AREA CENTRO 2
Calle Pedro Caravaca.
La calle Pedro
Caravaca constituye uno de los discretos ejes que comunican la histórica calle
Sierpes con la confluencia de O'Donnell y Velázquez. Aunque hoy pueda pasar
desapercibida frente al intenso movimiento comercial de las vías que la rodean,
su reducido trazado conserva una historia estrechamente ligada a la evolución
urbana, religiosa y social del centro de Sevilla.
Calle Pedro Caravaca
Durante siglos
la calle careció de una denominación fija. A comienzos del siglo XVII los documentos
simplemente la describían como "la que va desde la calle de la Sierpes a
la calle de la Muela", antigua denominación de la actual Velázquez. Poco
después comenzó a conocerse como calle de San Acasio, nombre tomado del
convento de los agustinos calzados establecido allí en 1633 bajo la advocación
de este santo mártir. Esa denominación permaneció vigente durante casi tres
siglos y aparece ya reflejada en el plano de Pablo de Olavide de 1771.
En 1932,
durante la Segunda República, la vía fue rebautizada como calle Aristide
Briand, en homenaje al político y premio Nobel de la Paz francés. Sin embargo,
tras los acontecimientos de 1936 recibió el nombre actual de Pedro Caravaca
Rogé, destacado empresario sevillano, secretario de la Comisión Permanente de la
Federación Económica de Andalucía (FEDA) y comisario real de la Exposición
Iberoamericana de 1929. Caravaca, que presidía la patronal sevillana, fue
asesinado el 20 de mayo de 1933, convirtiéndose su nombre en una de las muchas
referencias urbanas relacionadas con los convulsos años de la Segunda
República.
La calle es
corta y de trazado casi rectilíneo, aunque presenta una ligera curvatura ya
visible en la cartografía del siglo XVIII. Su aspecto actual es consecuencia de
diversas reformas y alineaciones realizadas entre finales del siglo XIX y
principios del XX. Fue adoquinada en 1913 y pocos años después recibió un
pavimento de losetas asfálticas, aunque hoy conserva diferentes tipos de suelo
según el tramo, reflejo de las sucesivas intervenciones urbanísticas realizadas
en distintas épocas.
El edificio más
importante de la calle es, sin duda, la sede del Real Círculo de Labradores y
Propietarios de Sevilla. Sus orígenes se remontan al antiguo convento de San
Acasio de los agustinos calzados, fundado en 1633. La comunidad religiosa
abandonó el inmueble durante la ocupación francesa, iniciándose entonces una
larga sucesión de usos civiles. El edificio acogió dependencias del Crédito
Público, fue sede de la Academia de las Tres Nobles Artes, albergó una
biblioteca pública y, posteriormente, las oficinas centrales de Correos. Muchos
sevillanos todavía recuerdan el característico buzón de hierro con forma de
boca de león situado en la esquina con Sierpes, convertido durante décadas en
una de las imágenes más populares de este rincón del centro histórico.
Real Círculo de Labradores y Propietarios en la calle
Pedro Caravaca
Detalle de la escalera
Biblioteca
Salón de Actos
Salón de tertulias
Patio barroco
El inmueble
posee además una notable vinculación con la historia de la Semana Santa
sevillana. Entre 1693 y 1703 fue sede provisional de la Hermandad del Gran
Poder, circunstancia que hoy recuerda una placa colocada en la fachada del
edificio. Esta estancia coincidió con uno de los periodos de traslado de la
corporación antes de establecer definitivamente su sede canónica.
Placa
Cuando las
oficinas de Correos se trasladaron a comienzos de la década de 1930, el antiguo
convento inició una nueva etapa. En 1951 fue adquirido por el Real Círculo de
Labradores y Propietarios, institución fundada en el siglo XIX y estrechamente
vinculada a la aristocracia agrícola y a la alta sociedad sevillana. El
arquitecto José María Benjumea dirigió las obras de adaptación, otorgando al
edificio su aspecto actual mediante una elegante reinterpretación del barroco
sevillano. Del antiguo convento aún se conservan elementos de gran valor,
especialmente su magnífico patio barroco, uno de los espacios más interesantes
del inmueble.
Durante buena
parte de los siglos XIX y XX la calle disfrutó de una intensa actividad
comercial y de ocio. En ella se encontraba una parada de diligencias con
destino a Huelva, importantes establecimientos comerciales y el histórico
Teatro Principal, levantado sobre un solar que posteriormente ocuparía el cine
Palacio Central. Durante décadas este cine fue uno de los referentes culturales
del centro de Sevilla hasta su cierre, perdiendo la calle una parte importante
de la animación que había caracterizado su ambiente. El edificio fue
posteriormente utilizado por el Centro Andaluz de Teatro, prolongando así, de
alguna manera, su tradicional vocación escénica.
Aunque en la actualidad Pedro Caravaca es una calle eminentemente peatonal y continúa soportando un notable tránsito de personas gracias a su estratégica situación entre Sierpes, O'Donnell y Velázquez, buena parte de sus edificios orientan sus principales accesos hacia esas arterias comerciales, circunstancia que hace que pase casi inadvertida para muchos viandantes. Sin embargo, tras esa apariencia discreta se esconde una vía que resume varios siglos de historia sevillana, donde conventos, instituciones culturales, oficinas públicas, teatros, cines y centros sociales han ido sucediéndose hasta conformar uno de los espacios con mayor riqueza histórica del corazón de la ciudad.







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