ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
El Campanero del Salvador.
Entre los
personajes más populares y sorprendentes de la Sevilla del siglo XX ocupa un
lugar destacado Antonio Mendoza González, conocido por todos como el “Hombre
Mosca”. Su extraordinaria habilidad para trepar por torres, espadañas, cúpulas
y campanarios prácticamente sin medidas de seguridad, aferrado únicamente con
sus manos y sus pies lo convirtió en una figura legendaria.
Antonio en el campanario del Salvador. (ver) (CC BY3.0)
La familia Mendoza en el campanario del Salvador (ver)
(CC BY 3.0)
Antonio Mendoza
pertenecía a una de las familias de campaneros más importantes de Sevilla. Su
vinculación con la iglesia del Salvador se remontaba al siglo XIX, cuando su
bisabuelo, Antonio Mendoza Haro, inició una tradición que continuarían su
abuelo José Mendoza Martínez, su padre, él mismo y, posteriormente, su hijo
Antonio Mendoza Vázquez junto con sus nietos. Durante más de un siglo, los
Mendoza vivieron en el Patio de los Naranjos del Salvador, como responsables
del mantenimiento de las campanas de la antigua Colegial y de numerosos
templos, conventos y edificios históricos de Sevilla y de buena parte de
Andalucía.
Eran
especialistas en la restauración y conservación de campanarios, la reparación
de relojes monumentales, la sustitución de yugos y badajos, la instalación y
mantenimiento de pararrayos y la revisión de todo el complejo sistema que
permitía el correcto funcionamiento de las campanas. Se trataba de una
profesión que requería amplios conocimientos de mecánica, carpintería,
metalurgia y electricidad, pero además precisaba de una gran habilidad y valentía,
pues no existían arneses homologados ni plataformas elevadoras, y las
ascensiones se realizaban utilizando cuerdas, cables de acero y escaleras de
madera.
La fama del
"Hombre Mosca" alcanzó su punto culminante durante la década de 1950.
Especialmente recordadas fueron las intervenciones realizadas en la torre del
Salvador, donde llegó a trabajar junto a la gran veleta que corona el templo, situada
sobre la cúpula, una pieza de cerca de tres metros de longitud y unos cuarenta
kilogramos de peso.
En la veleta del Salvador
EL Hombre MOSCA
subido en un pináculo de la Colegial del Salvador en 1959.
Pero, jamás
sufrió un accidente de gravedad en las alturas y la muerte le llegó lejos de su
oficio. En septiembre de 1968 falleció de forma repentina a consecuencia de un
infarto mientras presenciaba un partido del Sevilla F. C. en el estadio de
Chapín, en Jerez de la Frontera.
Su hijo,
Antonio Mendoza Vázquez, heredó tanto el oficio como el sobrenombre de “Hombre
Mosca”. Apenas contaba diecinueve años cuando llegó a ascender hasta el
Giraldillo de la Giralda sirviéndose únicamente del cable del pararrayos. A
partir de entonces continuó al frente del taller familiar, encargándose del
mantenimiento de las campanas del Salvador y de numerosos campanarios
andaluces, restaurando campanas, relojes monumentales y sistemas de protección
contra los rayos, además de conservar la tradición del toque manual de las
siete campanas del Salvador, uno de los conjuntos campaneros más valiosos de la
ciudad.
La familia
Mendoza también estuvo estrechamente ligada a muchas de las tradiciones
sevillanas. Durante décadas colaboró con la Colegial del Salvador en numerosos
trabajos de mantenimiento y organización, participando, entre otras tareas, en
el montaje de la tradicional rampa que cada Semana Santa facilitaba el paso de
las cofradías por la plaza del Salvador.
Con el fallecimiento de Antonio Mendoza Vázquez y el abandono de la histórica vivienda familiar situada en el Patio de los Naranjos concluyó una de las sagas artesanales más singulares de Sevilla. Desaparecía así un oficio casi extinguido, transmitido de padres a hijos durante generaciones, que unía conocimientos técnicos, habilidad manual y una extraordinaria valentía.
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