AREA CENTRO 1
Palacio de San Telmo.
HISTORIA
El Palacio de San Telmo es uno de los
edificios más representativos de Sevilla y
una de las obras maestras del barroco civil español. Su historia se extiende a
lo largo de más de tres siglos y refleja la evolución de la ciudad, desde su
estrecha relación con la navegación y el comercio de Indias hasta convertirse
en la actual sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.
Vista aérea
Sus orígenes se remontan a 1681, cuando
el rey Carlos II autorizó la creación de un colegio-seminario destinado a la
formación de huérfanos de marineros. La institución dependía de la Universidad
de Mareantes, creada en 1556, encargada de regular la navegación hacia América
y de formar pilotos para las rutas ultramarinas.
En aquellos años Sevilla comenzaba a
perder el monopolio comercial con las Indias en favor de Cádiz, debido a las
dificultades que suponía para los grandes galeones remontar el Guadalquivir
desde Sanlúcar, aunque la ciudad seguía conservando una intensa actividad
marítima y mercantil.
En un principio se pensó construir el colegio en el barrio
de Triana, en las casas que esta institución tenía en Triana
desde 1573, junto a la desaparecida capilla de
Nuestra Señora del Buen Aire, en la calle Larga (actual calle Pureza), pero el espacio resultó insuficiente. En 1780 se construyó en esa parcela
de Triana la Casa de las Columnas, que desde 1993 es un centro cívico municipal.
Finalmente, se eligieron unos terrenos
situados extramuros, frente a la Puerta de Jerez, conocidos como el haza de San
Telmo y pertenecientes al Tribunal de la Inquisición. Las obras comenzaron en
1682 siguiendo un diseño monumental concebido como un gran rectángulo con
torres en las esquinas y fachada principal orientada hacia el oeste.
La construcción avanzó lentamente por
la falta de recursos económicos. A finales del siglo XVII apenas se había
levantado una parte del edificio y las obras sufrieron continuas
interrupciones.
Dibujo de Pedro Tortolero. 1738
La gran transformación llegó en el
siglo XVIII bajo la dirección del arquitecto Leonardo
de Figueroa (ver), figura esencial del barroco andaluz. Entre 1722 y
1739 se acometió una segunda gran fase constructiva en la que se levantaron el
patio principal, la capilla y la monumental portada barroca. Tras la muerte de
Leonardo continuó las obras su hijo Matías José de Figueroa.
Las obras no concluyeron
definitivamente hasta finales del siglo XVIII. En 1787 el arquitecto Lucas
Cintora retomó los trabajos y finalizó la escalera principal y otras
dependencias pendientes. El edificio quedó terminado en 1796, convirtiéndose en
una de las construcciones más destacadas de la Sevilla ilustrada.
En 1841, el palacio pasó a ser el Colegio Naval
Militar. El 1 de marzo de 1846 entró como estudiante Gustavo Adolfo
Bécquer (ver), con diez años de edad. El 7 de julio
de 1847 se suprimieron las enseñanzas en el palacio. Entre julio y octubre de
1847 fue la sede de la oficina de la Sociedad del Ferrocarril. En octubre de 1847
se convirtió en la sede del Colegio Real de Humanidades, conocido como
Universidad Literaria, que permaneció en el palacio hasta julio de 1849.
El gran cambio llegó con la adquisición del palacio por Antonio de Orleans, hijo del rey
francés Luis Felipe I, y la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de
Isabel II. Tras las revoluciones de 1848 el matrimonio abandonó Francia y se
instaló en Sevilla en el Alcázar y posteriormente compraron el Palacio de san
Telmo, se instalaron en septiembre de 1849 y lo convirtieron en el centro de
una brillante corte aristocrática conocida como “la Corte Chica”. El duque
aspiraba al trono español y utilizó la ciudad como escenario de su intensa
actividad política y social.
Durante esta etapa el arquitecto
Balbino Marrón (ver) acometió importantes reformas que dieron al edificio
parte de su aspecto actual. Se terminaron nuevas fachadas, se levantó la torre
norte, se construyó el apeadero y se habilitaron fastuosos salones para
recepciones y bailes. El palacio llegó a contar con adelantos poco frecuentes
en la época, como agua corriente, electricidad, telégrafo y embarcadero privado
sobre el Guadalquivir.
Embarcadero
Los jardines abarcaban
las huertas de la Isabela y del antiguo convento de San Diego y alcanzaron
entonces gran esplendor gracias al diseño del jardinero francés André Lecolant.
Aquellas extensas zonas verdes serían posteriormente el origen del actual Parque de María Luisa. También datan de esta
época las esculturas de doce sevillanos ilustres realizadas por Antonio Susillo (ver) para decorar la fachada norte
del edificio.
Templete en la Isla
de los jardines del palacio de San Telmo, donde según la tradición Alfonso XIII
cortejó a su prima María de la Mercedes. Fotos de Rober Peter Nappe
El palacio
fue escenario de importantes acontecimientos históricos y sociales. En sus
salones se celebró la petición oficial de matrimonio entre el rey Alfonso XII y María de las Mercedes, hija de los
duques de Montpensier, episodio que acabaría convirtiéndose en uno de los
romances más populares de la monarquía española. María de las Mercedes se casó
en enero de 1878 y falleció en junio del mismo año.
Tras la muerte del duque, en 1890 en Sanlúcar de Barrameda, la infanta María Luisa donó gran parte de los jardines a la ciudad,
dando origen al Parque de María Luisa. En 1893, Juan Talavera de la Vega
realizó un pabellón mudéjar, conocido como Costurero de la Reina (ver), para que fuese empleado por los
guardas del recinto.
María
Luisa Fernanda falleció en 1897. El palacio fue donado al Arzobispado de
Sevilla y fue convertido en seminario
diocesano.
Durante buena parte del siglo XX el edificio sufrió
profundas alteraciones arquitectónicas para adaptarlo a sus nuevas funciones.
Los arquitectos José María de Basterra y José Galnares Sagastizábal (ver) modificaron radicalmente la distribución barroca original, eliminando
patios y dependencias históricas para crear espacios más amplios y funcionales.
Partido
de futbol en el campo que existía en los jardines de Palacio San Telmo durante
la época que fue seminario. Año 1.975.
A estas
reformas se sumaron incendios, pérdidas patrimoniales y nuevas intervenciones
que desfiguraron considerablemente el conjunto. Incluso los jardines fueron
parcialmente transformados y reducidos. El deterioro progresivo del edificio
llevó finalmente al Arzobispado a cederlo a la Junta de Andalucía en 1989.
Incendio en el
Palacio de San Telmo en el tiempo que era seminario diocesano. La biblioteca
salvó sus 30.000 volúmenes gracias a la ayuda de soldados de ingenieros y una
sección de infantería
Tras varias
campañas de restauración, el arquitecto Guillermo
Vázquez Consuegra dirigió una profunda rehabilitación entre 2005 y 2010.
Su intervención recuperó numerosos elementos barrocos y decimonónicos, eliminó
añadidos modernos de escaso valor y devolvió parte de la distribución histórica
al edificio. Además, incorporó soluciones contemporáneas claramente
diferenciadas de las estructuras originales, permitiendo distinguir con
claridad las distintas etapas históricas del palacio.
En la actualidad, el Palacio de San
Telmo constituye una de las grandes joyas monumentales de Sevilla. Su
arquitectura resume siglos de historia vinculados al mar, a la nobleza, a la
Iglesia y a la política andaluza, convirtiéndolo en uno de los edificios más
significativos del patrimonio histórico español.
Palacio de san Telmo
EXTERIOR
El esquema y disposición original quedaron trazados en las primeras fases de la obra, en 1681. Se trataba de un gran rectángulo, con torres en las esquinas y facha principal en el lado oeste.
Vista
general
Palacio
de San Telmo. Al fondo, la Puerta de Jerez, aunque duró muy poco en esa
configuración ca.1860
Vista
de la fachada oeste
La portada principal del Palacio de San Telmo constituye una de las obras
más sobresalientes del barroco churrigueresco sevillano y un magnífico ejemplo
de la riqueza ornamental alcanzada por la arquitectura andaluza del siglo
XVIII. Concebida como un gran escenario simbólico, esta fachada no solo servía
de acceso al antiguo colegio seminario destinado a la formación de navegantes,
sino que también expresaba el poder de la monarquía, la protección religiosa y
la importancia de Sevilla como ciudad vinculada al mar y al comercio
ultramarino.
La portada fue concluida en 1734,
aunque su parte superior sería modificada algunas décadas después, entre 1775 y
1776. Su composición se organiza en tres cuerpos superpuestos, articulados
mediante columnas, esculturas y abundantes relieves que crean un conjunto
dinámico y monumental. Toda la decoración gira en torno al mundo marítimo,
recordando la función original del edificio como institución dedicada a
preparar a los marinos que participaban en las rutas oceánicas de la Corona
española.
Esquema de la portada
Portada principal
En el primer cuerpo se abre la puerta
principal, enmarcada por columnas y adornada con una profusa decoración
escultórica. Los relieves y motivos ornamentales muestran la exuberancia propia
del barroco sevillano, donde las superficies parecen casi disolverse bajo la
riqueza decorativa.
Detalle del primer cuerpo
Detalle de las columnas
El segundo cuerpo se organiza alrededor
de un gran balcón sostenido por figuras de atlantes, esculturas masculinas que
actúan como soporte simbólico del conjunto. A ambos lados aparecen columnas
jónicas y una extraordinaria serie de doce esculturas femeninas que representan
las enseñanzas impartidas en el colegio. Estas alegorías encarnan disciplinas
fundamentales para la navegación y las ciencias de la época: Aritmética,
Geometría, Trigonometría, Náutica, Astronomía, Cosmografía, Hidrografía,
Pintura, Escultura, Arquitectura, Artillería y Planimetría. La presencia de
estas figuras convierte la portada en una auténtica exaltación del conocimiento
científico y técnico vinculado a la navegación oceánica.
Sobre el balcón destaca un medallón con
la efigie de Felipe V, monarca bajo cuyo
reinado se levantó la portada. Su presencia subraya el patrocinio real sobre la
institución y la estrecha relación entre la Corona y la formación naval en la
España borbónica.
Detalle
del balcón
Balcón
balaustrado con figuras de atlantes
Pintura,
Geografía, Trigonometría, …
Aritmética,
Astronomía, Escultura,….
El tercer cuerpo presenta columnas
corintias y una composición de marcado sentido simbólico y religioso. En él
aparecen las figuras de San Fernando y San Hermenegildo (ver), dos santos profundamente ligados a la historia
espiritual y política de Sevilla. Entre ambos, ocupando el arco central, se
sitúa San Telmo (ver), protector de los marineros y titular del colegio. La
disposición de estas imágenes refuerza la idea de una institución amparada
tanto por la monarquía como por la fe.
San Fernando
San Hermenegildo
San Telmo
Entre las columnas del tercer cuerpo
puede leerse una extensa inscripción conmemorativa que recuerda a las
autoridades y benefactores responsables de la construcción. El texto menciona
el reinado de Felipe V y cita a personajes como Manuel de Torres, juez
conservador del colegio, así como a Gregorio de los Ríos, Juan Sánchez y Pedro
Hernández Colarte, vinculados a la Universidad de Mercaderes y a las órdenes
militares de Calatrava y Santiago. La inscripción deja constancia del orgullo
institucional con el que fue levantada esta portada, concebida desde su origen
como una obra representativa del prestigio de Sevilla y de su relación
histórica con el mar.
En la parte superior se encuentran dos
esculturas sedentes portando cornucopias, símbolos tradicionales de abundancia
y prosperidad. Todo el conjunto culmina así en una representación alegórica del
éxito, la riqueza y la protección divina asociadas al comercio marítimo y a la
navegación.
Detalle
de escultura sedente portando cornucopias
Detalle
de escudo
En 1895 quedó concluida la fachada
norte, coronada por una destacada galería escultórica compuesta por doce
figuras de sevillanos ilustres —ya fuera por nacimiento o por su estrecha
vinculación con la ciudad— realizadas por el escultor Antonio Susillo (ver). Este conjunto rinde homenaje a algunas de las
personalidades más relevantes de la historia cultural, artística y militar de
Sevilla. Entre ellas se encuentran Juan Martínez
Montañés, natural de Alcalá la Real; Rodrigo
Ponce de León y Núñez, nacido en Cádiz; Diego
Velázquez; Miguel Mañara; Lope de Rueda; Diego
Ortiz de Zúñiga; Fernando de Herrera;
Luis Daoíz; Benito
Arias Montano, originario de Fregenal de la Sierra; Bartolomé Esteban Murillo; Fernando Afán de Ribera y Téllez-Girón y Bartolomé de las Casas.
Fachada norte
Portada del apeadero
Detalle
Bartolomé de las Casas. Religioso, historiador. Obispo de
Chiapas y defensor de los indios
Fernando Afán de Ribera y Enríquez. Duque de los Gazules y Marqués de Tarifa.
Nacido en Sevilla. Mecenas durante el reinado de Enrique IV
Bartolomé Esteban Murillo. El pintor de Sevilla
Benito Arias Montano. Teólogo y humanista
Luis Daoíz y Torres. Héroe de la Guerra de Independencia
española
Fernando de Herrera, el Divino. Poeta español del Siglo de Oro
Diego Ortiz de Zúñiga, historiador y escritor sevillano del siglo XVII
Lope de Rueda. Dramaturgo y actor profesional. Precursor
de grandes autores del Siglo de Oro
Miguel de Mañara
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Rodrigo Ponce de León y Alhama. Duque de Cádiz. Figura
clave en la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos
Juan Martínez Montañés
INTERIOR
El interior del Palacio de San Telmo constituye uno de los
conjuntos más sobresalientes de la arquitectura civil barroca sevillana, aunque
gran parte de sus dependencias no pueden fotografiarse debido a las medidas de
seguridad propias de su función institucional como sede de la Presidencia de la
Junta de Andalucía. Esta circunstancia contribuye, además, a mantener cierto
halo de exclusividad y solemnidad en torno a unos espacios donde conviven el
arte barroco, las reformas ilustradas y las restauraciones contemporáneas. Por
ello, las fotos que integran están sección no son originales sino tomadas
fundamentalmente del magnífico Blog “Leyendas de Sevilla” de Pepe Becerra (ver).
Tras cruzar la monumental portada
principal se accede al zaguán, concebido como un espacio de transición entre el
bullicio exterior y la serenidad del palacio. En su techo destaca la obra Parra
en otoño, de la pintora sevillana Carmen Laffón,
una pieza de gran sensibilidad cromática que introduce un diálogo entre el
patrimonio histórico y el arte contemporáneo. Desde este punto se abre el gran
patio principal, diseñado por el arquitecto barroco Leonardo de Figueroa.
El patio central responde al modelo
tradicional sevillano, aunque reinterpretado con una monumentalidad propia de
un edificio palaciego. Está rodeado por galerías de arcos de medio punto
sostenidos por robustos pilares cuadrados, decorados exteriormente con
pilastras y capiteles jónicos que aportan elegancia clásica al conjunto. Los
lados mayores presentan siete arcos y los menores cinco, creando una
composición perfectamente equilibrada y armónica.
Sobre este primer nivel se alza un
segundo cuerpo de ladrillo rojizo, donde balcones y pilastras corintias
enriquecen la verticalidad del espacio y producen un notable efecto
escenográfico, especialmente cuando la luz natural penetra desde el centro del
patio.
Sobre el zaguán se eleva una pequeña
espadaña con reloj, mientras que en el lado opuesto otra estructura semejante
alberga campanas vinculadas a la capilla. Estos elementos aportan verticalidad
al patio y recuerdan la estrecha relación entre la vida académica, religiosa y
marítima que caracterizó históricamente al palacio.
Vista del patio central
Doble crujía que separa los dos únicos patios que sobrevivieron a la
ocupación eclesiástica
Uno de los patios recuperados por Vázquez Consuegra
La decoración escultórica y ornamental
ocupa un lugar esencial en este ámbito. Relieves, molduras, frisos y elementos
vegetales cubren jambas y cornisas siguiendo el gusto exuberante del barroco
sevillano. El contraste entre el ladrillo visto, la piedra y la ornamentación
labrada crea una atmósfera solemne y refinada, reflejo del prestigio que tuvo
la institución para la que fue concebido el edificio: el antiguo Colegio
Seminario de la Universidad de Mareantes, dedicado a la formación de
navegantes.
El interior del palacio conserva
también destacadas escaleras monumentales, amplios salones de recepción y
dependencias decoradas con mobiliario histórico, tapices y obras de arte
procedentes de distintas épocas. Muchas de estas estancias fueron transformadas
durante el siglo XIX, especialmente cuando el edificio se convirtió en
residencia de los duques de Montpensier. Aquella etapa introdujo nuevos gustos
decorativos de inspiración romántica y afrancesada, visibles en algunos salones
y galerías.
La escalera principal no es imperial, pues, aunque tiene
subida y bajada separadas no se alinea con el eje principal del recinto
Salón de baile, conocido como sala de los Espejos, usado
actualmente como lugar de celebración de actos oficiales
Las
restauraciones realizadas durante finales del siglo XX y comienzos del XXI
permitieron recuperar numerosos elementos originales del edificio barroco,
integrándolos con usos administrativos contemporáneos. Gracias a ello, el
Palacio de San Telmo mantiene hoy el equilibrio entre su función institucional
y el extraordinario valor histórico y artístico que lo convierte en una de las
grandes joyas arquitectónicas de Sevilla.
CAPILLA
La capilla del Palacio de San Telmo
constituye uno de los espacios más valiosos y refinados del conjunto palaciego.
Concebida según el gusto barroco sevillano del siglo XVIII, presenta una sola
nave cubierta con bóveda de cañón y un rico programa decorativo en el que
intervinieron algunos de los artistas más destacados de la época, entre ellos
Domingo Martínez, Pedro Duque Cornejo y, ya en el siglo XIX, Antonio Cabral
Bejarano.
Vista
general desde los pies
Vista
general desde la cabecera
Detalle
del coro alto
La bóveda y
buena parte de la ornamentación mural fueron enriquecidas a mediados del siglo
XIX por Antonio Cabral Bejarano. En la cúpula destacan tres medallones ovales
con las figuras de la Virgen María, san Luis rey de Francia y san Fernando. La
unión simbólica de estos nombres —María Luisa Fernanda— alude de forma
ingeniosa a la duquesa de Montpensier, recurso alegórico muy apreciado en la
época.
El mismo pintor
realizó también una serie de lunetos con santos y santas distribuidos a ambos
lados de la nave, entre ellos santa Elena, san Juan de Dios, san Francisco de
Asís, san Carlos Borromeo o santa Isabel de Hungría, además de diversos frescos
decorativos en el coro y un frontal para el altar mayor.
Detalle de la cubierta con tres medallones
La Virgen María
San Luis rey de Francia
San Fernando
Realizamos la
visita desde los pies del templo por el muro de la epístola para alcanzar el
presbiterio y el altar mayor y continuar por la pared del evangelio. A ambos lados de la nave se distribuyen
otros cuatro retablos.
Epístola
A los pies del
muro de la epístola, destaca el lienzo que representa a Cristo bendiciendo a
los niños y posee además un notable interés histórico, ya que muestra el diseño
original de la portada del palacio concebida por Leonardo de Figueroa antes de
las modificaciones introducidas posteriormente por su hijo Matías.
Cristo bendiciendo a los niños. Domingo Martínez. 1723-26
En el lado de la Epístola se encuentran
los retablos dedicados a san Antonio de Padua y santo Tomás de Aquino.
El retablo de
san Antonio está presidido por una imagen de San Antonio y a los lados Santo
Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís.
Retablo
de san Antonio
San
Antonio
Detalle
de san Antonio
Santo
Domingo de Guzmán
Detalle
de Santo Domingo de Guzmán
San
Francisco de Asís
Detalle
de San Francisco de Asís
Ático
El retablo de Santo Tomas de Aquino
está presidido por una imagen de Santo Tomas y a los lados el arcángel san
Miguel y otra imagen de la que no he conseguido información, al igual que del
ático.
Retablo
de Santo Tomas de Aquino
Santo
Tomas
Arcángel
san Miguel
Detalle
del ático
Imagen
lateral del ático
Presbiterio
En el presbiterio, destacan dos cuadros de Domingo
Martínez en los muros laterales.
Lado
derecho del Presbiterio
Lado
izquierdo del Presbiterio
Detalle
de la cúpula del presbiterio
Retablo Mayor
El Retablo mayor está dedicado a la
Virgen del Buen Aire, advocación de profunda tradición marinera y vinculada
históricamente al origen del nombre de la ciudad de Buenos Aires. La imagen
central aparece acompañada por san Pedro y san Andrés, mientras que en el ático
del retablo se representan san Fernando y san Telmo, patrono de los navegantes.
Este magnífico conjunto fue realizado entre 1723 y 1726, con la participación
fundamental de Domingo Martínez y José Maestre.
Retablo
Mayor
Virgen
del Buen Aire
Detalle
de la Virgen
San
Pedro
San
Andrés
Ático
San
Fernando y san Telmo
Ángeles
Tabernáculo
Evangelio
En el lado del
Evangelio destacan el del Crucificado y el de san José con el Niño, acompañado
probablemente, siguiendo la iconografía tradicional sevillana, por san Joaquín
y santa Ana. Todos ellos forman un conjunto armónico que refuerza el carácter
devocional y artístico de la capilla.
Retablo del Crucificado
Detalle del crucificado con la Virgen a sus pies
Detalle del crucificado
Retablo de san José
San José
Detalle del ático
Finalmente, se
conservan la monumental "Entrada de Jesucristo en Jerusalén", ejecutada por
Domingo Martínez entre 1723 y 1726. Esta obra, de gran formato y enmarcada con
una elaborada moldura barroca, se sitúa entre el retablo mayor y la salida del
templo.
Entrada de Jesucristo en Jerusalén. Domingo Martínez.
1723-26
La capilla, más allá de su función religiosa, resume el esplendor artístico del Palacio de San Telmo y refleja la evolución estética del edificio entre los siglos XVIII y XIX, combinando arquitectura, escultura y pintura en uno de los interiores más sobresalientes del barroco sevillano.







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