AREA CENTRO 2
Calle Moreno López.
La calle Moreno López es una de esas estrechas vías del
casco histórico sevillano cuya apariencia modesta esconde una larga historia
ligada a la vida cotidiana de la ciudad. Une la calle Sierpes con el pasaje
Maestro Gámez Laserna y, aunque hoy constituye un discreto paso peatonal,
durante siglos fue un adarve sin salida, circunstancia que aún delata la
numeración correlativa de sus viviendas, característica propia de este tipo de
callejones.
Calle Moreno López
Su origen documental se remonta, al menos, a finales
del siglo XV, cuando aparece citada como calleja o callejón de las Mozas,
también denominada Mesón de las Mozas, probablemente por la existencia de una
posada o mesón que daba nombre al lugar. De forma simultánea, algunos
documentos de finales del siglo XV, como uno fechado en 1499, la mencionan como
calleja de la Condesa, aunque esta denominación nunca llegó a imponerse. En el
plano elaborado por Pablo de Olavide en 1771 figura, posiblemente por un error
de transcripción, como calle del Moral, si bien la documentación de los siglos
XVIII y XIX continúa utilizando mayoritariamente el nombre tradicional de calle
de las Mozas.
En 1918 recibió su denominación actual en honor de
Manuel Moreno López (1815-1868), político sevillano que desempeñó el cargo de
ministro de Fomento durante el reinado de Isabel II. Desde ese ministerio
impulsó importantes proyectos de modernización de las infraestructuras
nacionales y prestó especial atención al desarrollo del puerto de Sevilla,
promoviendo mejoras destinadas a favorecer la navegación y la actividad
comercial de la ciudad, una de las grandes aspiraciones del siglo XIX.
Durante la mayor parte de su historia la calle
permaneció cerrada en su extremo oriental. Solo la apertura, ya en época
reciente, del pasaje Maestro Gámez Laserna la convirtió en un itinerario de
paso. Hasta entonces presentaba el aspecto característico de una barreduela
sevillana: un espacio angosto, silencioso y apartado del bullicio de las calles
comerciales cercanas. A la altura del número 10 describe un pronunciado recodo
que acentúa la sensación de estrechez, reforzada por las elevadas fachadas de las
casas que la flanquean. El pavimento, de losetas y sin aceras diferenciadas,
junto con la iluminación mediante faroles de fundición adosados a los
edificios, contribuye a conservar su carácter tradicional.
Aunque hoy predominan las viviendas y pequeños
establecimientos comerciales, la calle conoció una intensa actividad en otros
tiempos. En el siglo XVII tuvo aquí su taller el impresor Simón Fajardo, uno de
los numerosos artesanos relacionados con el mundo del libro establecidos en las
inmediaciones de Sierpes. En el siglo XVIII existía un corral de vecinos cuyas
aguas residuales se vertían sobre la calle, provocando continuos problemas de
insalubridad hasta que, a mediados del siglo XIX, se construyó una cloaca que
solucionó definitivamente el drenaje.
En la embocadura con la calle Sierpes existió además un
retablo callejero dedicado a la Virgen del Carmen, una manifestación de la
religiosidad popular tan característica de la Sevilla antigua, donde numerosas
esquinas acogían pequeñas hornacinas o altares que servían como lugar de
oración para los vecinos y transeúntes.
Uno de los episodios más singulares de su historia está
relacionado con los llamados "gallegos" o mozos de cuerda,
trabajadores procedentes en su mayoría de Galicia que desempeñaban labores de
carga y transporte de mercancías en los comercios y almacenes del centro de
Sevilla. A finales del siglo XIX y comienzos del XX muchos de ellos se alojaban
en humildes casas de la antigua calle de las Mozas. El escritor Rafael Laffón
dejó una emotiva descripción de aquellas precarias viviendas: “Dormían sobre
una manta, por cabezal una cuerda tensa de pared a pared, donde los galleguitos
acomodaban los costales del oficio para recostarse como en almohada de plumas”.
Su testimonio constituye un valioso recuerdo de una realidad social hoy
desaparecida y de un colectivo que desempeñó un papel esencial en la actividad
comercial de la Sevilla de la época.
Pese a las transformaciones experimentadas en las últimas décadas, Moreno López conserva aún el ambiente recogido de las antiguas callejas medievales. Su estrechez, el trazado quebrado, la ausencia de tráfico rodado y el silencio que contrasta con la cercana animación de Sierpes permiten imaginar cómo fueron durante siglos estos pequeños espacios urbanos, donde transcurría una parte esencial de la vida cotidiana de la ciudad.
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