lunes, 13 de julio de 2026

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Convento Santa María de Gracia (Derribado). 

El convento de Santa María de Gracia fue uno de los monasterios femeninos de la Orden de Predicadores que existieron en la Sevilla histórica. Fundado durante el primer tercio del siglo XVI, permaneció activo hasta la desamortización eclesiástica de 1837, cuando la comunidad fue obligada a abandonar el edificio.

Sus orígenes se encuentran en el beaterio de Santa Catalina de Siena, establecido junto a la parroquia del mismo nombre por un grupo de mujeres piadosas bajo la dirección de fray Domingo de Baltanás, destacado dominico y rector del Colegio de Santo Tomás. En un primer momento aquellas religiosas vivían conforme a la regla de la Tercera Orden Dominicana. Para regularizar canónicamente la comunidad solicitaron autorización pontificia al papa Alejandro VI, aunque la muerte de este impidió la expedición de la bula. Finalmente, el permiso fue concedido por su sucesor, el papa Julio II.

El crecimiento de la comunidad hizo necesario disponer de unas instalaciones más amplias. Fray Domingo de Baltanás obtuvo para ello unas casas pertenecientes a la viuda Juana Fernández, situadas en la collación de San Miguel. La propietaria, movida por su profunda devoción, no solo cedió el inmueble, sino que donó todos sus bienes con el propósito de ingresar como religiosa en el nuevo convento.

Las obras comenzaron el 12 de junio de 1525 y, pocos meses después, el 25 de octubre de ese mismo año, las seis beatas fundadoras abandonaron el antiguo beaterio para instalarse en la nueva casa conventual. La comunidad experimentó un rápido crecimiento y, en 1537, ya contaba con veintinueve religiosas. Ese mismo año acordaron enviar tres monjas a Baeza para fundar un nuevo convento dominico femenino, iniciativa que recibió la correspondiente autorización pontificia en 1539. Antes de 1578 promovieron además otra fundación en la localidad onubense de Lepe, reflejo del prestigio alcanzado por la comunidad sevillana.

Portada

Detalle del escudo de la Orden

En 1578 el papa Gregorio XIII concedió a las religiosas el privilegio de abandonar el régimen de la Tercera Orden para profesar plenamente como monjas de clausura de la Orden de Predicadores, consolidando así su situación jurídica y espiritual dentro de la familia dominicana.

La exclaustración provocada por la desamortización de Mendizábal en 1837 puso fin a más de tres siglos de vida conventual. Las religiosas fueron trasladadas al convento de Santa María la Real, situado en la calle San Vicente, mientras que el antiguo edificio fue destinado a nuevos usos. La iglesia conventual se transformó en 1841 en el denominado Teatro de la Campana, mientras que las antiguas dependencias monásticas se adaptaron como casas de vecinos, perdiéndose gran parte de su configuración original.

La comunidad de Santa María la Real permaneció en Sevilla hasta 1976, año en que las dominicas se trasladaron a un nuevo monasterio construido en Bormujos. Allí se conservan varias de las principales obras procedentes del antiguo convento de Santa María de Gracia, entre ellas la imagen titular de Santa María de Gracia, realizada por Juan de Oviedo el Mozo en 1601; un Jesús con la cruz a cuestas de comienzos del siglo XVII; un San Vicente Ferrer fechado en 1765; el Cristo de los Atribulados, obra de mediados del siglo XVI; Nuestra Señora de la Encarnación, documentada en el convento al menos desde el siglo XVII, y una imagen de la Virgen del Rosario.

Como testimonio material de la existencia del monasterio también se conserva un azulejo de la segunda mitad del siglo XVIII con el nombre del convento y la numeración de la calle, actualmente custodiado en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. Estas piezas constituyen algunos de los escasos vestigios que recuerdan la larga presencia de esta comunidad dominica en el corazón de la ciudad.

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