AREA CENTRO 2
Calle Córdoba.
La calle Córdoba es una de las vías con
mayor personalidad del centro histórico de Sevilla. Une la plaza del Salvador
con la confluencia de Lineros y la plaza de Jesús de la Pasión, la popular
Plaza del Pan, constituyendo un paso obligado entre dos de los espacios
comerciales y monumentales más importantes de la ciudad. Aunque apenas alcanza
unas decenas de metros de longitud, concentra siglos de historia, conserva
importantes vestigios de la antigua Sevilla islámica y mantiene una intensa
actividad comercial que la convierte en una de las calles más animadas del
casco antiguo.
Calle Córdoba. Al final los almacenes Pedro Roldan, construidos con
proyecto del arquitecto sevillano José Espiau. Década años 20 del siglo XX.
Su historia está íntimamente ligada a
los gremios artesanales que la poblaron desde la Edad Media, circunstancia que
explica la sucesión de nombres con los que fue conocida. A finales del siglo
XIV o comienzos del XV aparece documentada como calle de los Buhones o Buhoneros,
por establecerse en ella los vendedores ambulantes de quincalla y pequeños
objetos de uso cotidiano. No obstante, algunos autores apuntan también la
posibilidad de que el nombre procediera de una familia apellidada Buhones que
residía en la calle.
Con el paso del tiempo la actividad
artesanal fue transformándose y la vía adoptó nuevas denominaciones. En
documentos de 1585 figura simultáneamente como calle de los Alcuceros y calle
de los Zapateros de lo Viejo. El primer nombre aludía a los fabricantes de alcuzas,
recipientes de barro o metal destinados a conservar aceite y otros líquidos,
mientras que el segundo recordaba a los artesanos dedicados al calzado. Más
adelante también recibió los nombres de Hojalateros y Faroleros, oficios
estrechamente relacionados entre sí, ya que los fabricantes de faroles
trabajaban fundamentalmente la hojalata. Todos estos topónimos constituyen un
fiel reflejo del intenso carácter comercial y artesanal que siempre distinguió
a esta calle.
Su denominación actual fue aprobada el
22 de mayo de 1908. El Ayuntamiento de Sevilla decidió dedicarla a la ciudad de
Córdoba como muestra de agradecimiento por la hospitalidad dispensada a las
representaciones sevillanas durante una visita oficial. El cambio quedó
recordado en un artístico rótulo cerámico que todavía puede contemplarse junto
a la torre de la iglesia del Salvador. Sin embargo, el pasado de la calle no
cayó en el olvido, pues otro azulejo conserva la memoria de una de sus antiguas
denominaciones: calle de Alcuceros.
Rotulo de calle Córdoba
Rotulo de Antigua calle de Alcuceros
Desde el punto de vista urbanístico, la
calle Córdoba mantiene un trazado prácticamente rectilíneo y una anchura media,
aunque hasta finales del siglo XVIII presentaba un pequeño entrante en su
desembocadura hacia la plaza del Salvador que desapareció con las reformas
urbanas de la época.
Una de sus características más
tradicionales son los toldos que cubren toda la calle durante los meses de
verano. Esta costumbre, documentada ya en el siglo XIX, sobrevivió cuando
desapareció de la mayoría de las calles sevillanas, proporcionando sombra y
alivio frente al intenso calor estival y contribuyendo a crear una atmósfera
especialmente agradable para el paseo y las compras.
El edificio más sobresaliente es, sin
duda, la torre de la iglesia del Divino Salvador. Su cuerpo inferior
corresponde al antiguo alminar de la mezquita mayor de Ibn Adabbás, la
principal mezquita de la Sevilla islámica antes de la construcción de la
catedral gótica. Sobre esta sólida estructura almohade se levantó
posteriormente el cuerpo de campanas cristiano, formando uno de los ejemplos
más interesantes de la superposición de las distintas etapas históricas de la
ciudad.
Torre de la iglesia del Divino Salvador
Junto a la torre se abre un discreto
pasadizo que permite acceder al Patio de los Naranjos del Salvador, antiguo
patio de abluciones de la mezquita. Aunque profundamente transformado tras la
conquista cristiana, todavía conserva parte de su trazado original y algunos
capiteles visigodos reutilizados en sus muros. En este recinto se encuentran
además diversas dependencias parroquiales y la capilla del Cristo de los
Desamparados, lo que convierte este acceso en uno de los lugares más singulares
y menos conocidos del templo.
Acceso al Patio de los Naranjos del Salvador
La actividad comercial ha marcado la
identidad de la calle desde hace más de seis siglos. En ella convivieron
buhoneros, zapateros, hojalateros, fabricantes de alcuzas y vendedores
ambulantes de quincalla, frutas y comestibles. Durante el siglo XVIII la
abundancia de puestos callejeros llegó incluso a provocar protestas de los
comerciantes establecidos por las dificultades que ocasionaban al tránsito. En
el siglo XIX continuó siendo una vía eminentemente mercantil y aún se conserva,
en la esquina con Lineros, un antiguo rótulo con la inscripción «Salida de
carruajes», recuerdo de la época en que los vehículos comenzaban a circular por
este sector del centro histórico.
En la actualidad todos los locales de
la planta baja mantienen esa histórica vocación comercial. Destacan
especialmente las zapaterías, heredera de una tradición centenaria, junto con
establecimientos de moda, sombrererías, perfumerías, tiendas de recuerdos y
pequeños comercios especializados. Muy característico resulta también el puesto
de inciensos y aromas instalado junto a la torre del Salvador, cuyos perfumes
impregnan la calle durante todo el año y acentúan el ambiente cofrade que
caracteriza a esta zona de Sevilla.
Puesto de inciensos y aromas
La calle Córdoba también forma parte
del imaginario popular sevillano gracias a varias leyendas. La más conocida
narra cómo un joven campanero o monaguillo cayó desde la torre del Salvador
mientras tocaba las campanas. Según la tradición, los naranjos del patio
amortiguaron milagrosamente la caída, permitiéndole salir ileso del accidente.
Otra creencia popular afirma que durante la grave epidemia de cólera de 1863,
que causó miles de víctimas en Sevilla, únicamente se registró un fallecimiento
en esta calle, correspondiente además a un huésped de una antigua posada y no a
un vecino del lugar, circunstancia que muchos interpretaron como un hecho
extraordinario.
Calle Córdoba
Azulejo de la Virgen del Rosario Coronada
A finales del siglo XIX también
existieron en la calle diversas instituciones de carácter cultural y político,
como el Círculo Numismático Sevillano y la Tertulia Escolar Republicana,
inaugurada en 1903, prueba de la intensa vida social que se desarrollaba en
este pequeño espacio urbano.
Hoy la calle Córdoba sigue siendo uno de los rincones con más encanto del casco histórico. Su incesante trasiego de visitantes, el aroma permanente del incienso, la sombra de sus toldos, la monumental presencia de la antigua torre almohade y el acceso al Patio de los Naranjos convierten este breve recorrido en una síntesis perfecta de la historia de Sevilla. En apenas unos metros conviven el legado islámico, la arquitectura barroca, la tradición comercial, las leyendas populares y el dinamismo de una ciudad que ha sabido conservar la memoria de su pasado sin renunciar a la vitalidad de su presente.
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