martes, 7 de julio de 2026

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Calle Azofaifo.

La calle Azofaifo es una de las barreduelas más singulares y evocadoras del Casco Antiguo de Sevilla. Nace en la calle Sierpes y termina en un fondo sin salida, conservando el carácter de adarve propio del urbanismo medieval hispalense. Su estrechez, su trazado quebrado y el silencio que la envuelve contrastan con el bullicio de la cercana Sierpes, convirtiéndola en uno de esos rincones donde todavía puede percibirse la estructura de la ciudad de hace varios siglos.

Calle Azofaifo

Calle Azofaifo

El nombre de Azofaifo aparece documentado al menos desde comienzos del siglo XV y ha permanecido prácticamente inalterado hasta nuestros días. En los documentos antiguos suele citarse como "barreduela" o "calleja de Azofaifo", reflejando su condición de pequeño callejón sin salida. Aunque una antigua tradición afirmaba que el topónimo procedía de un gran árbol de azofaifo —el jinjolero o azufaifo (Ziziphus jujuba)— que habría existido en este lugar, no existe ninguna prueba documental que permita confirmar este origen, por lo que su etimología continúa siendo una incógnita.

La calle constituye un magnífico ejemplo de lo que en Sevilla se conoce como barreduela o adarve. Estas vías, cerradas en uno de sus extremos, fueron muy frecuentes en la ciudad medieval y aún sobreviven varias en el casco histórico. A diferencia de las calles convencionales, cuyos números pares e impares se distribuyen en aceras opuestas, las barreduelas suelen presentar una numeración correlativa debido a su peculiar configuración urbana.

Su recorrido tiene forma acodada y está dividido en dos tramos, del primero de los cuales parte otra pequeña barreduela. Este trazado ya aparece reflejado, con ligeras diferencias, en el plano levantado por Pablo de Olavide en 1771, donde figura simplemente como una calle sin salida. En el siglo XVII existió probablemente otro pequeño callejón lateral que fue clausurado por decisión municipal alegándose razones de moralidad pública. Siglos después, a finales del XIX, volvió a plantearse el cierre del adarve mediante una cancela tras proyectarse un nuevo acceso hacia Sierpes, iniciativa que finalmente nunca llegó a ejecutarse.

El aspecto actual continúa reflejando el origen medieval de este espacio. Se trata de una calle exclusivamente peatonal, pavimentada con losas y sin aceras diferenciadas. Las farolas de fundición sujetas a las fachadas iluminan un caserío formado, en buena medida, por las traseras y laterales de los edificios de la calle Sierpes. La estrechez del callejón y la altura de las viviendas generan una sensación de recogimiento que apenas ha cambiado con el paso del tiempo.

Entre sus edificios destaca especialmente la casa número 7, proyectada en 1927 por el arquitecto regionalista Gabriel Lupiáñez para la condesa de Lebrija. Su elegante fachada de pilastras constituye una de las construcciones más notables de la calle y en la actualidad alberga un establecimiento hotelero.

La historia cotidiana de Azofaifo también refleja las desigualdades sociales de la Sevilla de otros tiempos. La prensa del siglo XIX describía con frecuencia este rincón como un lugar poco cuidado, donde se acumulaban barro, desperdicios y aguas sucias. En uno de sus corrales de vecinos residían numerosas familias humildes, entre ellas lavanderas, jornaleros y otros trabajadores, que compartían las difíciles condiciones de vida propias de muchas viviendas populares de la época. Un pozo situado en la calle abastecía de agua tanto a los vecinos como a los aguadores que recorrían la ciudad.

Sin embargo, Azofaifo también fue escenario de algunas innovaciones culturales. A comienzos del siglo XX abrió sus puertas el Cinematógrafo de la Rosa, posteriormente conocido como Cine Llorens, considerado el primer cine de programación estable que existió en Sevilla. El poeta Rafael Laffón recordaba aquel primitivo local donde, durante las proyecciones del cine mudo, un narrador leía en voz alta los rótulos que aparecían en la pantalla para facilitar su comprensión al público. Aquel establecimiento llegó a convertirse en un concurrido punto de reunión de la sociedad sevillana.

Existe además una interesante hipótesis histórica según la cual este espacio pudo formar parte en el siglo XVI del célebre jardín botánico y medicinal del doctor Nicolás Monardes, uno de los médicos y naturalistas más prestigiosos del Renacimiento español. En aquel jardín se cultivaban numerosas plantas traídas del continente americano que sirvieron de base para los importantes tratados científicos publicados por este ilustre sevillano.

Hoy la calle Azofaifo mantiene un carácter eminentemente residencial, aunque la presencia de algunos establecimientos hoteleros, pequeños negocios y locales de hostelería le proporciona cierta actividad durante el día. A pesar de encontrarse a escasos metros de una de las arterias comerciales más transitadas de Sevilla, conserva una atmósfera tranquila y casi escondida que permite imaginar cómo eran las estrechas callejas de la ciudad medieval. Es, sin duda, uno de esos lugares donde la historia urbana de Sevilla permanece escrita en el propio trazado de sus calles.

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