RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes
Virgen de las Aguas. Iglesia del Salvador.
Virgen de las Aguas
La Virgen de las Aguas es una de las imágenes marianas
más antiguas y veneradas de la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla.
Se trata de una talla sedente de la Virgen con el Niño, realizada en la segunda
mitad del siglo XIII, que forma parte del grupo de las llamadas "vírgenes
fernandinas", estrechamente vinculadas a la conquista cristiana de la
ciudad por el rey Fernando III en 1248. Su historia, envuelta en tradición y
devoción, la convirtió durante siglos en una de las principales protectoras de
Sevilla y en un símbolo de la estrecha relación entre la monarquía castellana y
la antigua Colegial del Salvador.
La tradición sostiene que fue el propio San Fernando
quien donó la imagen al templo levantado sobre la antigua mezquita de Ibn
Adabbás tras la conquista de la ciudad. Del mismo modo que la Virgen de los
Reyes quedó vinculada a la nueva Catedral, la Virgen de las Aguas pasó a ser la
gran imagen mariana del Salvador, considerado entonces el segundo templo en
importancia de Sevilla.
El origen de su advocación ha dado lugar a diversas
leyendas. La más difundida relata que, durante el asedio de Sevilla, una
prolongada sequía amenazaba tanto a los sitiadores como a la población de la
ciudad. Fernando III imploró la intercesión de la Virgen y, tras una aparición
milagrosa, comenzaron las lluvias que pusieron fin a la escasez de agua. En
agradecimiento, el monarca mandó realizar la imagen, que desde entonces recibió
el nombre de Virgen de las Aguas.
Otra tradición, igualmente popular, cuenta que el rey
soñó con la Virgen y encargó a varios escultores que reprodujeran la imagen
contemplada en la visión. Cuando le presentaron las esculturas, dudó entre dos
de extraordinaria belleza: la futura Virgen de los Reyes y la que hoy se conoce
como Virgen de las Aguas. Incapaz de decidirse de inmediato, habría pronunciado
la expresión “estoy entre dos aguas”, frase que, según la leyenda, dio origen a
la advocación. Aunque carece de base documental, este relato pretendía situar a
la imagen del Salvador en un plano de igualdad artística y devocional con la
venerada patrona de la Catedral.
Más allá de las leyendas, la Virgen de las Aguas
adquirió una enorme importancia en la religiosidad sevillana. Fue considerada
protectora frente a las calamidades relacionadas con el agua, tanto por exceso
como por defecto. Durante siglos presidió numerosas rogativas públicas
organizadas para pedir el fin de las sequías o para implorar el cese de lluvias
torrenciales e inundaciones. También era invocada para proteger los galeones
que cruzaban el Atlántico hacia las Indias, así como a viajeros, navegantes y
personas expuestas a los peligros de ríos, pozos y corrientes de agua. Crónicas
antiguas recogen numerosos testimonios de gracias y favores atribuidos a su
intercesión, consolidando una devoción que alcanzó su mayor esplendor entre los
siglos XVI y XVIII.
La imagen conserva la serenidad y solemnidad propias de
la escultura medieval, aunque fue transformada en época barroca, especialmente
mediante una nueva policromía y adaptaciones estéticas que suavizaron algunos
de sus rasgos originales. Aun así, mantiene las características esenciales de
las imágenes fernandinas: una Virgen sedente que sostiene al Niño Jesús sobre
su regazo, evocando el modelo de trono de la Sabiduría tan característico del
arte medieval.
Virgen de las Aguas
Detalle de la Virgen de las Aguas
El magnífico retablo que la alberga constituye una de
las obras maestras del barroco sevillano del siglo XVIII. Fue contratado en
1726 al escultor y ensamblador José Maestre, quien concluyó la talla en 1731,
aunque el conjunto no quedó completamente terminado hasta 1757, cuando
Francisco Lagraña realizó el dorado. La arquitectura del retablo enmarca la
imagen con una rica decoración de columnas salomónicas, exuberante ornamentación
vegetal y abundante simbología mariana, creando un escenario de gran
teatralidad que exalta la antigüedad y prestigio de la advocación.
Retablo
de la Virgen de las Aguas
En el ático del retablo se desarrolla un interesante relieve dedicado al origen legendario de la imagen.
Ático con relieve policromado que representa la aparición
de la Virgen a San Fernando durante el asedio de Sevilla
La escena representa al rey San Fernando bajo una tienda de campaña adornada con flores, que sitúa la escena en el campamento de los cristianos, contemplando a la Virgen durante el cerco de Sevilla, rodeado por soldados y religiosos.
Detalle de san Fernando
Al fondo aparece una idealizada representación de la Sevilla almohade, mientras la Virgen ocupa el centro de la composición, irradiando luz y presidiendo el episodio como auténtica protectora de la futura ciudad cristiana.
Detalle de la Virgen
A la derecha de la imagen mariana aparecen otros cuatro personajes,
algunos de los cuales podrían tratarse de los escultores de la leyenda, tal y
como nos sugiere el más situado al extremo, un joven aprendiz que porta un martillo.
Detalle de los escultores
Detrás del retablo se encuentra uno de los espacios más
singulares del templo: el camarín barroco, proyectado en el siglo XVIII por
Diego Antonio Díaz gracias al mecenazgo del cardenal Luis de Salcedo y Azcona,
conocido como cardenal Solís. Se trata de un recinto de extraordinaria riqueza
decorativa, concebido para resaltar el carácter sagrado de la imagen mediante
una compleja escenografía de pinturas, yeserías y efectos de iluminación
natural.
La Virgen se dispone sobre una peana giratoria que
permite contemplarla desde distintos espacios. Habitualmente mira hacia el
interior del templo, aunque puede girarse para orientarla hacia el camarín o
hacia la ventana abierta a la calle Villegas, desde donde tradicionalmente
recibía la veneración popular durante determinadas solemnidades, especialmente
en la festividad del Corpus Christi. Este ingenioso sistema constituye una
muestra del refinamiento técnico y litúrgico alcanzado por el barroco sevillano.
La antesala del camarín está decorada con pinturas que
representan la aparición de la Virgen a San Fernando y una vista histórica de
Sevilla, reforzando visualmente el relato fundacional de la devoción. Todo el
conjunto fue concebido como una exaltación de la antigua imagen medieval y de
su estrecha vinculación con la historia religiosa y política de la ciudad.
Hoy, la Virgen de las Aguas continúa siendo una de las joyas patrimoniales y devocionales de la Iglesia del Salvador. Su antigüedad, la calidad de su retablo y de su camarín, junto con el rico conjunto de tradiciones y leyendas que la rodean, la convierten en un testimonio excepcional de la religiosidad sevillana desde la Edad Media hasta nuestros días y en una de las imágenes más representativas del legado fernandino conservado en Sevilla.
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