miércoles, 29 de abril de 2026

RUTAS POR SEVILLA: Vírgenes

Virgen del Velo.

Virgen del Velo. Escuela andaluza. Siglo XVII. Óleo sobre cobre. Museo del Santo Ángel. Donación de Rafael y Ana

Desde los primeros siglos del cristianismo, el velo femenino ha ocupado un lugar significativo dentro de la espiritualidad y la expresión externa de la fe, especialmente en el ámbito litúrgico. Su uso, mencionado ya por San Pablo en sus epístolas, se vinculaba principalmente a la modestia, el recogimiento y la actitud de respeto durante la oración, dentro de un contexto cultural determinado. Lejos de interpretarse como un signo de ocultación o sometimiento de la mujer, el velo cristiano surgió como una manifestación simbólica de reverencia y dignidad, profundamente arraigada en las costumbres de la época. Era una expresión visible de virtudes cristianas, no una negación de la identidad femenina.

Pero existen huellas mucho más antiguas del uso del velo, que se remontan incluso a la civilización asiria. El Código de Hammurabi, redactado alrededor del 1760-1750 a.C., contiene referencias a la obligación de las mujeres de cubrirse la cabeza en señal de humildad y sumisión a la divinidad, y de esta imposición de las leyes asirias de los siglos posteriores derivaron la tradición según la cual las mujeres casadas y viudas debían llevar el velo en público, como símbolo de sumisión y distinción social.

Este simbolismo alcanza su máxima expresión en la figura de la Virgen María, modelo supremo de mujer cristiana. En la iconografía mariana, el velo se convierte en signo de santidad, obediencia a la voluntad divina y plenitud de gracia. María aparece velada no para esconderse, sino como expresión de su entrega total a Dios, de su pureza y de su papel como nueva Eva.

La Virgen del Velo del Museo del Santo Ángel es un pequeño cobre que representa el tema de la Virgen del Velo en esta obra de escuela andaluza de la segunda mitad del siglo XVII. La Virgen cuida del sueño del Niño Jesús, la pintura es muy delicada y centra toda la atención en el rostro hermoso de la Virgen y, especialmente, la figura del Niño. Solo los resplandores del fondo nos recuerdan que esta escena maternal se corresponde con la madre de Dios.

Detalle del rostro de la Virgen

Detalle del Niño

Esta advocación mariana recoge de manera singular toda la riqueza espiritual del velo como atributo de María: el velo como signo de protección, misterio sagrado y mediación maternal. La delicadeza con la que el velo enmarca el rostro de la Virgen subraya su condición de Madre cercana y compasiva, al tiempo que recuerda su pureza inmaculada.

Esta obra ha sido donada por Rafael y Ana y restaurada por Carles Salafranca.

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