AREA CENTRO 2
Calle Vargas Campos.
La calle Vargas Campos es una discreta
vía del casco histórico de Sevilla que une la plaza de Villasís y la calle
Martín Villa con la confluencia de Santa María de Gracia y Francisco de
Pelsmaeker. A pesar de su escasa longitud y de pasar casi inadvertida para
muchos sevillanos, su historia refleja la transformación urbana del centro de
la ciudad y conserva el recuerdo de un héroe de la Guerra de Melilla de 1909.
Calle Vargas Campos
Hasta comienzos del siglo XX esta calle
fue conocida como calle de la Pasión o calleja de las Monjas de Pasión. Esta
denominación aparece documentada desde mediados del siglo XVII y hacía
referencia al desaparecido convento de Santa María de la Pasión (leer mas), fundado en el siglo XVI, cuyo extenso recinto
ocupaba buena parte de esta zona del centro histórico. En realidad, el antiguo
trazado estaba formado por dos estrechas callejas que dibujaban un ángulo recto
alrededor del convento, configuración que todavía puede apreciarse parcialmente
en el recorrido actual.
En 1910 el Ayuntamiento acordó cambiar
su nombre por el de Vargas Campos para rendir homenaje a Rafael Vargas Campos,
soldado sevillano nacido en el barrio de Triana y perteneciente al Cuarto
Escuadrón del Regimiento de Cazadores de Alfonso XII. Falleció heroicamente el
20 de septiembre de 1909 durante la célebre Carga de Taxdirt, una de las
acciones más destacadas de la Guerra de Melilla o Segunda Guerra del Rif. En
aquella arriesgada carga de caballería, las tropas españolas consiguieron
romper las posiciones rifeñas tras un duro combate que causó numerosas bajas en
ambos bandos. Rafael Vargas Campos fue uno de los siete soldados españoles que
perdieron la vida durante la acción, motivo por el que Sevilla decidió
perpetuar su memoria dando su nombre a esta calle apenas un año después de su
muerte.
La configuración urbana de Vargas
Campos cambió profundamente durante las primeras décadas del siglo XX. La
apertura del gran eje formado por Martín Villa y Laraña obligó a ensanchar
parte de la calle en los años veinte, integrándola en la gran remodelación que
transformó este sector del centro histórico. Aun así, continúa siendo una vía estrecha,
con planta en forma de T y un pequeño ramal que desemboca en la calle Francisco
de Pelsmaeker. Desde este tramo se accede a un pasaje comercial que comunica
directamente con la calle Sierpes, una conexión muy utilizada por quienes
recorren el centro comercial sevillano.
Las edificaciones que la flanquean
corresponden, en su mayor parte, a las fachadas posteriores de inmuebles con
entrada principal por Martín Villa, Cuna o la plaza de Villasís. Esta
circunstancia contribuye a que conserve un ambiente más reservado que las
calles vecinas, aunque la altura de los edificios acentúa la sensación de
estrechez. En el extremo próximo a Santa María de Gracia se encuentra el
obrador de la histórica confitería La Campana, uno de los establecimientos más
emblemáticos de la repostería sevillana, cuyo aroma acompaña diariamente el
tránsito de vecinos y visitantes. En este mismo entorno funcionan también
algunos establecimientos de hostelería que aportan animación a una calle
esencialmente residencial.
En el numero 28 podemos contemplar un curioso azulejo cofrade.
Numero 28
Azulejo cofrade
A lo largo del siglo XIX la vía albergó
un pequeño teatro, testimonio de la intensa actividad cultural que caracterizó
a este sector del casco histórico. Sin embargo, también conoció épocas menos
favorables. A comienzos del siglo XX el Ayuntamiento emprendió actuaciones para
clausurar varias casas de lenocinio que se habían instalado en sus
inmediaciones, reflejo de los problemas sociales que afectaban a algunas calles
del centro antes de las grandes reformas urbanísticas.
Aunque hoy permanece eclipsada por la intensa actividad comercial de Sierpes, Martín Villa o Campana, Vargas Campos constituye un interesante ejemplo de cómo las pequeñas calles sevillanas conservan la memoria de distintas etapas de la historia de la ciudad. Su antiguo nombre recuerda la presencia de uno de los conventos más importantes de la Sevilla barroca, mientras que su denominación actual mantiene vivo el recuerdo de Rafael Vargas Campos, un joven trianero cuya muerte en la campaña de Melilla quedó unida para siempre al callejero sevillano. Así, en apenas unos metros conviven la historia religiosa de la ciudad, las reformas urbanísticas del siglo XX y la memoria de uno de los episodios más significativos del ejército español en el norte de África.