martes, 7 de julio de 2026

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Calle Francisco de Pelsmaeker.

Antes de recibir su denominación actual, la calle Francisco de Pelsmaeker fue durante siglos una modesta barreduela que apenas tenía entidad propia dentro del entramado urbano del centro histórico de Sevilla. Situada entre las calles Cuna y Vargas Campos, junto al Palacio de la Condesa de Lebrija, su historia refleja la evolución de un pequeño espacio que pasó casi desapercibido hasta bien entrado el siglo XX.

Calle Francisco de Pelsmaeker

En épocas anteriores recibió nombres populares como calle Limpia y callejón del Verdugo. El primero parece responder a una denominación irónica, probablemente relacionada con el escaso estado de limpieza que presentaba este estrecho callejón. El segundo, citado por el historiador José González de León, aludía a la supuesta residencia del verdugo de la ciudad, aunque este hecho no ha podido ser corroborado documentalmente. En el plano de Pablo de Olavide de 1771 aparece sin nombre propio, lo que indica que administrativamente seguía formando parte de la calle Cuna.

En 1868 pasó a llamarse calle Adelfa, una denominación que conservó durante más de un siglo. Finalmente, en 1974, el Ayuntamiento acordó sustituir ese nombre por el de Francisco de Pelsmaeker, a propuesta de la Universidad de Sevilla, como homenaje al prestigioso catedrático de Derecho Romano que había desarrollado gran parte de su carrera docente en la antigua Fábrica de Tabacos y, anteriormente, en el histórico edificio universitario de la calle Laraña, situado a escasos metros de esta vía. Además, el profesor residía en las inmediaciones, circunstancia que justificó la elección de este pequeño callejón para perpetuar su memoria.

Francisco de Pelsmaeker nació en Granada el 24 de enero de 1901, en el seno de una familia de origen belga. Se incorporó a la Universidad de Sevilla en 1931 como catedrático de Derecho Romano, cargo que desempeñó durante cuarenta años, hasta su jubilación en 1971. Su magisterio formó a varias generaciones de juristas sevillanos y convirtió su nombre en una referencia dentro del estudio del Derecho Romano en España. Fue distinguido con la Encomienda de Alfonso X el Sabio en reconocimiento a su labor académica. Falleció en Sevilla el 22 de noviembre de 1973, apenas un año antes de que la ciudad le dedicara esta calle.

Francisco de Pelsmaeker

Desde el punto de vista urbanístico, la calle Francisco de Pelsmaeker conserva el aspecto de un antiguo callejón. Hasta la apertura de la cercana calle Vargas Campos, a comienzos del siglo XX, constituía un fondo de saco limitado por la parte trasera del desaparecido convento de Santa María de la Pasión. Es una vía corta, estrecha y rectilínea, con aceras reducidas y edificaciones que, en realidad, pertenecen a las calles adyacentes. En uno de sus lados se alza la fachada lateral de un edificio regionalista con acceso por la calle Cuna, mientras que en el otro se extiende el muro lateral del magnífico Palacio de la Condesa de Lebrija, uno de los edificios civiles más importantes del casco histórico sevillano.

A mediados del siglo XIX parte de este espacio estuvo ocupado por un teatro, del que hoy no queda rastro. En la actualidad es una calle de escaso tránsito, utilizada principalmente como paso entre Cuna y Vargas Campos. Sin embargo, su discreta presencia esconde una interesante historia en la que se mezclan antiguos nombres populares, transformaciones urbanísticas y el recuerdo de uno de los profesores más destacados de la Universidad de Sevilla durante el siglo XX. Cada vez que el visitante descubre el rótulo de esta pequeña calle, encuentra también un homenaje permanente a Francisco de Pelsmaeker, cuya vida quedó estrechamente unida a la enseñanza del Derecho y a la historia universitaria de Sevilla.

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