AREA CENTRO 2
Plaza del Salvador.
La Plaza del Salvador constituye uno de
los espacios urbanos más emblemáticos y concurridos del casco histórico de
Sevilla. En ella confluyen las calles Córdoba, Villegas, Blanca de los Ríos,
Álvarez Quintero, Sagasta y Cuna, formando un amplio recinto peatonal que desde
hace siglos ha desempeñado un papel fundamental en la vida religiosa, comercial
y social de la ciudad. Su privilegiada ubicación, junto a la antigua mezquita
mayor almohade y a la actual Iglesia Colegial del Divino Salvador, la ha
convertido en uno de los grandes centros de la Sevilla histórica.
Plaza del Salvador
Los orígenes de este espacio se
remontan a la época islámica. Situada junto a la mezquita aljama construida por
Ibn Adabbás a finales del siglo IX, la plaza fue uno de los lugares de mayor
actividad de la Sevilla andalusí. Diversos estudios apuntan a que en sus
inmediaciones pudo encontrarse parte del zoco principal de la ciudad, donde se
desarrollaba una intensa actividad comercial. Tras la conquista castellana de
1248, la mezquita fue consagrada al culto cristiano y el espacio abierto que se
extendía frente a ella pasó a desempeñar nuevas funciones, conservando, no
obstante, su importancia como lugar de reunión y de mercado.
Durante la Baja Edad Media y buena
parte de la Edad Moderna fue conocida como plaza del Cementerio o del
Cementerio de San Salvador, ya que una parte de su superficie estaba ocupada
por el camposanto de la parroquia. En aquellos siglos era habitual enterrar a
los difuntos en el interior de los templos o en los terrenos inmediatos a
ellos, considerados igualmente sagrados. El antiguo cementerio permaneció en
uso hasta el siglo XVII, aunque el topónimo “Plaza del Salvador” terminó
imponiéndose de manera definitiva.
La actual Iglesia Colegial del Divino
Salvador (leer mas) domina todo el conjunto urbano con su monumental
fachada barroca. El edificio comenzó a levantarse en 1674 sobre los restos de
la antigua mezquita, cuya fábrica se encontraba muy deteriorada, y las obras
concluyeron en 1712 tras la intervención de diversos maestros de obras. Del
templo islámico únicamente se conserva el Patio de los Naranjos y parte de la
base del antiguo alminar, integrado posteriormente en la torre campanario. La
grandiosidad del templo convirtió la plaza en uno de los escenarios
monumentales más destacados de la Sevilla barroca.
Iglesia Colegial del Divino Salvador
Frente a la colegial se alza el
Hospital de Nuestra Señora de la Paz (leer mas), perteneciente desde el siglo XVI a la Orden
Hospitalaria de San Juan de Dios. El edificio ocupa el solar de antiguos
hospitales medievales dedicados sucesivamente a San Cosme y San Damián, al
Salvador y a la Misericordia. Su iglesia y las dependencias que dan a la plaza
forman uno de los conjuntos arquitectónicos más característicos del lugar.
Hospital de Nuestra Señora de la Paz
Uno de los elementos más singulares de
la plaza son los soportales conservados en su lado occidental. Constituyen el
único vestigio de las galerías porticadas que durante siglos rodearon gran
parte del recinto y que acogían tiendas y talleres. Originalmente muchos de
estos soportales eran de madera, aunque progresivamente fueron sustituidos por
columnas de mármol. Bajo ellos desarrollaban su actividad numerosos artesanos y
comerciantes, convirtiendo la plaza en un importante centro económico de la
ciudad.
Soportales
Desde la Edad Media se establecieron
aquí diversos gremios especializados. En distintos momentos ocuparon sus
frentes los cordoneros, chapineros, cereros, candeleros, cinteros, sederos,
talabarteros y zapateros, además de numerosos pequeños comerciantes. Con el
paso del tiempo la plaza se convirtió también en un destacado mercado de
frutas, verduras y otros productos de consumo cotidiano, al que acudían
vendedores procedentes tanto de Sevilla como de las poblaciones cercanas. La
intensa actividad mercantil atraía igualmente a porteadores, aguadores, mozos
de cordel y animales de carga, creando un ambiente bullicioso que numerosos
cronistas describieron como uno de los más animados de la ciudad.
Cerería del Salvador
Cerería del Salvador
A mediados del siglo XIX comenzaron las
grandes transformaciones urbanísticas que dieron a la plaza un aspecto más
acorde con las nuevas ideas de embellecimiento de la ciudad. En 1840 se instaló
una fuente procedente del convento del Carmen y pocos años después el
arquitecto Balbino Marrón proyectó un elegante paseo central arbolado con
bancos y zonas ajardinadas. La solución no convenció plenamente y en 1861 fue
sustituida por un nuevo diseño elaborado por Manuel Heredia Tejada. Durante las
décadas siguientes continuaron las reformas del pavimento, el alumbrado y las
alineaciones de los edificios.
Una de las modificaciones más
importantes tuvo lugar en la década de 1920, cuando el derribo de varias casas
permitió ampliar el extremo meridional de la plaza y mejorar la comunicación
con la calle Blanca de los Ríos. En esos mismos años se instaló el monumento
dedicado al gran escultor Juan Martínez Montañés (leer mas), realizado por Agustín Sánchez Cid. Aunque la
escultura fue trasladada durante algunos años a la avenida de la Constitución,
regresó definitivamente a la Plaza del Salvador tras la gran remodelación
llevada a cabo en la década de 1980.
Monumento a Martínez Montañez
La configuración actual es fruto de esa
profunda intervención urbanística. Después de haber permanecido durante décadas
ocupada por el tráfico rodado y por un gran aparcamiento, la plaza fue
peatonalizada, recuperándose el tradicional pavimento de adoquines,
reinstalándose el monumento a Martínez Montañés y plantándose los
característicos naranjos que hoy forman parte inseparable de su imagen. También
se restauró el alumbrado con farolas inspiradas en modelos históricos y se
reorganizó todo el espacio para favorecer nuevamente su uso ciudadano.
En uno de los ángulos del templo se
encuentra la conocida Cruz del Cementerio Parroquial del Salvador, situada en
un pequeño templete junto al chaflán de la calle Villegas. Esta cruz recuerda
el antiguo camposanto parroquial y sustituyó a otra que originalmente se
levantaba en el centro de la plaza. Es denominada popularmente como “Cruz de
las Culebras” (leer mas), aunque históricamente esta denominación corresponde
realmente a la antigua Cuesta de las Culebras, nombre que recibía el primer
tramo de la actual calle Villegas, y no a la propia cruz.
Chaflán de la calle Villegas
Cruz de las Culebras
La Plaza del Salvador ha sido
igualmente escenario de numerosas celebraciones religiosas y acontecimientos
festivos. Desde hace siglos forma parte del recorrido de la procesión del
Corpus Christi, una de las ceremonias más solemnes de Sevilla, y por ella
discurren también algunas de las cofradías más destacadas de la Semana Santa,
especialmente las del Amor y Pasión, cuyas sedes se encuentran en la Iglesia
del Salvador. En épocas pasadas acogió veladas populares, festejos en honor de
la Virgen de las Aguas, mercados temporales, conciertos e incluso festejos
taurinos.
Este papel de punto de convivencia, de
centro de la vida sevillana, ha sido recogido por diversos autores y ensayistas
como Montoto, Chaves Nogales, Sánchez del Arco, Romero Murube, Mas, Cortines
Murube, Guillén, M. Chaves Rey, M. Diez Crespo, Ferrand o Burgos.
En la actualidad, la Plaza del Salvador
continúa siendo uno de los principales lugares de encuentro de los sevillanos.
Sus terrazas, bares tradicionales y comercios conviven con algunos de los
edificios más representativos del patrimonio histórico de la ciudad. En este
escenario lleno de historia, La Antigua Bodeguita del
Salvador o la Alicantina forma parte del alma de la Plaza del
Salvador.
La Alicantina en la plaza del Salvador. Década de 1.950.
A cualquier hora del día, las gradas de
la colegial y el entorno del monumento a Martínez Montañés reúnen a vecinos y
visitantes, prolongando una vocación de convivencia que este espacio ha
mantenido, con diferentes formas, desde hace más de mil años. Pocas plazas
reflejan con tanta claridad la evolución histórica de Sevilla, desde la ciudad
islámica hasta la gran urbe contemporánea, conservando intacto su carácter de
auténtico corazón del casco antiguo.
San Cristóbal. Pequeño azulejo en la casa numero 14





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