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Iglesia del Salvador. Hermandad de la Virgen de las Aguas.
La Hermandad de
Nuestra Señora de las Aguas tiene sus orígenes a comienzos del siglo XVII y
constituye una de las corporaciones de gloria históricas vinculadas a la
Iglesia Colegial del Divino Salvador. Su titular es una venerada imagen mariana
de origen fernandino, realizada a finales del siglo XIII, poco después de la
conquista cristiana de Sevilla por el rey Fernando III. Aunque la escultura ha
experimentado importantes transformaciones a lo largo de los siglos, conserva
la esencia de la imaginería gótica sevillana. El Niño Jesús que sostiene sobre
sus rodillas corresponde, sin embargo, a una intervención del siglo XVII, fruto
de la evolución devocional y estética de la imagen.
La Virgen de
las Aguas (leer mas) preside uno de
los retablos más notables del templo. Tradicionalmente se ha relacionado su
ejecución con el círculo de Juan Martínez Montañés, considerándose muy probable
la participación del gran maestro o de su taller en algunas fases de su
realización. El conjunto constituye una excelente muestra del tránsito entre el
manierismo y el primer barroco sevillano, enriquecido posteriormente con
aportaciones decorativas de distintas épocas.
Retablo de la
Virgen de las Aguas
Virgen de las
Aguas
Uno de los
aspectos más llamativos de esta advocación es su evidente semejanza con la
Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla. Ambas imágenes pertenecen al grupo de
las llamadas vírgenes fernandinas, estrechamente vinculadas a la restauración
del culto cristiano tras la conquista de la ciudad. La tradición popular
explica este parecido mediante una antigua leyenda según la cual san Fernando,
tras tener una visión de la Virgen, encargó la realización de dos esculturas
siguiendo la imagen contemplada en sueños. El monarca habría elegido la que hoy
se venera en la Catedral como Virgen de los Reyes, mientras que la segunda
quedó destinada al Salvador. Según esta misma tradición, al rechazarla habría
pronunciado la expresión “está entre dos aguas”, origen legendario de la
advocación.
Una explicación
históricamente más aceptada relaciona el nombre de la Virgen de las Aguas con
la especial devoción que despertó como intercesora para pedir lluvias en épocas
de sequía o para proteger a la ciudad frente a las inundaciones del
Guadalquivir. En una sociedad profundamente dependiente de la agricultura y
especialmente vulnerable a las alteraciones climáticas, estas advocaciones
marianas desempeñaban un importante papel espiritual y social, siendo
frecuentes las rogativas públicas para implorar el auxilio de la Virgen.
A pesar de la
antigüedad de su culto, la Hermandad de Nuestra Señora de las Aguas ha
atravesado largos periodos de escasa actividad, aunque nunca ha desaparecido
por completo. Uno de los momentos más significativos de su historia reciente
tuvo lugar el 14 de mayo de 1972, cuando la Virgen procesionó por las calles de
Sevilla portada por hermanos de las hermandades de Pasión y del Amor bajo las
órdenes del entonces joven Luis León. Aquella salida pasó a la historia por
constituir la primera ocasión en que una imagen procesional sevillana fue
llevada por una cuadrilla de costaleros no profesionales organizada por
hermanos, antecedente directo del modelo que, pocos años después,
revolucionaría la forma de portar los pasos en toda la Semana Santa de Sevilla.
La imagen volvió a recorrer las calles
de la ciudad con motivo de la festividad de San Fernando en los años 2007 y
2008. Aquellas salidas tuvieron un carácter extraordinario y estuvieron
condicionadas por la restauración de su propio ajuar, razón por la que
procesionó con vestiduras prestadas por la Virgen de los Reyes y sin su
habitual paso procesional. Pese a ello, permitieron recuperar para muchos
sevillanos la contemplación pública de una de las imágenes marianas más
antiguas y valiosas conservadas en la Iglesia del Salvador.
Hoy, la Virgen de las Aguas continúa siendo un extraordinario testimonio del arte gótico sevillano y de la profunda devoción mariana surgida tras la conquista castellana de la ciudad. Su historia, en la que se entrelazan tradición, leyenda, patrimonio artístico y religiosidad popular, la convierte en una de las imágenes más singulares y venerables del histórico templo del Salvador.
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