lunes, 1 de junio de 2026

AREA CENTRO 2

Palacio de la Condesa de Lebrija.

El Palacio de la Condesa de Lebrija constituye uno de los ejemplos más singulares del patrimonio civil sevillano. Situado en el número 8 de la calle Cuna, en pleno centro histórico de Sevilla, este edificio reúne en un mismo espacio la esencia de la casa-palacio andaluza, el coleccionismo artístico de comienzos del siglo XX y una de las más importantes colecciones privadas de antigüedades romanas conservadas en España.

Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando fue construido como residencia señorial siguiendo el modelo característico de la arquitectura doméstica sevillana. Inicialmente perteneció a la familia Pabia, pasando posteriormente a los condes de Miraflores. Sin embargo, la personalidad que hoy define al palacio se debe fundamentalmente a la intervención de doña Regla Manjón y Mergelina, condesa de Lebrija, quien adquirió la propiedad en 1901 y emprendió una profunda restauración que se prolongó durante trece años.

La condesa concibió el edificio como una auténtica casa-museo. Lejos de limitarse a decorar sus estancias con obras de arte, transformó la arquitectura del inmueble para adaptarla a las piezas arqueológicas y artísticas que iba incorporando a su colección. Muros, salas y patios fueron modificados para albergar mosaicos, esculturas, artesonados, azulejos y elementos arquitectónicos procedentes de distintos lugares de Andalucía. El resultado fue una residencia única donde la arquitectura y las colecciones forman un conjunto inseparable.

Doña Regla Manjón fue una figura excepcional en la vida cultural española de su tiempo. Nacida en Sanlúcar de Barrameda en 1851, destacó por su formación intelectual, su interés por la arqueología y su labor como mecenas. Fue la primera mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y más tarde fue nombrada académica correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Asimismo, formó parte de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, desempeñando un papel relevante en la defensa y difusión del patrimonio cultural.

La entrada renacentista está flanqueada por columnas que sostienen un entablamento sobre el que apoya el balcón central, con antepecho de hierro de forja y rematado por un frontón curvo. La puerta de madera maciza de caoba del siglo XVI. 

La distribución del palacio responde a una costumbre tradicional de las residencias nobiliarias andaluzas, con distribución a entorno a un patio principal. La planta alta estaba destinada a vivienda de invierno, mientras que la planta baja se utilizaba durante los meses más cálidos del año.

Al atravesar el zaguán, el visitante encuentra ya una muestra del carácter excepcional del edificio. El pavimento está formado por un magnífico mosaico romano tipo opus sectile hallado en el año 1902 en el corral de la casa número 23 de la calle de la Alegría, en Santiponce, a una profundidad de cinco metros, en las proximidades de la antigua ciudad de Itálica.

Las paredes aparecen revestidas con azulejos del siglo XVIII, procedentes de una finca de los abuelos de doña Regla, que representan alegorías de las estaciones del año, los continentes, las artes (poesía, música, escultura y pintura) y diversas virtudes (la Fe y la Paz). A ello se suman pinturas religiosas Una Virgen de la Antigua y un Santo Tomas) y los escudos heráldicos familiares, creando un conjunto de gran riqueza visual.

El corazón del palacio es su patio principal, considerado uno de los espacios más impresionantes de la arquitectura doméstica sevillana. Sus galerías conservan pavimentos romanos realizados con mármoles de diversos colores, serpentinas y pórfidos procedentes de excavaciones realizadas en un corral de Santiponce en 1904. En el centro destaca el célebre mosaico de Pan y Galatea, procedente de una zona de Santiponce conocida como “Olivar de los Palacios”, una obra monumental (6,85 x 6,82 metros) de finales del siglo II o comienzos del III d. C. que representa al dios Pan cortejando a la ninfa Galatea tocando la flauta. Alrededor de la escena principal aparecen las estaciones del año y diversos episodios mitológicos relacionados con Leda con el cisne, Europa con el toro, Ganímedes dando de beber al águila y Dánae con la lluvia de oro. Su tamaño, calidad artística y excelente estado de conservación lo convierten en una de las piezas más destacadas del mosaico romano hispano.

La presencia de esta extraordinaria colección está estrechamente vinculada al auge del coleccionismo arqueológico que caracterizó los primeros años del siglo XX. En aquellos años numerosos hallazgos procedentes de Itálica salían a la luz de forma fortuita en huertos, olivares y corrales de Santiponce. La condesa adquirió muchas de estas piezas y llegó incluso a comprar terrenos donde sospechaba la existencia de restos arqueológicos. Aunque algunas de estas actuaciones dieron lugar a disputas legales con el Estado, su interés no respondía únicamente al afán coleccionista, sino también al deseo de preservar y estudiar un patrimonio que en muchos casos corría peligro de desaparecer.

Las diferentes salas de la planta baja muestran la amplitud de sus intereses culturales. La Sala de la Medusa alberga otro magnífico mosaico romano presidido por la célebre figura mitológica, mientras que la Sala de Dionisos, antiguamente un patio, conserva mosaicos geométricos procedentes de un patio de corral de la calle Trajano, cerámicas, vidrios y numerosos objetos procedentes de excavaciones arqueológicas.

Otras dependencias exhiben esculturas clásicas, brocales de pozo, piezas islámicas, cerámicas medievales y objetos procedentes de diversas culturas mediterráneas.

La escalera principal constituye otro de los espacios más sobresalientes del edificio. En ella se integran un espectacular artesonado mudéjar procedente del antiguo palacio de los duques de Osuna y Arcos en Marchena, realizado en caoba y oro.  El friso renacentista, hecho de yesería, procede del mismo palacio. Los azulejos son de los siglos XVI y XVII, y provienen del Convento de San Agustín, de Sevilla, que estaba en ruinas. Este espacio resume perfectamente el espíritu de la restauración impulsada por la condesa, basada en la recuperación y reutilización de elementos artísticos de gran valor histórico.

La planta superior, donde no permiten las fotografías, conserva el ambiente residencial de la familia y permite conocer el modo de vida de la aristocracia sevillana de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Salones decorados con mobiliario de época, colecciones de porcelana, abanicos, pinturas, tapices y objetos de artes decorativas evocan las reuniones culturales que tuvieron lugar en el palacio. Por sus estancias pasaron intelectuales, artistas y personalidades de la vida social sevillana, atraídos por la personalidad de su propietaria y por la riqueza de sus colecciones.

El Salón del Obispo, donde se alojó un Obispo durante un Congreso Eucarístico que se organizó en la época en Sevilla, en él ahora hay muebles de estilo imperio y pinturas españolas del siglo XIX. El Salón Español debe su nombre a que el mobiliario que contiene, es, la mayoría, de arte español, además de un sofá de arte portugués del siglo XVII. En el Salón Heráldico se encuentran todos los escudos de armas con los apellidos de la familia. Posteriormente, en el Salón Árabe se puede apreciar un rico artesonado de estilo mudéjar pintado sobre madera, tapices bordados en oro y piezas originales de los países orientales. Este lugar solía ser el salón de té y de fumar. El Salón Barroco contiene una gran colección de pinturas españolas y religiosas del siglo XIX, un artesonado de estilo mudéjar y varias vitrinas doradas que contienen objetos personales y coleccionados por la Condesa. También hay que destacar en este salón la gran colección de “Cloisoné” chino con figuras talladas en marfil del siglo XIX. Éste era un salón de recepción, sólo para ocasiones formales.

Especial relevancia posee la biblioteca, con su artesonado original del siglo XVI, que conserva varios miles de volúmenes reunidos por la condesa y su esposo, Federico Sánchez Bedoya. Junto a ella destacan las galerías decoradas con bargueños, retratos familiares y piezas de arte europeo que testimonian el refinado gusto coleccionista de sus propietarios.

Hoy, convertido en museo y abierto al público, el Palacio de la Condesa de Lebrija sigue siendo uno de los lugares más fascinantes de Sevilla. Su singular combinación de arquitectura renacentista y mudéjar, colecciones arqueológicas, artes decorativas y memoria histórica lo convierten en una visita imprescindible para comprender la riqueza cultural de la ciudad y la extraordinaria labor de una mujer que dedicó gran parte de su vida a la conservación y difusión del patrimonio artístico.

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