jueves, 2 de julio de 2026

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Calle Imagen.

Calle Imagen 

Antes de adquirir su aspecto actual, la calle Imagen fue una de las vías más características del entramado histórico de Sevilla. Durante siglos constituyó un estrecho corredor urbano que enlazaba la plaza de la Encarnación con la collación de San Pedro, formando parte del intenso eje comercial que comunicaba la antigua Puerta Osario con el corazón de la ciudad. 

La profunda transformación urbanística acometida a mediados del siglo XX modificó por completo su fisonomía, convirtiéndola en la amplia avenida que hoy conocemos.

La calle Imagen se extiende desde la plaza de la Encarnación hasta la confluencia de las calles Sor Ángela de la Cruz, San Pedro, Cristo de Burgos y Mercedes de Velilla. Constituye uno de los principales ejes de comunicación del casco histórico de Sevilla, aunque su aspecto actual es el resultado de una de las más profundas transformaciones urbanísticas llevadas a cabo en la ciudad durante el siglo XX.

El origen de su nombre se remonta al siglo XVII. Hasta entonces la vía era conocida simplemente como “la calle que va de San Pedro a la Encarnación”, apareciendo por primera vez documentada en 1684 con la denominación de calle Imagen. El nombre procedía de un retablo o pintura de la Virgen María colocado en una de sus fachadas, una imagen de gran devoción popular que dio identidad a la calle durante siglos. El erudito Félix González de León, en su "Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta ciudad de Sevilla" (1839), recordaba que aquella pintura ya había desaparecido pocos años antes, aunque el nombre había quedado definitivamente arraigado entre los sevillanos.

Como ocurrió con muchas calles de Sevilla durante el siglo XIX, la denominación sufrió diversos cambios por motivos políticos. 

En 1848 pasó a llamarse calle Almirante Valdés, en honor del marino Cayetano Valdés y Flores (1767-1835), héroe de la batalla de Trafalgar, que había residido en esta vía. 

Tras la Revolución de 1868 recuperó brevemente el nombre tradicional de Imagen, aunque en 1869 volvió a modificarse para rendir homenaje al periodista y político Fernando Calvo Asensio, fundador del periódico "La Iberia". 

Finalmente, en 1875 recuperó definitivamente el histórico nombre de Imagen, con el que ha llegado hasta nuestros días.

Durante siglos fue una calle muy distinta de la actual. Su trazado era extraordinariamente estrecho y sinuoso, con pequeñas viviendas y comercios que prácticamente se tocaban de una acera a otra. El paso del tranvía por su centro hacía aún más angosta la circulación, hasta el punto de que en distintas épocas fue necesario prohibir el tránsito simultáneo de carruajes mediante la colocación de postes o marmolillos para evitar accidentes. 

Numerosos escritores sevillanos, como José Más, Joaquín Romero Murube o José Peyré, evocaron aquella calle bulliciosa donde el tranvía parecía rozar las fachadas y donde el incesante movimiento de personas constituía una de las estampas más populares del centro histórico.

La cercanía del mercado de la Encarnación convirtió a Imagen en una prolongación natural del mismo. Desde comienzos del siglo XIX, especialmente tras la instalación del mercado en 1820, la calle se llenaba diariamente de vendedores ambulantes, tenderetes y pequeños puestos donde podía encontrarse prácticamente cualquier producto: frutas, verduras, hierbas aromáticas, utensilios domésticos, flores, ropa usada o pequeños objetos de ocasión. El periodista Fausto Botella describía en 1957 aquel ambiente como un lugar lleno de vida, donde convivían escaparates modestos, comercios tradicionales y un incesante trasiego de compradores entre las viejas casas que parecían sostenerse milagrosamente en pie.

La necesidad de mejorar las comunicaciones del centro de Sevilla llevó a plantear ya en 1911 un ambicioso proyecto para abrir un gran eje viario entre la Campana y la Puerta Osario. Sin embargo, las obras no comenzaron hasta finales de la década de 1940, una vez abierta la calle Laraña y demolida parte del antiguo mercado de la Encarnación. En 1956 se iniciaron los derribos de prácticamente toda la edificación situada a ambos lados de la antigua calle Imagen y de la pequeña barreduela que discurría paralela a ella. La transformación fue tan radical que desapareció por completo la imagen urbana que había permanecido casi inalterada durante siglos.

Las fotografías realizadas entre 1955 y 1957 muestran una Sevilla hoy desaparecida: una calle estrecha recorrida por los tranvías, viviendas de escasa altura, pequeños comercios y un ambiente popular que quedó definitivamente borrado tras el ensanche. Únicamente algunos elementos, como la fachada de la iglesia de San Pedro o el retablo cerámico del Cristo de Burgos, permiten reconocer aquellos antiguos escenarios.

Calle Imagen ayer y hoy. (ver) (CC BY 3.0)

Cruce de una estrecha calle Imagen con Alcázares, actualmente Santa Ángela de la Cruz. Año 1904

La nueva calle Imagen fue abierta al tráfico en 1958 y terminó de urbanizarse a comienzos de los años sesenta. Surgió entonces una vía completamente distinta, amplia y rectilínea, con edificios de seis y siete plantas destinados tanto a viviendas como a oficinas y locales comerciales. Entre las nuevas construcciones destaca el edificio de oficinas del número 2, proyectado entre 1958 y 1961 por los arquitectos Rafael Arévalo Camacho e Ignacio Costa Valls, durante cuyas obras aparecieron importantes restos de una vivienda romana con mosaicos, testimonio de la riqueza arqueológica que aún conserva el subsuelo sevillano.

Desde entonces la calle Imagen ha mantenido su vocación comercial, aunque con un carácter muy diferente al tradicional. Los pequeños tenderetes y el bullicio del antiguo mercado dieron paso a establecimientos de mayor tamaño, entidades bancarias y oficinas, convirtiéndose en una de las principales arterias comerciales y de circulación del casco histórico. Con el ensanche se ganó en amplitud, funcionalidad y capacidad para el tráfico, pero también desapareció una de las calles más pintorescas y populares de la Sevilla antigua, cuya memoria permanece únicamente en las fotografías, en la literatura costumbrista y en el recuerdo de quienes llegaron a conocer aquella entrañable calle estrecha que durante siglos unió la Encarnación con San Pedro.

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