domingo, 2 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Joaquín Goyeneta y Jacobs.

Joaquín Goyeneta y Jacobs, destacado miembro de la administración municipal sevillana. Goyeneta desempeñó el cargo de procurador mayor de Sevilla y tuvo un papel decisivo durante la ocupación francesa, negociando la capitulación de la ciudad ante las tropas napoleónicas el 1 de febrero de 1810. Obligado por el rey José Bonaparte, ejerció como corregidor de Sevilla entre 1810 y 1812, cargo que aceptó bajo la amenaza de ser expulsado de España y de sufrir la confiscación de sus bienes. Durante aquellos años se emprendieron importantes reformas urbanísticas, entre ellas la demolición del convento de la Encarnación para construir el Mercado de Abastos de la Encarnación, así como la desaparición de las antiguas parroquias de Santa Cruz y de la Magdalena para crear nuevos espacios públicos. Tras la restauración de Fernando VII, volvió a ocupar responsabilidades municipales como asistente interino entre 1814 y 1816.

CALLE GOYENETA, cerca de la embocadura con la Calle de la Compañía vemos esta fotografía de los años veinte en la que en primer plano a la izquierda se nos muestra la fachada del Palacio de Goyeneta y aquella otra portada que vemos allá al fondo, perteneciente a las traseras de la vieja Casa Profesa de los Jesuitas por la que éstos salían a dar un plato de sopa a los pobres que se agolpaban por allí por esta razón a ésta calle durante bastante tiempo se la denominó como “Calle de la Sopa”, hasta que en el año de 1864 la calle pasó a ser dedicada a Don Joaquín Goyeneta y Jacobs, Procurador de la ciudad

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Manuel Laraña y Fernández.

Manuel Laraña y Fernández (Sevilla, 24 de febrero de 1815 – 11 de febrero de 1903) fue una de las personalidades más relevantes de la vida jurídica, académica y política de la Sevilla decimonónica. Abogado de extraordinario prestigio, catedrático de Derecho, rector de la Universidad de Sevilla y senador del Reino, dedicó toda su vida al servicio de la enseñanza superior y contribuyó decisivamente al fortalecimiento de la institución universitaria durante la segunda mitad del siglo XIX.

Pintura que representa al Rector Manuel Laraña Fernández retratado vestido con toga negra y banda, con tres medallas , entre ellas la de Rector (ver) (CC BY 3.0)

Hijo de Manuel Laraña y Muñoz de Rivero y de María del Carmen Fernández Contreras, nació en el seno de una familia sevillana de sólida formación. Contrajo matrimonio en 1843 con María del Rosario Ramírez Pascual, natural de Santa Cruz de Tenerife, con quien tuvo cuatro hijos. La familia residió en la calle Cervantes, en pleno centro histórico de Sevilla. Hombre de profundas convicciones religiosas, dejó constancia de su ferviente fe católica en el testamento otorgado pocos años antes de su fallecimiento, donde expresaba su confianza en alcanzar la gracia divina y la protección de la Virgen María.

Su brillante trayectoria académica comenzó de forma precoz. Obtuvo el grado de bachiller en Filosofía con apenas trece años y completó posteriormente los estudios de Leyes y Cánones, doctorándose en Derecho por la Universidad de Sevilla en 1838. Desde muy joven destacó por su capacidad intelectual y por sus extraordinarias cualidades como docente, iniciando una larga carrera universitaria como profesor sustituto de diversas cátedras de Jurisprudencia y Derecho Público.

En 1847 fue nombrado catedrático propietario de Historia y Elementos de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla, renunciando incluso a una prometedora carrera en la Audiencia Provincial para dedicarse plenamente a la enseñanza. Durante más de medio siglo impartió diversas materias de Derecho Civil, Mercantil y Penal, convirtiéndose en uno de los profesores más admirados por sus alumnos.

Paralelamente desarrolló una intensa actividad institucional. Fue abogado en ejercicio y decano del Colegio de Abogados de Sevilla, miembro de la Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, académico de las corporaciones de Legislación y Jurisprudencia de Sevilla y Madrid, además de participar en numerosos tribunales de oposiciones y comisiones ministeriales relacionadas con la enseñanza pública. Su prestigio le valió importantes distinciones honoríficas, entre ellas la Cruz de la Orden de Carlos III y la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Su vinculación con la Universidad alcanzó su máxima expresión cuando fue nombrado vicerrector en 1872, decano de la Facultad de Derecho en 1875 y, tras el fallecimiento de Manuel Bedmar, rector de la Universidad de Sevilla en noviembre de 1876. Bajo su mandato consolidó el prestigio de la Universidad hispalense, impulsó la calidad docente y reforzó el papel de la Facultad de Derecho como uno de los principales centros jurídicos del país.

Su influencia trascendió el ámbito universitario. Fue elegido en tres ocasiones senador del Reino por representación del claustro universitario de Sevilla, entre 1891 y 1898, reconocimiento que evidenciaba el enorme prestigio alcanzado tanto en los círculos académicos como en la vida pública española.

Como homenaje permanente a su memoria, el Ayuntamiento de Sevilla acordó en 1903 dar su apellido a la antigua calle de la Universidad —conocida anteriormente como calle de la Compañía—, una de las principales vías del centro histórico. La actual calle Laraña recuerda así a quien dedicó toda su vida al engrandecimiento de la Universidad de Sevilla y al progreso de la enseñanza jurídica, convirtiéndose en una de las figuras más ilustres de la historia intelectual sevillana de los siglos XIX y comienzos del XX.

Calle Laraña