martes, 14 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Jovellanos.

Antes de adoptar su denominación actual, la calle Jovellanos conoció distintos nombres que reflejan la evolución urbana, económica y social del corazón de Sevilla. Une hoy la confluencia de las calles Sierpes y Sagasta con la calle Tetuán, en un recorrido corto pero lleno de historia, condicionado por la presencia de la Capilla de San José, cuya silueta barroca determina el característico trazado quebrado de la vía. Su irregular disposición, con tres tramos claramente diferenciados y un pequeño ensanche en la desembocadura de la calle General Polavieja, convierte este espacio en uno de los rincones más pintorescos del centro histórico.

Calle Jovellanos

Calle Jovellanos

La documentación de comienzos del siglo XVII todavía no le asigna un nombre estable. En 1609 aparece descrita simplemente como “la calle real desde la calle Gallegos y la calle Sierpes para San José”, mientras que pocos años antes, en 1604, ya se citaba como “la calle del Hospital de San José”, en alusión al hospital fundado por el gremio de carpinteros. Diversos autores sostienen que con anterioridad formó parte de la antigua calle Manteros, donde trabajaban los fabricantes y vendedores de mantas, aunque también se han conservado referencias a otras denominaciones como Malcocinado, Juan Sánchez Illescas, Rosillas o Rajas, esta última aplicada especialmente a su tramo final. La variedad de nombres ilustra la riqueza histórica de un espacio cuyo aspecto y función fueron transformándose con el paso de los siglos.

La denominación definitiva llegó en 1845, cuando el Ayuntamiento decidió dedicar la calle a Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), una de las figuras más relevantes de la Ilustración española. Jurista, escritor, político y reformador, Jovellanos residió durante varios años en Sevilla al ser nombrado alcalde del Crimen de la Real Audiencia. En la ciudad desarrolló buena parte de su formación intelectual y participó en las célebres tertulias organizadas por Pablo de Olavide en los Reales Alcázares, donde leyó por primera vez su célebre comedia “El delincuente honrado”. Décadas más tarde regresaría a Sevilla como miembro de la Junta Central Suprema durante la Guerra de la Independencia, cuando el organismo hubo de abandonar Aranjuez ante el avance del ejército napoleónico.

El primer tramo de la calle constituye uno de los lugares más populares del casco histórico: las tradicionales Cuatro Esquinas de San José, punto de encuentro entre Sierpes, Sagasta y Jovellanos. Sin embargo, este enclave recibió anteriormente otros nombres populares. Durante el siglo XVI fue conocido como las Cuatro Esquinas de la Botica de Juan Illescas, debido al establecimiento del célebre boticario sevillano Juan Illescas, cuya farmacia se convirtió en lugar de reunión de personajes destacados de la vida cultural y social de la ciudad.

Cuatro Esquinas de San José

La gran protagonista de la calle es, sin duda, la Capilla de San José (leer mas), una de las joyas del barroco sevillano, levantada sobre el antiguo hospital del gremio de carpinteros. Desde mediados del siglo XX la capilla está encomendada a los frailes capuchinos, quienes continúan manteniendo vivo este importante centro de devoción.

Al fondo la Capilla de San José

Capilla de San José

Desde el punto de vista urbanístico, Jovellanos experimentó numerosas mejoras a lo largo de los siglos XIX y XX. Su estrechez obligó al Ayuntamiento a rectificar alineaciones y proteger las fachadas frente al paso de carruajes, que frecuentemente las dañaban. Fue empedrada ya en el siglo XVII, readoquinada en 1913 y posteriormente pavimentada con nuevos materiales. La iluminación de gas fue sustituida por alumbrado eléctrico en 1937 y, en la actualidad, buena parte de su pavimento reproduce el característico diseño utilizado en la cercana calle Sierpes.

El caserío presenta una interesante mezcla de arquitectura tradicional y edificios representativos de la Sevilla de comienzos del siglo XX. En la esquina con Tetuán destaca un elegante inmueble modernista proyectado por Juan Talavera en 1911, mientras que otro de los edificios más significativos corresponde a los antiguos Grandes Almacenes El Águila, diseñados por José Gómez Millán, cuya fachada principal se abre a la calle Sierpes.

Grandes Almacenes El Águila. 1962

Uno de los elementos más curiosos que conserva la calle es el reloj y el rotulo de Casa Calvillo y el gran panel cerámico dedicado a esta desaparecida Casa Calvillo, instalado en la fachada del edificio donde estuvo este célebre restaurante sevillano entre 1932 y 1982. La composición reproduce la caseta que el establecimiento levantó en la Feria de Abril de 1934, cuando la feria aún se celebraba en el Prado de San Sebastián. Pintado en la prestigiosa Cerámica Santa Ana de Triana por Facundo Peláez Jaén, el mural constituye un magnífico documento gráfico sobre la estética de aquellas antiguas casetas, que imitaban fachadas reales de edificios sevillanos antes de la uniformidad que caracteriza hoy al recinto ferial. En la escena aparecen caballistas, mujeres vestidas de flamenca, camareros, clientes y numerosos detalles arquitectónicos que reproducen fielmente la fachada del edificio y el ambiente festivo de la Sevilla de los años treinta.

Reloj de Casa Calvillo

Panel cerámico

Durante buena parte del siglo XX, Jovellanos fue un lugar especialmente animado. Sus bares, tabernas y pequeños comercios prolongaban el bullicio de la cercana Sierpes y convertían las Cuatro Esquinas de San José en un auténtico punto de encuentro de artistas, comerciantes, toreros, saeteros y aficionados a la conversación. Escritores como Manuel Ferrand evocaron este ambiente castizo de tertulias, tapeo y vida callejera que caracterizó durante décadas este rincón sevillano.

Aunque la desaparición de algunos establecimientos históricos ha transformado parcialmente su fisonomía comercial, la calle Jovellanos conserva intacta buena parte de su personalidad. Su reducido recorrido reúne algunos de los mejores ejemplos del barroco sevillano, recuerdos de la Sevilla gremial, testimonios de la Ilustración y evocaciones de la Feria y de la vida cotidiana del siglo XX, convirtiéndola en una de esas pequeñas calles donde la historia de la ciudad puede leerse prácticamente en cada fachada.

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