viernes, 10 de julio de 2026

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Calle Faisanes.

La calle Faisanes es una de esas pequeñas barreduelas del casco histórico sevillano que, pese a su escasa longitud, conserva entre sus muros la memoria de la transformación urbana de la ciudad desde la Edad Media. Se trata de un callejón sin salida que arranca de la calle Manuel Cortina y finaliza junto a uno de los muros del Hospital de San Juan de Dios, configurando un rincón de gran personalidad y casi desconocido para la mayoría de quienes transitan por el centro de Sevilla.

Calle Faisanes

Calle Faisanes

Su origen se remonta, al menos, a comienzos del siglo XV, cuando aparece documentada con el nombre de Gaiteros. La denominación probablemente hacía referencia a los artesanos que fabricaban gaitas o a los músicos que interpretaban este instrumento, una circunstancia frecuente en la toponimia medieval sevillana, donde muchas calles recibían el nombre del oficio predominante de sus habitantes. Esta denominación permaneció vigente durante más de cuatro siglos, hasta 1845, cuando la calle quedó administrativamente integrada en la entonces calle Mercaderes, hoy Álvarez Quintero.

En 1868 recibió el nombre de Faisanes, una denominación que, según los estudios históricos más solventes, no responde a ninguna circunstancia concreta ni guarda relación conocida con la presencia de estas aves o con algún establecimiento del lugar.

Algunos cronistas antiguos afirmaron que, tras la instalación de la Real Audiencia en las inmediaciones de la Plaza de San Francisco, la calle habría sido conocida como Ataúdes, porque en ella se preparaban los féretros destinados a los reos ajusticiados en dicha plaza. Aunque esta versión gozó de cierta difusión, las investigaciones posteriores consideran que se trata de una confusión con otras calles cercanas, especialmente la antigua calle Ataúdes, cuya ubicación era distinta.

También existe constancia documental de que en 1708 era conocida como callejuela de la Paz, probablemente por encontrarse aquí uno de los accesos secundarios al antiguo Hospital de Nuestra Señora de la Paz, dedicado al tratamiento de enfermos de bubas o sífilis. De hecho, la historia de esta institución resulta decisiva para comprender la configuración actual de la calle.

Originalmente, Faisanes no era un callejón cerrado. La vía continuaba hasta desembocar en la antigua calle Gallegos (actual Sagasta), pero en 1503 una parte de su trazado fue cedida al Hospital de Bubas para ampliar sus dependencias. La construcción de nuevos edificios sobre aquel espacio interrumpió definitivamente el paso, transformando la antigua calle en la estrecha barreduela sin salida que ha llegado hasta nuestros días.

Al fondo del callejón se conserva el conocido postigo del Hospital de San Juan de Dios, heredero de aquel antiguo conjunto hospitalario. Durante la remodelación llevada a cabo a finales del siglo XX, concretamente en 1989, desapareció el azulejo dieciochesco que presidía este acceso, siendo sustituido por una imagen escultórica de San Juan de Dios situada en el remate del muro, configurado a modo de pequeña espadaña. Este discreto rincón constituye uno de esos espacios donde la historia hospitalaria de Sevilla permanece aún visible para quien se detiene a observar.

Puerta trasera del Hospital de san Juan de Dios en la calle Faisanes

San Juan de Dios

Detalle de San Juan de Dios

Detalle del escudo

El pavimento actual fue colocado en 1905 y la calle conserva una farola de fundición sobre brazo metálico, uno de esos elementos tradicionales del mobiliario urbano que contribuyen a reforzar su carácter histórico. Entre sus edificios destaca el inmueble de la esquina con Manuel Cortina, proyectado en 1907 por el arquitecto José Espiau y Muñoz, una de las figuras más representativas del regionalismo sevillano, cuya arquitectura incorpora delicados detalles modernistas. El resto de las construcciones corresponden principalmente a la primera mitad del siglo XX o son las fachadas posteriores de inmuebles con acceso por las calles vecinas.

Durante décadas, además, una pequeña bodega situada en una de sus esquinas fue punto de encuentro para vecinos y trabajadores del entorno, contribuyendo a mantener el ambiente popular de este escondido callejón.

Azulejo en la pared de la esquina de la Bodega

Hoy, la calle Faisanes sigue siendo uno de esos lugares que pasan desapercibidos incluso para muchos sevillanos. Su reducido espacio resume, sin embargo, buena parte de la historia de la ciudad: la Sevilla de los oficios medievales, la expansión de sus hospitales, las transformaciones de su trama urbana y la pervivencia de pequeños rincones donde aún es posible descubrir la memoria más íntima del casco histórico.

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