viernes, 3 de julio de 2026

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Calle Lagar.

La calle Lagar es una de las vías más singulares del casco histórico de Sevilla. Situada entre las calles Lineros, Puente y Pellón y Cuna, conserva el trazado irregular propio del urbanismo medieval y constituye un discreto pasaje que enlaza dos de las zonas comerciales más importantes de la ciudad. A pesar de su reducido tamaño, atesora una historia estrechamente ligada a antiguos oficios artesanales, a la evolución del centro urbano y a algunas curiosidades artísticas que hoy llaman la atención del visitante.

Calle Lagar

Su nombre no guarda relación con la elaboración del vino, como podría suponerse a primera vista. La denominación procede del antiguo Lagar de la Cera, documentado al menos desde comienzos del siglo XVIII, aunque probablemente de origen anterior. En esta calle existía un establecimiento donde se prensaban los panales de las colmenas para extraer y blanquear la cera, un producto de enorme importancia antes de la generalización del alumbrado de gas y de la electricidad. La cera era indispensable para la fabricación de velas destinadas tanto al uso doméstico como, sobre todo, al culto religioso, por lo que su elaboración constituía una actividad económica de considerable relevancia en una ciudad como Sevilla, donde conventos, iglesias y cofradías demandaban grandes cantidades de este material. En la reforma general del callejero de 1845 el Ayuntamiento simplificó su denominación, quedando reducida al nombre de calle Lagar, que conserva en la actualidad.

Su trazado constituye uno de los rasgos más característicos de la vía. Está formada por tres pequeños tramos que se suceden en ángulo recto y que se van estrechando progresivamente hasta desembocar en la calle Cuna por un paso cuya anchura apenas supera el metro. Esta configuración, heredada de la Sevilla medieval, ha permanecido prácticamente inalterada a pesar de los numerosos proyectos de alineación aprobados entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, que pretendían ensanchar la calle para facilitar la circulación. Ninguno de ellos llegó a ejecutarse por completo, permitiendo que el recorrido conserve hoy el encanto de las antiguas callejas sevillanas.

Calle Lagar

Desde la calle Buiza y Mensaque desemboca uno de sus laterales y, aproximadamente a la altura del número 8, un pasaje cubierto abierto durante una intervención urbanística moderna comunica directamente con la calle Cuna, constituyendo un discreto acceso entre ambas vías.

Actualmente sigue siendo una vía peatonal, sin aceras diferenciadas y con algunos antiguos salvarruedas de piedra adosados a las fachadas, elementos destinados a proteger las esquinas del roce de carros y carruajes que aún recuerdan la intensa actividad urbana de otros tiempos.

La edificación combina viviendas tradicionales de finales del siglo XIX, muchas organizadas alrededor del clásico patio sevillano, con edificios de mayor altura construidos durante el siglo XX. Entre ellas sobresalen dos antiguos corrales de vecinos, testimonios de una forma de vida comunitaria que durante siglos fue habitual en Sevilla. Especialmente significativo resulta el situado en el número 5, cuya sencilla fachada apenas deja entrever la existencia del patio interior, todavía habitado, conservando buena parte de su estructura original.

Durante el siglo XIX la calle mantuvo cierta actividad económica. En ella se encontraba la prestigiosa imprenta de Gironés y Orduña, dedicada a la edición de numerosas publicaciones, así como un colegio de primera y segunda enseñanza bajo la advocación del Divino Salvador. En la actualidad predomina el uso residencial, aunque la proximidad de Cuna, Lineros y Puente y Pellón mantiene cierta presencia comercial, especialmente en la confluencia con esta última calle, donde los grandes establecimientos ocupan buena parte de la manzana.

Uno de los elementos más llamativos de la calle se encuentra precisamente en la esquina con Puente y Pellón. Sobre la fachada de un edificio rehabilitado en 2008 trepa un enorme caracol de bronce, obra del escultor sevillano Chiqui Díaz, reconocido por sus esculturas urbanas inspiradas en el mundo animal. La pieza, titulada “Caracol”, formó parte de la exposición “Arte Animalista del Mediterráneo”, celebrada durante la Feria del Libro de Sevilla de 2008 en la plaza de San Francisco. Tras finalizar la muestra, la escultura fue instalada de forma permanente en este edificio, convirtiéndose en una de las curiosidades artísticas más originales del centro histórico. Su presencia sorprende al paseante y constituye un excelente ejemplo de la integración del arte contemporáneo en el patrimonio urbano de Sevilla.

Esquina de Lagar con Puente y Pellón

Detalle del Caracol

Hoy, la calle Lagar continúa siendo un rincón tranquilo dentro del bullicioso centro comercial sevillano. Su nombre recuerda la importancia que tuvo la industria de la cera en la ciudad; su trazado conserva la esencia del urbanismo medieval; sus antiguos corrales de vecinos evocan formas de vida desaparecidas y el gran caracol de bronce añade una inesperada nota contemporánea. Todo ello convierte a esta pequeña calle en un espacio donde conviven la memoria de los antiguos oficios, la arquitectura tradicional y la creatividad artística del presente.

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