lunes, 13 de julio de 2026

ALGUNAS LEYENDAS DE SEVILLA

Leyenda de la calle Sierpes.

La tradición popular sitúa el origen del nombre de la calle Sierpes en una de las leyendas más conocidas de la Sevilla bajomedieval. Aunque carece de base histórica, este relato gozó de enorme difusión durante siglos y llegó a formar parte del imaginario colectivo de la ciudad.

Según la leyenda, a finales del siglo XV comenzaron a desaparecer de forma misteriosa numerosos niños en las inmediaciones de la entonces calle Espaderos. Las desapariciones se producían sin seguir un patrón determinado, tanto de día como de noche, y no dejaban el menor indicio sobre el paradero de las víctimas. La inquietud se extendió rápidamente entre los vecinos, que terminaron solicitando la intervención de don Alfonso de Cárdenas, comendador mayor de León y regente de Sevilla en aquellos años.

Cuando el temor comenzaba a apoderarse de la población, un preso de la Cárcel Real hizo llegar un mensaje al comendador. Aseguraba conocer al responsable de las desapariciones y se comprometía a demostrarlo, pero imponía una única condición: recuperar su libertad una vez resuelto el misterio. Alfonso de Cárdenas aceptó el trato y envió a un escribano para tomar declaración al desconocido.

El misterioso informante resultó ser Melchor de Quintana y Argüeso, bachiller en Letras por la Universidad de Osuna, una de las instituciones académicas más prestigiosas de la época. Había sido encarcelado por su participación en una rebelión promovida por el duque de Arcos contra la Corona. Ante el escribano relató cómo, durante un intento de fuga, había excavado un túnel que, de manera fortuita, lo condujo a unas antiguas galerías subterráneas atribuidas por la tradición a las épocas romana y musulmana.

Mientras recorría aquellos pasadizos en busca de una salida, afirmó haberse encontrado con el causante de las desapariciones. Tras enfrentarse a él, consiguió darle muerte con una daga. Sin embargo, lejos de aprovechar la ocasión para escapar definitivamente, regresó voluntariamente a la prisión, convencido de que su acción le permitiría obtener el perdón prometido.

Guiados por el propio Melchor de Quintana, el comendador y sus hombres descendieron hasta el lugar señalado. Allí encontraron una escena sobrecogedora: el cuerpo sin vida de una gigantesca serpiente atravesada por una daga y, a su alrededor, numerosos restos óseos humanos que parecían confirmar la macabra historia. La criatura, cuyo grosor —según la tradición— era comparable al de un hombre adulto, fue trasladada y expuesta públicamente en la calle Espaderos.

La noticia atrajo a curiosos procedentes de todos los barrios de Sevilla e incluso de localidades cercanas. El extraordinario suceso hizo que la antigua calle Espaderos comenzara a ser conocida popularmente como la "calle de la Sierpe", denominación que, con el paso del tiempo, terminó evolucionando hasta el actual nombre de calle Sierpes.

Como recompensa por su hazaña, Melchor de Quintana obtuvo la libertad que había solicitado. La leyenda añade que decidió establecerse definitivamente en Sevilla y que llegó a contraer matrimonio con una hija del propio Alfonso de Cárdenas, culminando así una historia tan extraordinaria como improbable.

Desde el punto de vista histórico, este relato debe entenderse como una manifestación del rico universo legendario medieval más que como un hecho real. Historias semejantes, protagonizadas por dragones, serpientes monstruosas o reptiles gigantes, fueron muy frecuentes en la Europa occidental entre los siglos XII y XV, simbolizando habitualmente la victoria del bien sobre el mal y el restablecimiento del orden tras una etapa de caos. En España existen otros ejemplos célebres, como la leyenda del Lagarto de Granada, que responde a los mismos esquemas narrativos.

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