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Convento Santa María de Gracia (Derribado).
El convento de Santa María de Gracia
fue uno de los monasterios femeninos de la Orden de Predicadores que existieron
en la Sevilla histórica. Fundado durante el primer tercio del siglo XVI,
permaneció activo hasta la desamortización eclesiástica de 1837, cuando la
comunidad fue obligada a abandonar el edificio.
Sus orígenes se encuentran en el
beaterio de Santa Catalina de Siena, establecido junto a la parroquia del mismo
nombre por un grupo de mujeres piadosas bajo la dirección de fray Domingo de
Baltanás, destacado dominico y rector del Colegio de Santo Tomás. En un primer
momento aquellas religiosas vivían conforme a la regla de la Tercera Orden
Dominicana. Para regularizar canónicamente la comunidad solicitaron
autorización pontificia al papa Alejandro VI, aunque la muerte de este impidió
la expedición de la bula. Finalmente, el permiso fue concedido por su sucesor,
el papa Julio II.
El crecimiento de la comunidad hizo
necesario disponer de unas instalaciones más amplias. Fray Domingo de Baltanás
obtuvo para ello unas casas pertenecientes a la viuda Juana Fernández, situadas
en la collación de San Miguel. La propietaria, movida por su profunda devoción,
no solo cedió el inmueble, sino que donó todos sus bienes con el propósito de
ingresar como religiosa en el nuevo convento.
Las obras comenzaron el 12 de junio de
1525 y, pocos meses después, el 25 de octubre de ese mismo año, las seis beatas
fundadoras abandonaron el antiguo beaterio para instalarse en la nueva casa
conventual. La comunidad experimentó un rápido crecimiento y, en 1537, ya
contaba con veintinueve religiosas. Ese mismo año acordaron enviar tres monjas
a Baeza para fundar un nuevo convento dominico femenino, iniciativa que recibió
la correspondiente autorización pontificia en 1539. Antes de 1578 promovieron
además otra fundación en la localidad onubense de Lepe, reflejo del prestigio
alcanzado por la comunidad sevillana.
Portada
Detalle del escudo de la Orden
En 1578 el papa Gregorio XIII concedió
a las religiosas el privilegio de abandonar el régimen de la Tercera Orden para
profesar plenamente como monjas de clausura de la Orden de Predicadores,
consolidando así su situación jurídica y espiritual dentro de la familia
dominicana.
La exclaustración provocada por la
desamortización de Mendizábal en 1837 puso fin a más de tres siglos de vida
conventual. Las religiosas fueron trasladadas al convento de Santa María la
Real, situado en la calle San Vicente, mientras que el antiguo edificio fue
destinado a nuevos usos. La iglesia conventual se transformó en 1841 en el
denominado Teatro de la Campana, mientras que las antiguas dependencias
monásticas se adaptaron como casas de vecinos, perdiéndose gran parte de su
configuración original.
La comunidad de Santa María la Real
permaneció en Sevilla hasta 1976, año en que las dominicas se trasladaron a un
nuevo monasterio construido en Bormujos. Allí se conservan varias de las
principales obras procedentes del antiguo convento de Santa María de Gracia,
entre ellas la imagen titular de Santa María de Gracia, realizada por Juan de
Oviedo el Mozo en 1601; un Jesús con la cruz a cuestas de comienzos del siglo
XVII; un San Vicente Ferrer fechado en 1765; el Cristo de los Atribulados, obra
de mediados del siglo XVI; Nuestra Señora de la Encarnación, documentada en el
convento al menos desde el siglo XVII, y una imagen de la Virgen del Rosario.
Como testimonio material de la
existencia del monasterio también se conserva un azulejo de la segunda mitad
del siglo XVIII con el nombre del convento y la numeración de la calle,
actualmente custodiado en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla.
Estas piezas constituyen algunos de los escasos vestigios que recuerdan la
larga presencia de esta comunidad dominica en el corazón de la ciudad.
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