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Teatro San Fernando (derribado).
El Teatro San
Fernando fue, durante más de un siglo, el gran coliseo de Sevilla y uno de los
espacios culturales más prestigiosos de España. Levantado en la calle Tetuán,
en pleno corazón de la ciudad, constituyó un referente de la vida artística,
social y cultural sevillana desde su inauguración en 1847 hasta su desaparición
en 1973, víctima de una de las operaciones urbanísticas más controvertidas del
siglo XX. Su demolición supuso una pérdida irreparable para el patrimonio
arquitectónico y la memoria colectiva de Sevilla.
Teatro san
Fernando. Esquina de Tetuán con Muñoz Olivé
El edificio se
construyó sobre los terrenos que había ocupado el antiguo Hospital del Espíritu
Santo, conocido popularmente como “Hospital de Bubas”, institución fundada en 1587, para la
atención de enfermos de sífilis y otras enfermedades venéreas, en el proceso de
reducción de hospitales sevillanos, promovida por el cardenal Rodrigo de
Castro, quien fusionó 76 de los existentes en el del Amor de Dios y en éste del
Espíritu Santo, que sustituyó su nombre primitivo de Hospital de Santa Catalina
de los Desamparados
En 1836 con la nueva Ley de
Beneficencia pasó a la jurisdicción de la Junta de Beneficencia y se incorporó,
junto a otros hospitales sevillanos, al Hospital de las Cinco Llagas,
convertido en Hospital Central (ver).
En 1847, la Junta de Beneficencia vendió este
hospital del Espíritu Santo, que en ese momento ocupaba toda la acera izquierda
de la calle Lombardos (actual Muñoz Olivé), con salidas a Colchero (actual
Tetuán) y Naranjuelo (actual Méndez Núñez).
La gran longitud de la fachada permitió la organización, en
esta calle, de la Cabalgata de los Reyes Magos de 1918, fundada e impulsada por
José María Izquierdo (ver), como
consta en un azulejo dispuesto cuando era presidente del Ateneo Don Alberto
Máximo Pérez Calero.
Detalle del Azulejo
Tras la
desamortización y venta del inmueble en 1847, los empresarios Julián José
Sánchez y José de Caso, apadrinados por el
conde de san Luis,
promovieron la construcción del nuevo teatro, cuyo proyecto fue redactado por
el arquitecto Manuel Portillo y Navarrete y ejecutado por los ingenieros
Gustavo Steinacher y Pablo Rohault de Fleury, responsables también del Puente
de Hierro de Sevilla. El edificio fue además pionero en la ciudad al incorporar
una estructura metálica, una solución técnica de gran modernidad para la época.
En su decoración intervinieron destacados artistas como Antonio Cabral
Bejarano, autor de la ornamentación pictórica, y Antonio Paradas, encargado de
la carpintería.
Durante la
construcción llegaron a aprovecharse numerosos elementos del antiguo hospital,
entre ellos columnas, maderas y artesonados, lo que permitió acelerar las
obras. Poco antes de su inauguración surgieron rumores sobre la resistencia de
la nueva estructura, circunstancia que obligó al Ayuntamiento a realizar una
espectacular prueba de carga. Por orden del regidor José María de Ibarra se
distribuyeron numerosos cañones procedentes de la Maestranza por el patio de
butacas, el escenario y las galerías, alcanzando un peso muy superior al que
podría soportar el edificio con el aforo completo. Tras tres días de pruebas,
el resultado confirmó la solidez de la construcción y disipó cualquier duda
sobre su estabilidad.
El Teatro San
Fernando abrió sus puertas el 21 de diciembre de 1847 con la representación de
la ópera I Lombardi, de Giuseppe Verdi, coincidiendo con la inauguración del
Café Lombardo, comunicado interiormente con el teatro y convertido en uno de
los principales cafés cantantes de la ciudad.
Café Lombardo. Gustave Doré. (CC BY 3.0)
El coliseo
disponía de un aforo cercano a las tres mil localidades, distribuidas entre patio
de butacas, plateas y varios pisos de palcos, además de dependencias destinadas
al alojamiento de compañías teatrales. Su lujosa decoración, realizada en tonos
blancos y dorados, se completaba con asientos de caoba tapizados en terciopelo
carmesí y una monumental lámpara central que lo situaban entre las salas
teatrales más elegantes del país.
Desde sus
primeros años, el San Fernando desbancó al antiguo Teatro Principal y se
convirtió en el escenario más importante de Sevilla y en uno de los más
prestigiosos de España, solo comparable al Teatro Real de Madrid. Por su
escenario pasaron las grandes figuras del teatro, la ópera y la zarzuela del
siglo XIX y buena parte del XX. En sus palcos se reunía la alta sociedad
sevillana, incluidos los duques de Montpensier, destacados miembros de la
aristocracia y la propia reina Isabel II. También acogió las obras de autores
como José Zorrilla, Bretón de los Herreros, Ventura de la Vega, Jacinto
Benavente, Valle-Inclán, los hermanos Álvarez Quintero, Pérez Galdós, Ibsen o
Pirandello, entre muchos otros.
Tras un periodo
de decadencia en la década de 1920, el teatro fue profundamente restaurado y
reabrió sus puertas el 11 de abril de 1934 con una renovación de sus
instalaciones, nueva iluminación eléctrica y mejoras en los accesos desde las
calles Tetuán y Muñoz Olivé. Los hermanos Álvarez Quintero escribieron para la
ocasión el poema Salutación a Sevilla, al que siguió la representación de su
comedia “Lo que hablan las mujeres”. Ese mismo año comenzó también su etapa
como cine sonoro, adaptándose a las nuevas formas de ocio sin abandonar su
programación teatral.
Durante
la Guerra Civil y la posguerra el Teatro San Fernando continuó siendo uno de
los principales escenarios de la ciudad. Acogió compañías teatrales de gran
prestigio y una intensa programación de zarzuela, mientras que, desde finales
de la década de 1930, el teatro se convirtió en un importante escaparate del
espectáculo folclórico español. La principal figura de sus carteles fue
la bailaora Juana la Macarrona. Desde 1939 hasta 1969 en el folklore se
impusieron Marujita Díaz, Marifé de Triana, Estrellita Castro (ver), Juanita Reina (ver), Paquita Rico o Concha Piquer entre
otras. Incluso
en agosto de 1969 fue sede del Primer Festival de Arte Flamenco de Sevilla, uno
de los últimos grandes acontecimientos celebrados en el histórico edificio.
Juana
Vargas. La Macarrona. Alfonso Grosso
Sin embargo, el progresivo auge del cine, la televisión y los nuevos espacios de ocio redujo notablemente la asistencia de público. A partir de 1956, el teatro fue adquirido por la empresa Lusarreta y tras su cierre definitivo en 1969, el edificio permaneció abandonado durante varios años hasta que, en 1973, fue demolido para dar paso a una operación inmobiliaria que transformó completamente este sector de la calle Tetuán.
Derribo del Teatro san Fernando (ver) (CC BY 3.0)
Sobre su solar se levantó un centro comercial,
desapareciendo para siempre uno de los ejemplos más destacados de la
arquitectura teatral decimonónica sevillana. Su derribo constituye hoy uno de
los episodios más criticados de la historia reciente del urbanismo hispalense y
un símbolo de las pérdidas patrimoniales sufridas por la ciudad durante las
décadas centrales del siglo XX.
Situación
actual de la esquina de Tetuán con Muñoz Olivé
Situación donde
estaba el patio de butacas, con una placa dedicada a Adelita Domingo
Placa dedicada
a Adelita Domingo indicando la ubicación del Teatro san Fernando


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