lunes, 13 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Pedro Caravaca.

La calle Pedro Caravaca constituye uno de los discretos ejes que comunican la histórica calle Sierpes con la confluencia de O'Donnell y Velázquez. Aunque hoy pueda pasar desapercibida frente al intenso movimiento comercial de las vías que la rodean, su reducido trazado conserva una historia estrechamente ligada a la evolución urbana, religiosa y social del centro de Sevilla.

Calle Pedro Caravaca

Durante siglos la calle careció de una denominación fija. A comienzos del siglo XVII los documentos simplemente la describían como "la que va desde la calle de la Sierpes a la calle de la Muela", antigua denominación de la actual Velázquez. Poco después comenzó a conocerse como calle de San Acasio, nombre tomado del convento de los agustinos calzados establecido allí en 1633 bajo la advocación de este santo mártir. Esa denominación permaneció vigente durante casi tres siglos y aparece ya reflejada en el plano de Pablo de Olavide de 1771.

En 1932, durante la Segunda República, la vía fue rebautizada como calle Aristide Briand, en homenaje al político y premio Nobel de la Paz francés. Sin embargo, tras los acontecimientos de 1936 recibió el nombre actual de Pedro Caravaca Rogé, destacado empresario sevillano, secretario de la Comisión Permanente de la Federación Económica de Andalucía (FEDA) y comisario real de la Exposición Iberoamericana de 1929. Caravaca, que presidía la patronal sevillana, fue asesinado el 20 de mayo de 1933, convirtiéndose su nombre en una de las muchas referencias urbanas relacionadas con los convulsos años de la Segunda República.

La calle es corta y de trazado casi rectilíneo, aunque presenta una ligera curvatura ya visible en la cartografía del siglo XVIII. Su aspecto actual es consecuencia de diversas reformas y alineaciones realizadas entre finales del siglo XIX y principios del XX. Fue adoquinada en 1913 y pocos años después recibió un pavimento de losetas asfálticas, aunque hoy conserva diferentes tipos de suelo según el tramo, reflejo de las sucesivas intervenciones urbanísticas realizadas en distintas épocas.

El edificio más importante de la calle es, sin duda, la sede del Real Círculo de Labradores y Propietarios de Sevilla. Sus orígenes se remontan al antiguo convento de San Acasio de los agustinos calzados, fundado en 1633. La comunidad religiosa abandonó el inmueble durante la ocupación francesa, iniciándose entonces una larga sucesión de usos civiles. El edificio acogió dependencias del Crédito Público, fue sede de la Academia de las Tres Nobles Artes, albergó una biblioteca pública y, posteriormente, las oficinas centrales de Correos. Muchos sevillanos todavía recuerdan el característico buzón de hierro con forma de boca de león situado en la esquina con Sierpes, convertido durante décadas en una de las imágenes más populares de este rincón del centro histórico.

Real Círculo de Labradores y Propietarios en la calle Pedro Caravaca

Detalle de la escalera

Biblioteca

Salón de Actos

Salón de tertulias

Patio barroco

El inmueble posee además una notable vinculación con la historia de la Semana Santa sevillana. Entre 1693 y 1703 fue sede provisional de la Hermandad del Gran Poder, circunstancia que hoy recuerda una placa colocada en la fachada del edificio. Esta estancia coincidió con uno de los periodos de traslado de la corporación antes de establecer definitivamente su sede canónica.

Placa

Cuando las oficinas de Correos se trasladaron a comienzos de la década de 1930, el antiguo convento inició una nueva etapa. En 1951 fue adquirido por el Real Círculo de Labradores y Propietarios, institución fundada en el siglo XIX y estrechamente vinculada a la aristocracia agrícola y a la alta sociedad sevillana. El arquitecto José María Benjumea dirigió las obras de adaptación, otorgando al edificio su aspecto actual mediante una elegante reinterpretación del barroco sevillano. Del antiguo convento aún se conservan elementos de gran valor, especialmente su magnífico patio barroco, uno de los espacios más interesantes del inmueble.

Durante buena parte de los siglos XIX y XX la calle disfrutó de una intensa actividad comercial y de ocio. En ella se encontraba una parada de diligencias con destino a Huelva, importantes establecimientos comerciales y el histórico Teatro Principal, levantado sobre un solar que posteriormente ocuparía el cine Palacio Central. Durante décadas este cine fue uno de los referentes culturales del centro de Sevilla hasta su cierre, perdiendo la calle una parte importante de la animación que había caracterizado su ambiente. El edificio fue posteriormente utilizado por el Centro Andaluz de Teatro, prolongando así, de alguna manera, su tradicional vocación escénica.

Aunque en la actualidad Pedro Caravaca es una calle eminentemente peatonal y continúa soportando un notable tránsito de personas gracias a su estratégica situación entre Sierpes, O'Donnell y Velázquez, buena parte de sus edificios orientan sus principales accesos hacia esas arterias comerciales, circunstancia que hace que pase casi inadvertida para muchos viandantes. Sin embargo, tras esa apariencia discreta se esconde una vía que resume varios siglos de historia sevillana, donde conventos, instituciones culturales, oficinas públicas, teatros, cines y centros sociales han ido sucediéndose hasta conformar uno de los espacios con mayor riqueza histórica del corazón de la ciudad.

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