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Iglesia del Salvador. Hermandad San Cristóbal.
La Hermandad de
San Cristóbal constituye una de las corporaciones históricas más singulares
vinculadas a la Iglesia Colegial del Divino Salvador. Sus orígenes se remontan
al antiguo gremio de los guanteros, establecido en la collación del Salvador,
cuyos miembros eligieron como patrono a San Cristóbal y promovieron su culto en
el templo. A finales del siglo XVI encargaron al joven Juan Martínez Montañés
la realización de una imagen del santo, considerada hoy una de las primeras
obras documentadas del gran maestro de la escultura sevillana. El contrato
especificaba incluso que la talla debía realizarse ahuecada para facilitar su
transporte en las procesiones, prueba de que desde su origen fue concebida para
el culto público.
La escultura
representa a San Cristóbal cruzando el río con el Niño Jesús sobre sus hombros,
episodio que dio origen a su nombre, “el portador de Cristo”. La monumentalidad
de la imagen y la fuerza de su composición anuncian ya el extraordinario
talento que convertiría a Martínez Montañés en una de las figuras más
destacadas del Barroco español.
Durante siglos,
San Cristóbal fue invocado como protector frente a la muerte repentina. Un
antiguo refrán medieval afirmaba: “Si del gran San Cristóbal hemos visto el
retrato, ese día la muerte no ha de darnos mal trato”, motivo por el que su
imagen suele situarse cerca de las entradas de muchas iglesias, permitiendo a
los fieles encomendarse al santo al comenzar la jornada. Con el desarrollo de
los medios de transporte, esta protección se extendió a quienes viajaban por
los caminos, convirtiéndolo en patrono de conductores, automovilistas,
camioneros, taxistas y transportistas. También fue tradicionalmente invocado
contra el panadizo, una dolorosa inflamación de los dedos de la mano, circunstancia
que explica aún más su arraigo entre los antiguos guanteros sevillanos.
La hermandad
experimentó una revitalización durante las décadas de 1950 y 1960, adaptando su
devoción a los nuevos tiempos. Cada festividad de San Cristóbal organizaba una
original procesión en la que la imagen recorría las calles sobre una plataforma
remolcada por automóviles o motocicletas, acompañada por una larga comitiva de
coches y motoristas que se dirigía hasta el Parque de María Luisa. Allí se
celebraba una misa al aire libre y la tradicional bendición de vehículos, en
una estampa que llegó a convertirse en una de las manifestaciones religiosas
más curiosas de la Sevilla de aquella época.
La actividad de la hermandad cesó hacia 1970, aunque canónicamente no puede considerarse extinguida de manera definitiva, ya que el derecho eclesiástico contempla la posibilidad de su reactivación mientras no haya transcurrido el plazo establecido desde el fallecimiento de sus últimos hermanos. Hoy, la extraordinaria imagen de San Cristóbal continúa presidiendo su retablo en la Iglesia del Salvador como testimonio de la antigua devoción gremial de los guanteros y como una de las obras maestras de la primera etapa artística de Juan Martínez Montañés.
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