domingo, 17 de mayo de 2026

AREA CENTRO 1

Palacio de San Telmo.

HISTORIA

El Palacio de San Telmo es uno de los edificios más representativos de Sevilla y una de las obras maestras del barroco civil español. Su historia se extiende a lo largo de más de tres siglos y refleja la evolución de la ciudad, desde su estrecha relación con la navegación y el comercio de Indias hasta convertirse en la actual sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Vista aérea

Sus orígenes se remontan a 1681, cuando el rey Carlos II autorizó la creación de un colegio-seminario destinado a la formación de huérfanos de marineros. La institución dependía de la Universidad de Mareantes, creada en 1556, encargada de regular la navegación hacia América y de formar pilotos para las rutas ultramarinas.

En aquellos años Sevilla comenzaba a perder el monopolio comercial con las Indias en favor de Cádiz, debido a las dificultades que suponía para los grandes galeones remontar el Guadalquivir desde Sanlúcar, aunque la ciudad seguía conservando una intensa actividad marítima y mercantil.

En un principio se pensó construir el colegio en el barrio de Triana, en las casas que esta institución tenía en Triana desde 1573, junto a la desaparecida capilla de Nuestra Señora del Buen Aire, en la calle Larga (actual calle Pureza), pero el espacio resultó insuficiente. En 1780 se construyó en esa parcela de Triana la Casa de las Columnas, que desde 1993 es un centro cívico municipal.

Finalmente, se eligieron unos terrenos situados extramuros, frente a la Puerta de Jerez, conocidos como el haza de San Telmo y pertenecientes al Tribunal de la Inquisición. Las obras comenzaron en 1682 siguiendo un diseño monumental concebido como un gran rectángulo con torres en las esquinas y fachada principal orientada hacia el oeste.

La construcción avanzó lentamente por la falta de recursos económicos. A finales del siglo XVII apenas se había levantado una parte del edificio y las obras sufrieron continuas interrupciones.

Dibujo de Pedro Tortolero. 1738

La gran transformación llegó en el siglo XVIII bajo la dirección del arquitecto Leonardo de Figueroa (ver), figura esencial del barroco andaluz. Entre 1722 y 1739 se acometió una segunda gran fase constructiva en la que se levantaron el patio principal, la capilla y la monumental portada barroca. Tras la muerte de Leonardo continuó las obras su hijo Matías José de Figueroa.

Las obras no concluyeron definitivamente hasta finales del siglo XVIII. En 1787 el arquitecto Lucas Cintora retomó los trabajos y finalizó la escalera principal y otras dependencias pendientes. El edificio quedó terminado en 1796, convirtiéndose en una de las construcciones más destacadas de la Sevilla ilustrada.

En 1841, el palacio pasó a ser el Colegio Naval Militar. El 1 de marzo de 1846 entró como estudiante Gustavo Adolfo Bécquer (ver), con diez años de edad. El 7 de julio de 1847 se suprimieron las enseñanzas en el palacio. Entre julio y octubre de 1847 fue la sede de la oficina de la Sociedad del Ferrocarril. En octubre de 1847 se convirtió en la sede del Colegio Real de Humanidades, conocido como Universidad Literaria, que permaneció en el palacio hasta julio de 1849.

El gran cambio llegó con la adquisición del palacio por Antonio de Orleans, hijo del rey francés Luis Felipe I, y la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II. Tras las revoluciones de 1848 el matrimonio abandonó Francia y se instaló en Sevilla en el Alcázar y posteriormente compraron el Palacio de san Telmo, se instalaron en septiembre de 1849 y lo convirtieron en el centro de una brillante corte aristocrática conocida como “la Corte Chica”. El duque aspiraba al trono español y utilizó la ciudad como escenario de su intensa actividad política y social.

Durante esta etapa el arquitecto Balbino Marrón (ver) acometió importantes reformas que dieron al edificio parte de su aspecto actual. Se terminaron nuevas fachadas, se levantó la torre norte, se construyó el apeadero y se habilitaron fastuosos salones para recepciones y bailes. El palacio llegó a contar con adelantos poco frecuentes en la época, como agua corriente, electricidad, telégrafo y embarcadero privado sobre el Guadalquivir.

Embarcadero

Los jardines abarcaban las huertas de la Isabela y del antiguo convento de San Diego y alcanzaron entonces gran esplendor gracias al diseño del jardinero francés André Lecolant. Aquellas extensas zonas verdes serían posteriormente el origen del actual Parque de María Luisa. También datan de esta época las esculturas de doce sevillanos ilustres realizadas por Antonio Susillo (ver) para decorar la fachada norte del edificio.

Templete en la Isla de los jardines del palacio de San Telmo, donde según la tradición Alfonso XIII cortejó a su prima María de la Mercedes. Fotos de Rober Peter Nappe

El palacio fue escenario de importantes acontecimientos históricos y sociales. En sus salones se celebró la petición oficial de matrimonio entre el rey Alfonso XII y María de las Mercedes, hija de los duques de Montpensier, episodio que acabaría convirtiéndose en uno de los romances más populares de la monarquía española. María de las Mercedes se casó en enero de 1878 y falleció en junio del mismo año.

Tras la muerte del duque, en 1890 en Sanlúcar de Barrameda, la infanta María Luisa donó gran parte de los jardines a la ciudad, dando origen al Parque de María Luisa. En 1893, Juan Talavera de la Vega realizó un pabellón mudéjar, conocido como Costurero de la Reina (ver), para que fuese empleado por los guardas del recinto.

María Luisa Fernanda falleció en 1897. El palacio fue donado al Arzobispado de Sevilla y fue convertido en seminario diocesano.

Durante buena parte del siglo XX el edificio sufrió profundas alteraciones arquitectónicas para adaptarlo a sus nuevas funciones. Los arquitectos José María de Basterra y José Galnares Sagastizábal (ver) modificaron radicalmente la distribución barroca original, eliminando patios y dependencias históricas para crear espacios más amplios y funcionales.

Partido de futbol en el campo que existía en los jardines de Palacio San Telmo durante la época que fue seminario. Año 1.975.

A estas reformas se sumaron incendios, pérdidas patrimoniales y nuevas intervenciones que desfiguraron considerablemente el conjunto. Incluso los jardines fueron parcialmente transformados y reducidos. El deterioro progresivo del edificio llevó finalmente al Arzobispado a cederlo a la Junta de Andalucía en 1989.

Incendio en el Palacio de San Telmo en el tiempo que era seminario diocesano. La biblioteca salvó sus 30.000 volúmenes gracias a la ayuda de soldados de ingenieros y una sección de infantería

Tras varias campañas de restauración, el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra dirigió una profunda rehabilitación entre 2005 y 2010. Su intervención recuperó numerosos elementos barrocos y decimonónicos, eliminó añadidos modernos de escaso valor y devolvió parte de la distribución histórica al edificio. Además, incorporó soluciones contemporáneas claramente diferenciadas de las estructuras originales, permitiendo distinguir con claridad las distintas etapas históricas del palacio.

En la actualidad, el Palacio de San Telmo constituye una de las grandes joyas monumentales de Sevilla. Su arquitectura resume siglos de historia vinculados al mar, a la nobleza, a la Iglesia y a la política andaluza, convirtiéndolo en uno de los edificios más significativos del patrimonio histórico español.

Palacio de san Telmo

EXTERIOR

El esquema y disposición original quedaron trazados en las primeras fases de la obra, en 1681. Se trataba de un gran rectángulo, con torres en las esquinas y facha principal en el lado oeste.

Vista general

Palacio de San Telmo. Al fondo, la Puerta de Jerez, aunque duró muy poco en esa configuración ca.1860

Vista de la fachada oeste

Detalle de una de las cuatro torres

La portada principal del Palacio de San Telmo constituye una de las obras más sobresalientes del barroco churrigueresco sevillano y un magnífico ejemplo de la riqueza ornamental alcanzada por la arquitectura andaluza del siglo XVIII. Concebida como un gran escenario simbólico, esta fachada no solo servía de acceso al antiguo colegio seminario destinado a la formación de navegantes, sino que también expresaba el poder de la monarquía, la protección religiosa y la importancia de Sevilla como ciudad vinculada al mar y al comercio ultramarino.

La portada fue concluida en 1734, aunque su parte superior sería modificada algunas décadas después, entre 1775 y 1776. Su composición se organiza en tres cuerpos superpuestos, articulados mediante columnas, esculturas y abundantes relieves que crean un conjunto dinámico y monumental. Toda la decoración gira en torno al mundo marítimo, recordando la función original del edificio como institución dedicada a preparar a los marinos que participaban en las rutas oceánicas de la Corona española.

Esquema de la portada

Portada principal

En el primer cuerpo se abre la puerta principal, enmarcada por columnas y adornada con una profusa decoración escultórica. Los relieves y motivos ornamentales muestran la exuberancia propia del barroco sevillano, donde las superficies parecen casi disolverse bajo la riqueza decorativa. 

Detalle del primer cuerpo

Detalle de las columnas

El segundo cuerpo se organiza alrededor de un gran balcón sostenido por figuras de atlantes, esculturas masculinas que actúan como soporte simbólico del conjunto. A ambos lados aparecen columnas jónicas y una extraordinaria serie de doce esculturas femeninas que representan las enseñanzas impartidas en el colegio. Estas alegorías encarnan disciplinas fundamentales para la navegación y las ciencias de la época: Aritmética, Geometría, Trigonometría, Náutica, Astronomía, Cosmografía, Hidrografía, Pintura, Escultura, Arquitectura, Artillería y Planimetría. La presencia de estas figuras convierte la portada en una auténtica exaltación del conocimiento científico y técnico vinculado a la navegación oceánica.

Sobre el balcón destaca un medallón con la efigie de Felipe V, monarca bajo cuyo reinado se levantó la portada. Su presencia subraya el patrocinio real sobre la institución y la estrecha relación entre la Corona y la formación naval en la España borbónica.

Detalle del balcón

Balcón balaustrado con figuras de atlantes

Pintura, Geografía, Trigonometría, …

Aritmética, Astronomía, Escultura,….  

El tercer cuerpo presenta columnas corintias y una composición de marcado sentido simbólico y religioso. En él aparecen las figuras de San Fernando y San Hermenegildo (ver), dos santos profundamente ligados a la historia espiritual y política de Sevilla. Entre ambos, ocupando el arco central, se sitúa San Telmo (ver), protector de los marineros y titular del colegio. La disposición de estas imágenes refuerza la idea de una institución amparada tanto por la monarquía como por la fe.

San Fernando

San Hermenegildo

San Telmo

Entre las columnas del tercer cuerpo puede leerse una extensa inscripción conmemorativa que recuerda a las autoridades y benefactores responsables de la construcción. El texto menciona el reinado de Felipe V y cita a personajes como Manuel de Torres, juez conservador del colegio, así como a Gregorio de los Ríos, Juan Sánchez y Pedro Hernández Colarte, vinculados a la Universidad de Mercaderes y a las órdenes militares de Calatrava y Santiago. La inscripción deja constancia del orgullo institucional con el que fue levantada esta portada, concebida desde su origen como una obra representativa del prestigio de Sevilla y de su relación histórica con el mar.

En la parte superior se encuentran dos esculturas sedentes portando cornucopias, símbolos tradicionales de abundancia y prosperidad. Todo el conjunto culmina así en una representación alegórica del éxito, la riqueza y la protección divina asociadas al comercio marítimo y a la navegación.

Detalle de escultura sedente portando cornucopias

Detalle de escudo

En 1895 quedó concluida la fachada norte, coronada por una destacada galería escultórica compuesta por doce figuras de sevillanos ilustres —ya fuera por nacimiento o por su estrecha vinculación con la ciudad— realizadas por el escultor Antonio Susillo (ver). Este conjunto rinde homenaje a algunas de las personalidades más relevantes de la historia cultural, artística y militar de Sevilla. Entre ellas se encuentran Juan Martínez Montañés, natural de Alcalá la Real; Rodrigo Ponce de León y Núñez, nacido en Cádiz; Diego Velázquez; Miguel Mañara; Lope de Rueda; Diego Ortiz de Zúñiga; Fernando de Herrera; Luis Daoíz; Benito Arias Montano, originario de Fregenal de la Sierra; Bartolomé Esteban Murillo; Fernando Afán de Ribera y Téllez-Girón y Bartolomé de las Casas.

Fachada norte

Portada del apeadero

Detalle

Bartolomé de las Casas. Religioso, historiador. Obispo de Chiapas y defensor de los indios

Fernando Afán de Ribera y Enríquez.  Duque de los Gazules y Marqués de Tarifa. Nacido en Sevilla. Mecenas durante el reinado de Enrique IV

Bartolomé Esteban Murillo. El pintor de Sevilla

Benito Arias Montano. Teólogo y humanista

Luis Daoíz y Torres. Héroe de la Guerra de Independencia española

Fernando de Herrera, el Divino. Poeta español del Siglo de Oro

Diego Ortiz de Zúñiga, historiador y escritor sevillano del siglo XVII

Lope de Rueda. Dramaturgo y actor profesional. Precursor de grandes autores del Siglo de Oro

Miguel de Mañara

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez

Rodrigo Ponce de León y Alhama. Duque de Cádiz. Figura clave en la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos

Juan Martínez Montañés

INTERIOR

El interior del Palacio de San Telmo constituye uno de los conjuntos más sobresalientes de la arquitectura civil barroca sevillana, aunque gran parte de sus dependencias no pueden fotografiarse debido a las medidas de seguridad propias de su función institucional como sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Esta circunstancia contribuye, además, a mantener cierto halo de exclusividad y solemnidad en torno a unos espacios donde conviven el arte barroco, las reformas ilustradas y las restauraciones contemporáneas. Por ello, las fotos que integran están sección no son originales sino tomadas fundamentalmente del magnífico Blog “Leyendas de Sevilla” de Pepe Becerra (ver).

Tras cruzar la monumental portada principal se accede al zaguán, concebido como un espacio de transición entre el bullicio exterior y la serenidad del palacio. En su techo destaca la obra Parra en otoño, de la pintora sevillana Carmen Laffón, una pieza de gran sensibilidad cromática que introduce un diálogo entre el patrimonio histórico y el arte contemporáneo. Desde este punto se abre el gran patio principal, diseñado por el arquitecto barroco Leonardo de Figueroa.

El patio central responde al modelo tradicional sevillano, aunque reinterpretado con una monumentalidad propia de un edificio palaciego. Está rodeado por galerías de arcos de medio punto sostenidos por robustos pilares cuadrados, decorados exteriormente con pilastras y capiteles jónicos que aportan elegancia clásica al conjunto. Los lados mayores presentan siete arcos y los menores cinco, creando una composición perfectamente equilibrada y armónica.

Sobre este primer nivel se alza un segundo cuerpo de ladrillo rojizo, donde balcones y pilastras corintias enriquecen la verticalidad del espacio y producen un notable efecto escenográfico, especialmente cuando la luz natural penetra desde el centro del patio.

Sobre el zaguán se eleva una pequeña espadaña con reloj, mientras que en el lado opuesto otra estructura semejante alberga campanas vinculadas a la capilla. Estos elementos aportan verticalidad al patio y recuerdan la estrecha relación entre la vida académica, religiosa y marítima que caracterizó históricamente al palacio.

Vista del patio central

Doble crujía que separa los dos únicos patios que sobrevivieron a la ocupación eclesiástica

Uno de los patios recuperados por Vázquez Consuegra

La decoración escultórica y ornamental ocupa un lugar esencial en este ámbito. Relieves, molduras, frisos y elementos vegetales cubren jambas y cornisas siguiendo el gusto exuberante del barroco sevillano. El contraste entre el ladrillo visto, la piedra y la ornamentación labrada crea una atmósfera solemne y refinada, reflejo del prestigio que tuvo la institución para la que fue concebido el edificio: el antiguo Colegio Seminario de la Universidad de Mareantes, dedicado a la formación de navegantes.

El interior del palacio conserva también destacadas escaleras monumentales, amplios salones de recepción y dependencias decoradas con mobiliario histórico, tapices y obras de arte procedentes de distintas épocas. Muchas de estas estancias fueron transformadas durante el siglo XIX, especialmente cuando el edificio se convirtió en residencia de los duques de Montpensier. Aquella etapa introdujo nuevos gustos decorativos de inspiración romántica y afrancesada, visibles en algunos salones y galerías.

La escalera principal no es imperial, pues, aunque tiene subida y bajada separadas no se alinea con el eje principal del recinto

Salón de baile, conocido como sala de los Espejos, usado actualmente como lugar de celebración de actos oficiales


Las restauraciones realizadas durante finales del siglo XX y comienzos del XXI permitieron recuperar numerosos elementos originales del edificio barroco, integrándolos con usos administrativos contemporáneos. Gracias a ello, el Palacio de San Telmo mantiene hoy el equilibrio entre su función institucional y el extraordinario valor histórico y artístico que lo convierte en una de las grandes joyas arquitectónicas de Sevilla.

CAPILLA

La capilla del Palacio de San Telmo constituye uno de los espacios más valiosos y refinados del conjunto palaciego. Concebida según el gusto barroco sevillano del siglo XVIII, presenta una sola nave cubierta con bóveda de cañón y un rico programa decorativo en el que intervinieron algunos de los artistas más destacados de la época, entre ellos Domingo Martínez, Pedro Duque Cornejo y, ya en el siglo XIX, Antonio Cabral Bejarano.

Vista general desde los pies

Vista general desde la cabecera

Detalle del coro alto

La bóveda y buena parte de la ornamentación mural fueron enriquecidas a mediados del siglo XIX por Antonio Cabral Bejarano. En la cúpula destacan tres medallones ovales con las figuras de la Virgen María, san Luis rey de Francia y san Fernando. La unión simbólica de estos nombres —María Luisa Fernanda— alude de forma ingeniosa a la duquesa de Montpensier, recurso alegórico muy apreciado en la época.

El mismo pintor realizó también una serie de lunetos con santos y santas distribuidos a ambos lados de la nave, entre ellos santa Elena, san Juan de Dios, san Francisco de Asís, san Carlos Borromeo o santa Isabel de Hungría, además de diversos frescos decorativos en el coro y un frontal para el altar mayor.

Detalle de la cubierta con tres medallones

La Virgen María

San Luis rey de Francia

San Fernando

Realizamos la visita desde los pies del templo por el muro de la epístola para alcanzar el presbiterio y el altar mayor y continuar por la pared del evangelio. A ambos lados de la nave se distribuyen otros cuatro retablos.

Epístola

A los pies del muro de la epístola, destaca el lienzo que representa a Cristo bendiciendo a los niños y posee además un notable interés histórico, ya que muestra el diseño original de la portada del palacio concebida por Leonardo de Figueroa antes de las modificaciones introducidas posteriormente por su hijo Matías.

Cristo bendiciendo a los niños. Domingo Martínez. 1723-26

En el lado de la Epístola se encuentran los retablos dedicados a san Antonio de Padua y santo Tomás de Aquino.  

El retablo de san Antonio está presidido por una imagen de San Antonio y a los lados Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís.

Retablo de san Antonio

San Antonio

Detalle de san Antonio

Santo Domingo de Guzmán 

Detalle de Santo Domingo de Guzmán 

San Francisco de Asís

Detalle de San Francisco de Asís

Ático

El retablo de Santo Tomas de Aquino está presidido por una imagen de Santo Tomas y a los lados el arcángel san Miguel y otra imagen de la que no he conseguido información, al igual que del ático.

Retablo de Santo Tomas de Aquino

Santo Tomas

Detalle de Santo Tomas

Arcángel san Miguel

Detalle del Arcángel san Miguel
San Hermenegildo ?

Detalle del ático

Imagen lateral del ático

Imagen lateral del ático

Presbiterio

En el presbiterio, destacan dos cuadros de Domingo Martínez en los muros laterales.

Lado derecho del Presbiterio

Cuadro inferior del lado derecho del Presbiterio
Cuadro superior del lado derecho del Presbiterio

Lado izquierdo del Presbiterio

Cuadro inferior del lado izquierdo del Presbiterio
Cuadro superior del lado izquierdo del Presbiterio

Detalle de la cúpula del presbiterio

Retablo Mayor

El Retablo mayor está dedicado a la Virgen del Buen Aire, advocación de profunda tradición marinera y vinculada históricamente al origen del nombre de la ciudad de Buenos Aires. La imagen central aparece acompañada por san Pedro y san Andrés, mientras que en el ático del retablo se representan san Fernando y san Telmo, patrono de los navegantes. Este magnífico conjunto fue realizado entre 1723 y 1726, con la participación fundamental de Domingo Martínez y José Maestre.

Retablo Mayor

Virgen del Buen Aire

Detalle de la Virgen

Detalle de la Virgen

San Pedro

San Andrés

Ático

San Fernando y san Telmo

Ángeles

Detalle de ángel

Detalle de ángel

Tabernáculo

Evangelio

En el lado del Evangelio destacan el del Crucificado y el de san José con el Niño, acompañado probablemente, siguiendo la iconografía tradicional sevillana, por san Joaquín y santa Ana. Todos ellos forman un conjunto armónico que refuerza el carácter devocional y artístico de la capilla.

Retablo del Crucificado

Detalle del crucificado con la Virgen a sus pies

Detalle del crucificado

Retablo de san José

San José

Detalle del ático

Finalmente, se conservan la monumental "Entrada de Jesucristo en Jerusalén", ejecutada por Domingo Martínez entre 1723 y 1726. Esta obra, de gran formato y enmarcada con una elaborada moldura barroca, se sitúa entre el retablo mayor y la salida del templo.

Entrada de Jesucristo en Jerusalén. Domingo Martínez. 1723-26

La capilla, más allá de su función religiosa, resume el esplendor artístico del Palacio de San Telmo y refleja la evolución estética del edificio entre los siglos XVIII y XIX, combinando arquitectura, escultura y pintura en uno de los interiores más sobresalientes del barroco sevillano.

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