miércoles, 8 de abril de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Apóstoles

Santiago el Mayor.

Santiago, llamado el Mayor para distinguirlo de otro apóstol del mismo nombre, fue hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Juan (Mt 4:21). Probablemente nació en Betsaida, en la región de Galilea, en el seno de una familia dedicada a la pesca. Junto a su padre trabajaba en el lago de Genesaret cuando recibió la llamada de Jesús para convertirse en “pescador de hombres”. Desde entonces formó parte del grupo de los Doce (Mt 10:3).

Jesús le dio, junto a su hermano, el sobrenombre de “Boanerges” (Mc 3:17), es decir, “hijos del trueno”, aludiendo a su temperamento enérgico. Santiago integró, junto con Juan y Simón Pedro, el círculo más cercano al Maestro, participando en momentos clave de su vida pública. Fue testigo de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5:21-43) de la transfiguración en el monte Tabor (Lc 9) y de la oración de Jesús en Getsemaní (Mc 14:33). También estuvo presente en la aparición del Resucitado junto al lago de Tiberíades (Jn 21:1-8) y formó parte del grupo reunido en el Cenáculo a la espera del Espíritu Santo (Hch 1:13).

Una tradición medieval sostiene que, tras Pentecostés, Santiago emprendió la predicación del Evangelio en Hispania. Según este relato, logró algunos discípulos que continuarían su labor tras su regreso a Jerusalén, conocidos como los “Siete varones apostólicos”.

Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo le concede su deseo y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avise a sus discípulos.

Así, la misma tradición recoge que, hacia el año 40, María se le apareció en Caesaraugusta, la actual Zaragoza, cuando aún vivía. Se dice que llegó de forma milagrosa y dejó como señal una columna de jaspe, origen de la devoción a la Virgen del Pilar, patrona de Aragon. Allí, Santiago y sus primeros seguidores habrían levantado un pequeño oratorio a orillas del Ebro.

Santiago habría hecho todo el viaje de vuelta desde la Península Ibérica hasta Jerusalén para encontrar a María, madre de Jesús de Nazaret (ya que ella seguía viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición.

De vuelta en Jerusalén, y en un contexto de persecución, el rey Herodes Agripa I ordenó su ejecución para ganarse el favor de ciertos sectores judíos. Santiago murió decapitado entre los años 41 y 44, a la edad de 49 años, pues fueron los años en que Agripa I fue rey de Judea. Puesto que su muerte fue por decapitación, de aquí que la cruz de Santiago se asemeje tanto a una espada.

Para evitar que sus restos mortales fueran devorados por fieras salvajes y aves carroñeras, pues su tipo de condena lleva consigo que su cuerpo sea arrojado al desierto de Judá, y ante la negativa del emperador de poder sepultar a Santiago, dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, habrían llevado su cuerpo hasta el puerto de Joppe, donde sería embalsamado, posiblemente por deshidratación. La ciudad bíblica de Jope es actualmente Jaffa, a unos cincuenta kilómetros al sur de Cesarea, uno de los puertos más antiguos del mundo, todavía operativo.

Desde el puerto de Joppe hasta Galicia por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra para arribar finalmente al puerto de Iria Flavia, en el rio Sar, que una milla más abajo, junto con el Ulla, desemboca en la ría de Arousa. De allí al bosque de Liberum Donum (Libredón), donde construyen su sepultura.

Debido a la persecución de los cristianos se pierde el rastro de la tumba de Santiago sin que se tenga noticias durante un periodo de 800 años. Las lluvias torrenciales derrumban el mausoleo, las tierras de aluvión junto a la maleza del bosque protegen la sepultura durante las sucesivas invasiones de barbaros y musulmanes.

Alrededor del año 813, o 820 según otras fuentes, en tiempos del rey de Asturias Alfonso II, un ermitaño de la zona, llamado Pelayo, observó unas estrellas o luces brillando en movimiento en el cielo. Medio hipnotizado por su resplandor, decide seguirlas y al rato, tras internarse en el bosque, se topa con una tumba de mármol y un pequeño altar, probablemente de origen romano, donde se encontraba un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo.

El rey ordenó construir una iglesia encima de la tumba, origen de la Catedral de Santiago de Compostela. El nombre Compostela se ha relacionado tanto con la expresión “campo de estrellas” como con otras interpretaciones etimológicas.

Se convierte así este rey asturiano en el primer peregrino, a partir de entonces, el santuario se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación de la cristiandad, junto con Roma y Jerusalén. El Camino de Santiago consolidó una red de rutas que, en parte, seguían antiguos itinerarios europeos.

Pero, peregrinaciones galas hacia el noroeste de España se han probado arqueológicamente, y se puede afirmar que los celtas - en el primer milenio antes de nuestra era - recorrían toda Europa para ir a estos sitios, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos.

Desde ese momento se nombra a Santiago patrono de España y tal fue la importancia adquirida de este evento, que se formó una famosa orden militar en su honor, la Orden de Santiago. Su labor principal era la de proteger a los peregrinos que deseaban viajar a Compostela de posibles asaltos en el camino, entre otros peligros.

El rey Alfonso III de Asturias (852-910) asegura en carta que él presenció en personas los milagros obrados por diversos peregrinos durante su visita a la tumba del apóstol

El obispo Teodomiro no tiene dudas de que esta es la tumba de Santiago, en cuanto lee la inscripción: “Aquí jaz Jacobo filho do Cebedeo e de Salome , hirman de san Juan, que matou Herodes en Jerusalén, e veo por Mar co os seus discípulos hasta Iria Flavia de Galicia”

En el año 862 el rey Alfonso II se negó a seguir pagando el humillante tributo de las “Cien Doncellas” (ver) a los moros y su hijo Ramiro I fue quien hubo de hacer frente a esta negativa, pues las tropas sarracenas se entregaron al saqueo y la rapiña. 

Este rey Ramiro I obtuvo una victoria frente a los moros en Clavijo (ver) en 844, victoria obtenida gracias a una aparición de Santiago. Agradecido, el rey habría hecho el voto de que todos los habitantes pagasen al Apóstol, o sea a su santuario, una cantidad anual.

El “miles Christi” medieval, imagen poco frecuente, se convierte a partir de la segunda mitad del siglo XV y a lo largo del siglo XVI en “Santiago Matamoros”, defensor del catolicismo frente a todos sus enemigos: los turcos, los herejes y los paganos, cuyos cuerpos o cabezas ruedan entre las patas de su caballo.

En el mes de mayo de 1589, Francis Drake amenazó Compostela después de desembarcar en La Coruña. El Arzobispo, Juan de Sanclemente, acordó con el Cabildo de la Catedral ocultar cuanto de importante había en ella. Por ello, los restos fueron depositados en un escondrijo dentro del ábside de la capilla mayor, detrás del altar.

Estas no serían redescubiertas hasta finales del siglo XIX, durante unas excavaciones dirigidas por Antonio López Ferreiro. En ellas aparecieron restos humanos junto a inscripciones que llevaron a identificarlos con Santiago y sus discípulos, Atanasio y Teodoro.

Desde entonces, los restos se conservan en una urna bajo el altar mayor, manteniendo viva una tradición que ha perdurado durante siglos y que continúa atrayendo a peregrinos de todo el mundo.

En 1988, dos académicos de la Real Academia de la Historia, afirman haber hallado la inscripción “martyr” y una referencia a Atanasio en una piedra datada a finales del s. I o principios del s. II, lo cual, sostienen, confirma indirectamente la presencia en el lugar de los restos del Apóstol.

Santiago el Mayor. Francisco Polanco. Hacia 1640. Óleo sobre lienzo. 100 x 79 cm. Museo de Bellas Artes. Sala VI. Procede del convento de Capuchinos tras la desamortización de 1840

La pintura presenta al apóstol en formato de medio cuerpo o tres cuartos, siguiendo un esquema compositivo sobrio y directo que favorece la intensidad devocional de la imagen. La figura emerge sobre un fondo oscuro, en el que se advierte un tenebrismo atenuado, característico del entorno artístico vinculado al taller de Zurbarán, donde la luz no solo modela los volúmenes, sino que también contribuye a resaltar la dignidad espiritual del personaje.

Detalle

Durante el barroco español, especialmente en el contexto de la espiritualidad contrarreformista, la representación de los apóstoles alcanzó una notable difusión. Estas series, conocidas como apostolados, respondían tanto a fines catequéticos como ornamentales. Era habitual que se dispusieran en los pilares de iglesias y conventos, simbolizando a los apóstoles como pilares de la Iglesia y garantes de la fe cristiana.

Las obras dedicadas a Santiago el Mayor y Santiago el Menor formaban parte de un conjunto apostólico más amplio, en el que cada figura se individualiza mediante sus atributos iconográficos. En este caso, Santiago el Mayor aparece identificado por elementos tradicionales como la espada, aludiendo a su martirio, el bordón o bastón de peregrino y la concha que adorna el sombrero, símbolos vinculados a su condición de peregrino y a su especial devoción en la tradición jacobea.

Detalle del rostro con el sombrero con la concha 

La iluminación procede de un foco lateral situado a la izquierda, que incide con intensidad sobre ese lado del rostro, generando un marcado contraste con la zona opuesta, sumida en la penumbra. Este recurso acentúa el dramatismo contenido de la escena y dirige la atención hacia la expresión del apóstol. En contraste, los pliegues de las vestiduras presentan un tratamiento lumínico más suave y graduado, lo que aporta equilibrio a la composición y evidencia la pericia técnica del pintor en la modulación de luces y sombras.

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