AREA CENTRO 2
Calle Rafael Padura.
La calle Rafael Padura es una pequeña vía peatonal
situada en pleno Casco Antiguo de Sevilla, que une las calles Santa María de
Gracia y Sierpes, muy cerca de la emblemática Confitería La Campana. A pesar de
sus reducidas dimensiones, constituye uno de esos espacios que reflejan la
intensa actividad comercial y social del centro histórico.
Calle
Rafael Padura
Azulejo
del rotulo
Hasta 1984 este tramo formó parte de la calle Santa
María de Gracia, denominación con la que aparece documentado al menos desde
finales del siglo XVI. Ese año recibió su nombre actual en homenaje a Rafael
Padura Rodríguez, destacado empresario sevillano y presidente de la
Confederación de Empresarios de Sevilla, asesinado por la organización
terrorista GRAPO en septiembre de 1984. La nueva rotulación quiso perpetuar el
recuerdo de una figura muy vinculada al mundo empresarial de la ciudad, cuyos
negocios se encontraban en las inmediaciones.
La fisonomía de la calle cambió notablemente durante la
década de 1970. El derribo de varios inmuebles, entre ellos una casa en estado
ruinoso demolida en 1973, permitió ensanchar el espacio, que hoy se presenta
casi como una prolongación natural de la calle Sierpes. De hecho, ambas
comparten el mismo pavimento y la transición entre una y otra resulta apenas
perceptible, configurando un pequeño ensanche que actúa como lugar de descanso
y encuentro para quienes recorren esta concurrida zona comercial.
En la actualidad la calle está ocupada en buena parte
por las terrazas de los establecimientos de hostelería, que contribuyen a la
animación característica de este sector del centro de Sevilla. La iluminación
se resuelve mediante faroles de fundición fijados a las fachadas, mientras que
una gran celosía de madera y un pequeño espacio ajardinado aportan personalidad
a este rincón urbano. También puede encontrarse un escaparate perteneciente a
la Asociación de Comerciantes de Sierpes, muestra de la intensa actividad
comercial que caracteriza al entorno.
La calle conserva además el recuerdo de algunos
personajes y establecimientos muy populares entre los sevillanos. Durante
décadas fue célebre el puesto de refrescos de Dolorcita, famosa por preparar
una apreciada bebida de agraz que el escritor Manuel Díez-Crespo evocó como “la
más exquisita bebida refrescante del universo mundo”.
Puesto de Dolorsita. (ver ) (CC BY 3.0)
Más tarde alcanzó gran popularidad el quiosco de prensa
de Curro, conocido cariñosamente como “Curro el de los periódicos”, cuya
presencia formó parte del paisaje cotidiano de varias generaciones de
sevillanos. Curro se llamaba Francisco Martel
Barbado y había heredado la profesión de sus mayores, su padre y su abuelo, que
ya ofrecían periódicos en la calle Sierpes por las Cuatro Esquinas de San José,
donde estuvieron los Almacenes El Aguila y Casa Calvillo. Curro dejó
para siempre a la calle Sierpes de sus amores y desvelos en 1978.
Curro el del Kiosco de la Campana, año 1960. (ver) (CC BY
3.0)
En sus inmediaciones también existió una tradicional
betunería, testimonio de los pequeños oficios que durante buena parte del siglo
XX dieron vida a las calles comerciales del centro histórico.
Aunque de escasa longitud y con apenas un edificio cuya fachada se abre íntegramente a ella, la calle Rafael Padura constituye un ejemplo de cómo la evolución del urbanismo, el comercio y la memoria ciudadana pueden concentrarse en un espacio muy reducido. Su historia resume la transformación del corazón comercial de Sevilla, donde el recuerdo de antiguos negocios y personajes populares convive con la intensa actividad que cada día llena de vida este rincón del casco histórico.




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