AREA CENTRO 2
Calle Rivero.
La calle
Rivero, que une las calles Cuna y Sierpes en pleno corazón del casco histórico
de Sevilla, es una vía de reducido recorrido que, pese a su discreto tamaño,
atesora una interesante evolución histórica.
Calle Rivero
Hasta finales
del siglo XIX fue conocida como calle Limones, nombre documentado al menos
desde 1471 y que, en algunos documentos decimonónicos, aparece también con la
variante de Limoneros. En 1883 recibió su denominación actual en homenaje al
sevillano Nicolás María Rivero (1814-1878), destacado médico, abogado,
periodista y político, fundador del Partido Democrático y presidente del
Congreso de los Diputados durante el Sexenio Democrático.
Su trazado
presenta una singularidad que rompe la apariencia de calle recta.
Aproximadamente a la altura del número 8 describe un acusado quiebro que
estrecha considerablemente el paso, formando un codo que constituye una de sus
señas de identidad. Aunque esta disposición ya aparece reflejada en el plano de
Pablo de Olavide de 1771, la documentación municipal demuestra que antiguamente
fue aún más estrecha e irregular. A lo largo del siglo XIX el Ayuntamiento
aprobó diversos proyectos de alineación y ensanche, especialmente en 1867 y
1899, con el objetivo de mejorar la circulación y el aspecto urbano de una
calle que la prensa de la época calificaba de angosta y poco funcional.
Calle Rivero
Desde comienzos
del siglo XVII la vía estaba empedrada, siendo sustituido este pavimento por
losas en 1858 y, posteriormente, por un firme de cemento en 1900. En la
actualidad conserva el mismo tipo de losetas que caracterizan a la cercana
calle Sierpes, carece de aceras y mantiene un uso exclusivamente peatonal. La
iluminación se resuelve mediante brazos de fundición fijados a las fachadas,
una solución muy habitual en las calles más estrechas del centro histórico.
El caserío
responde, en su mayor parte, a edificios de viviendas levantados durante la
primera mitad del siglo XX, que conviven con algunas casas tradicionales de
tres plantas conservadas de épocas anteriores. El conjunto contrasta con el
edificio de líneas modernas situado en la esquina con Sierpes, revestido de
mármol y destinado desde hace décadas a uso bancario.
Pese a
encontrarse en una de las zonas más céntricas de Sevilla, durante buena parte
del siglo XIX la calle Rivero tuvo una imagen muy distinta a la actual. Los
periódicos denunciaban con frecuencia la falta de limpieza, la acumulación de
residuos y la existencia de un urinario público que contribuía a deteriorar su
aspecto. También eran habituales las quejas vecinales por la inseguridad
nocturna y por la presencia de establecimientos relacionados con la
prostitución, una circunstancia que llegó a convertir la calle en un lugar de
escasa reputación.
Con el paso del
tiempo ese ambiente fue desapareciendo y la calle se transformó en un espacio
de intensa actividad comercial y hostelera. Durante buena parte del siglo XX
albergó bares, pequeños hoteles, casas de juego y numerosos negocios que
atraían a una clientela muy diversa. El poeta Manuel Machado dejó constancia de
algunos de estos establecimientos en sus Estampas sevillanas,
mientras que la escritora Mercedes Formica, que pasó parte de su infancia en un
edificio de la antigua Compañía Catalana de Gas situado en esta calle, evocó en
sus memorias el animado ambiente que se respiraba en torno a 1931. Recordaba un
constante ir y venir de vendedores de lotería, limpiabotas, marisqueros,
corredores de fincas, tratantes de ganado, cantaores flamencos y personajes
populares que llenaban la calle de voces, pregones y bullicio.
En las últimas
décadas Rivero ha ido perdiendo parte de esa intensa vida cotidiana, aunque
continúa siendo una calle eminentemente comercial. Muchos de sus locales
mantienen un carácter tradicional, con establecimientos especializados en
corsetería, óptica, grifería, mobiliario o librerías de viejo, actividades que
le confieren una personalidad distinta a la de otras calles próximas dominadas
por las grandes franquicias.
Entre sus
comercios históricos destacó durante muchos años La Preventiva, situada en el
número 13, una antigua tienda dedicada a productos de higiene personal que
llegó a ser una referencia en Sevilla por la singularidad de su oferta. A pesar
de sufrir un importante incendio en 1984, el establecimiento reabrió sus
puertas y continuó formando parte del paisaje urbano de la calle.
En la esquina
con Sierpes fue durante décadas muy conocido el Bar Rivero, célebre por sus
calamares fritos, cuyo aroma se extendía por toda la zona y quedó grabado en la
memoria de muchos sevillanos. La calle posee además un pequeño valor
biográfico, ya que en una de sus viviendas nació en 1922 el pintor Baldomero
Romero Ressendi, uno de los artistas sevillanos más personales del siglo XX.
Hoy, la calle
Rivero constituye un discreto pasaje entre Cuna y Sierpes donde conviven la
memoria de la Sevilla más popular con un comercio tradicional que aún resiste
el paso del tiempo. Su reducido tamaño contrasta con la riqueza de las
historias que han transcurrido entre sus fachadas, convirtiéndola en una de
esas calles que mejor reflejan la evolución urbana y social del centro
histórico sevillano.
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