miércoles, 1 de julio de 2026

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Iglesia del Salvador. Hermandad de la Virgen de las Aguas.

La Hermandad de Nuestra Señora de las Aguas tiene sus orígenes a comienzos del siglo XVII y constituye una de las corporaciones de gloria históricas vinculadas a la Iglesia Colegial del Divino Salvador. Su titular es una venerada imagen mariana de origen fernandino, realizada a finales del siglo XIII, poco después de la conquista cristiana de Sevilla por el rey Fernando III. Aunque la escultura ha experimentado importantes transformaciones a lo largo de los siglos, conserva la esencia de la imaginería gótica sevillana. El Niño Jesús que sostiene sobre sus rodillas corresponde, sin embargo, a una intervención del siglo XVII, fruto de la evolución devocional y estética de la imagen.

La Virgen de las Aguas (leer mas) preside uno de los retablos más notables del templo. Tradicionalmente se ha relacionado su ejecución con el círculo de Juan Martínez Montañés, considerándose muy probable la participación del gran maestro o de su taller en algunas fases de su realización. El conjunto constituye una excelente muestra del tránsito entre el manierismo y el primer barroco sevillano, enriquecido posteriormente con aportaciones decorativas de distintas épocas.

Retablo de la Virgen de las Aguas

Virgen de las Aguas

Uno de los aspectos más llamativos de esta advocación es su evidente semejanza con la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla. Ambas imágenes pertenecen al grupo de las llamadas vírgenes fernandinas, estrechamente vinculadas a la restauración del culto cristiano tras la conquista de la ciudad. La tradición popular explica este parecido mediante una antigua leyenda según la cual san Fernando, tras tener una visión de la Virgen, encargó la realización de dos esculturas siguiendo la imagen contemplada en sueños. El monarca habría elegido la que hoy se venera en la Catedral como Virgen de los Reyes, mientras que la segunda quedó destinada al Salvador. Según esta misma tradición, al rechazarla habría pronunciado la expresión “está entre dos aguas”, origen legendario de la advocación.

Una explicación históricamente más aceptada relaciona el nombre de la Virgen de las Aguas con la especial devoción que despertó como intercesora para pedir lluvias en épocas de sequía o para proteger a la ciudad frente a las inundaciones del Guadalquivir. En una sociedad profundamente dependiente de la agricultura y especialmente vulnerable a las alteraciones climáticas, estas advocaciones marianas desempeñaban un importante papel espiritual y social, siendo frecuentes las rogativas públicas para implorar el auxilio de la Virgen.

A pesar de la antigüedad de su culto, la Hermandad de Nuestra Señora de las Aguas ha atravesado largos periodos de escasa actividad, aunque nunca ha desaparecido por completo. Uno de los momentos más significativos de su historia reciente tuvo lugar el 14 de mayo de 1972, cuando la Virgen procesionó por las calles de Sevilla portada por hermanos de las hermandades de Pasión y del Amor bajo las órdenes del entonces joven Luis León. Aquella salida pasó a la historia por constituir la primera ocasión en que una imagen procesional sevillana fue llevada por una cuadrilla de costaleros no profesionales organizada por hermanos, antecedente directo del modelo que, pocos años después, revolucionaría la forma de portar los pasos en toda la Semana Santa de Sevilla.

Cuadrilla de costaleros no profesionales

La imagen volvió a recorrer las calles de la ciudad con motivo de la festividad de San Fernando en los años 2007 y 2008. Aquellas salidas tuvieron un carácter extraordinario y estuvieron condicionadas por la restauración de su propio ajuar, razón por la que procesionó con vestiduras prestadas por la Virgen de los Reyes y sin su habitual paso procesional. Pese a ello, permitieron recuperar para muchos sevillanos la contemplación pública de una de las imágenes marianas más antiguas y valiosas conservadas en la Iglesia del Salvador.

Hoy, la Virgen de las Aguas continúa siendo un extraordinario testimonio del arte gótico sevillano y de la profunda devoción mariana surgida tras la conquista castellana de la ciudad. Su historia, en la que se entrelazan tradición, leyenda, patrimonio artístico y religiosidad popular, la convierte en una de las imágenes más singulares y venerables del histórico templo del Salvador.

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