viernes, 14 de agosto de 2026

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Café Suizo.

En la historia de la calle Sierpes, los cafés ocuparon un lugar fundamental como espacios de sociabilidad, conversación y entretenimiento. Junto a establecimientos de marcada significación política como el Café del Turco, otros adquirieron fama por su ambiente elegante, sus espectáculos y su capacidad para reunir a una clientela vinculada a la burguesía y a las nuevas formas de ocio que caracterizaron la Sevilla de la segunda mitad del siglo XIX. Entre ellos destacó el Café Suizo, también conocido como Café Teatro Suizo.

Calle Sierpes

El establecimiento se encontraba en los números 27 y 29 de la calle Sierpes y desarrolló su actividad, aproximadamente, entre 1860 y 1899. Su local ocupaba un espacio especialmente significativo dentro de la trama comercial del centro sevillano y disponía, además, de comunicación con las calles Cuna y Limones, circunstancia que favorecía el acceso a un establecimiento concebido no solo como café, sino también como lugar de reunión y espectáculo.

El nombre de “Suizo” respondía a una denominación muy extendida en la hostelería española del siglo XIX. Los cafés suizos evocaban establecimientos de carácter europeo, asociados al refinamiento, la modernidad y una determinada cultura urbana. En Sevilla, como en Madrid y otras grandes ciudades, estos locales se convirtieron en puntos de encuentro de una sociedad burguesa cada vez más interesada por las novedades culturales y por las nuevas formas de ocio.

El Café Suizo acogían en sus salones reuniones y tertulias, y La música, las actuaciones y las veladas contribuyeron a convertirlo en uno de los espacios de ocio característicos de la Sierpes decimonónica.

Café Suizo (ver) (CC BY 3.0)

Aunque en ocasiones se le ha relacionado con los cafés cantantes, su trayectoria presenta una particularidad interesante: el Café Teatro Suizo alcanzó mayor notoriedad como espacio dedicado a los espectáculos y, especialmente, como salón cinematográfico que como café cantante propiamente dicho. No obstante, también ofreció actuaciones de flamenco en directo, participando así de aquella intensa transformación del ocio sevillano que llevó a la música y al espectáculo a ocupar un lugar cada vez más destacado en los cafés y salones públicos.

Su historia adquiere una importancia extraordinaria por su relación con la llegada del cinematógrafo a Sevilla. El 17 de septiembre de 1896 tuvo lugar allí la primera sesión cinematográfica de la que se tiene noticia en la ciudad. Apenas unos meses después de las primeras exhibiciones públicas del cinematógrafo Lumière en París, las imágenes en movimiento llegaban a este céntrico establecimiento de la calle Sierpes, convirtiendo al Café Suizo en uno de los escenarios pioneros de la modernidad tecnológica y del nuevo espectáculo cinematográfico en Sevilla.

La evolución del inmueble continuó después de la desaparición del Café Suizo. Sobre aquel espacio se desarrollaría posteriormente una importante tradición teatral y cinematográfica, vinculada al edificio que acabaría siendo conocido como Teatro Imperial, uno de los establecimientos culturales más destacados de la calle Sierpes.

La historia del Café Suizo es, en definitiva, la historia de una Sevilla que comenzaba a cambiar. Una ciudad que conservaba el gusto por la tertulia y la conversación en torno a una mesa, pero que se mostraba cada vez más receptiva a las novedades procedentes de Europa. Y la calle Sierpes, corazón comercial y social de la ciudad, fue una vez más el escenario privilegiado donde esa transformación pudo contemplarse.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Café del Turco.

Si el comercio convirtió la calle Sierpes en uno de los principales ejes económicos de Sevilla, sus cafés, casinos y tertulias hicieron de ella, durante buena parte de los siglos XIX y XX, uno de los grandes escenarios de la vida social, política y cultural de la ciudad. Entre estos establecimientos destacó de manera singular el Café del Turco, también conocido como Café de la Cabeza del Turco, cuya memoria está estrechamente vinculada a uno de los periodos más agitados de la historia contemporánea sevillana.

El establecimiento se encontraba en el número 35 de la calle Sierpes y ya existía en los primeros años del siglo XIX. Las referencias históricas permiten situar su actividad, al menos, en la época constitucional de 1820-1823, aunque algunas fuentes señalan su fundación en torno a 1822. Fue, por tanto, uno de los cafés más antiguos y célebres de la ciudad, anterior incluso a la gran proliferación de cafés y cafés cantantes que se produciría en Sevilla a partir de mediados del siglo XIX.

Interior del Café del Turco (ver) (CC BY 3.0)

Su denominación más popular, Cabeza del Turco, no parece proceder de una moda orientalista, como a veces se ha señalado, sino de un elemento muy concreto del propio inmueble: una pintura que representaba la cabeza de un turco y que figuraba en la fachada, sobre la portada. Aquel motivo terminó identificando al establecimiento hasta el punto de convertirse en una referencia habitual para los sevillanos.

Más que un simple lugar donde tomar café, el Turco fue desde sus primeros tiempos un espacio de reunión, conversación y controversia. En sus mesas se reunían escritores, periodistas, abogados, profesores, comerciantes y destacados representantes del liberalismo sevillano. Allí se hablaba de negocios, literatura, toros y actualidad, pero también de aquello que en determinados momentos podía resultar mucho más peligroso: política.

El protagonismo político del Café del Turco alcanzó especial intensidad durante el Trienio Liberal (1820-1823). Sevilla fue entonces uno de los principales escenarios de la revolución liberal española y el café se convirtió en lugar de reunión de los sectores más exaltados del liberalismo. Luis Montoto, en su conocida obra La calle de las Sierpes, recordaba que allí se reunían los partidarios de la Constitución, los conspiradores y aquellos liberales a los que sus adversarios absolutistas denominaban despectivamente “negros”.

El propietario del establecimiento, Luis Tolva, compartía aquellas ideas políticas y fue un ferviente partidario de Rafael del Riego y de Antonio Quiroga. Su esposa, María Josefa Piñalosa, participaba igualmente de aquel ambiente liberal. Tolva organizó en el establecimiento una especie de cátedra o sala de lectura en la que, diariamente, se leían en voz alta los periódicos que llegaban de Sevilla, Madrid y otras ciudades españolas. La importancia de estas sesiones fue tal que Luis Tolva llegó a establecer un reglamento específico, aprobado en abril de 1820, que organizaba el funcionamiento de aquellas lecturas.

Uno de los episodios más célebres asociados al establecimiento tuvo como protagonista al general Rafael del Riego. En diciembre de 1821, los clientes del café organizaron una procesión civil en la que se llevó por las calles de Sevilla un retrato del militar convertido en símbolo de la revolución liberal. El episodio se repitió al día siguiente con el retrato de Riego colocado en un coche de caballos, acompañado de luces y criados. El propio Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla ha señalado este curioso acontecimiento como uno de los episodios que muestran la especial intensidad con que la ciudad vivió el Trienio Liberal.

La caída del régimen constitucional puso fin abruptamente a aquel ambiente. En abril de 1823 comenzaron a penetrar en España los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, enviados por las potencias absolutistas europeas para restaurar a Fernando VII en el ejercicio pleno de su poder. La suerte del Café del Turco quedó ligada a la derrota del liberalismo. El 13 de junio de 1823 un grupo de realistas irrumpió en el establecimiento, destrozó el mobiliario y arrojó a la calle o destruyó los documentos y papeles que encontró. Según la descripción de Luis Montoto, también se abrieron las espitas de los toneles, dejando correr el vino por el local: una imagen casi esperpéntica para cerrar la breve, pero intensa etapa revolucionaria del café.

Sin embargo, la destrucción de 1823 no borró su memoria. El Café del Turco continuó vinculado durante décadas a la vida de la calle Sierpes y fue cambiando de denominación con el paso del tiempo. En el siglo XX llegó a conocerse como Café Madrid, nombre con el que permaneció hasta mediados de la década de 1950. La importancia del inmueble tampoco se limitó a su función hostelera: en torno a 1915 las plantas superiores estuvieron relacionadas con la sede del Sevilla Fútbol Club.

El edificio conservó además algunos de sus elementos arquitectónicos más característicos, entre ellos un patio interior cubierto por una cúpula o lucernario de cristal. Hoy no queda rastro material del Café del Turco, pero su recuerdo permanece ligado a la memoria de la calle Sierpes

Situación actual

AREA CENTRO 2

Grandes Almacenes el Águila (Derribado). 

Los Grandes Almacenes El Águila fueron fundados en 1850 en la confluencia de las calles Sierpes, Jovellanos y Sagasta y se convirtieron en un auténtico referente del comercio local como bazar de ropa hecha.

Su edificio albergó una de las mayores innovaciones comerciales de la ciudad al incorporar el primer ascensor de uso público instalado en unos grandes almacenes de Sevilla, un adelanto que causó gran expectación entre los clientes de la época.

El establecimiento permaneció en funcionamiento hasta 1975, cuando cerró sus puertas, poniendo fin a una de las firmas comerciales más representativas de la Sevilla de los siglos XIX y XX.

El edificio fue proyectado por el arquitecto José Gómez Millán en 1909. Aunque la inscripción situada en el chaflán lleva la fecha de 1910, las obras no concluyeron hasta 1912. Tras el cierre de los almacenes, el inmueble fue profundamente reformado en 1975 para adaptarlo como sede del Banco Industrial del Mediterráneo.

Arquitectónicamente constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura comercial sevillana de comienzos del siglo XX. Su composición responde a un lenguaje clasicista, enriquecido con una elegante decoración modernista que se despliega mediante relieves de inspiración vegetal y composiciones geométricas de líneas curvas y rectas. Entre sus motivos ornamentales destacan diversos elementos de inspiración náutica, como timones y rosas de los vientos, integrados tanto en la piedra como en la magnífica forja que decora balcones, remates y otros elementos de la fachada.

Grandes Almacenes El Águila. (ver) (CC BY 3.0)


El edificio conserva los esbeltos pilares de hierro fundido que en otro tiempo enmarcaban los grandes escaparates del establecimiento, testimonio del esplendor comercial que alcanzó este inmueble. Como detalle más singular sobresalen las águilas de forja que coronan la azotea, representadas con las alas desplegadas, como si estuvieran a punto de emprender el vuelo, un guiño al nombre del histórico establecimiento que todavía hoy constituye uno de los elementos más característicos de este edificio de la calle Sierpes.

Almacenes El Águila (ver) (CC BY 3.0)

La segunda mitad del siglo XX supuso un profundo cambio en los hábitos de consumo. La aparición de los grandes almacenes, los centros comerciales y, posteriormente, la grande cadena internacional alteró el modelo tradicional del comercio urbano. Muchos establecimientos históricos desaparecieron tras décadas de actividad, incapaces de competir con las nuevas formas de distribución.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Azulejo de Deportes Z.

En la confluencia de la calle Sierpes con la calle Rivero se conserva uno de los conjuntos de cerámica publicitaria más llamativos del comercio tradicional sevillano: los grandes murales que anunciaban Deportes Z, antiguo establecimiento dedicado a la armería y a los artículos deportivos. Ocupando una amplia superficie de la fachada, aproximadamente de 4 por 8 metros, sus azulejos constituyen hoy un valioso testimonio de la estrecha relación que existió en Sevilla entre comercio, arquitectura y cerámica decorativa.

Deportes Z

Deportes Z

El origen del establecimiento se remonta a 1921, cuando el navarro Zacarías Zulategui Huarte llegó a Sevilla y se hizo cargo, mediante traspaso, de un negocio denominado Nuevo Sport, dedicado a la armería y a la venta de artículos deportivos. Zulategui transformó el establecimiento y adoptó para él el nombre de Deportes Z, una denominación vinculada a las iniciales de su nombre y apellido. Con el paso de los años, el comercio llegaría a convertirse en uno de los establecimientos deportivos más veteranos y conocidos de la ciudad.

Calle Sierpes a la altura de la calle Rivero con el edificio que adquirió  Zacarías Zulategui para ampliar su tienda de deportes. Fotografía de la década de 1.913.

La importancia adquirida por el negocio hizo necesaria su ampliación. En 1944 se realizaron obras para extender el establecimiento hacia la calle Rivero, bajo la dirección del arquitecto Juan Talavera. La intervención supuso la renovación y embellecimiento de la fachada mediante un destacado programa de decoración cerámica.

En 1945 se colocó el rótulo de azulejos correspondiente al establecimiento, con la denominación “Z. Zulategui”, actualmente oculto bajo el rótulo del negocio que ocupa el local. A esta rotulación se añadieron dos grandes murales cerámicos que constituyen el elemento artístico más destacado del conjunto.

Z. Zulategui

Uno representa una escena de caza y el otro muestra un episodio de juego de pelota vasca, con una ermita de carácter románico al fondo. Las composiciones fueron diseñadas y ejecutadas por José Ruesga Salazar, pintor y discípulo del ceramista José Recio del Rivero.

Escena de caza

Juego de pelota vasca. Ermita al fondo

La realización del conjunto implicó a varias industrias cerámicas sevillanas. Cerámica Carrecio ejecutó el mural dedicado a la pelota vasca, mientras que Ramos Rejano realizó el panel con la escena de caza. Por su parte, Cerámica Santa Ana intervino en el alicatado de la fachada, incorporando motivos relacionados con la actividad comercial, entre ellos la representación de un rifle y la palabra “Armería”, además del rótulo “Z. Zulategui”, hoy oculto. La variedad de talleres que participaron en la decoración convierte el conjunto en un interesante ejemplo de la producción cerámica sevillana de mediados del siglo XX.

Los dos grandes murales poseen además un evidente carácter publicitario. La escena cinegética hacía referencia a la armería y al mundo de la caza, mientras que el jugador de pelota vasca remitía al deporte y, al mismo tiempo, introducía una evocación del origen navarro de Zacarías Zulategui.

Con el paso del tiempo, Deportes Z dejó de existir como establecimiento, y desde comienzos del siglo XXI el local está ocupado por una óptica.

Zacarías Zulategui llegó a sentirse profundamente vinculado a Sevilla y, especialmente, a sus tradiciones. Estuvo relacionado con las hermandades sevillanas: ejerció como hermano mayor de la Hermandad de la Carretería durante la década de 1970 y figura asimismo entre los fundadores de la Hermandad de los Javieres.

Al recorrer la calle Sierpes basta, con levantar la mirada para descubrir aquellos grandes paneles de cerámica que todavía conservan la memoria de Deportes Z y de Zacarías Zulategui: un navarro que hizo de Sevilla su ciudad y cuyo antiguo comercio dejó en una de sus calles más populares uno de los conjuntos de cerámica publicitaria más singulares de la ciudad.