AREA CENTRO 2
Calle Acetres.
La calle
Acetres es una de las vías más estrechas y evocadoras del centro histórico de
Sevilla. Une las calles Buiza y Mensaque y Cuna, en pleno corazón del antiguo
barrio comercial, conservando el carácter recogido de las callejas medievales
que durante siglos articularon la vida cotidiana de la ciudad. Su reducido
trazado, constituye un magnífico ejemplo del urbanismo histórico sevillano,
donde las estrechas fachadas y las pequeñas perspectivas crean un espacio
íntimo y lleno de personalidad.
Calle Acetres
La historia de
esta calle se remonta, al menos, al año 1500, cuando aparece documentada con el
nombre de calle de los Yeseros, probablemente por la presencia de artesanos
dedicados al trabajo del yeso. A comienzos del siglo XVIII comenzó a imponerse
la denominación de Acetres —también escrita antiguamente Azetres o Acetras—,
nombre que hace referencia a los pequeños calderos metálicos utilizados tanto
en las labores domésticas como en el ámbito religioso, especialmente para
contener el agua bendita. Todo parece indicar que en esta vía existieron
talleres dedicados a la fabricación de estos recipientes de cobre o latón,
circunstancia que terminó dando nombre a la calle. Algunos cronistas, como
Félix González de León y Álvarez-Benavides, señalaron además que en
determinadas épocas fue conocida como calle de los Caldereros, reforzando el
vínculo con los antiguos oficios metalúrgicos.
Durante unos
años del siglo XIX perdió su tradicional denominación. En 1893 pasó a llamarse
calle Conde de Tójar, en homenaje a Joaquín María Tójar y Herrera, miembro de
la Junta de Defensa de Sevilla durante la Guerra de la Independencia frente a
la invasión napoleónica y vecino de la cercana calle Cuna. Sin embargo, aquella
denominación nunca llegó a arraigar entre los sevillanos y, hacia la década de
1930, recuperó oficialmente el histórico nombre de Acetres, con el que continúa
siendo conocida.
La estrechez de
la calle condicionó desde siempre su utilización. Los archivos municipales
recogen frecuentes reclamaciones por la acumulación de escombros y suciedad,
así como constantes debates sobre la circulación de carruajes. En algunos
momentos se instalaron dos hileras de adoquines para facilitar el tránsito de
coches de caballos, mientras que en otras ocasiones se colocaron marmolillos
para impedir completamente su paso debido a la escasa anchura de la vía.
Incluso hubo periodos en los que únicamente se autorizó la circulación de
carros de mano. Estas circunstancias reflejan las dificultades de adaptar una
calle medieval a las necesidades del tráfico urbano del siglo XIX.
La arquitectura
de Acetres responde igualmente a la evolución del casco histórico. Junto a
viviendas tradicionales sevillanas de dos y tres plantas, organizadas en torno
a patios interiores, aparecen edificios de construcción más reciente levantados
durante el siglo XX. Muchas de las antiguas casas adaptaron sus plantas bajas a
usos comerciales, aprovechando incluso los patios como espacios de exposición o
almacén. Aunque conserva un marcado carácter residencial, la cercanía de la
calle Cuna, una de las principales arterias comerciales de Sevilla, ha
favorecido la implantación de numerosos establecimientos. A lo largo del tiempo
hubo aquí una fábrica de tejidos de hilo y lana, el Consulado de la República
Argentina y diversos negocios relacionados con el comercio. En la actualidad
abundan los locales dedicados a la venta de antigüedades, cristalerías,
librerías y pequeños comercios especializados que mantienen viva la actividad
económica de la calle.
Casa de antigüedades
Sin embargo, el
mayor valor histórico y sentimental de Acetres reside en haber sido el lugar de
nacimiento de uno de los grandes nombres de la literatura española del siglo
XX. En el actual número 6 nació el 21 de septiembre de 1902 el poeta Luis
Cernuda, figura esencial de la Generación del 27 y uno de los escritores
sevillanos más universales. Vivió en esta casa hasta 1914, cuando su familia se
trasladó al barrio del Porvenir, y años después fijaría su última residencia
sevillana en la calle Aire antes de abandonar definitivamente la ciudad en
1928.
Casa del nacimiento de Luis Cernuda
Calle Aire
Placa de la
Hoy, una
sencilla placa recuerda al viandante que en esta discreta calle nació el poeta.
Su estrechez, su tranquilidad y la permanencia de muchos de sus elementos
tradicionales permiten comprender por qué aquel pequeño rincón del casco
histórico quedó grabado para siempre en la memoria de Luis Cernuda.
Placa de la calle Acetres
La casa natal
de Cernuda, modesta y escondida entre los comercios del centro, ocupa un lugar
destacado en la memoria literaria de Sevilla. Las experiencias vividas durante
su infancia en esta vivienda dejaron una profunda huella en su sensibilidad y
reaparecen constantemente en Ocnos, la obra
autobiográfica que comenzó a escribir durante su exilio y en la que
reconstruyó, con una extraordinaria delicadeza poética, el mundo perdido de la
Sevilla de su niñez. En páginas como Pregones o La casa evocó el silencio de los
patios, la luz tamizada por los toldos, los aromas del verano y los sonidos de
los vendedores ambulantes que recorrían aquellas estrechas calles del casco
antiguo. Aquellos recuerdos infantiles se transformaron en algunos de los
pasajes más bellos de la literatura española contemporánea y constituyen un
testimonio insustituible de la Sevilla desaparecida.
“Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a
solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada,
sumiendo el ambiente en una fresca penumbra. Y sobre la lona, por donde se
filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas
de paño rojo”
Acetres es mucho más que una calle comercial próxima a Cuna: es un espacio donde conviven la memoria de los antiguos oficios artesanales, la evolución urbana de Sevilla y el legado de uno de los escritores más influyentes de la poesía española del siglo XX.
Fantástico Andrés, muy educativo e inspirador para los viandantes. Este escrito evoca al contenido histórico y humanístico acaecido en nuestra gran ciudad. A seguir cuidándolo. Muchas gracias y buen verano.
ResponderEliminar