viernes, 3 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Acetres.

La calle Acetres es una de las vías más estrechas y evocadoras del centro histórico de Sevilla. Une las calles Buiza y Mensaque y Cuna, en pleno corazón del antiguo barrio comercial, conservando el carácter recogido de las callejas medievales que durante siglos articularon la vida cotidiana de la ciudad. Su reducido trazado, constituye un magnífico ejemplo del urbanismo histórico sevillano, donde las estrechas fachadas y las pequeñas perspectivas crean un espacio íntimo y lleno de personalidad.

Calle Acetres

La historia de esta calle se remonta, al menos, al año 1500, cuando aparece documentada con el nombre de calle de los Yeseros, probablemente por la presencia de artesanos dedicados al trabajo del yeso. A comienzos del siglo XVIII comenzó a imponerse la denominación de Acetres —también escrita antiguamente Azetres o Acetras—, nombre que hace referencia a los pequeños calderos metálicos utilizados tanto en las labores domésticas como en el ámbito religioso, especialmente para contener el agua bendita. Todo parece indicar que en esta vía existieron talleres dedicados a la fabricación de estos recipientes de cobre o latón, circunstancia que terminó dando nombre a la calle. Algunos cronistas, como Félix González de León y Álvarez-Benavides, señalaron además que en determinadas épocas fue conocida como calle de los Caldereros, reforzando el vínculo con los antiguos oficios metalúrgicos.

Durante unos años del siglo XIX perdió su tradicional denominación. En 1893 pasó a llamarse calle Conde de Tójar, en homenaje a Joaquín María Tójar y Herrera, miembro de la Junta de Defensa de Sevilla durante la Guerra de la Independencia frente a la invasión napoleónica y vecino de la cercana calle Cuna. Sin embargo, aquella denominación nunca llegó a arraigar entre los sevillanos y, hacia la década de 1930, recuperó oficialmente el histórico nombre de Acetres, con el que continúa siendo conocida.

La estrechez de la calle condicionó desde siempre su utilización. Los archivos municipales recogen frecuentes reclamaciones por la acumulación de escombros y suciedad, así como constantes debates sobre la circulación de carruajes. En algunos momentos se instalaron dos hileras de adoquines para facilitar el tránsito de coches de caballos, mientras que en otras ocasiones se colocaron marmolillos para impedir completamente su paso debido a la escasa anchura de la vía. Incluso hubo periodos en los que únicamente se autorizó la circulación de carros de mano. Estas circunstancias reflejan las dificultades de adaptar una calle medieval a las necesidades del tráfico urbano del siglo XIX.

La arquitectura de Acetres responde igualmente a la evolución del casco histórico. Junto a viviendas tradicionales sevillanas de dos y tres plantas, organizadas en torno a patios interiores, aparecen edificios de construcción más reciente levantados durante el siglo XX. Muchas de las antiguas casas adaptaron sus plantas bajas a usos comerciales, aprovechando incluso los patios como espacios de exposición o almacén. Aunque conserva un marcado carácter residencial, la cercanía de la calle Cuna, una de las principales arterias comerciales de Sevilla, ha favorecido la implantación de numerosos establecimientos. A lo largo del tiempo hubo aquí una fábrica de tejidos de hilo y lana, el Consulado de la República Argentina y diversos negocios relacionados con el comercio. En la actualidad abundan los locales dedicados a la venta de antigüedades, cristalerías, librerías y pequeños comercios especializados que mantienen viva la actividad económica de la calle.

Casa de antigüedades

Sin embargo, el mayor valor histórico y sentimental de Acetres reside en haber sido el lugar de nacimiento de uno de los grandes nombres de la literatura española del siglo XX. En el actual número 6 nació el 21 de septiembre de 1902 el poeta Luis Cernuda, figura esencial de la Generación del 27 y uno de los escritores sevillanos más universales. Vivió en esta casa hasta 1914, cuando su familia se trasladó al barrio del Porvenir, y años después fijaría su última residencia sevillana en la calle Aire antes de abandonar definitivamente la ciudad en 1928.

Casa del nacimiento de Luis Cernuda

Calle Aire

Placa de la Calle Aire

Hoy, una sencilla placa recuerda al viandante que en esta discreta calle nació el poeta. Su estrechez, su tranquilidad y la permanencia de muchos de sus elementos tradicionales permiten comprender por qué aquel pequeño rincón del casco histórico quedó grabado para siempre en la memoria de Luis Cernuda. 

Placa de la calle Acetres

La casa natal de Cernuda, modesta y escondida entre los comercios del centro, ocupa un lugar destacado en la memoria literaria de Sevilla. Las experiencias vividas durante su infancia en esta vivienda dejaron una profunda huella en su sensibilidad y reaparecen constantemente en Ocnos, la obra autobiográfica que comenzó a escribir durante su exilio y en la que reconstruyó, con una extraordinaria delicadeza poética, el mundo perdido de la Sevilla de su niñez. En páginas como Pregones o La casa evocó el silencio de los patios, la luz tamizada por los toldos, los aromas del verano y los sonidos de los vendedores ambulantes que recorrían aquellas estrechas calles del casco antiguo. Aquellos recuerdos infantiles se transformaron en algunos de los pasajes más bellos de la literatura española contemporánea y constituyen un testimonio insustituible de la Sevilla desaparecida.

“Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra. Y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo”

Acetres es mucho más que una calle comercial próxima a Cuna: es un espacio donde conviven la memoria de los antiguos oficios artesanales, la evolución urbana de Sevilla y el legado de uno de los escritores más influyentes de la poesía española del siglo XX.

1 comentario:

  1. Fantástico Andrés, muy educativo e inspirador para los viandantes. Este escrito evoca al contenido histórico y humanístico acaecido en nuestra gran ciudad. A seguir cuidándolo. Muchas gracias y buen verano.

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