martes, 7 de julio de 2026

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

El Campanero del Salvador.

Entre los personajes más populares y sorprendentes de la Sevilla del siglo XX ocupa un lugar destacado Antonio Mendoza González, conocido por todos como el “Hombre Mosca”. Su extraordinaria habilidad para trepar por torres, espadañas, cúpulas y campanarios prácticamente sin medidas de seguridad, aferrado únicamente con sus manos y sus pies lo convirtió en una figura legendaria.

Antonio en el campanario del Salvador. (ver) (CC BY3.0)

La familia Mendoza en el campanario del Salvador (ver) (CC BY 3.0)

Antonio Mendoza pertenecía a una de las familias de campaneros más importantes de Sevilla. Su vinculación con la iglesia del Salvador se remontaba al siglo XIX, cuando su bisabuelo, Antonio Mendoza Haro, inició una tradición que continuarían su abuelo José Mendoza Martínez, su padre, él mismo y, posteriormente, su hijo Antonio Mendoza Vázquez junto con sus nietos. Durante más de un siglo, los Mendoza vivieron en el Patio de los Naranjos del Salvador, como responsables del mantenimiento de las campanas de la antigua Colegial y de numerosos templos, conventos y edificios históricos de Sevilla y de buena parte de Andalucía.

Eran especialistas en la restauración y conservación de campanarios, la reparación de relojes monumentales, la sustitución de yugos y badajos, la instalación y mantenimiento de pararrayos y la revisión de todo el complejo sistema que permitía el correcto funcionamiento de las campanas. Se trataba de una profesión que requería amplios conocimientos de mecánica, carpintería, metalurgia y electricidad, pero además precisaba de una gran habilidad y valentía, pues no existían arneses homologados ni plataformas elevadoras, y las ascensiones se realizaban utilizando cuerdas, cables de acero y escaleras de madera.

La fama del "Hombre Mosca" alcanzó su punto culminante durante la década de 1950. Especialmente recordadas fueron las intervenciones realizadas en la torre del Salvador, donde llegó a trabajar junto a la gran veleta que corona el templo, situada sobre la cúpula, una pieza de cerca de tres metros de longitud y unos cuarenta kilogramos de peso. 

En la veleta del Salvador

EL Hombre MOSCA subido en un pináculo de la Colegial del Salvador en 1959.

Pero, jamás sufrió un accidente de gravedad en las alturas y la muerte le llegó lejos de su oficio. En septiembre de 1968 falleció de forma repentina a consecuencia de un infarto mientras presenciaba un partido del Sevilla F. C. en el estadio de Chapín, en Jerez de la Frontera.

Su hijo, Antonio Mendoza Vázquez, heredó tanto el oficio como el sobrenombre de “Hombre Mosca”. Apenas contaba diecinueve años cuando llegó a ascender hasta el Giraldillo de la Giralda sirviéndose únicamente del cable del pararrayos. A partir de entonces continuó al frente del taller familiar, encargándose del mantenimiento de las campanas del Salvador y de numerosos campanarios andaluces, restaurando campanas, relojes monumentales y sistemas de protección contra los rayos, además de conservar la tradición del toque manual de las siete campanas del Salvador, uno de los conjuntos campaneros más valiosos de la ciudad.

La familia Mendoza también estuvo estrechamente ligada a muchas de las tradiciones sevillanas. Durante décadas colaboró con la Colegial del Salvador en numerosos trabajos de mantenimiento y organización, participando, entre otras tareas, en el montaje de la tradicional rampa que cada Semana Santa facilitaba el paso de las cofradías por la plaza del Salvador.

Con el fallecimiento de Antonio Mendoza Vázquez y el abandono de la histórica vivienda familiar situada en el Patio de los Naranjos concluyó una de las sagas artesanales más singulares de Sevilla. Desaparecía así un oficio casi extinguido, transmitido de padres a hijos durante generaciones, que unía conocimientos técnicos, habilidad manual y una extraordinaria valentía. 

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