ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Ramón de Bonifaz.
Ramón de
Bonifaz, conocido también como Ramón de Bonifaz y Camargo, fue un marino,
mercader y hombre de armas del siglo XIII, considerado tradicionalmente el
primer almirante de Castilla y una figura fundamental en la conquista cristiana
de Sevilla. Su lugar de nacimiento continúa siendo objeto de debate entre los
historiadores, aunque la documentación medieval lo vincula estrechamente con
Burgos, donde aparece ya establecido desde las primeras décadas del siglo XIII.
La tradición lo ha presentado asimismo como uno de los principales artífices de
la creación de la Marina Real de Castilla.
Su nombre quedó
unido para siempre a la historia de Sevilla en 1247, cuando el rey Fernando III
le confió la organización y dirección de una flota destinada a colaborar en el
largo asedio de la ciudad, entonces capital del poder almohade. Bonifaz tuvo
que reunir hombres y embarcaciones en los puertos del Cantábrico, especialmente
en las Cuatro Villas de la Costa —Laredo, Castro Urdiales, Santander y San
Vicente de la Barquera—, reforzando posteriormente su escuadra durante el
recorrido hacia el sur. Llegó a reunir trece naves de vela y cinco galeras
construidas expresamente para la empresa a expensas de la Corona.
La armada
alcanzó la desembocadura del Guadalquivir a comienzos de agosto de 1247,
después de una navegación difícil que puso a prueba la experiencia marinera de
Bonifaz. Allí tuvo que enfrentarse a las embarcaciones musulmanas que
intentaban impedir su avance y a los refuerzos enviados desde el norte de
África. Una vez dominado el curso del río, la flota cristiana pudo cooperar con
el ejército de Fernando III y facilitar el paso de las tropas hacia la margen
derecha del Guadalquivir. Esta operación resultó esencial para intensificar el
ataque sobre Triana y completar el cerco de Sevilla.
El principal
obstáculo para el avance de la flota era el famoso Puente de Barcas, que
comunicaba Sevilla con Triana y permitía mantener las comunicaciones y el
abastecimiento de la ciudad desde el Aljarafe. La estructura estaba formada por
embarcaciones unidas mediante gruesas cadenas y constituía una auténtica
barrera para las naves cristianas. Mientras el puente permaneciera intacto,
Sevilla podía continuar recibiendo víveres y mantener abierta una vía
fundamental de comunicación.
El 3 de mayo de
1248 se produjo el episodio que la tradición convirtió en la gran hazaña de
Bonifaz. Aprovechando las condiciones favorables de viento y marea, dos de las
naves de mayor porte de la flota fueron preparadas para embestir el puente. Sus
proas fueron reforzadas para soportar el impacto y las embarcaciones se
lanzaron contra la estructura. El choque de la primera nave hizo estremecerse
el puente, mientras que el segundo impacto terminó por quebrarlo. La nave en la
que se encontraba Bonifaz fue precisamente la que culminó la ruptura.
La rotura del
puente tuvo consecuencias decisivas. Sevilla y Triana quedaron definitivamente
aisladas de una de sus principales vías de abastecimiento y los defensores
perdieron la posibilidad de recibir nuevos socorros por aquella ruta. Aunque la
resistencia musulmana continuó durante varios meses, el cerco cristiano pudo
estrecharse hasta hacer inevitable la capitulación. Finalmente, el rey Axataf
entregó Sevilla a Fernando III el 23 de noviembre de 1248. La conquista de la
ciudad puso fin a la etapa almohade y abrió un nuevo capítulo en la historia
sevillana.
La importancia
de Bonifaz no terminó con la conquista. La experiencia adquirida durante el
asedio demostró a la Corona castellana la necesidad de disponer de una fuerza
naval permanente. En este contexto se desarrolló la Marina Real de Castilla y
se impulsó la construcción de instalaciones navales en Sevilla. Las posteriores
Atarazanas Reales, levantadas en el Arenal durante el reinado de Alfonso X,
serían una consecuencia de aquella nueva importancia estratégica del
Guadalquivir y de Sevilla como puerto marítimo y fluvial.
Como
reconocimiento a sus servicios, Fernando III nombró a Ramón Bonifaz almirante
de Castilla en 1250. El título lo convirtió en la máxima autoridad naval de la
Corona y consolidó su condición de fundador de una tradición militar marítima
que tendría una enorme importancia en la expansión castellana. Sin embargo, los
grandes esfuerzos realizados durante la organización de la primera marina de
guerra castellana terminaron afectando a su salud, por lo que solicitó
retirarse a Burgos. Allí continuó desempeñando diversas funciones relacionadas
con la administración de las rentas reales de los puertos castellanos. Murió en
Burgos en 1256.
Su memoria
quedó ligada durante siglos a la conquista de Sevilla. Fue enterrado en el
monasterio de San Francisco de Burgos, fundado por él, donde su sepulcro
llevaba una inscripción que lo recordaba como “primer Almirante de Castilla” y
destacaba su participación en la conquista de Sevilla. El monasterio
desapareció posteriormente, destruido durante la Guerra de la Independencia y
demolido en el siglo XIX.
Monumento a San Fernando en la Plaza Nueva
Detalle del Almirante Bonifaz llevando en su mano derechas las cadenas
del puente de barcas
La huella de
aquella gesta también quedó incorporada a la heráldica de numerosas localidades
del norte peninsular que participaron en la expedición. En los escudos de
Cantabria y de localidades como Santander, Laredo, Comillas o Santoña aparecen
representaciones relacionadas con la Torre del Oro y una nave que rompe las
cadenas del Guadalquivir, evocando la intervención de las naves cántabras en la
conquista de Sevilla. La tradición conserva incluso en Laredo una sección de
las antiguas cadenas, junto a una reproducción de la nave atribuida a Bonifaz;
dichas cadenas fueron trasladadas temporalmente a Sevilla en 1984 con motivo de
la exposición La Torre del Oro y el río de Sevilla.
En Sevilla, su
recuerdo permanece además en el callejero. En 1845 el Ayuntamiento sustituyó la
antigua denominación de la vía por la de Bonifaz y, en 1876, añadió el título
de Almirante, dando lugar al nombre de calle Almirante Bonifaz que ha llegado
hasta nuestros días. De este modo, la ciudad reconocía la trascendencia de
aquel marino que, al frente de su escuadra, desempeñó un papel decisivo en el
acontecimiento que cambió para siempre la historia de Sevilla. En la propia
calle puede contemplarse también su escudo heráldico, aunque actualmente se
encuentra parcialmente oculto por el toldo de un establecimiento.
Calle Almirante Bonifaz con parte de su escudo