina que alberga la extraordinaria Custodia Procesional, una de las piezas más destacadas del ajuar parroquial. Con una altura de 2,25 metros, comenzó a realizarse en 1678 por Cristóbal Sánchez de la Rosa, fue continuada por Juan Laureano de Pina y concluida en 1790 por Blas Amat y Cortés. La custodia pertenece a la hermandad Sacramental de la parroquia y destaca tanto por sus proporciones monumentales como por la riqueza de su ejecución.

Custodia procesional


La capilla está presidida por un retablo fechado en 1817, obra original de Miguel Albín. Se estructura en banco, cuerpo principal y ático. El banco lo compone una mesa de altar cuyo frontal se decora con una columnata que encuadra florones, acompañada de puertas laterales. Sobre la mesa se sitúa un sagrario de plata de finales del siglo XVIII, realizado por Blas Amat y restaurado en 1954 por Fernando Marmolejo.

Todo el retablo presenta una policromía que imita mármoles, con perfiles y detalles resaltados en dorado.

Retablo

Sagrario


El cuerpo del retablo se organiza mediante cuatro columnas de fuste estriado y orden corintio, que articulan una calle central y dos entrecalles. La calle central, ligeramente adelantada, acoge un camarín con baldaquino interior formado por arcos de medio punto apoyados en columnas. En su interior se venera una imagen de la Inmaculada Concepción (ver) del siglo XVIII, atribuida a Benito Hita y Castillo (ver) que procesiona en la procesión del Corpus.

Detalle del baldaquino que aloja a la Inmaculada

Inmaculada Concepción

Detalles de la Inmaculada

Detalles de la Inmaculada

En las entrecalles se disponen dos esculturas de los arcángeles San Miguel (ver) y San Rafael (ver), datadas a finales del siglo XVII y atribuidas a Pedro Roldán (ver)

San Rafael 

Detalle

San Miguel

Detalle


El conjunto se remata con un ático presidido por un relieve de la Santísima Trinidad, obra de Manuel María Fernández, flanqueado por columnas pareadas de orden corintio y fustes estriados. 

Santísima Trinidad


Sobre el entablamento del cuerpo, en los extremos, se sitúan los ángeles realizados por Patroni, colocados sobre ménsulas. 

Ángel de Patroni

Ángel de Patroni

En los laterales del retablo destacan dos ángeles lampararios obra de Pedro Roldan (ver).

Ángel lamparario

En el mismo muro de la entrada, a la derecha según se accede a la capilla, se conservan dos notables pinturas de Francisco de Zurbarán. 

Muro con las dos pinturas de Zurbarán

La primera representa la curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleáns por intercesión de la Virgen. En la escena se muestra el momento en que la Virgen María, acompañada por santa Cecilia y santa Catalina, se aparece junto al lecho del religioso dominico, gravemente enfermo a causa de unas fiebres que amenazaban su vida. Tras ungirle la cabeza, Reginaldo queda completamente restablecido, subrayándose el carácter sobrenatural del episodio.

Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleáns por intercesión de la Virgen

La segunda obra alude a la entrega milagrosa del verdadero retrato de santo Domingo en el monasterio de Soriano. La escena sitúa al espectador en la noche del 15 de septiembre de 1530, cuando la Virgen María, acompañada de santa María Magdalena y santa Catalina, se apareció en el convento dominico de Soriano, en Calabria, al hermano sacristán fray Lorenzo da Grottaria. Las santas le entregaron un lienzo con la imagen de santo Domingo, ordenándole colocarlo sobre el altar. Desde aquel momento, la pintura fue objeto de una intensa devoción, recibiendo el favor y el patronazgo de nobles, monarcas y pontífices, lo que contribuyó al notable engrandecimiento del santuario.

Verdadero retrato de santo Domingo en el monasterio de Soriano

En una segunda visita se situaban en este lugar los cuatros de los cuatro evangelistas.

Mateo y el Ángel

Marcos y el León

Juan y el Águila

Lucas y el Buey

En esta capilla se localiza también la sepultura de don Francisco Arias de Saavedra, que fue ministro de Carlos III, cuyo enterramiento refuerza el valor histórico y simbólico de este espacio dentro del conjunto del templo.

Sepultura de don Francisco Arias de Saavedra

Sepultura de don Francisco Arias de Saavedra
Texto

Finalmente, destacamos la pila de agua bendita y la decoración del techo y las paredes.

Pila de agua bendita

Detalle de la cubierta

Detalle de las paredes

Detalle de las paredes
Detalle de las paredes

RETABLO DE LA ASUNCIÓN

Salimos de la Capilla Sacramental y, justo antes de llegar al brazo del crucero, encontramos el retablo de la Asunción de la Virgen, de autor anónimo fechado hacia 1720-40. 

Retablo de la Asunción de la Virgen


En el centro se dispone un relieve de la Asunción realizado por Juan de Mesa (ver) en 1619. Cabe destacar los ángeles, ejecutados al estilo de su maestro, Martínez Montañés.

Asunción

Detalle

Detalle de los ángeles


En el ático del retablo se sitúa otro relieve, dedicado a la Coronación de la Virgen, obra del mismo autor.

Coronación de la Virgen


RETABLO DEL SAGRADO CORAZÓN

Crucero, brazo de la epístola

Crucero, brazo de la epístola

En el brazo de la epístola del crucero se encuentra, en primer lugar, el retablo barroco (primer cuarto del XVIII) del Sagrado Corazón de Jesús, atribuido a Cristóbal de Guadix, hacia 1705-1710, con una imagen moderna. 

Retablo del Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús

Detalle

La acompañan Santo Domingo, San Francisco y Santo Tomás en el ático. Escoltado por dos santos de los que no tengo información.

Santo Domingo

Detalle

San Francisco

Detalle

Santo Tomás

Santo de la derecha

Santo de la izquierda


RETABLO DE SAN JOSÉ CON EL NIÑO

Seguidamente el retablo de san José con el Niño con imagen de Martínez Montañés de hacia 1610-1620.

Retablo

San José con el Niño

Detalle de san José

Detalle del Niño


RETABLO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

Tras la Puerta de la epístola, habitualmente cerrada, podemos ver el retablo de la Virgen del Carmen (ver) con una imagen de vestir atribuida a Juan Bautista Patrone y Quartín de comienzos del siglo XIX. 

Retablo de la Virgen del Carmen

Virgen del Carmen

Detalle

Detalle
CAPILLA DE SAN ANTONIO DE PADUA

Le sigue la Capilla de San Antonio de Padua (ver), cerrada con una reja. Contiene un retablo de autor anónimo de comienzos del siglo XVIII. 

Capilla de San Antonio de Padua

Capilla de San Antonio de Padua

La hornacina central cobija una talla del titular de anónimo sevillano del primer cuarto del siglo XVII. 

San Antonio de Padua

Detalle

Detalle

En el banco del retablo hay un Ecce Homo del siglo XVII de la escuela de Ruiz Gijón y unas reliquias.

Ecce Homo

Reliquias

En el ático, la Estigmatización de Santa Catalina de Siena, titular anterior de esta capilla, como lo podemos leer en la reja, le acompaña Santa María Magdalena y Santa Bárbara.

Estigmatización de Santa Catalina de Siena

Santa María Magdalena

Santa Bárbara

En una segunda visita, en las calles laterales vemos dos santos de los que no tengo información.

Santos laterales

Detalle

Santos laterales
Detalle

En la pared un cuadro de la Adoración de los pastores junto a dos frescos imposibles de fotografiar a través de la cancela.

Adoración de los pastores

HORNACINA DE SANTA MONICA

Entre la capilla de San Antonio de Padua y la siguiente se sitúa una hornacina con una imagen, obra de anónimo sevillano, de Santa Mónica, de la segunda mitad del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldan.

Hornacina

Santa Mónica

Detalle

CAPILLA DE LA HERMANDAD DEL CALVARIO

La última de las capillas de la epístola es la del Santísimo Cristo del Calvario, dedicada originariamente a Santo Domingo de Guzmán, cerrada con una gran reja.

Capilla del Santísimo Cristo del Calvario

Retablo del Santísimo Cristo del Calvario

El retablo es obra de Cristóbal de Guadix 1707 para lo orden Tercera dominica.  Preside el retablo un espectacular crucificado del Calvario (Cristo muerto) obra de Francisco Ocampo 1611-1612 (ver) y la Virgen de la Presentación, hacia 1820-1830, junto con San Juan Evangelista de 1821, ambos de Juan de Astorga (ver), bajo la que se venera el Lignúm Crucis, que apareció en el interior del Cristo coincidiendo con su restauración.

Santísimo Cristo del Calvario

Detalle del rostro

Detalle del paño de pureza

Visión frontal de los pies

Virgen de la Presentación

Virgen de la Presentación

Detalle de la Virgen

Detalle de la Virgen
Detalle de la Virgen
Detalle de la Virgen

San Juan Evangelista

Detalle


En el ático, el relieve de la entrega del Rosario por la Virgen a santo Domingo y a santa Catalina de Siena, del siglo XVIII, y la figura alegórica de la Caridad. 

Ático superior

Figura de la Caridad

Ático del retablo 

Entrega del Rosario por la Virgen a santo Domingo y a santa Catalina de Siena

Entrega del Rosario por la Virgen a santo Domingo y a santa Catalina de Siena

Detalle de las cabezas de querubines


En los laterales el apóstol Santiago y el arcángel San Rafael.

Santiago

San Rafael

Ángel lateral


En los muros hay dos altares vitrinas con santos dominico y franciscano y los cuadros representando la Anunciación y la adoración de los Reyes, Elías en el carro de fuego y Moisés en el Sinaí, imposibles de fotografiar. 

Pared lateral izquierda

Vitrina con santo dominico

Pared lateral derecha

Vitrina con santo franciscano

Anunciación

Adoración de los Reyes

Presbiterio

El presbiterio se abre con una nota solemne marcada por dos ángeles lampadarios situados a la entrada, esculturas atribuidas a Pedro Roldán, que sostienen luminarias y subrayan el carácter ceremonial del espacio sagrado.

Ángel lamparario

Ángel lamparario

La bóveda de la capilla mayor está dedicada al Triunfo de la Fe, un amplio programa pictórico ejecutado por Lucas Valdés. La escena representa la victoria de la fe católica sobre la herejía, simbolizando la defensa doctrinal llevada a cabo por los frailes dominicos. En el centro aparece la Fe como figura alegórica, flanqueada por los arcángeles san Miguel y san Rafael, rodeados de ángeles y músicos que refuerzan el carácter celestial de la composición. Bajo este conjunto de nubes se sitúan los dos grandes santos de la orden: Domingo de Guzmán, con una espada en llamas como símbolo de la predicación ardiente, y Tomás de Aquino, portando palma y pliego, atributos de su sabiduría y martirio intelectual. 

Cúpula del presbiterio

Triunfo de la Fe

Detalle del Triunfo de la Fe

Domingo de Guzmán

Tomás de Aquino

En las esquinas de la bóveda, cuatro medallones aluden a los continentes entonces conocidos, subrayando la vocación universal de la fe.

Asia

América

Europa

África


Los muros laterales presentan dos elegantes portadas de mármol rojo que conducen a la sacristía. Cada una está presidida por una alegoría: la Esperanza, a la derecha, y la Caridad, a la izquierda, virtudes teologales que completan el mensaje doctrinal del conjunto.

Muro lateral

Esperanza

Caridad


El presbiterio se completa con dos grandes lienzos del pintor sevillano Matías de Arteaga y Alfaro, fechados en el siglo XVIII. En el lado de la epístola se representa a David y el traslado del Arca de la Alianza, mientras que en el lado del evangelio se muestra la ofrenda del pueblo de Israel en el Templo de Jerusalén, también conocida como la ofrenda de los panes por Melquisedec o La reconstrucción del templo de Jerusalén en tiempos del profeta Ageo. Ambas escenas refuerzan el paralelismo entre el Antiguo Testamento y la liturgia cristiana.

David y el traslado del Arca de la Alianza

Ofrenda de los panes por Melquisedec

Las paredes del presbiterio y su prolongación hacia la nave principal están decoradas con imágenes de santos de la Orden de Predicadores, configurando un discurso visual de exaltación dominica, como ya hemos comentado en el análisis general del interior del templo. 

En las esquinas se sitúan las figuras de los cuatro evangelistas, pilares de la transmisión del mensaje cristiano.

Mateo y el Ángel

Lucas y el Buey

Marcos y el León

Juan y el Águila

En la esquina del presbiterio con el crucero del lado del evangelio, se alza un magnifico pulpito

Pulpito

Pulpito

Detalle del pulpito

Detalle del pulpito

Altar Mayor

En 1577, el prior del convento encargó el primer retablo mayor a Juan Bautista Vázquez el Viejo y Miguel de Adán, obra que permaneció en el templo hasta aproximadamente el año 1700. El retablo actual puede fecharse entre 1709, cuando finalizaron las obras, y 1724, año de su consagración. Se ha relacionado su diseño con Leonardo de Figueroa y su ejecución escultórica con Pedro Duque Cornejo (ver).

Se trata de un retablo de enormes dimensiones, el segundo mayor de la ciudad tras el de la catedral, con unos 160 metros cuadrados de superficie y dieciocho metros de altura. Su programa iconográfico exalta a la Orden de Predicadores mediante la representación de sus santos más significativos.

Consta de banco y dos cuerpos, organizados en tres calles separadas por columnas salomónicas. Fue restaurado en 2012 con el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Retablo Mayor

En la calle central se sitúa, en la parte inferior, el tabernáculo, que alberga una delicada Inmaculada de pequeño formato procedente del virreinato de Nueva España (México), fechada en el siglo XVIII. 

Inmaculada

Sagrario

Sobre ella se alza la escultura de santa María Magdalena, titular del templo, realizada en 1704 por Felipe Malo de Molina, imagen que ya presidía la primitiva iglesia bajo la misma advocación. 

Hornacina con Santa María Magdalena

Santa María Magdalena

Detalle

El resto de las esculturas del retablo se atribuyen a Pedro Duque Cornejo y fueron ejecutadas entre 1709 y 1724.

En la parte superior se encuentra una escultura anónima de san Pablo, datada a comienzos del siglo XVII. Este apóstol fue titular del antiguo templo dominico y cedió posteriormente su hornacina a la imagen de la Magdalena, reflejando la evolución histórica y devocional del conjunto.

Hornacina con San Pablo

San Pablo

Detalle

En el ático se representa la conversión de San Pablo en el camino de Damasco y a los lados Santa Rosa y Santa Catalina, y bordeando el conjunto un rosario portado por Ángeles.

Detalle del ático del retablo

Conversión de San Pablo en el camino de Damasco

Santa Rosa

Santa Catalina


En los laterales, figuran esculturas de santos relacionados con la orden dominica, San Pío V y San Benedicto XI, en el segundo cuerpo, y San Francisco y Santo Domingo de Guzmán en el primero. 

San Pío V

San Benedicto XI

San Francisco

Detalle de san Francisco

Santo Domingo de Guzmán

Detalle de Santo Domingo de Guzmán


Nave del Evangelio


Nave del evangelio desde la nave central

Tras completar el presbiterio y el altar mayor, pasamos al crucero del lado del evangelio.

Crucero, brazo del evangelio

Crucero, brazo del evangelio

CAPILLA DE LA VIRGEN DEL AMPARO

La capilla dedicada a la Virgen del Amparo se encuentra cerrada por una reja datada en el primer cuarto del siglo XVIII, elemento que, además de delimitar el espacio sagrado, aporta un notable valor artístico al conjunto. 

Capilla de la Virgen del Amparo

En su interior destaca un imponente retablo barroco del siglo XVIII, atribuido a Cristóbal de Guadix, ricamente ornamentado y articulado mediante columnas salomónicas que refuerzan la sensación de movimiento y solemnidad propia de este estilo.

Retablo

En el centro del retablo, dentro de un camarín revestido con azulejería decorativa, se venera la imagen de la Virgen del Amparo, atribuida al escultor flamenco Roque Balduque (ver) y fechada en el siglo XVI (hacia 1555). La talla procede de la antigua parroquia y presenta a la Virgen con el Niño Jesús en brazos. En su mano derecha sostiene un corazón alado, atributo característico de esta advocación que simboliza la prontitud y misericordia de María para socorrer a quienes acuden a ella en momentos de aflicción.

Virgen del Amparo

Detalle de la Virgen del Amparo

Detalle de la Virgen del Amparo

Detalle del corazón alado

A los pies de la Virgen se dispone una imagen del Niño Jesús, reforzando el mensaje de la Sagrada Familia y la genealogía mariana.

Niño Jesús

En el ático del retablo aparecen un relieve de Jesús con la cruz camino del Calvario y debajo la Anunciación con san Joaquín y santa Ana a los lados.

Ático

Detalle de Jesús

Ático
Anunciación

San Joaquín 

Santa Ana

El conjunto iconográfico que rodea a la imagen principal incluye diversas esculturas de santos. A uno de los lados se sitúan las figuras de san Gabriel —aunque algunos estudiosos sugieren que podría tratarse de san Miguel—, san Hermenegildo y san José. 

San Hermenegildo

Detalle de San Hermenegildo

San José

Detalle de San José


Los muros de la capilla conservan restos de decoración mural al fresco, así como vitrinas y figuras de ángeles que enmarcaban antiguos cuadros hoy desaparecidos. Entre las pinturas murales se identifican cuatro santos dominicos, aunque su reconocimiento resulta complejo; entre ellos se distingue con mayor claridad el beato Francisco de Posadas y, probablemente, san Pedro Mártir y santo Domingo de Guzmán.

Pared derecha

Flagelación

Ecce Homo

Santos dominicos

Santos dominicos

Hornacina

Pared izquierda

Coronación de Espinas

Santos dominicos

Santos dominicos
Santos dominicos

Hornacina

En los arcos de acceso se conservan frescos de notable interés iconográfico. En ellos se representan escenas del Antiguo Testamento, como Moisés elevando la serpiente de bronce y golpeando la roca para hacer brotar agua, junto a figuras hagiográficas como santa Librada y san Dimas, el Buen Ladrón, configurando un programa simbólico centrado en la salvación, la redención y la intercesión divina.

Moisés golpeando la roca para hacer brotar agua

Moisés elevando la serpiente de bronce

Santa librada

San Dimas

HORNACINA CON SANTA ROSA DE LIMA

Le sigue una hornacina con una imagen barroca de candelero de Santa Rosa de Lima (ver), dominica patrona de Perú y Filipinas. Anónimo sevillano del último cuarto del siglo XVII.

Hornacina con Santa Rosa de Lima

Santa Rosa de Lima

Detalle de Santa Rosa de Lima

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA ANTIGUA

A continuación, se encuentra la capilla conocida como de la Milagrosa, que en otro tiempo estuvo dedicada a san Pablo y actualmente lo está a la Virgen de la Antigua. 

Vista de la Capilla

El espacio se cierra mediante una reja fechada en 1723 y alberga un notable retablo barroco del siglo XVIII. 

En su centro se dispone una imagen de la Virgen Dolorosa, arrodillada y tallada de cuerpo entero —no concebida como imagen de vestir—, atribuida a Pedro Roldán en el siglo XVII. La figura aparece con las manos entrelazadas y la mirada elevada, acentuando su expresión de recogimiento y dolor.

Virgen Dolorosa de la Antigua

Detalle de la Virgen Dolorosa de la Antigua

Detalle de la Virgen Dolorosa de la Antigua

Detalle de las manos

Esta advocación fue titular de la antigua Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores, fundada en el siglo XVI y muy arraigada en la devoción popular, aunque desaparecida a comienzos del siglo XIX. En sus procesiones acompañaba a un Nazareno que hoy se identifica con el Cristo de la Salud de la Hermandad de la Candelaria, con sede en la parroquia de San Nicolás, mientras que su antiguo palio pasó a ser utilizado por la Virgen del Valle.

Tras la extinción de la corporación, la imagen fue trasladada al convento, dejando vacía su primitiva capilla situada en el compás del cenobio. Dicho espacio sería posteriormente cedido a la hermandad de Montserrat, donde en la actualidad radica la Hermandad del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat.

Junto al retablo se disponen relieves que representan episodios de la vida de san Pablo, entre ellos su martirio y su ascensión al cielo. 

Martirio de san Pablo

Ascensión al cielo de san Pablo

En el ático aparecen dos pequeñas esculturas que podrían corresponder a san José de Calasanz y santa Rita. Los muros conservan varios lienzos de difícil identificación debido a su avanzado deterioro.

Ático

Detalles del ático
Detalles del ático

San José de Calasanz

Santa Rita


RETABLO DE SAN JOAQUIN, SANTA ANA Y LA VIRGEN

Al lado de la puerta de la Sacristía se presenta un retablo del siglo XVII con un grupo escultórico San Joaquín, Santa Ana y la Virgen. 

San Joaquín es obra de García Ramos, siglo XVIII, y la Virgen y el Niño están atribuidas a Ruiz Gijón (ver), de la segunda mitad del siglo XVII, entre 1675 y 1678.

Retablo de la Sagrada Familia

Retablo de la Sagrada Familia

Detalle de la Sagrada Familia

Detalle de Santa Ana

Detalle de san Joaquín 

Detalle de la Virgen Niña


RETABLO DE LA VIRGEN DE LAS FIEBRES

Al otro lado de la puerta de la sacristía se venera la Virgen de las Fiebres, una delicada escultura atribuida a Juan Bautista Vázquez el Viejo (ver) y fechada en 1565, considerada una de las representaciones marianas más notables del Renacimiento sevillano. 

Retablo

Retablo

La imagen presenta a María sosteniendo al Niño sobre el brazo izquierdo, mientras con la mano derecha recoge un pliegue del manto, gesto que aporta elegancia y naturalidad a la composición.

La serenidad de los rostros y el refinado tratamiento de los paños reflejan la influencia de los modelos clásicos y la sensibilidad estética propia del momento.

Virgen de las Fiebres

Detalle de la Virgen de las Fiebres

Detalle de la Virgen de las Fiebres

Detalle del Niño

Detalle de la mano derecha de la Virgen de las Fiebres


La tradición piadosa vincula esta advocación con un episodio protagonizado por el rey Pedro I de Castilla

Según la leyenda, cuando el monarca cayó gravemente enfermo, su madre, María de Portugal, imploró la intercesión de la Virgen de las Fiebres, cuya primitiva imagen —una escultura de terracota situada en el claustro conventual— se perdió tras un derrumbe. 

Como muestra de gratitud por la curación del rey, la reina prometió ofrecer una estatua de su hijo representado en actitud orante, realizada en plata. 

Restablecido el monarca, ambos cumplieron el voto y entregaron la obra para que se colocara a los pies de la Virgen.

Sin embargo, los avatares políticos alteraron el destino de la ofrenda. La victoria de Enrique II de Castilla hizo poco conveniente mantener la efigie del monarca depuesto, por lo que fue retirada y desapareció con el tiempo, sin que se haya conservado noticia cierta de su paradero.

Así, la devoción a la Virgen de las Fiebres pervive hoy despojada de aquel exvoto, pero enriquecida por la memoria histórica y el arraigo popular que acompañan a esta singular advocación mariana.

RETABLO DEL NAZARENO DE LAS FATIGAS

Le sigue el retablo barroco del Nazareno de las Fatigas de Cristóbal de Guadix. Retablo tallado con imágenes de la vida de san pablo que se situaba antes en la Capilla de la Milagrosa.

Retablo

Retablo

El Jesús fue esculpido por Gaspar del Águila y policromado por Antonio de Alfián en 1587.

Porta una cruz de carey con marco de plata. Proviene de la antigua parroquia de Santa María Magdalena y fue conocido primero, simplemente, como Cristo con la cruz a cuestas y Cristo de la Magdalena entre los siglos XVI y XVIII, y como Nazareno de las Fatigas posteriormente.

Nazareno de las Fatigas 

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

Detalle de la mano derecha apoyada en la rodilla

Detalle del pie derecho

Detalle del pie izquierdo

Fue restaurado por Francisco Berlanga de Ávila, bajo la asesoría del Doctor en Historia del Arte José Roda Peña en el ano 2010.

Le acompañan Santo Domingo y San Antonio Abad. 

Santo Domingo 

Detalle

San Antonio Abad

Detalle 

Detalle del cerdo y el libro de San Antonio Abad


En el ático las imágenes de San Miguel, con dos Santos dominicos.

Detalle del ático

San Miguel

Detalle 

Santos dominicos

Santos dominicos

RETABLO DE LA VIRGEN DEL BUEN CONSEJO

Primer tramo del evangelio, desde el presbiterio


Terminado el crucero, pasamos a la nave del evangelio y la derecha hay un trampantojo que representa la entrada en el Claustro, que estaba en este lugar. 

Trampantojo

Y a continuación, el retablo de la Virgen del Buen Consejo, devoción de Pio XII, con el relieve de la Virgen del Buen Consejo que tallara el imaginero neobarroco Sebastián Santos Rojas (ver) en 1950.

Retablo de la Virgen del Buen Consejo

Hornacina con la Virgen del Buen Consejo 

Virgen del Buen Consejo 

Detalle


La acompaña Santa Bárbara y Santa Catalina en las calles laterales.

Santa Bárbara

Santa Catalina


En el ático, el relieve del sueño de la madre de Santo Domingo Santa, Juana de Aza, entre Santa Catalina de Siena y Santa Teresa.

Detalle del ático

Sueño de la madre de Santo Domingo 

Santa Catalina de Siena

Santa Teresa


En el muro, en torno al retablo, hay uno cuadros, entre ellos, de María Magdalena y unos frescos representando el descendimiento de Cristo y camino del Calvario.

María Magdalena

Aparición en 1.208 de la Virgen a Santo Domingo 


Descendimiento

Camino del Calvario


ALTAR DE LAS ANIMAS

Segundo tramo del evangelio, desde el presbiterio


A continuación, el Altar de las Ánimas, que en realidad es un retablo-marco con un lienzo de las Ánimas del Purgatorio de Vicente Alanís Espinoza, del siglo XVIII, hacia 1765-1769, perteneciente a la Hermandad Sacramental.

Retablo

Detalle de la parte superior

Detalle de la parte superior

Detalle superior-izquierda

Detalle superior-derecha

Detalle de la zona inferior

Detalle de la zona inferior-derecha

Detalle de la zona inferior-izquierda


En una hornacina, a los pies del cuadro, las imágenes de Cristo atado a la columna con san Pedro.

Cristo atado a la columna con san Pedro


En la parte superior, el cuadro de la Piedad del siglo XVII, y a los lados otros dos cuadros de Santa María la Mayor y Santo Tomas de Aquino.

Piedad

Santa María la Mayor

Santo Tomas de Aquino 


Rodeando el altar vemos yeserías adornando los frescos de la Coronación de Espinas y de los Azotes de Cristo.

Coronación de espinas 

Flagelación


RETABLO DE LA INMACULADA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA

Último tramo del evangelio


Seguidamente, un retablo barroco rococó de Sebastián Jiménez de 1725 presidido por una imagen moderna de la Inmaculada de Virgen de la Medalla Milagrosa

Retablo

Cuerpo principal

Inmaculada de Virgen de la Medalla Milagrosa

Detalle


A su lado imágenes de Santo Tomás de Aquino y otro santo dominico.

Santo Tomás de Aquino

Santo dominico


Destaca en el ático el relieve de la Aparición en 1.208 de la Virgen a Santo Domingo en el monasterio de Prouilhe.

Ático

Aparición en 1.208 de la Virgen a Santo Domingo en el monasterio de Prouilhe


CAPILLA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO

Al fondo de la nave, junto al coro, se encuentra esta capilla cerrada con reja, de retablo neoclásico con imagen de vestir de la Virgen del Rosario, obra de Cristóbal Ramos (ver) de finales del siglo XVIII, en torno a 1787.

Fue la titular de la primera hermandad rosariana de San Pablo, que tuvo su época de esplendor en los siglos XVII y XVIII, y actualmente fusionada con la Hermandad de Montserrat.

Vista de los pies de la nave del evangelio

Capilla de la Virgen del Rosario

Retablo

Virgen del Rosario

Detalle de la Virgen del Rosario

Detalle de la Virgen del Rosario

A su lado, las imágenes de san Francisco de Paula y María Magdalena, y a los pies la Virgen de Montserrat.

San Francisco de Paula

Detalle

María Magdalena

Detalle

Virgen de Monserrat


En el ático una imagen de la Sagrada Eucaristía y dos ángeles.

Ático

Sagrada Eucaristía

Ángel

Destacan las pinturas al fresco de Lucas Valdés sobre los muros, con temas relacionados con la Orden de Santo Domingo, los misterios del rosario y los apóstoles, realizadas entre 1710 y 1715. Muchas de ellas se encuentran muy deterioradas. 

Cuadro del ángel de la guarda

En un nivel superior, por encima de la capilla, se muestra un magnifico Tenebrario. con el perro con la antorcha en la boca símbolo de Santo Domingo de Guzmán. 

Tenebrario

Pies de la nave central

A los pies de la nave principal destaca el coro y el magnífico soto-coro, cerrado también con reja, que perdió su sillería original, y se nos presenta  bellamente decorado con frescos y pinturas.

Vista de los pies del templo

Vista del sotocoro


Al fondo, en sendas hornacinas, se encuentran las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y Nuestra Señora del Rosario, atribuidas a Pedro Roldán.

Santo Domingo de Guzmán

Detalle

Nuestra Señora del Rosario 

Detalle


En los muros hay pinturas de santos eremitas como San Jerónimo o San Gil.

San Gil

San Jerónimo

Santo eremita


Santo eremita

En la bóveda frescos representando escenas del antiguo testamento obras de Lucas Valdés.

Bóveda

Detalle de la zona central de la bóveda

Pechina: Ocvli Mei Semper ad Dominvm

Pechina: Voce Mea ad Dominvm Clamavi

Pechina: Purgation Nem Pecatorvm Faciens

Pechina: Dilectvs Mevs mi HiEt Ego Illi


El Diluvio Universal y el Arca de Noé


Moisés y las tablas de la Ley


Sobre el coro vemos dos magníficos órganos.

Vista del coro alto y los dos órganos

Detalle de órgano

Detalle de órgano

Óculo con vidriera

Óculo con vidriera
Vía Crucis

I y II


III y IV


V y VI


VII y VIII

IX y X
XI y XII
XIII y XIV

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