viernes, 3 de julio de 2026

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Calle Buiza y Mensaque.

La calle Buiza y Mensaque es una de esas pequeñas vías del casco histórico sevillano cuya discreta apariencia esconde una larga historia. Une las calles Goyeneta y Lagar, muy próxima a la plaza de la Encarnación, y desde la Edad Media ha formado parte del entramado urbano del antiguo corazón comercial de la ciudad. Su trazado estrecho, irregular y ligeramente quebrado conserva en buena medida la fisonomía heredada del urbanismo medieval.

Los documentos más antiguos la citan ya en 1488 con el nombre de calle de la Ballestilla. El origen de esta denominación no está plenamente aclarado. Algunos autores, como José Hazañas, la relacionan con unas casas conocidas como "de la Ballestilla", pertenecientes a los canónigos de la Iglesia Colegial del Divino Salvador. Otros investigadores, entre ellos Félix González de León, sugieren que el nombre podría derivar de la actividad de los sangradores de animales o de algún establecimiento vinculado a este oficio, en el que se empleaban pequeños instrumentos llamados ballestillas. Sea cual fuere su procedencia, este fue el nombre con el que la calle fue conocida durante más de cuatro siglos.

A finales del siglo XIX la vía cambió definitivamente de denominación para rendir homenaje a José Buiza y Mensaque, director del Asilo de Mendicidad de San Fernando y una figura muy apreciada por su labor benéfica y asistencial. El Ayuntamiento acordó dedicarle la calle entre 1890 y 1906, sustituyendo oficialmente el antiguo nombre de Ballestilla. Buiza y Mensaque había residido precisamente en esta vía y fue distinguido como Hijo Predilecto de Sevilla el 31 de octubre de 1869 en reconocimiento a su dedicación a los más necesitados.

Vista de la calle Ballestina (calle Buiza y Mensaque), a la altura de la confluencia con la calle Acetres, que se encuentra a la izquierda, fuera de plano.1910

La evolución urbana de la calle refleja las continuas transformaciones experimentadas por el centro histórico. En 1811 se redactó un proyecto para ensanchar la calle mediante una nueva alineación de fachadas. La actuación solo llegó a ejecutarse parcialmente, motivo por el que todavía hoy puede apreciarse un acusado estrechamiento junto a Goyeneta, donde la anchura apenas supera el metro, uno de los rincones más angostos del centro de Sevilla.

Su reducida anchura también condicionó la circulación. Tras la apertura del mercado de la Encarnación fue frecuente la colocación de marmolillos para impedir el paso de carros, alternándose durante décadas períodos en los que permanecía abierta o cerrada al tráfico rodado. En la actualidad es una calle fundamentalmente peatonal, conservando únicamente algunos accesos para vehículos en su encuentro con la calle Acetres.

Guardaesquinas

Detalle de guardaesquinas

La arquitectura presenta una interesante combinación de edificios tradicionales y construcciones contemporáneas. Conviven antiguas casas unifamiliares de tres plantas, algunas organizadas en torno al clásico patio sevillano, con edificios residenciales levantados durante la segunda mitad del siglo XX. En uno de sus extremos se encuentra la parte posterior de los antiguos grandes almacenes que durante décadas constituyeron uno de los principales focos comerciales del centro de Sevilla.

A lo largo de su historia también acogió diversas instituciones y establecimientos de notable importancia. A comienzos del siglo XVI existía aquí el Hospital de los Atahoneros, bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén y San Andrés, destinado a atender a los trabajadores relacionados con los molinos de harina. Durante el primer tercio del siglo XVIII se instaló la prestigiosa Imprenta Real de Francisco Leefdael, uno de los impresores más importantes de la Sevilla barroca. Ya en el siglo XIX funcionaron el colegio femenino de Nuestra Señora de las Maravillas, una conocida casa de préstamos denominada La Exactitud —considerada entre las de mayor prestigio de la ciudad—, además de un popular corral de vecinos y un pozo muy conocido por los habitantes del barrio.

Uno de los edificios más singulares se encuentra en la esquina con la calle Acetres. Allí se levanta un inmueble proyectado por el arquitecto Antonio Arévalo Martínez que durante buena parte del siglo XX albergó las instalaciones de Cafés Saimaza, empresa fundada en 1908 por Joaquín Sainz de la Maza. Los sevillanos recordaban cómo el intenso aroma del café recién tostado impregnaba las calles cercanas y llegaba hasta el mercado de la Encarnación. transformado en un establecimiento hotelero, pero en la actualidad se mantiene cerrado.

Cafés Saimaza

Detalle del Cafés Saimaza
Detalle de azulejo
Detalle de azulejo

La calle Buiza y Mensaque posee además un lugar destacado en la historia de la música española. En el número 8 nació el 9 de diciembre de 1882 el compositor Joaquín Turina, uno de los grandes renovadores de la música española del siglo XX junto a Manuel de Falla e Isaac Albéniz. Una placa de mármol colocada en la fachada recuerda el nacimiento del ilustre músico, cuya obra fusionó el impresionismo francés con las raíces musicales andaluzas, convirtiéndose en una de las figuras esenciales del nacionalismo musical español.

Joaquín Turina

Placa

Aunque hoy es una vía tranquila y de carácter principalmente residencial, la calle Buiza y Mensaque constituye un magnífico ejemplo de cómo una pequeña calle sevillana puede concentrar siglos de historia. Su origen medieval, sus sucesivos cambios urbanísticos, el recuerdo de instituciones benéficas, hospitales, imprentas y colegios, el pasado industrial ligado al café y el nacimiento de Joaquín Turina convierten este reducido espacio urbano en un valioso testimonio de la evolución histórica, social y cultural de Sevilla.

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