AREA CENTRO 2
Calle Rioja.
La calle Rioja
constituye una de las grandes arterias comerciales del centro histórico de
Sevilla. Une la calle Sierpes con la plaza de la Magdalena, cruzando el
importante eje formado por las calles Tetuán y Velázquez. Su intensa actividad
comercial y el continuo tránsito de peatones pueden hacer olvidar que se trata
de una vía con más de seis siglos de historia, cuyos sucesivos nombres reflejan
la evolución urbana de la ciudad.
Calle Rioja esquina con Sierpes
La primera
referencia documental conocida aparece en 1405, cuando se menciona como “la
calle que va de la plazuela de la Cerrajería y Sierpes a la calle Ancha de la
Magdalena”. Durante los siglos siguientes recibió distintas denominaciones
según los edificios o actividades que la caracterizaban.
El tramo
comprendido entre Sierpes y Velázquez fue conocido en el siglo XVI como calle
de los Perros. El cronista Luis de Peraza explicaba este curioso nombre
afirmando que allí se alojaban los perros de caza para permanecer próximos a
monteros y cazadores. Más tarde pasó a llamarse calle de Dueñas por el convento
de monjas mínimas de la Victoria, situado en la esquina con Sierpes.
El tramo
comprendido entre Velázquez y la plaza de la Magdalena era conocido desde
comienzos del siglo XVI como calle Ancha de la Magdalena, por la proximidad de
la antigua parroquia del mismo nombre, y posteriormente recibió la denominación
de calle del Ángel debido al convento del Santo Ángel Custodio establecido allí
por los carmelitas descalzos.
En 1845 el
Ayuntamiento decidió dedicar la calle al ilustre humanista, clérigo y poeta
sevillano Francisco de Rioja (1583-1659), una de las figuras literarias más
destacadas del Siglo de Oro español y estrecho colaborador del conde-duque de
Olivares. En 1869 el nombre de Rioja se hizo extensivo a toda la vía,
conservándose hasta la actualidad.
Su
configuración también ha cambiado profundamente con el paso de los siglos. El
primer tramo mantiene un trazado ligeramente curvo y más estrecho, mientras que
el segundo es sensiblemente más amplio y rectilíneo. Las numerosas
alineaciones, derribos y reformas urbanísticas llevadas a cabo durante los
siglos XIX y XX modificaron por completo su aspecto, especialmente con motivo
de la apertura de grandes edificios comerciales y la renovación del centro de
Sevilla. A pesar de estas transformaciones, todavía se perciben algunos
testimonios de la arquitectura regionalista y de la ciudad anterior a las
grandes remodelaciones.
Cruce de Tetuán con Rioja. Año 1930
En la
confluencia con la calle Sierpes se abre un pequeño ensanche ocupado
actualmente por un quiosco. Este espacio corresponde al lugar donde durante
siglos estuvo instalada la célebre Cruz de Cerrajería (leer mas), uno de los
cruceros más emblemáticos de la Sevilla barroca, trasladada posteriormente a su
emplazamiento actual en la Plaza de Santa Cruz.
Confluencia con la calle Sierpes
Entre los
edificios más destacados sobresale el inmueble proyectado por Aníbal González
(numero 11) entre 1915 y 1917 para el empresario Javier Sánchez-Dalp.
Construido íntegramente en ladrillo visto, constituye uno de los mejores
ejemplos del regionalismo sevillano anterior a la Plaza de España. Sus
balcones, galerías y elementos ornamentales muestran la extraordinaria
capacidad del arquitecto para reinterpretar el Renacimiento andaluz con un
lenguaje plenamente moderno. Actualmente sus bajos comerciales están ocupados
por establecimientos de grandes firmas internacionales.
La casa núm. 1,
en la esquina con Sierpes, edificio comercial de los años 20, con un bello azulejo
alusivo al dios Mercurio (leer mas).
Número 1 de la calle Rioja, esquina con la calle Sierpes
Detalle del panel cerámico
Pero ha
desaparecido el convento de monjas mínimas o victorias, en la esquina con Sierpes.
Muy cerca se
conserva una modesta vivienda de reducidas dimensiones que llama poderosamente
la atención por contrastar con los grandes edificios que la rodean. Es uno de
los escasos inmuebles tradicionales que sobrevivieron a las profundas
transformaciones urbanísticas del siglo XX y constituye un valioso recuerdo del
antiguo caserío de la calle.
Otro de los
grandes hitos históricos de Rioja fue el desaparecido Teatro San Fernando.
Inaugurado en 1847 sobre los terrenos que anteriormente había ocupado el
Hospital del Espíritu Santo, llegó a convertirse en el principal teatro de
Sevilla y uno de los más importantes de Andalucía, con capacidad para cerca de
tres mil espectadores. Durante más de un siglo acogió representaciones
teatrales, óperas, conciertos y los grandes acontecimientos culturales de la
ciudad. Anexo al teatro funcionó un conocido café-teatro que constituyó uno de
los principales centros de reunión de la sociedad sevillana. En la actualidad,
el solar está ocupado por un moderno edificio comercial.
Precisamente la
intensa vida social ha sido siempre una de las principales características de
la calle Rioja. Ya en el siglo XVII era descrita como una de las calles más
concurridas de Sevilla. Por ella transitaban las procesiones procedentes de
Triana, desfiles cívicos, cabalgatas, cortejos religiosos e incluso el popular
Entierro de la Sardina. Cafés, casinos, teatros, bares, fondas, puestos de
agua, carruajes y comercios hicieron de esta vía uno de los espacios más
dinámicos de la ciudad.
Entre los
establecimientos más recordados figura el Gran Britz, elegante cafetería que
funcionó aproximadamente entre 1945 y 1960. Era un local de ambiente
distinguido, con camareros uniformados, refinados veladores y una monumental
escalera que le confería un aire casi teatral. Se convirtió en uno de los
lugares favoritos del ambiente taurino sevillano, frecuentado por figuras como
Rafael Gómez Ortega “El Gallo”. La tradición popular conserva una curiosa
anécdota relacionada con este establecimiento. Se cuenta que un toro escapado
durante un desembarco llegó hasta la calle Rioja y, al verse reflejado en los
grandes escaparates del café, embistió violentamente creyendo enfrentarse a
otro animal. El toro irrumpió en el establecimiento, donde finalmente fue
abatido por la policía. Como recuerdo de aquel célebre café, las lámparas que
lo iluminaban fueron trasladadas años después a la Capilla de los Marineros,
donde aún alumbran el templo de la Esperanza de Triana.
Otro de los
edificios más significativos es la iglesia del Santo Ángel, perteneciente a la
Orden de los Carmelitas Descalzos (leer mas).
Durante el
siglo XIX la puerta de la iglesia del Santo Ángel fue asimismo un lugar
habitual de reunión de mendigos e indigentes, circunstancia que provocó
frecuentes quejas de los vecinos y quedó reflejada en la prensa de la época.
Aquella imagen de intensa vida popular convivía con el bullicio de los ómnibus
de mulas, el constante paso de carruajes y el incesante movimiento de comerciantes
y compradores.
Iglesia del Santo Ángel
La calle
también mantiene un importante vínculo con la historia cultural sevillana. En
uno de sus edificios tuvo su primera sede la Biblioteca Pública Provincial,
origen de la actual Biblioteca Pública Infanta Elena. Los primeros quince mil
volúmenes, procedentes en gran parte de la Real Sociedad Económica Sevillana de
Amigos del País, constituyeron el germen de una institución que más tarde se
trasladaría a la calle Alfonso XII y finalmente ocuparía su actual edificio en
la avenida de María Luisa.
En la actualidad
está cruzada por el eje Tetuán-Velázquez, y en su acera izquierda se abren el
pasaje del Ateneo, que comunica con Sierpes y Tetuán; el pasaje Rioja y el
Centro Rioja, que enlazan con Muñoz Olivé. Los tres son cubiertos y están
destinados a comercios, oficinas y algunas viviendas.
Entrada al pasaje Rioja
En la actualidad, Rioja continúa siendo una de las calles más transitadas de Sevilla. Sus comercios, pasajes interiores, edificios históricos y su privilegiada ubicación entre Sierpes, Tetuán y la plaza de la Magdalena la convierten en un espacio donde conviven el dinamismo comercial y la memoria de una ciudad que durante siglos encontró en esta vía uno de sus principales escenarios urbanos.





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