AREA CENTRO 2
Calle Goyeneta.
La calle Goyeneta es una de las vías
con mayor personalidad del casco histórico de Sevilla. Su trazado irregular y
quebrado, fruto de la evolución espontánea del urbanismo medieval, conserva el
carácter de calle secundaria que ha desempeñado durante siglos, aunque su historia
refleja algunos de los episodios más significativos de la evolución de la
ciudad.
Esquina de Goyeneta
con Puente y Pellón
Las primeras
referencias documentales a esta vía se remontan a finales del siglo XV, cuando
era conocida como calle del Tajador Mal Lavado, denominación que probablemente
hacía referencia a algún establecimiento o actividad artesanal relacionada con
el curtido o tratamiento de pieles. Algunos autores también la identifican en
esa época con los nombres de Almona Vieja o Almona del Jabón, aludiendo a la
existencia de instalaciones destinadas a la fabricación de jabón, una de las
industrias tradicionales de la Sevilla bajomedieval.
A partir de la segunda mitad del siglo XVI, tras el
establecimiento de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en la cercana calle
Compañía, la vía comenzó a conocerse popularmente como calle de la Sopa. El
origen de este curioso nombre se encontraba en una puerta secundaria del
edificio jesuita que se abría hacia esta calle. Desde ella se repartía
diariamente sopa y otros alimentos a los más necesitados, convirtiéndose este
lugar en uno de los principales centros de asistencia benéfica de la ciudad.
Durante muchos años, la calle estuvo asociada a esta labor caritativa
desarrollada por los jesuitas.
Lateral
de la Iglesia de la Anunciación
Vista
de la cúpula de la Iglesia ce la Anunciación
La denominación actual fue acordada por el Ayuntamiento en
1864 para rendir homenaje a Joaquín Goyeneta y Jacobs, destacado miembro de la
administración municipal sevillana. Goyeneta desempeñó el cargo de procurador
mayor de Sevilla y tuvo un papel decisivo durante la ocupación francesa,
negociando la capitulación de la ciudad ante las tropas napoleónicas el 1 de febrero
de 1810. Obligado por el rey José Bonaparte, ejerció como corregidor de Sevilla
entre 1810 y 1812, cargo que aceptó bajo la amenaza de ser expulsado de España
y de sufrir la confiscación de sus bienes. Durante aquellos años se
emprendieron importantes reformas urbanísticas, entre ellas la demolición del
convento de la Encarnación para construir el Mercado de Abastos de la
Encarnación, así como la desaparición de las antiguas parroquias de Santa Cruz
y de la Magdalena para crear nuevos espacios públicos. Tras la restauración de
Fernando VII, volvió a ocupar responsabilidades municipales como asistente
interino entre 1814 y 1816.
No obstante, algunos documentos municipales del siglo XIX
justifican el cambio de nombre en memoria de Manuel de Goyeneta, personaje
conocido por su profunda religiosidad y por los servicios prestados a la ciudad
en momentos especialmente difíciles. Esta circunstancia ha dado lugar a
distintas interpretaciones históricas sobre el verdadero origen del nombre de
la calle.
La calle presenta dos tramos claramente diferenciados. El
primero, algo más ancho, forma un ligero quiebro y crea un pequeño ensanche en
la confluencia con las calles Compañía y Buiza y Mensaque. El segundo tramo se
estrecha notablemente y conserva el aspecto sinuoso característico del
entramado urbano medieval. Durante los siglos XVI y XVII fueron frecuentes las
quejas por la acumulación de escombros y suciedad, agravada en ocasiones porque
algunos accesos permanecían cerrados. Existen noticias de su empedrado desde
finales del siglo XVII y de posteriores obras de adoquinado realizadas en 1876
y entre 1913 y 1915.
Tradicionalmente ha sido una calle sin apenas tráfico rodado
y con escasas aceras, conservando todavía algunos antiguos guardacantones o
salvarruedas de piedra y hierro colocados para proteger las esquinas de las
viviendas del paso de carros y carruajes.
Guardacantones
o salvarruedas entre Goyeneta y Compañía
Guardacantones
o salvarruedas entre Goyeneta y Cuna
El caserío está formado principalmente por edificios
tradicionales de dos y tres plantas, muchos de ellos levantados entre los
siglos XVIII y XIX. Aunque algunos inmuebles han sido rehabilitados en las
últimas décadas, otros conservan el aspecto propio de una calle que durante mucho
tiempo estuvo vinculada a almacenes y pequeños comercios del entorno de las
calles Sierpes, Puente y Pellón y la plaza de la Encarnación. Buena parte de la
acera de los números pares corresponde a la parte trasera del edificio que hoy
ocupa la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, antiguo colegio
jesuita.
Entre sus inmuebles más interesantes sobresale la casa
número 15, una antigua casa-palacio del siglo XVIII que, tras diversos usos
como almacén, constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura
residencial que aún sobrevive en la calle. También son dignos de mención
algunos azulejos comerciales conservados en determinadas fachadas, testimonio
del intenso movimiento mercantil que caracterizó esta zona durante buena parte
del siglo XX.
Casa
número 15
Casa
numero 11
La historia social de la calle también experimentó
importantes cambios. Tras haber sido durante siglos una vía asociada a la
beneficencia de los jesuitas, pasó a convertirse en una de las entradas
secundarias de la antigua Universidad de Sevilla cuando esta ocupó la Casa
Profesa. La presencia cotidiana de estudiantes transformó su ambiente, aunque a
finales del siglo XIX y comienzos del XX la calle adquirió una notable fama por
la proliferación de la prostitución, circunstancia que motivó que en 1917
algunos vecinos solicitaran al Ayuntamiento el cambio de nombre. La petición
fue rechazada por el cronista oficial de la ciudad, quien defendió que el
prestigio del personaje homenajeado no debía verse empañado por una situación
que correspondía solucionar mediante medidas de orden público y no modificando
el nomenclátor.
En la actualidad, la calle Goyeneta mantiene ese carácter
discreto que la ha acompañado durante siglos. Alejada de los grandes
itinerarios turísticos, continúa funcionando como una vía de servicio para el
intenso comercio del entorno de la plaza de la Encarnación y de las principales
calles comerciales del centro histórico, conservando al mismo tiempo la memoria
de una Sevilla donde convivieron la asistencia a los pobres, la actividad
universitaria, el comercio y las profundas transformaciones urbanísticas de la
ciudad.
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