jueves, 9 de julio de 2026

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Calle Oropesa.

La calle Oropesa es una pequeña y discreta barreduela situada en pleno corazón del casco histórico de Sevilla. Nace en la confluencia de las calles Cuna y la plaza del Salvador y concluye pocos metros después en un fondo de saco, circunstancia que le confiere un ambiente tranquilo, muy distinto del incesante tránsito de las vías que la rodean.

Calle Oropesa a la derecha

Su historia está documentada al menos desde comienzos del siglo XV, cuando era conocida como calle de los Ataúdes o de los Atauderos. Este nombre hace referencia al gremio de artesanos dedicados a la fabricación de ataúdes, cuya presencia en este sector de la ciudad pone de manifiesto la tradicional organización de los oficios sevillanos por calles y collaciones durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna. Con el paso del tiempo aquella denominación cayó en desuso y la estrecha calle llegó incluso a quedar absorbida por el topónimo de la cercana calle Cuna.

No fue hasta la reforma del callejero emprendida por el Ayuntamiento tras la Revolución de 1868 cuando recibió el nombre de Oropesa, con el que hoy se conoce. La denominación recuerda al médico Francisco Sánchez de Oropesa, uno de los más destacados urólogos españoles del Renacimiento. Natural de Oropesa, se estableció en Sevilla hacia 1575, donde desarrolló una brillante trayectoria profesional y publicó diversos tratados médicos que gozaron de gran prestigio en su época. Algunos nomenclátores antiguos lo citan como Francisco de Oropesa. El historiador José María Álvarez Benavides también menciona que la calle fue conocida en algún momento como Corral Nuevo y Victoria, aunque hasta la fecha no se han localizado documentos que permitan confirmar estas denominaciones.

Su reducido tamaño no ha impedido que haya sido escenario de importantes episodios de la historia urbana de Sevilla. En esta calle se encontraba el antiguo Corral de los Gallegos, un amplio corral de vecinos que existió hasta la década de 1970 y que fue derribado durante las transformaciones urbanísticas del entorno. Sobre parte de aquellos terrenos se abriría años después el Pasaje Maestro Gámez Laserna.

Corral de los Gallegos

El Corral de los Gallegos albergó durante más de un siglo cuatro columnas de mármol procedentes del antiguo Monasterio de Santa María de las Cuevas. Estas piezas habían formado parte de un claustro del siglo XV y fueron desmontadas por Carlos Pickman cuando adaptó el monasterio para instalar la fábrica de loza de La Cartuja. Cuatro de las veinticuatro columnas terminaron en la propiedad de Guillermo Aponte, socio de Pickman, quien las incorporó al corral. Tras el derribo del edificio, fueron rescatadas y hoy pueden contemplarse empotradas en uno de los muros del cercano Pasaje Maestro Gámez Laserna, constituyendo un singular ejemplo de la reutilización del patrimonio arquitectónico sevillano.

Columnas de mármol del Pasaje Maestro Gámez Laserna

Desde el punto de vista urbano, Oropesa mantiene el carácter de una calle estrecha y rectilínea. Ya aparece sin salida en el plano de Pablo de Olavide de 1771, lo que indica que la antigua comunicación con la actual calle Monardes había desaparecido antes de esa fecha, aunque se desconoce el momento exacto en que quedó interrumpida. Carece de aceras y conserva un pavimento de pequeños adoquines, mientras que la iluminación se resuelve mediante faroles de fundición adosados a las fachadas, contribuyendo a preservar su imagen tradicional.

La mayor parte de sus edificios corresponden a finales del siglo XIX y comienzos del XX, con varias casas de vecinos de cuatro plantas que reflejan la intensa renovación residencial experimentada por esta zona durante ese periodo. En la actualidad, sus bajos albergan pequeños comercios y establecimientos vinculados a la actividad del centro histórico, prolongando el dinamismo comercial de la calle Cuna. Sin embargo, cuando los comercios cierran sus puertas, Oropesa recupera el silencio propio de una antigua barreduela sevillana, convirtiéndose en un espacio casi escondido donde todavía es posible descubrir discretas huellas de la historia de la ciudad.

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