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Grandes Almacenes el Águila (Derribado).
Los Grandes Almacenes El Águila fueron
fundados en 1850 en la
confluencia de las calles Sierpes, Jovellanos y Sagasta y se convirtieron en un auténtico
referente del comercio local como bazar de
ropa hecha.
Su edificio albergó una de las mayores
innovaciones comerciales de la ciudad al incorporar el primer ascensor de uso
público instalado en unos grandes almacenes de Sevilla, un adelanto que causó
gran expectación entre los clientes de la época.
El establecimiento permaneció en
funcionamiento hasta 1975, cuando cerró sus puertas, poniendo fin a una de las
firmas comerciales más representativas de la Sevilla de los siglos XIX y XX.
El edificio fue proyectado por el
arquitecto José Gómez Millán en 1909. Aunque la inscripción situada en el
chaflán lleva la fecha de 1910, las obras no concluyeron hasta 1912. Tras el
cierre de los almacenes, el inmueble fue profundamente reformado en 1975 para
adaptarlo como sede del Banco Industrial del Mediterráneo.
Arquitectónicamente constituye uno de
los mejores ejemplos de la arquitectura comercial sevillana de comienzos del
siglo XX. Su composición responde a un lenguaje clasicista, enriquecido con una
elegante decoración modernista que se despliega mediante relieves de
inspiración vegetal y composiciones geométricas de líneas curvas y rectas.
Entre sus motivos ornamentales destacan diversos elementos de inspiración
náutica, como timones y rosas de los vientos, integrados tanto en la piedra
como en la magnífica forja que decora balcones, remates y otros elementos de la
fachada.
Grandes Almacenes El
Águila. (ver) (CC BY 3.0)
El edificio conserva los
esbeltos pilares de hierro fundido que en otro tiempo enmarcaban los grandes
escaparates del establecimiento, testimonio del esplendor comercial que alcanzó
este inmueble. Como detalle más singular sobresalen las águilas de forja que
coronan la azotea, representadas con las alas desplegadas, como si estuvieran a
punto de emprender el vuelo, un guiño al nombre del histórico establecimiento
que todavía hoy constituye uno de los elementos más característicos de este
edificio de la calle Sierpes.
La segunda mitad del siglo XX supuso un
profundo cambio en los hábitos de consumo. La aparición de los grandes
almacenes, los centros comerciales y, posteriormente, la grande cadena
internacional alteró el modelo tradicional del comercio urbano. Muchos
establecimientos históricos desaparecieron tras décadas de actividad, incapaces
de competir con las nuevas formas de distribución.
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