ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
Café del Turco.
Si el
comercio convirtió la calle Sierpes en uno de los principales ejes económicos
de Sevilla, sus cafés, casinos y tertulias hicieron de ella, durante buena
parte de los siglos XIX y XX, uno de los grandes escenarios de la vida social,
política y cultural de la ciudad. Entre estos establecimientos destacó de
manera singular el Café del Turco, también conocido como Café de la Cabeza del
Turco, cuya memoria está estrechamente vinculada a uno de los periodos más
agitados de la historia contemporánea sevillana.
El establecimiento se encontraba en el número 35 de la
calle Sierpes y ya existía en los primeros años del siglo XIX. Las referencias
históricas permiten situar su actividad, al menos, en la época constitucional
de 1820-1823, aunque algunas fuentes señalan su fundación en torno a 1822. Fue,
por tanto, uno de los cafés más antiguos y célebres de la ciudad, anterior
incluso a la gran proliferación de cafés y cafés cantantes que se produciría en
Sevilla a partir de mediados del siglo XIX.
Interior del Café del Turco (ver) (CC BY 3.0)
Su denominación más popular, Cabeza del Turco, no
parece proceder de una moda orientalista, como a veces se ha señalado, sino de
un elemento muy concreto del propio inmueble: una pintura que representaba la
cabeza de un turco y que figuraba en la fachada, sobre la portada. Aquel motivo
terminó identificando al establecimiento hasta el punto de convertirse en una
referencia habitual para los sevillanos.
Más que un simple lugar donde tomar café, el Turco fue
desde sus primeros tiempos un espacio de reunión, conversación y controversia. En sus mesas se
reunían escritores, periodistas, abogados, profesores, comerciantes y
destacados representantes del liberalismo sevillano. Allí se hablaba de negocios, literatura, toros y
actualidad, pero también de aquello que en determinados momentos podía resultar
mucho más peligroso: política.
El protagonismo político del Café del Turco alcanzó
especial intensidad durante el Trienio Liberal (1820-1823). Sevilla fue
entonces uno de los principales escenarios de la revolución liberal española y
el café se convirtió en lugar de reunión de los sectores más exaltados del
liberalismo. Luis Montoto, en su conocida obra La calle de las Sierpes,
recordaba que allí se reunían los partidarios de la Constitución, los conspiradores
y aquellos liberales a los que sus adversarios absolutistas denominaban
despectivamente “negros”.
El propietario del establecimiento, Luis Tolva,
compartía aquellas ideas políticas y fue un ferviente partidario de Rafael del
Riego y de Antonio Quiroga. Su esposa, María Josefa Piñalosa, participaba
igualmente de aquel ambiente liberal. Tolva organizó en el establecimiento una
especie de cátedra o sala de lectura en la que, diariamente, se leían en voz
alta los periódicos que llegaban de Sevilla, Madrid y otras ciudades españolas.
La importancia de estas sesiones fue tal que Luis Tolva llegó a establecer un
reglamento específico, aprobado en abril de 1820, que organizaba el
funcionamiento de aquellas lecturas.
Uno de los episodios más célebres asociados al
establecimiento tuvo como protagonista al general Rafael del Riego. En
diciembre de 1821, los clientes del café organizaron una procesión civil en la
que se llevó por las calles de Sevilla un retrato del militar convertido en
símbolo de la revolución liberal. El episodio se repitió al día siguiente con
el retrato de Riego colocado en un coche de caballos, acompañado de luces y
criados. El propio Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla ha señalado
este curioso acontecimiento como uno de los episodios que muestran la especial
intensidad con que la ciudad vivió el Trienio Liberal.
La caída del régimen constitucional puso fin
abruptamente a aquel ambiente. En abril de 1823 comenzaron a penetrar en España
los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, enviados por las potencias
absolutistas europeas para restaurar a Fernando VII en el ejercicio pleno de su
poder. La suerte del Café del Turco quedó ligada a la derrota del liberalismo.
El 13 de junio de 1823 un grupo de realistas irrumpió en el establecimiento,
destrozó el mobiliario y arrojó a la calle o destruyó los documentos y papeles
que encontró. Según la descripción de Luis Montoto, también se abrieron las
espitas de los toneles, dejando correr el vino por el local: una imagen casi
esperpéntica para cerrar la breve, pero intensa etapa revolucionaria del café.
Sin embargo, la
destrucción de 1823 no borró su memoria. El Café del Turco continuó vinculado
durante décadas a la vida de la calle Sierpes y fue cambiando de denominación
con el paso del tiempo. En el siglo XX llegó a conocerse como Café Madrid,
nombre con el que permaneció hasta mediados de la década de 1950. La
importancia del inmueble tampoco se limitó a su función hostelera: en torno a
1915 las plantas superiores estuvieron relacionadas con la sede del Sevilla
Fútbol Club.
El edificio conservó además algunos de sus elementos
arquitectónicos más característicos, entre ellos un patio interior cubierto por
una cúpula o lucernario de cristal. Hoy no queda rastro material del Café
del Turco, pero su recuerdo permanece ligado a la memoria de la calle Sierpes
Situación actual
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