lunes, 6 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Vargas Campos.

La calle Vargas Campos es una discreta vía del casco histórico de Sevilla que une la plaza de Villasís y la calle Martín Villa con la confluencia de Santa María de Gracia y Francisco de Pelsmaeker. A pesar de su escasa longitud y de pasar casi inadvertida para muchos sevillanos, su historia refleja la transformación urbana del centro de la ciudad y conserva el recuerdo de un héroe de la Guerra de Melilla de 1909.

Calle Vargas Campos

Hasta comienzos del siglo XX esta calle fue conocida como calle de la Pasión o calleja de las Monjas de Pasión. Esta denominación aparece documentada desde mediados del siglo XVII y hacía referencia al desaparecido convento de Santa María de la Pasión (leer mas), fundado en el siglo XVI, cuyo extenso recinto ocupaba buena parte de esta zona del centro histórico. En realidad, el antiguo trazado estaba formado por dos estrechas callejas que dibujaban un ángulo recto alrededor del convento, configuración que todavía puede apreciarse parcialmente en el recorrido actual.

En 1910 el Ayuntamiento acordó cambiar su nombre por el de Vargas Campos para rendir homenaje a Rafael Vargas Campos, soldado sevillano nacido en el barrio de Triana y perteneciente al Cuarto Escuadrón del Regimiento de Cazadores de Alfonso XII. Falleció heroicamente el 20 de septiembre de 1909 durante la célebre Carga de Taxdirt, una de las acciones más destacadas de la Guerra de Melilla o Segunda Guerra del Rif. En aquella arriesgada carga de caballería, las tropas españolas consiguieron romper las posiciones rifeñas tras un duro combate que causó numerosas bajas en ambos bandos. Rafael Vargas Campos fue uno de los siete soldados españoles que perdieron la vida durante la acción, motivo por el que Sevilla decidió perpetuar su memoria dando su nombre a esta calle apenas un año después de su muerte.

La configuración urbana de Vargas Campos cambió profundamente durante las primeras décadas del siglo XX. La apertura del gran eje formado por Martín Villa y Laraña obligó a ensanchar parte de la calle en los años veinte, integrándola en la gran remodelación que transformó este sector del centro histórico. Aun así, continúa siendo una vía estrecha, con planta en forma de T y un pequeño ramal que desemboca en la calle Francisco de Pelsmaeker. Desde este tramo se accede a un pasaje comercial que comunica directamente con la calle Sierpes, una conexión muy utilizada por quienes recorren el centro comercial sevillano.

Las edificaciones que la flanquean corresponden, en su mayor parte, a las fachadas posteriores de inmuebles con entrada principal por Martín Villa, Cuna o la plaza de Villasís. Esta circunstancia contribuye a que conserve un ambiente más reservado que las calles vecinas, aunque la altura de los edificios acentúa la sensación de estrechez. En el extremo próximo a Santa María de Gracia se encuentra el obrador de la histórica confitería La Campana, uno de los establecimientos más emblemáticos de la repostería sevillana, cuyo aroma acompaña diariamente el tránsito de vecinos y visitantes. En este mismo entorno funcionan también algunos establecimientos de hostelería que aportan animación a una calle esencialmente residencial.

En el numero 28 podemos contemplar un curioso azulejo cofrade.

Numero 28

Azulejo cofrade

A lo largo del siglo XIX la vía albergó un pequeño teatro, testimonio de la intensa actividad cultural que caracterizó a este sector del casco histórico. Sin embargo, también conoció épocas menos favorables. A comienzos del siglo XX el Ayuntamiento emprendió actuaciones para clausurar varias casas de lenocinio que se habían instalado en sus inmediaciones, reflejo de los problemas sociales que afectaban a algunas calles del centro antes de las grandes reformas urbanísticas.

Aunque hoy permanece eclipsada por la intensa actividad comercial de Sierpes, Martín Villa o Campana, Vargas Campos constituye un interesante ejemplo de cómo las pequeñas calles sevillanas conservan la memoria de distintas etapas de la historia de la ciudad. Su antiguo nombre recuerda la presencia de uno de los conventos más importantes de la Sevilla barroca, mientras que su denominación actual mantiene vivo el recuerdo de Rafael Vargas Campos, un joven trianero cuya muerte en la campaña de Melilla quedó unida para siempre al callejero sevillano. Así, en apenas unos metros conviven la historia religiosa de la ciudad, las reformas urbanísticas del siglo XX y la memoria de uno de los episodios más significativos del ejército español en el norte de África.

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Calle Martín Villa.

La calle Martín Villa constituye uno de los principales ejes comerciales y de comunicación del centro histórico de Sevilla. Une la plaza de Villasís y la calle Vargas Campos con la confluencia de las calles Santa María de Gracia y Campana, enlazando la zona de la Encarnación con la Campana, punto de inicio de la carrera oficial de la Semana Santa. Aunque hoy se presenta como una vía amplia, rectilínea y muy transitada, su origen fue muy distinto, pues durante siglos fue una estrecha calle medieval conocida como calle de la Plata.

Esta antigua denominación aparece documentada al menos desde 1435. Su origen no está completamente esclarecido, aunque probablemente estuvo relacionado con la presencia de artesanos o comerciantes vinculados al trabajo de la plata o con establecimientos dedicados a este metal. En 1893 la calle recibió el nombre actual en homenaje a Antonio Martín Villa, destacado jurista, catedrático, rector de la Universidad de Sevilla e historiador de la propia institución universitaria. Hombre de gran prestigio intelectual y reconocido por su modestia, rechazó importantes cargos tanto en la administración del Estado como en la Santa Sede, dedicando buena parte de su vida a la enseñanza y a la investigación.

Durante la Edad Moderna, la antigua calle de la Plata era una vía corta y extremadamente estrecha. Junto a ella existía una pequeña barreduela denominada González de Zúñiga, documentada desde finales del siglo XV. La estrechez de la calle ocasionó numerosos problemas al convento de Santa María de Gracia, cuya extensa fachada lateral ocupaba toda la acera oriental. Las religiosas solicitaron reiteradamente al Ayuntamiento que ampliara la vía, consiguiendo únicamente una actuación parcial en 1595, cuando se autorizó ensanchar la entrada de la calle. Años más tarde, en 1645, las monjas volvieron a protestar por el intenso paso de carruajes, asegurando que las vibraciones hacían temblar los muros del convento y amenazaban la estabilidad del edificio. Para limitar el tráfico se instalaron marmolillos durante el siglo XIX, aunque continuaron circulando caballerías y carros.

El aspecto actual de Martín Villa es consecuencia de la profunda transformación urbana emprendida por el Ayuntamiento durante las primeras décadas del siglo XX. La apertura del gran eje Campana-Laraña-Encarnación exigió la demolición de numerosas viviendas de la antigua calle de la Plata y la alineación de nuevas fachadas, creando una avenida mucho más ancha y recta que facilitara la circulación y dignificara uno de los principales accesos al corazón comercial de Sevilla.

La renovación urbanística vino acompañada por la construcción de destacados edificios pertenecientes al regionalismo sevillano, estilo arquitectónico que alcanzó su máximo esplendor en los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929. Entre ellos sobresale el inmueble situado en el número 6, esquina con Santa María de Gracia, proyectado por Aníbal González entre 1907 y 1908 para Manuel Nogueira. Considerado una de las primeras obras neomudéjares del arquitecto para uso privado, constituye un auténtico punto de inflexión en su trayectoria artística, al abandonar el modernismo para desarrollar el lenguaje regionalista que más tarde alcanzaría su máxima expresión en la Plaza de España. Su fachada de ladrillo visto, enriquecida con arcos de herradura, cerámica vidriada, columnas y abundante decoración inspirada en el arte almohade, recuerda algunos elementos de la Giralda y de la arquitectura histórica andaluza. En la actualidad el edificio (Bankinter) mantiene prácticamente intacta su imagen exterior gracias a una respetuosa rehabilitación.

Actual edificio Bankinter


También destacan otros edificios levantados tras el ensanche, como la casa número 1, obra de Ignacio Sanz y Valdecantos; el número 3, nuevamente proyectado por Aníbal González, donde se instaló el célebre Hotel Biarritz, que amplió la capacidad hotelera de Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana; el edificio número 4, diseñado por Román Balbuena; el número 9, construido por Juan José López Sáez entre 1931 y 1933, cuya estética incorpora interesantes influencias modernistas y cierto aire gaudiniano; y el número 11, de Pedro Sánchez Núñez, igualmente representativo del regionalismo sevillano. Buena parte de la acera de los números pares está ocupada por un gran edificio bancario levantado sobre el solar del antiguo colegio de los jesuitas.

Antiguo Hotel Biarritz

La calle desempeñó también un importante papel en la historia cultural de Sevilla. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII trabajaron aquí varios impresores de prestigio, entre ellos Clemente Hidalgo, en cuyo taller se imprimió en 1604 la primera edición de las “Rimas” de Lope de Vega, una de las obras fundamentales de la poesía del Siglo de Oro. También desarrolló su actividad el impresor Pedro García, mientras que, ya en el siglo XX, residió durante algunos años el poeta sevillano Rafael Montesinos.

Desde antiguo, este espacio fue uno de los lugares más animados del centro urbano. Incluso cuando aún era una calle estrecha, registraba un constante tránsito de comerciantes, vendedores ambulantes, mendigos, viajeros y vecinos que acudían a las numerosas tabernas y modestos establecimientos de comidas que daban vida al barrio. A comienzos del siglo XX alcanzó especial fama el café cantante Novedades (leer mas), uno de los locales más populares del entorno, donde el ambiente castizo de la Sevilla tradicional convivía con artistas, aficionados al flamenco y clientes de toda condición.

La campana después del ensanche y antes de la apertura a la calle Martín Villa. En el centro el edificio de "El Novedades". (CC BY 3.0)

11 de septiembre de 1922. Al fondo el Café-Cantante "Novedades" (CC BY 3.0)

Tras las grandes reformas urbanísticas del siglo pasado, Martín Villa consolidó su carácter de arteria comercial. Durante décadas albergó hoteles tan conocidos como el Biarritz y el Luz Sevilla, además de establecimientos emblemáticos como el popular bar El Plata y numerosos comercios dedicados a tejidos, electrodomésticos, fotografía y otros sectores que hicieron de esta calle uno de los centros comerciales más dinámicos de la ciudad.

En la actualidad, Martín Villa continúa siendo una de las vías más transitadas del casco histórico. Miles de sevillanos y visitantes la recorren diariamente camino de la Campana, la Encarnación o la plaza del Duque. Durante la Semana Santa adquiere un protagonismo excepcional al convertirse en el último tramo antes de la Campana para las hermandades que realizan estación de penitencia a la Catedral. Su fisonomía actual resume la evolución de Sevilla desde la estrecha trama medieval hasta la gran ciudad comercial del siglo XX, conservando al mismo tiempo un valioso conjunto arquitectónico que testimonia uno de los periodos de mayor transformación urbanística de la capital andaluza.