miércoles, 15 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Tetuán.

La calle Tetuán, de la confluencia de Velázquez y Rioja hasta la de Granada y Plaza Nueva, constituye, junto con Sierpes y Velázquez, uno de los grandes ejes comerciales e históricos del centro de Sevilla. Tetuán está cruzada por Albareda, y desembocan en ella, por la derecha, Muñoz Olivé y Rosario; y por la izquierda, pasaje del Ateneo, pasaje de las Delicias, que comunica con Sierpes, y Jovellanos.

Calle Tetuán. Año 1949

Cruce de Tetuán con Rioja. Año 1930


Su origen se remonta, al menos, a comienzos del siglo XV, aunque algunos cronistas, como Luis de Peraza, sitúan el nacimiento de su primer nombre en los años inmediatamente posteriores a la conquista castellana de la ciudad. Según esta tradición, la vía recibió el nombre de Monteros por establecerse en ella los monteros o cazadores al servicio de Fernando III el Santo.

A finales del siglo XV comenzó a convivir con una nueva denominación, Colcheros, que acabaría imponiéndose durante los siglos XVI y XVII debido a la presencia del gremio de fabricantes y vendedores de colchas.

El nombre actual fue adoptado en 1869 para conmemorar la toma de la ciudad marroquí de Tetuán durante la Guerra de África (1859-1860), una de las campañas militares más populares de la España del siglo XIX, dirigida por el general Leopoldo O'Donnell.

Durante la Segunda República la calle pasó a denominarse Conquista de Tetuán, aunque en 1936 recuperó definitivamente el nombre de Tetuán.

Su trazado, ligeramente curvo, conserva en esencia la disposición que ya mostraba el plano de Pablo de Olavide de 1771, si bien las sucesivas alineaciones, ensanches y derribos realizados entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX la hicieron más ancha y rectilínea. El Ayuntamiento proyectó convertirla en el gran eje que uniera la Plaza Nueva con la Campana, objetivo que fue alcanzándose mediante numerosas expropiaciones y reformas urbanísticas. Todavía pueden apreciarse algunos pequeños retranqueos y quiebros en las fachadas, testimonio de aquellas campañas de alineación que nunca llegaron a culminarse por completo.

La calle fue pavimentada con ladrillo y arena en 1522 y empedrada a comienzos del siglo XVII. En 1860 la Sociedad del Ferrocarril de Cádiz financió su adoquinado como compensación por la construcción de la estación ferroviaria. Posteriormente recibió aceras de losas de Tarifa y, en 1921, un moderno pavimento de asfalto comprimido. Desde 1991 forma parte del amplio proceso de peatonalización del centro histórico de Sevilla, una transformación que modificó profundamente la vida de la calle al eliminar el intenso tráfico de vehículos y convertirla en un espacio dedicado casi exclusivamente al paseo y a la actividad comercial.

Entre sus edificios sobresalen algunos de los mejores ejemplos de la arquitectura sevillana del primer tercio del siglo XX.

En la esquina con Rioja, número 1, se levanta la elegante casa de Ocaña Carrascosa, diseñada por Juan Talavera y Heredia entre 1927 y 1929, de inspiración neobarroca. 

Edificio Ocaña- Carrascosa, diseñado por Juan Talavera

También es notable el inmueble modernista del número 25, casa para Francisco Gil Fernández de 1911, igualmente obra de Talavera.

Casa para Francisco Gil Fernández

Frente a ella destaca el edificio regionalista de ladrillo visto proyectado por Aníbal González entre 1915 y 1917, y el edificio racionalista del número 21, diseñado por Luis Fernández-Palacios y Palazuelos. Y la 31, de tres plantas y fachada avitolada, sede de una entidad bancaria, en el interior posee un patio de columnas con arcos de me­dio punto.

Banco Sabadell

Patio

Junto a estas construcciones conviven ejemplos de arquitectura popular, edificios historicistas y modernas edificaciones comerciales que reflejan la continua evolución de esta importante arteria urbana.

Durante siglos la calle desempeñó una destacada función asistencial. Desde época medieval existieron en ella varios hospitales, sobresaliendo especialmente el Hospital del Espíritu Santo, casa 10 a 14, fundado en el siglo XVI sobre otro establecimiento anterior dedicado a la Coronación de Nuestra Señora y Santa Catalina de los Desamparados. En 1587 absorbió diversos hospitales menores y quedó especializado en la atención de enfermos con llagas, afecciones cutáneas y tisis, además de servir como hospicio para niños expósitos y mujeres desamparadas. La presencia de enfermos contagiosos provocó frecuentes protestas de los vecinos por los malos olores y el riesgo sanitario. Tras la desamortización de 1837 acogió temporalmente a la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y, pocos años después, fue demolido para levantar sobre su solar el célebre Teatro San Fernando.

Inaugurado en 1847, el Teatro San Fernando fue durante más de un siglo el principal coliseo sevillano. En él se representaron óperas, zarzuelas, obras teatrales, conciertos y espectáculos de variedades que convirtieron la calle en uno de los principales centros de ocio de la ciudad. Su actividad se veía reforzada por la proximidad del antiguo Teatro Principal, situado en la actual calle Pedro Caravaca, formando ambos un importante foco cultural que atraía diariamente a miles de personas. Tras décadas de esplendor, el edificio fue demolido en 1970, desapareciendo uno de los espacios escénicos más emblemáticos de Sevilla.

Recientemente ha desaparecido también El Sport, al que el novelista Alfonso Grosso describió como "la más selecta, discriminatoria y sofisticada bodeguita tras el cierre de La Fiambrera" (La buena muerte). En la fachada de este establecimiento estaba el conocido azulejo de Enrique Orce, que, una vez restaurado, ha vuelto a ser instalado en el mismo lugar, hoy comercio de joyería.


Azulejo de Studebaker

La importancia de Tetuán no se limitó al ámbito cultural. Desde antiguo fue escenario habitual de procesiones religiosas, cortejos cívicos, autos de fe, desfiles del Corpus Christi y de la Semana Santa, hasta el punto de que ya en el siglo XVII el Ayuntamiento ordenaba su limpieza especial antes del paso de las cofradías.

Durante los siglos XIX y XX la calle alcanzó además un extraordinario protagonismo comercial. Cafés como el Bordallo, el Gran Britz o el Gayango, establecimientos tan populares como La Española, El Sport o la Granja Hernal, junto con casinos, librerías, imprentas, joyerías y prestigiosos comercios, hicieron de Tetuán uno de los lugares más concurridos de la ciudad. 

Café Gran Britz

El Ateneo de Sevilla, instalado aquí desde 1887, convirtió además la calle en un importante foco de la vida intelectual sevillana, acogiendo tertulias literarias, conferencias y numerosas actividades culturales que aún hoy forman parte de la identidad de la institución.

Antiguo edificio del Ateneo

Escudo del Ateneo

Placa del Ateneo

En la actualidad, Tetuán constituye la principal calle comercial de Sevilla y una de las vías con mayor valor económico de España. Sus establecimientos de moda, joyerías, perfumerías, cafeterías y comercios especializados reciben diariamente a miles de sevillanos y visitantes, especialmente durante las campañas navideñas, la Semana Santa y la Feria de Abril. La peatonalización ha reforzado aún más ese carácter de paseo urbano, convirtiéndola en una prolongación natural de las calles Sierpes y Velázquez y en uno de los espacios más vivos y representativos del centro histórico. Tras más de seis siglos de historia, Tetuán continúa siendo un magnífico ejemplo de cómo una antigua calle gremial medieval ha sabido adaptarse a los cambios urbanos sin perder su condición de uno de los grandes escenarios de la vida social, comercial y cultural de Sevilla.

AREA CENTRO 2

Calle Velázquez.

La calle Velázquez une hoy la confluencia de O'Donnell y Pedro Caravaca con la de Rioja y Tetuán, formando parte del gran eje comercial que enlaza la Plaza Nueva con la Campana. Aunque en la actualidad es una vía eminentemente dedicada al comercio y al tránsito peatonal, su historia refleja la profunda transformación urbana experimentada por el centro de Sevilla desde la Baja Edad Media hasta nuestros días.

Calle Velázquez

Esquina Pedro Caravaca

Su origen documental se remonta, al menos, a 1485, cuando aparece citada con los nombres de Triperas o Triperos, cuya procedencia no ha podido determinarse con certeza. Algunos autores han relacionado el topónimo con la presencia de establecimientos dedicados a la venta o tratamiento de vísceras, aunque no existe una prueba documental concluyente. Durante el siglo XVII convivió con la denominación de calle de San Gregorio, tomada del hospital de San Gregorio que estuvo establecido en ella. Ambos nombres se emplearon simultáneamente durante décadas, hasta que a finales del siglo XVII o comienzos del XVIII terminó imponiéndose definitivamente el de Triperos, tal como figura en el plano de Pablo de Olavide de 1771.

La denominación actual fue aprobada en 1845 para rendir homenaje al gran pintor sevillano Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660), una de las figuras más universales de la pintura barroca española y maestro indiscutible de la corte de Felipe IV. Con este cambio, el Ayuntamiento quiso sustituir antiguos nombres de origen popular por otros dedicados a personajes ilustres vinculados a la ciudad.

El aspecto de la calle ha cambiado notablemente a lo largo de los siglos. En época moderna era una vía mucho más estrecha e irregular que la actual, especialmente en su lado derecho, donde existían entrantes, rincones y edificaciones que dificultaban el paso. La documentación municipal conserva numerosos testimonios de los problemas que ocasionaba esta configuración. En 1588 el alcalde Martín Hernández Cerón ordenó cerrar un rincón situado junto a la antigua calle de la Muela —la actual O'Donnell— porque se había convertido en un lugar donde se arrojaban inmundicias. Pocos años después, en 1597, fue derribada una casa que había invadido el espacio público, mientras que en 1671 los vecinos denunciaban los daños que las ruedas de carros y carruajes causaban en las fachadas debido a la escasa anchura de la calle.

La necesidad de crear una gran vía que comunicara la Plaza Nueva con la Campana llevó al Ayuntamiento a plantear durante el siglo XIX un ambicioso proyecto de alineación y ensanche. Aunque inicialmente fue rechazado por el Gobierno en 1863, las obras comenzaron finalmente en 1878 y se prolongaron hasta 1902, afectando tanto a Velázquez como a Tetuán. Gracias a estas actuaciones desaparecieron numerosos inmuebles antiguos, se rectificaron las alineaciones y la calle adquirió el aspecto amplio y rectilíneo que conserva en la actualidad. A comienzos del siglo XX también se amplió la confluencia con O'Donnell, facilitando la circulación de personas y vehículos.

Calle Velázquez

La evolución de su pavimento refleja igualmente las sucesivas modernizaciones de Sevilla. Ya en 1522 estaba enladrillada, circunstancia poco frecuente para la época. En 1591 sus vecinos protestaban porque había sido empedrada con un firme demasiado elevado, y en 1612 se ordenó colocar piedra de mayor tamaño para mejorar su resistencia. Durante el mandato del asistente José Manuel de Arjona, en las primeras décadas del siglo XIX, recibió el característico pavimento de grandes losas que se extendió por numerosas calles del centro histórico. En 1889 fue asfaltada, convirtiéndose en una de las primeras calles sevillanas en incorporar este sistema, posteriormente sustituido por adoquines rejuntados con asfalto y, desde 1921, por asfalto comprimido. Hoy presenta el pavimento habitual del centro urbano, con calzada asfaltada y amplias aceras destinadas preferentemente al tránsito peatonal.

Su arquitectura responde, en gran medida, a la renovación experimentada tras los ensanches de finales del siglo XIX. Predominan edificios de tres y cuatro plantas construidos entre finales del Ochocientos y las primeras décadas del siglo XX, concebidos inicialmente para albergar viviendas sobre locales comerciales. Entre ellos destaca el inmueble número 8, una elegante obra modernista levantada en 1909, que constituye uno de los mejores ejemplos de este estilo conservados en el centro de Sevilla.

Calle Velázquez

Calle Velázquez

Durante buena parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la calle Velázquez fue uno de los principales espacios de sociabilidad de la ciudad. La inauguración del Teatro San Fernando incrementó notablemente el tránsito nocturno y favoreció la instalación de cafés, casinos, círculos recreativos y establecimientos donde se reunían comerciantes, profesionales, intelectuales y artistas. Aquella intensa vida social convivió, sin embargo, con problemas de orden público. En la década de 1850 fueron frecuentes las quejas vecinales por la prostitución existente en algunas casas de la calle, situación que llevó a las autoridades a trasladar esta actividad hacia la Alameda de Hércules.

Entre los establecimientos más célebres destacó el Café Central, uno de los grandes centros de reunión de la Sevilla intelectual del siglo XIX. En sus salones se celebraban tertulias literarias frecuentadas por escritores, periodistas y poetas como Benito Mas y Prat. También alcanzó gran prestigio el Café de América, muy concurrido por comerciantes y hombres de negocios, así como el Café Nacional, instalado en un edificio que anteriormente había ocupado el Ateneo de Sevilla. Este último adquirió una especial relevancia durante los años veinte, cuando acogió las reuniones del grupo de escritores y artistas vinculados a la revista Mediodía, integrada por destacados representantes de la Generación del 27 en Sevilla. Luis Cernuda, Joaquín Romero Murube, Rafael Laffón y otros intelectuales compartieron allí debates literarios y artísticos que contribuyeron a dinamizar la vida cultural sevillana de la época.

La calle también albergó durante el siglo XIX una biblioteca pública y diversos establecimientos relacionados con la actividad editorial y periodística. En el número 12 estuvo situada durante décadas la sede administrativa de Prensa Española, editora del diario ABC, así como la popular oficina conocida como "La Teatral", donde varias generaciones de sevillanos adquirieron entradas para teatros, espectáculos y corridas de toros.

A lo largo del siglo XX, la función recreativa fue cediendo progresivamente ante el creciente protagonismo del comercio. La cercanía de Tetuán y Sierpes convirtió a Velázquez en una prolongación natural del principal distrito comercial de Sevilla. Numerosos establecimientos tradicionales dieron paso a tiendas de moda, perfumerías y comercios especializados, aunque todavía sobreviven algunos negocios históricos que recuerdan el ambiente de otras épocas. De las antiguas tertulias apenas permanece el recuerdo de la Tertulia Cultural Bética, cuyo pequeño salón acristalado continúa evocando la intensa vida intelectual que caracterizó esta calle.

En la actualidad, Velázquez constituye una de las arterias comerciales más importantes del casco histórico sevillano. Miles de personas la recorren diariamente camino de la Plaza Nueva, la Campana o la calle Sierpes, convirtiéndola en un espacio dinámico donde conviven la actividad económica, la arquitectura de finales del siglo XIX y la memoria de una calle que, durante siglos, fue escenario de la evolución urbana, social y cultural de Sevilla.

 AREA CENTRO 2

Calle Granada.

La calle Granada se extiende desde la confluencia de la plaza de San Francisco y la calle General Polavieja hasta la plaza Nueva y la calle Tetuán. Su origen está estrechamente ligado a la profunda transformación urbanística que experimentó este sector de Sevilla tras la demolición del antiguo convento de San Francisco, llevada a cabo a mediados del siglo XIX como consecuencia de la desamortización. La apertura de nuevas vías permitió reorganizar el entorno de la recién creada plaza Nueva, configurando el centro administrativo y comercial que hoy caracteriza esta zona de la ciudad.

Una placa recuerda la capilla de la cofradía de santa Cruz integrada en el Convento Casa Grande de San Francisco

Calle Granada

Placa


Según el investigador Santiago Montoto, la calle recibió el nombre de Granada en 1852 como homenaje a la histórica ciudad andaluza. Poco después ya aparece reflejada en el plano de Álvarez-Benavides de 1868, aunque algunos documentos contemporáneos la citan como avenida de Granada.

Se trata de una vía corta, rectilínea y de anchura media, cuya singular fisonomía viene determinada por la presencia de la fachada lateral del Ayuntamiento de Sevilla, que ocupa toda su acera izquierda. En consecuencia, únicamente tres edificios se levantan en la acera opuesta, circunstancia que explica la irregularidad de su numeración.

Entre los inmuebles destaca el edificio situado en la esquina con la calle Tetuán, construido en la década de 1940 siguiendo un elegante lenguaje neoclásico. Concebido como sede de una importante entidad bancaria, constituye uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura oficial y financiera de la Sevilla de posguerra.

A pesar de sus reducidas dimensiones, la calle Granada desempeña un papel destacado dentro del centro histórico. Su proximidad a la plaza Nueva, al Ayuntamiento y a las principales calles comerciales la convierte en un espacio de intenso tránsito peatonal, con un marcado carácter administrativo, financiero y comercial. Además, participa del ambiente que generan los establecimientos de hostelería y comercio de General Polavieja y de las grandes celebraciones que tienen como escenario el corazón de Sevilla, especialmente la Semana Santa y la procesión del Corpus Christi.

Durante buena parte del siglo XX albergó también la Librería Sanz, una de las más antiguas y prestigiosas de la ciudad, que se trasladó a esta calle desde su histórica ubicación en la calle Sierpes antes de cerrar definitivamente sus puertas, poniendo fin a una larga trayectoria vinculada a la vida cultural sevillana.

 AREA CENTRO 2

Calle General Polavieja.

La calle General Polavieja une la calle Jovellanos con la confluencia de Granada y la plaza de San Francisco. Se encuentra documentada, al menos desde comienzos del siglo XVI, con el nombre de calle de los Manteros, denominación que probablemente hacía referencia a los fabricantes o comerciantes de mantas establecidos en ella. Durante el siglo XIX este topónimo comprendía también el actual trazado de la calle Jovellanos.

Calle General Polavieja. 1950 (ver) (CC BY 3.0)

Calle General Polavieja. 1970. (ver) (CC BY 3.0)

En 1915 recibió su denominación actual en homenaje a Camilo García de Polavieja y del Castillo (1838-1914), militar y político, capitán general de Andalucía e hijo predilecto de Sevilla. Durante la Segunda República, la vía llevó fugazmente el nombre de José Rizal (1861-1896), médico, escritor y figura clave del movimiento independentista filipino. Tras el estallido de la Guerra Civil se intentó dedicar la calle a Joaquín Hazañas, aunque este cambio apenas llegó a hacerse efectivo, recuperando pocas semanas después el nombre de General Polavieja, que conserva en la actualidad.

Su trazado es hoy relativamente rectilíneo, aunque presenta un ligero estrechamiento y un suave quiebro en el punto donde confluyen las calles Almirante Bonifaz y Albareda, antes de desembocar frente al lateral de la iglesia de San José. Sin embargo, esta configuración es fruto de numerosas reformas urbanísticas. En el plano de Pablo de Olavide de 1771 la calle aparecía dividida en dos tramos que formaban una amplia "V", una disposición muy distinta de la actual. Las sucesivas alineaciones y rectificaciones llevadas a cabo entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, especialmente en 1854, 1867, 1905 y 1918, fueron definiendo la fisonomía que hoy presenta.

El caserío está formado mayoritariamente por edificios de viviendas levantados durante la primera mitad del siglo XX, de tres plantas y con cierros tradicionales, especialmente en el primer tramo de la calle. Entre sus edificios destaca el inmueble que hace esquina con la plaza de San Francisco, conocido popularmente por albergar el histórico Bar Laredo. Se trata de una notable obra del regionalismo sevillano proyectada en 1918 por Ramón Balbuena y Huertas y ampliada en 1927 por Manuel Cuadrillero Sáez. Construido en ladrillo visto, presenta una rica decoración neobarroca, con miradores de madera, paneles cerámicos, balcones de forja y una elegante galería de arcos en la planta superior, constituyendo uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura regionalista del centro de Sevilla. En sus bajos estuvo instalado durante décadas el popular bar Los Candiles, uno de los establecimientos más emblemáticos del centro sevillano.

Antiguo bar los Candiles (ver) (CC BY 3.0)


Actual Bar Laredo

En el número 20 nació el maestro Quiroga, como nos lo recuerda una placa.

Maestro Quiroga

Por su privilegiada situación entre la plaza de San Francisco y la zona comercial de Sierpes, General Polavieja ha sido históricamente una calle de intensa actividad social. Durante siglos concentró tabernas, bodegas, cafés, restaurantes y casas de comidas que ocupaban la calzada con veladores, convirtiéndose en un animado lugar de encuentro para comerciantes, ganaderos, aficionados al mundo taurino y vecinos del centro de la ciudad. Su cercanía a la antigua Cárcel Real, a la Audiencia y a las Casas Consistoriales favoreció igualmente una intensa actividad administrativa y mercantil.

Muchos de aquellos establecimientos forman parte de la memoria colectiva de Sevilla. Cafés como La Perlita, restaurantes como Casa de la Viuda o el citado Los Candiles fueron durante décadas lugares de referencia para la vida social sevillana. Hasta mediados de los años setenta también fue punto de reunión de la juventud en torno a la Bodeguita Romero. En la década de 1940 la calle adquirió incluso cierta fama por la actividad del estraperlo, circunstancia que llevó a que popularmente fuese conocida como la "ciudad sin ley", expresión recogida por Antonio Burgos en su Guía secreta de Sevilla.

El Bar Casa de la Viuda emblemático establecimiento, situado en la esquina de la calle Albareda y General Polavieja. (ver) (CC BY 3.0)

Bodeguita Romero. Calle General Polavieja. (ver) (CC BY 3.0)

Aunque el paisaje comercial ha cambiado con el paso del tiempo y hoy conviven bares y restaurantes con entidades bancarias y pequeños negocios, la calle mantiene su marcado carácter peatonal y continúa siendo una de las vías más transitadas del centro histórico durante las horas de actividad comercial.

En la actualidad General Polavieja mantiene ese carácter dinámico. Sus establecimientos de hostelería, comercios y terrazas conviven con edificios históricos que evocan la Sevilla de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Pasear por ella permite descubrir cómo una antigua calle gremial ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder el encanto de su trazado histórico ni su estrecha vinculación con la vida cotidiana del centro de Sevilla.

Salvarrueda de columna de mármol entre Almirante Bonifaz y General Polavieja
Detalle de la columna

AREA CENTRO 2

Calle Almirante Bonifaz.

La calle Almirante Bonifaz es una de esas vías del centro histórico de Sevilla cuya discreta apariencia contrasta con la importancia histórica del personaje al que rinde homenaje. Une la confluencia de las calles Manuel Cortina y Sierpes con la de Albareda y General Polavieja, formando parte del entramado comercial que desde hace siglos constituye el corazón de la ciudad. Aunque es una calle corta, peatonal y de trazado casi rectilíneo, ha sido escenario de una intensa vida cotidiana y conserva el recuerdo de algunas de las figuras más populares de la Sevilla del siglo XX.

Una animada calle Sierpes con un grupo de personas posando para el fotógrafo. A la izquierda se observa el nombre de la calle Almirante Bonifaz. Fotografía de los editores Levy de 1885. (ver) (CC BY 3.0)

Su origen se remonta a la Sevilla medieval. En un primer momento formó parte de la antigua calle Catalanes, una de las principales arterias comerciales de la ciudad tras la conquista castellana. Más tarde recibió el nombre de calle de la Cárcel, denominación que ya aparece reflejada en el plano de Pablo de Olavide de 1771 y que hacía referencia a su proximidad con la antigua Cárcel del Concejo o Cárcel Real, situada en las inmediaciones de la calle Sierpes. A comienzos del siglo XIX también fue conocida como calle de las Rosas o Rosillas, un topónimo documentado en distintas zonas de Sevilla.

En 1845 el Ayuntamiento decidió sustituir aquella antigua denominación por la de Bonifaz, incorporándose en 1876 el título de Almirante, nombre que conserva en la actualidad. Con ello la ciudad quiso perpetuar la memoria de Ramón de Bonifaz y Camargo, nacido en Burgos hacia el año 1200 y considerado el fundador de la marina de guerra castellana y primer almirante de Castilla.

La figura de Ramón de Bonifaz ocupa un lugar destacado en la historia de Sevilla. En 1247, el rey Fernando III le encomendó organizar una poderosa escuadra para intervenir en el asedio de la ciudad, entonces bajo dominio almohade. Al frente de trece galeras remontó el Guadalquivir y protagonizó uno de los episodios decisivos de la conquista: la destrucción del puente de barcas que unía Sevilla con Triana. Aquel puente constituía la principal vía de abastecimiento de la ciudad desde el Aljarafe. Su ruptura aisló completamente a la plaza sitiada y precipitó la rendición musulmana en noviembre de 1248. La tradición popular también asoció esta hazaña con la rotura de las cadenas defensivas que protegían el acceso fluvial junto a la Torre del Oro, convirtiendo a Bonifaz en uno de los grandes héroes militares de la Reconquista.

Urbanísticamente, la calle presenta un aspecto sencillo y plenamente integrado en el paisaje comercial del centro histórico. Las edificaciones que la flanquean pertenecen, en su mayoría, a la primera mitad del siglo XX. En sus plantas bajas predominan bares, cafeterías y pequeños establecimientos comerciales, prolongando el ambiente mercantil característico de este sector de Sevilla. Hoy, los veladores ocupan buena parte del espacio, hasta el punto de que la placa con el nombre de la calle suele quedar parcialmente oculta bajo los toldos de los establecimientos.

Uno de los locales más recordados fue el desaparecido bar Los Corales, auténtico centro de reunión de la Sevilla taurina durante buena parte del siglo XX. 

Antiguo bar los Corales, tenía dos entradas una la calle Sierpes y otra por la calle Almirante Bonifaz, abriendo sus puertas en 1938. Año 1940 (ver) (CC BY 3.0)

Allí mantuvo su célebre tertulia el legendario matador Juan Belmonte hasta su fallecimiento en 1962. Era frecuente verlo acompañado por Rafael el Gallo y otras figuras del mundo del toro, convirtiendo el establecimiento en un lugar de encuentro para aficionados, artistas y personajes populares. El cierre del bar en la década de 1970 supuso la desaparición de uno de los focos más animados de esta calle, aunque todavía permanece alguna de las peluquerías tradicionales que evocan el ambiente castizo de otros tiempos.

Caricatura de bar los Corales (ver) (CC BY 3.0)


La calle también tuvo relevancia en la vida política de comienzos del siglo XX. En uno de sus inmuebles estuvo instalado el Círculo Juventud Conservadora, entidad vinculada al pensamiento de Antonio Maura y representativa de la intensa actividad política y asociativa que caracterizó a la Sevilla de la Restauración.

Hoy, Almirante Bonifaz continúa siendo una calle muy transitada gracias a su cercanía con Sierpes y a su condición peatonal. Entre comercios, terrazas y el constante ir y venir de sevillanos y visitantes, mantiene viva la memoria del marino que hizo posible la conquista definitiva de Sevilla por la Corona de Castilla, recordando cómo una pequeña calle puede conservar el nombre de uno de los protagonistas fundamentales de la historia de la ciudad.

Salvarrueda de columna de mármol entre Almirante Bonifaz y General Polavieja

Detalle de la columna