miércoles, 8 de julio de 2026

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Calle Rivero.

La calle Rivero, que une las calles Cuna y Sierpes en pleno corazón del casco histórico de Sevilla, es una vía de reducido recorrido que, pese a su discreto tamaño, atesora una interesante evolución histórica.

Calle Rivero

Hasta finales del siglo XIX fue conocida como calle Limones, nombre documentado al menos desde 1471 y que, en algunos documentos decimonónicos, aparece también con la variante de Limoneros. En 1883 recibió su denominación actual en homenaje al sevillano Nicolás María Rivero (1814-1878), destacado médico, abogado, periodista y político, fundador del Partido Democrático y presidente del Congreso de los Diputados durante el Sexenio Democrático.

Su trazado presenta una singularidad que rompe la apariencia de calle recta. Aproximadamente a la altura del número 8 describe un acusado quiebro que estrecha considerablemente el paso, formando un codo que constituye una de sus señas de identidad. Aunque esta disposición ya aparece reflejada en el plano de Pablo de Olavide de 1771, la documentación municipal demuestra que antiguamente fue aún más estrecha e irregular. A lo largo del siglo XIX el Ayuntamiento aprobó diversos proyectos de alineación y ensanche, especialmente en 1867 y 1899, con el objetivo de mejorar la circulación y el aspecto urbano de una calle que la prensa de la época calificaba de angosta y poco funcional.

Calle Rivero

Desde comienzos del siglo XVII la vía estaba empedrada, siendo sustituido este pavimento por losas en 1858 y, posteriormente, por un firme de cemento en 1900. En la actualidad conserva el mismo tipo de losetas que caracterizan a la cercana calle Sierpes, carece de aceras y mantiene un uso exclusivamente peatonal. La iluminación se resuelve mediante brazos de fundición fijados a las fachadas, una solución muy habitual en las calles más estrechas del centro histórico.

El caserío responde, en su mayor parte, a edificios de viviendas levantados durante la primera mitad del siglo XX, que conviven con algunas casas tradicionales de tres plantas conservadas de épocas anteriores. El conjunto contrasta con el edificio de líneas modernas situado en la esquina con Sierpes, revestido de mármol y destinado desde hace décadas a uso bancario.

Pese a encontrarse en una de las zonas más céntricas de Sevilla, durante buena parte del siglo XIX la calle Rivero tuvo una imagen muy distinta a la actual. Los periódicos denunciaban con frecuencia la falta de limpieza, la acumulación de residuos y la existencia de un urinario público que contribuía a deteriorar su aspecto. También eran habituales las quejas vecinales por la inseguridad nocturna y por la presencia de establecimientos relacionados con la prostitución, una circunstancia que llegó a convertir la calle en un lugar de escasa reputación.

Con el paso del tiempo ese ambiente fue desapareciendo y la calle se transformó en un espacio de intensa actividad comercial y hostelera. Durante buena parte del siglo XX albergó bares, pequeños hoteles, casas de juego y numerosos negocios que atraían a una clientela muy diversa. El poeta Manuel Machado dejó constancia de algunos de estos establecimientos en sus Estampas sevillanas, mientras que la escritora Mercedes Formica, que pasó parte de su infancia en un edificio de la antigua Compañía Catalana de Gas situado en esta calle, evocó en sus memorias el animado ambiente que se respiraba en torno a 1931. Recordaba un constante ir y venir de vendedores de lotería, limpiabotas, marisqueros, corredores de fincas, tratantes de ganado, cantaores flamencos y personajes populares que llenaban la calle de voces, pregones y bullicio.

En las últimas décadas Rivero ha ido perdiendo parte de esa intensa vida cotidiana, aunque continúa siendo una calle eminentemente comercial. Muchos de sus locales mantienen un carácter tradicional, con establecimientos especializados en corsetería, óptica, grifería, mobiliario o librerías de viejo, actividades que le confieren una personalidad distinta a la de otras calles próximas dominadas por las grandes franquicias.

Entre sus comercios históricos destacó durante muchos años La Preventiva, situada en el número 13, una antigua tienda dedicada a productos de higiene personal que llegó a ser una referencia en Sevilla por la singularidad de su oferta. A pesar de sufrir un importante incendio en 1984, el establecimiento reabrió sus puertas y continuó formando parte del paisaje urbano de la calle.

En la esquina con Sierpes fue durante décadas muy conocido el Bar Rivero, célebre por sus calamares fritos, cuyo aroma se extendía por toda la zona y quedó grabado en la memoria de muchos sevillanos. La calle posee además un pequeño valor biográfico, ya que en una de sus viviendas nació en 1922 el pintor Baldomero Romero Ressendi, uno de los artistas sevillanos más personales del siglo XX.

Hoy, la calle Rivero constituye un discreto pasaje entre Cuna y Sierpes donde conviven la memoria de la Sevilla más popular con un comercio tradicional que aún resiste el paso del tiempo. Su reducido tamaño contrasta con la riqueza de las historias que han transcurrido entre sus fachadas, convirtiéndola en una de esas calles que mejor reflejan la evolución urbana y social del centro histórico sevillano.

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