domingo, 12 de octubre de 2025

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Cruz de Carey.

En la Semana Santa sevillana sólo existen tres cruces de carey: la del Silencio, la de La O y la de Las Penas de San Vicente.

Estas piezas singulares destacan no sólo por su valor artístico y devocional, sino también por el material con que fueron elaboradas, hoy de uso prohibido.

El material: el carey

El carey es una materia córnea que se obtiene en láminas delgadas al calentar los caparazones de las tortugas marinas conocidas como tortugas carey (Eretmochelys imbricata). Estas tortugas, de alrededor de un metro de longitud y espaldar pardo, abundaban antiguamente en las costas del Golfo de México y en las Indias Orientales.

Su consistencia dura, traslúcida y compacta permite un pulimento excepcional, motivo por el cual se utilizó durante siglos en la confección de objetos de lujo como peines, cajas o piezas ornamentales.

En la actualidad, la captura de esta especie está terminantemente prohibida por el riesgo de extinción. A modo de ejemplo, la Guardia Civil intervino en Castellón tres caparazones de tortuga carey, como infracción a la Ley Orgánica 12/95 de represión del contrabando, recordando así la protección legal de esta especie.

Conchas de Carey

Hermandad de Las Penas de San Vicente

La cruz de carey de la Hermandad de Las Penas se distingue de las demás por la técnica empleada en su ejecución, hoy desconocida. A diferencia de las otras, los apliques de plata no están superpuestos, sino incrustados en el carey, embutidos a buril con finos dibujos romboidales.
Se trata de una labor magistral cuyo procedimiento exacto se ha perdido, confiriendo a la obra un halo casi mágico.

Originalmente, esta cruz fue creada para la Hermandad de Jesús Nazareno de Écija. En 1734, su hermano mayor Manuel de Villavicencio Castrillo encargó al maestro ebanista Juan Francisco de Pareja, natural de Andújar, la realización de una cruz de carey “embutida de plata”. Por este trabajo se le abonó una suma extraordinaria, y el artesano se trasladó a Écija para cumplir su contrato.

La cruz fue portada por el Nazareno ecijano tanto en los cultos internos como en la procesión hasta 1958.

Nazareno de Écija con la actual cruz de las Penas de San Vicente. (ver) (CC BY 3.0)

Ese año, al reformarse el paso del Señor, ampliando la canastilla, la cruz quedó desproporcionada respecto al nuevo conjunto. Se optó entonces por sustituirla por una de madera arbórea de mayor longitud. El historiador Gerardo García León documentó este hecho en un estudio de la Universidad de Sevilla.

Años después, el escultor y catedrático Ricardo Comas, al conocer el estado de abandono de la cruz, informó al cronista Juan Carrero, destacado hermano de Las Penas de San Vicente, quien vio la posibilidad de incorporarla a su hermandad.

Finalmente, en 1967, la Hermandad de Las Penas adquirió la cruz gracias a la donación de varios hermanos.

Nuestro Padre Jesús de las Penas

Nuestro Padre Jesús de las Penas

Posteriormente fue restaurada bajo la dirección de Juan Carrero. En el proceso intervinieron el orfebre Jesús Domínguez Vázquez, quien añadió casquetes diseñados por Carrero; el carpintero José Luna Martínez, encargado del ensamblaje; el tallista Antonio Vega Sánchez, que ajustó las nuevas piezas de plata elaboradas en los talleres Roncero de Córdoba; y el especialista Francisco Tejada, responsable de las láminas de carey para la ampliación.

Tras esta intervención, la cruz alcanzó sus medidas definitivas de 2,86 metros de largo por 1,92 de ancho.

Hermandad del Silencio

La cruz del Señor Nazareno del Silencio, datada en el primer tercio del siglo XVII, está realizada en madera de teca revestida de planchas de carey y adornada con cantoneras de plata labrada. En el cruce de los brazos figura el emblema de la Hermandad.

La cruz del Señor Nazareno del Silencio

Detalle del cruce de los brazos


Fue donada por Juan Leonel Gómez de Cervantes y Carvajal y Juan de Cervantes y Casaús, benefactores sevillanos residentes en Nueva España (actual México).

El modo en que el Señor del Silencio porta la cruz es único entre las imágenes sevillanas. La parte superior del madero se orienta hacia adelante, de modo que el “estipe”, o palo vertical, se proyecta al frente, invirtiendo la posición habitual. Este gesto confiere a la imagen una fisonomía inconfundible en la Madrugada del Viernes Santo.

Señor Nazareno del Silencio

Señor Nazareno del Silencio

Varios estudiosos han intentado explicar esta disposición singular. La interpretación más aceptada sostiene que el Nazareno no lleva la cruz “al revés”, sino que representa el instante en que la recibe y la abraza por primera vez, gesto de aceptación y victoria sobre la tierra.
Esta iconografía fue común en los Nazarenos sevillanos hasta comienzos del siglo XVII, cuando se impuso la actual disposición con el estipe orientado hacia atrás.

Otros autores apuntan a una influencia renacentista, recordando composiciones como “El Pasmo de Sicilia” de Rafael o el “Cristo de los Ajusticiados”, de Luis de Vargas, en las gradas de la Catedral. Esta última obra, ante la cual se detenían los reos camino del suplicio, para ser ajusticiados en el Corral de los Olmos o en la Plaza de San Francisco, representa de modo similar la entrega serena del Redentor.

Pero el pueblo sevillano, fiel a su sentir legendario, prefiere otra explicación. Se cuenta que unos hermanos, deseosos de adecuar la cruz a la posición común, la colocaron una noche del siglo XVI en sentido contrario. Al amanecer, al abrir las puertas del templo, hallaron la cruz misteriosamente vuelta a su postura original. Avergonzado, uno de aquellos hermanos, ya enriquecido en tierras de Nueva España, envió como ofrenda una soberbia cruz de carey y plata, la misma que el Señor del Silencio abraza cada Madrugada del Viernes Santo.

Hermandad de La O

La cruz del Nazareno de la Hermandad de La O posee una estructura interna de madera recubierta de carey, con aristas y cantoneras de plata. Los extremos se rematan con cuatro azucenas de plata intercambiables.

El carey, traído de las Indias, fue donado en 1725 por el hermano don Julio Reinoso, siendo valorado en setecientos reales de vellón.

La plata se reunió gracias a las aportaciones de los propios hermanos, alcanzando unas once onzas.

Entre 1725 y 1731, el maestro platero Domingo Balbuena realizó el diseño y la traza de la cruz, mientras que las cantoneras fueron repujadas por Manuel José Domínguez.

Nazareno de la O


Nazareno de la O

Según una antigua tradición o leyenda, en tiempos lejanos, un grupo de marineros llegó un día a la puerta de la iglesia de La O portando un “gran bulto”, que entregaron al prioste. Al descubrirlo, hallaron una hermosa cruz.

Afirmaban cumplir así la promesa de uno de ellos, que, habiendo naufragado su barco, juró al Nazareno ofrecerle una cruz si lograba salvar la vida. Desde entonces, aquella pieza de carey y plata se convirtió en símbolo de fe, gratitud y protección.

Cristo de los Afligidos. Iglesia del Salvador

Antes de llegar a la cabecera del templo, uno de los retablos que despierta mayor interés es el dedicado al Cristo de los Afligidos, una imagen de profundo carácter devocional que representa a Jesucristo como Nazareno en su camino hacia el Calvario. La escultura, realizada en madera policromada y concebida como imagen de vestir, capta con gran sensibilidad el instante en que Cristo soporta el peso de la cruz, reflejando el sufrimiento físico y la serena aceptación del sacrificio redentor.

Cristo de los Afligidos

La talla ha sido tradicionalmente atribuida al escultor Gaspar Ginés y fechada hacia 1635, aunque su autoría ha sido objeto de diversas investigaciones.

Durante mucho tiempo pasó relativamente desapercibida para el gran público, pero la restauración llevada a cabo por Enrique Gutiérrez Carrasquilla permitió recuperar la riqueza de su policromía, la delicadeza de su modelado y la extraordinaria expresividad de su rostro, revelando una imagen de notable valor artístico.

Detalle del rostro

Uno de los elementos más singulares de esta representación es la cruz que porta Cristo. Se trata de una pieza excepcional revestida con placas de carey y enriquecida con cantoneras de plata, reflejo del gusto barroco.

Detalle de la cruz de carey

Nazareno de las fatigas. Iglesia de la Magdalena

El Nazareno de las Fatigas se venera actualmente en la iglesia de la Magdalena, donde se sitúa al final de la nave del Evangelio, alojado en un retablo barroco de elegante composición y columnas salomónicas que enmarcan la imagen. Esta escultura procede de la antigua parroquia de Santa María Magdalena, templo que desapareció tras los graves daños sufridos durante la Invasión Francesa y cuya demolición tuvo lugar en 1811.

Retablo del Nazareno de las Fatigas

En sus orígenes la imagen fue conocida como el “Santo Cristo de la Magdalena”. La primera referencia documental en la que aparece con la advocación actual de Señor de las Fatigas data de un inventario realizado en 1803. No obstante, su origen artístico podría remontarse a finales del siglo XVI.

En 1997 el investigador Federico García de la Concha planteó la relación de esta talla con el “Señor con la cruz a cuestas” que debía presidir el retablo encargado en diciembre de 1586 por los albaceas testamentarios del jurado Juan Peláez Caro al ensamblador y escultor Gaspar del Águila. La policromía de aquella obra fue confiada al pintor Antonio de Arfián, según consta en un extracto documental que había sido publicado décadas antes, en 1929, por el historiador Celestino López Martínez.

Nazareno de las Fatigas 

La advocación de “las Fatigas” alude al momento de extremo cansancio que la escultura transmite durante el camino hacia el Calvario. La imagen parece haber detenido brevemente su marcha para mostrar al fiel el peso físico y espiritual de la Pasión. El rostro, de rasgos tensos y expresión profundamente dramática, refleja el abatimiento de Cristo, reforzando así el sentido devocional de la representación.

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

Detalle del Nazareno de las Fatigas 

La talla presenta un tamaño inferior al habitual en este tipo de imágenes, ya que mide aproximadamente 1,18 metros de altura. Está realizada en madera y muestra a Cristo con el rostro vuelto hacia el espectador, las piernas ligeramente flexionadas y la mano derecha apoyada sobre el muslo, un detalle que constituye su rasgo iconográfico más singular. La cruz descansa de forma inclinada: el extremo inferior del madero largo toca el suelo por delante de la figura, mientras el travesaño se apoya sobre el brazo izquierdo del Nazareno.

Detalle de la mano derecha apoyada en la rodilla

La cruz que acompaña a la imagen constituye también una pieza de notable interés. Se trata de un magnífico ejemplar barroco realizado en carey y plata. El trabajo de repujado del metal, caracterizado por las típicas flores bulbosas, permite fecharla en el siglo XVII y vincularla con la orfebrería sevillana de esa centuria.

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