miércoles, 1 de julio de 2026

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Iglesia del Salvador. Hermandad Nuestra Señora de la Antigua y San Antonio de Padua.

La Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua y San Antonio de Padua constituye una de las instituciones más singulares vinculadas a la Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla. Aunque su fundación es relativamente reciente, su razón de ser hunde sus raíces en una de las expresiones más genuinas de la espiritualidad cristiana: la caridad ejercida de forma discreta y constante. Desde su nacimiento, la corporación ha dedicado todos sus esfuerzos al sostenimiento de las comunidades de religiosas de vida contemplativa, prestándoles ayuda material y difundiendo el conocimiento de su inmenso patrimonio espiritual, artístico y cultural.

La hermandad fue fundada en 1946 por iniciativa de Salvador Benítez de la Paz, quien, profundamente sensibilizado por las dificultades económicas que atravesaban numerosos conventos de clausura sevillanos tras la Guerra Civil, comenzó años antes a organizar una red de benefactores integrada por familiares, amigos y empleados de diversas empresas. Aquel grupo inicial, conocido como Grupo de Personas Piadosas, fue el germen de la futura hermandad. Su finalidad era sencilla y profundamente evangélica: socorrer a las religiosas contemplativas, cuya vida de oración transcurre generalmente alejada de la sociedad, pero que con frecuencia padecían importantes carencias materiales.

Durante los primeros años se estudiaron diversas advocaciones para la futura corporación. Incluso llegó a plantearse que la Virgen de las Aguas, venerada en el Salvador, fuera su titular. Sin embargo, se optó finalmente por recuperar un antiguo retablo situado junto a una de las puertas del templo, presidido por un lienzo de la Virgen de la Antigua (leer mas).

La devoción a la Virgen de la Antigua en el Salvador posee, sin embargo, una historia mucho más antigua. Su origen se encuentra en un retablo callejero situado en la antigua calle Villegas, donde los sevillanos rendían culto a una pintura de la Virgen iluminada permanentemente por un farol de aceite. Cuando se realizaron las transformaciones urbanísticas de la zona, aquel pequeño altar fue trasladado probablemente al Patio de los Naranjos de la colegiata. Los inventarios del templo ya mencionan su existencia a comienzos del siglo XVIII, describiendo un retablo con puertas pintadas de rojo que albergaba el lienzo mariano. Posteriormente pasó a la sacristía de los canónigos y, en 1726, fue instalado en el altar de San Miguel.

El lienzo que hoy recibe culto es una magnífica pintura al óleo atribuida al pintor sevillano Juan Ruiz Soriano, realizada durante la primera mitad del siglo XVIII. La obra reproduce la célebre iconografía de la Virgen de la Antigua conservada en la Catedral de Sevilla, una de las imágenes marianas de mayor antigüedad y veneración de la ciudad, aunque adaptada al gusto barroco imperante en la época. Frente al hieratismo medieval del modelo original, Ruiz Soriano ofrece una interpretación de formas más suaves y delicadas, inspirada en la pintura de Bartolomé Esteban Murillo. El cuadro fue restaurado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico con motivo de la rehabilitación integral de la Iglesia del Salvador, recuperando toda su riqueza cromática y artística.

Bajo el lienzo se encuentra la imagen de San Antonio de Padua, cotitular de la hermandad. La escultura fue realizada por Manuel Domínguez y bendecida en 1967. El propio escultor ejecutó también diversos elementos de plata que acompañan a la imagen, como la corona, las potencias y la tradicional azucena, símbolo de la pureza del santo franciscano.

Junto a la ayuda material, la corporación desarrolla una intensa labor de divulgación destinada a acercar a los sevillanos la riqueza espiritual y artística de los conventos. Desde 2008 organiza durante la Cuaresma un ciclo de Vía Crucis celebrados en distintos monasterios de clausura de la ciudad. Asimismo, la hermandad impulsa publicaciones, conferencias, exposiciones y campañas solidarias, como la conocida iniciativa “Endulza tu papeleta”, que promueve la venta de dulces elaborados por las propias monjas para contribuir a su sostenimiento.

Durante el cierre de la Iglesia del Salvador por las obras de restauración, entre 2004 y 2008, trasladó temporalmente su sede a la iglesia de San Alberto, donde continuó desarrollando con normalidad su actividad.

En la actualidad, la Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua y San Antonio de Padua representa una realidad singular dentro del panorama cofrade sevillano. Alejada del esplendor de las procesiones penitenciales, centra toda su identidad en el ejercicio de la caridad y en el servicio a quienes han consagrado su vida a la oración.

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