AREA CENTRO 2
Casa Cuna.
La calle Cuna debe su nombre al año 1558,
cuando el arzobispo Fernando de Valdés promovió la creación de la Casa Cuna o
Hospicio de Niños Expósitos, institución destinada a recoger y atender a los
recién nacidos abandonados.
La Casa Cuna se ubicaba en el tramo
comprendido entre las actuales calles Goyeneta y Acetres. El edificio, que
disponía de iglesia y dependencias asistenciales, fue uno de los principales
centros benéficos de la ciudad. El escritor británico Richard Ford describió el
lugar como un espacio de tristeza y compasión, recordando la inscripción que
podía leerse junto al torno donde se depositaban los niños abandonados: “Porque
mi padre y mi madre me abandonaren, pero el Señor me acogió”, que actualmente
podemos contemplar en la fachada de Galerías Madrid. Es una cita del libro de los Salmos de la Biblia, del
rey David, en referencia a la protección divina en situaciones de desgracia y
desamparo.
A lo largo de su historia, la Casa Cuna
fue una institución marcada por la escasez de recursos económicos y por una
constante dependencia de las limosnas, donaciones particulares y ayudas de
instituciones benéficas. Esta frágil situación financiera se agravó
notablemente durante el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, cuando las
crisis económicas y los cambios políticos redujeron aún más los ingresos
destinados al sostenimiento del establecimiento, poniendo en peligro su
capacidad para atender a los menores acogidos.
La profunda reorganización de la
beneficencia pública emprendida durante el siglo XIX transformó también la
administración de la Casa Cuna. En 1837, con la creación de la Junta Municipal
de Beneficencia, la asistencia a huérfanos, niños abandonados, enfermos y
personas necesitadas pasó a depender de la administración civil, iniciándose
así un proceso de secularización de estos servicios. Poco después, la gestión
del establecimiento quedó bajo la autoridad de la Junta Provincial de
Beneficencia. Sin embargo, el funcionamiento cotidiano y el cuidado directo de
los niños continuaron en manos de las Hijas de la Caridad de San Vicente de
Paúl desde 1838, congregación que desempeñó una labor esencial durante más de
un siglo.
En 1848 el centro adoptó oficialmente
la denominación de Casa de Expósitos, consolidándose como el principal establecimiento
benéfico de la provincia dedicado a la acogida de menores abandonados. La
reforma administrativa de 1868 transfirió las competencias asistenciales a las
diputaciones provinciales y, veinte años más tarde, la Diputación Provincial
asumió la gestión directa de los establecimientos de beneficencia. Durante esta
etapa, la Casa Cuna prestó acogida a niños de muy diversa procedencia:
huérfanos, recién nacidos abandonados, hijos de madres solteras o de relaciones
extramatrimoniales, hijos de viudas sin recursos, de viudos incapaces de
atenderlos, de matrimonios sumidos en la pobreza o de mujeres que, por
enfermedad, falta de leche o exigencias laborales, no podían hacerse cargo de
su crianza. La institución se convirtió así en uno de los pilares de la asistencia
social sevillana durante buena parte del siglo XIX y principios del XX.
Tras permanecer durante siglos en la
calle Cuna, el histórico establecimiento abandonó definitivamente esta sede en
1914 para instalarse en un edificio de nueva planta proyectado por el
arquitecto Antonio Gómez Millán. El inmueble, concebido en un elegante estilo
regionalista, fue levantado sobre terrenos pertenecientes a antiguas huertas
cedidas por Regla Manjón Mergelina, condesa de Lebrija. En esta nueva etapa la
institución alcanzó un importante prestigio sanitario gracias a la labor de
destacados pediatras como José González-Meneses Jiménez e Ignacio Gómez de
Terreros, quienes impulsaron la modernización de la atención infantil, siempre
con la colaboración de las Hermanas de la Caridad.
La Casa Cuna mantuvo su actividad hasta 1987, año en que desapareció como institución independiente al integrarse sus funciones en los Servicios de Atención a la Infancia de la Diputación Provincial, en colaboración con la Junta de Andalucía. Tres años más tarde, en 1990, el emblemático edificio inaugurado en 1914 fue cedido a la Fundación San Telmo, iniciando una nueva etapa con un uso muy distinto al asistencial que había desempeñado durante gran parte de su historia. Hoy, el recuerdo de la Casa Cuna permanece estrechamente ligado a la evolución de la beneficencia y de la protección a la infancia en Sevilla, siendo testimonio de una institución que, pese a sus dificultades, prestó amparo a miles de niños a lo largo de varios siglos.
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